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Mejor ponemos una coma al título: libros de famosos, odiosos. Con mi aversión me refiero a sus libros, no a ellos en sí, mi odio interpersonal se limita a aquellas personas que causan daño a otras (daño voluntario al menos). Decidme si soy el único que siente arcadas cardíacas cuando un famoso (externo al mundo de la literatura) saca un libro.

Lo primero que siento cuando un famoso pone a la venta un libro sobre él o alguna cosa relacionada con él (con las consecuentes y numerosas ventas), es un ardor en el corazón. Me siento invadido. No a mí como persona, sino a mi amor por la literatura. Me imagino al representante en cuestión, delante de la hoja de ingresos, pensando en aumentar los beneficios y viendo la edición de un libro como una simple herramienta para generar dinero. Porque lo que vende no son las palabras, es la fama. Lo tiene hecho. Él sabe que ese producto va a generar dinero. Fácil. Demasiado fácil. Nada tiene que ver con el amor que muchos le tenemos al papel, con las eternas conversaciones literarias, los grupos de lectores, con los orgasmos emocionales que tenemos con una buena lectura. Nada. Absolutamente nada. Es una inversión fácil más. Un gadget económico.

Después me enfrío y se me pasa. No pasa nada. Absolutamente nada. No es una invasión, porque nada tiene que ver con la literatura. Que esas farsas comerciales vendan miles de unidades no hace que los libros que a mí me gustan y a los que deseo un éxito rotundo se vendan menos, los clientes son perfiles absolutamente distintos. Tampoco me afecta a mí, que con pico y pala tengo que labrarme mi camino, el de intentar ofrecer una historia que haga feliz al lector, buscando mi oportunidad en aquellos que les guste lo que hago, que nada tiene que ver con el que paga 20 euros por una rápida biografía de alguien que trabaja en un mundo totalmente distinto a lo que yo escribo. No pasa nada. Lo tengo que respetar, porque yo me considero una persona respetuosa, y deseo que las personas que escogen otra opción que no es la mía disfruten mucho con el camino que libremente han elegido. De verdad.

Simplemente quería escupir una opinión, necesito plasmar mis instintos primarios para comprenderlos y transformarlos. Se llama crecimiento. Un crecimiento que necesito si quiero mejorar como escritor.

Y, vosotros, ¿qué opináis del tema?
¡Abrazos!

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