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MIÉRCOLES DE JON ÍCARO

Hoy es el día de la semana más egocéntrico del blog, porque me toca hablar de mí, o mejor dicho de mi extensión mental: mi obra.

Uno de los circunstancias más interesantes de El sanador del tiempo es la relación que hay entre Poul Reenberg como sanador y el subconsciente de Tuyi, su primera paciente. En MediTime, los sanadores acceden al subconsciente de los pacientes donde se retienen los traumas de vidas pasadas para resolverlos mediante una simulación virtual que les lleva al pasado. Eso está mejor explicado en la novela, lo prometo.

Entonces, Poul viaja mentalmente a distintos lugares en distintos tiempos donde vive espectaculares aventuras con una representación atemporal de Tuyi. Y ya se sabe que el roce hace el cariño. Más aún cuando el roce implica vivir situaciones extremas, salvarse mutuamente y compartir aventuras de esas que dejan huella. En tales condiciones, no desvelaré nada, pero uno se imagina que es difícil no compartir sentimientos más allá del afecto.

Pero… si bien Poul está consciente durante la terapia, la paciente no lo está. Todo se corrige a nivel de subconsciencia, sin que ella se entere. ¿Qué significa esto? Que a pesar de haber vivido tantas cosas juntos, si la paciente llegara a despertar, sería incapaz de recordar nada de nada. Y el interventor (que así se llama a los terapeutas en MediTime), después de haber creado tantos lazos, de haber salvado la vida de la paciente, verá a los ojos de ella que es un completo desconocido. Que no sabe quién es ni lo que ha hecho por ella.

¿Y os imagináis cómo os sentiríais vosotros si tras haber cuidado y haber dado tanto por una persona, de repente, os convertís en completos desconocidos como si su memoria se hubiera evaporado? Pues es una de las situaciones que más me ha gustado crear en Poul Reenberg en El sanador del tiempo.

Un saludo, ¡y mañana más!

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