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JUEVES DE CONFESIONES

Soy un mal lector, lo confieso. Y es lo peor que puede salir por la boca de alguien que se hace llamar escritor, pero aquí hemos venido a jugar. Digo, a ser sinceros. Así que antes de que empiece a arder la pira literaria en la que merezco ser quemado, procedo a explicarme.

Soy de los que ven un libro gordo y respolan. Los he leído, muchos (soy uno de los que han sobrevivido a la trilogía de El señor de los anillos). Los he disfrutado. No los valoro ni una pizca menos que los que gozan de ellos de principio a fin, pero yo no puedo. Llega un punto en el que tengo que dejarlos. Y no es pereza, lo juro.

Sirva como ejemplo más representativo la saga de Geralt de Rivia, de Andrzej Sapkowski. Son siete libros (el último doble), y a día de hoy, es mi saga favorita. Me encanta la forma de escribir de Sapkowski, me parece que tiene una capacidad literaria brutal. Lo adoro. Pero voy por el sexto libro y empiezo a sentir que continuar la saga es una obligación más que un placer. ¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto? Sólo puedo decir cosas buenas de esos libros, pero soy incapaz de seguirlos.

Yo creo que es la falta de tiempo. No del tiempo que tardo en leerlo, sino de la escasez de tiempo para abordar otros proyectos. Mientras disfruto de lo que leo, no dejo de pensar en lo que me estoy perdiendo, en esa cantidad de literatura que también quiero saborear y que retraso demasiado en el tiempo. Por eso he encontrado en la novela corta una alternativa viable. Aún con poco tiempo libre, una novela corta no dura más de una semana, por lo que puedo estar constantemente aliviando mi necesidad de leer cosas nuevas.

El punto negativo es que el género de la novela corta está considerado más como una extensión del cuento que como una compresión de la novela, lo cual, para un ávido lector de literatura fantástica o histórica como yo, es poco menos que hacerse el hara-kiri. Es en ese punto donde aparece mi deseo de escribir. Creo que es un hueco que necesita ser llenado. Y ese concepto es el que me hace escribir, escribir literatura histórica breve, para alejar la idea de que este género tiende a ser tedioso y denso. Sé que se pueden hacer historias en ese ámbito ligeras, divertidas, e igualmente didácticas.

Siento que con esta entrada ya me conocéis mucho más, o al menos a un nivel que considero importante.

Nada más por hoy. ¡Un abrazo!

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