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LUNES DE CRÍTICA LITERARIA

En más de una entrada del blog he nombrado a Andrzej Sapkowski como mi escritor favorito y, ahora que ya no puedo soportar más el ardor en los dedos, ha llegado la hora de dedicarle una crítica literaria.

La manera lógica de hacer una primera crítica sobre el polaco es hacerlo sobre su saga maestra, la del brujo Geralt de Rivia. Y lo haré sobre sus dos primeros libros, “La espada del destino” y “El último deseo“, ya que a mi entender, las críticas de uno y otro diferirían en apenas un punto o una coma. Si acaso, decir que al primero le pondría un diez y al segundo un nueve.

Los dos primeros libros de la saga tratan capítulos cortos e independientes, mientras que el resto relatan una historia continua y desarrollada. Los seguidores del brujo se dividen entre los que prefieren los dos primeros libros y los que prefieren el resto. Yo me confieso dentro del primer grupo. Porque estos dos ejemplares son eso, pequeñas historietas independientes con planteamiento, nudo y desenlace que nos sirven para conocer al protagonista de la serie (Geralt de Rivia, un brujo que se gana la vida cazando monstruos) y al mundo que le rodea.

En esta sencilla exposición, son muchas las bondades que juntas hacen que en esas páginas se desprenda algo más que magia. Procedo a explicarlas punto por punto:

· El estilo de capítulos cortos (capítulos y subcapítulos) hace que un género generalmente pesado como la fantasía épica, se vuelva ligero y suave de leer.

· La narrativa de Sapkowski es extremadamente eficaz. A Andrzej no le hace falta una descripción extensa para llevarte de viaje al lugar, le basta un par de punzadas certeras para sumergirte de lleno en la acción. En lugar de macrodescripciones busca pequeños detalles que te hacen sentir que estás dentro. Tiene un talento brutal para hacer que toques lo que escribe sin un gasto innecesario de palabras.

· El poder de sus diálogos es inmenso, tanto que los personajes se describen a sí mismos por sus palabras. De nuevo, se requieren unas pequeñas pinceladas para describir el físico porque el mundo interior de cada uno queda bien descrito con las palabras de cada uno. Y recordemos, los diálogos siempre hacen que una lectura sea más ligera.

· Su manera de tratar temas espinosos y debates mundiales aún vivos a día de hoy desde un punto de vista en el que ni la opción buena es tan buena ni la opción mala es tan mala, desde un punto de vista crítico y abordado por cada uno de los personajes, se merece no menos que un aplauso cuando, además, los aborda mediante el uso de los diálogos.

· Sus guiños a los cuentos populares, como La bella y la bestia o La cenicienta, transformados bajo una esfera medieval fantástica que, paradójicamente, los baña de una cruda y dura realidad.

Podría nombrar muchas más bondades del estilo de Sapkowski, del que me siento terriblemente infectado y al que colocaría por encima de todas mis referencias literarias, pero puesto que seguiré haciendo críticas de la saga, me las dejo para futuras entradas.

Nada más por hoy. ¡Que tengáis un buen inicio de semana!

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