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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

mes

noviembre 2016

QUÉ BUENO ERA

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Seguimos con la tendencia necrótica en el blog, pero es que los acontecimientos se prestan a ello. Las muertes recientes de personas de amplio impacto público como Fidel Castro o Rita Barberá me incitan a no darle fin al tema del fin.

Cuando una persona muere, sólo aparecen palabras buenas para describirla (no digo que las personas nombradas anteriormente fueran buenas personas o dejaran de serlo, eso daría para miles de artículos de opinión, pero esto es un foro de literatura). El caso es que me causa hastío esa hipocresía. Y si nos centramos en el aspecto literario, que para eso estamos aquí, tengo que decir que no me gusta que esta falsedad se quede impregnada en ciertas obras:

  • En las biografías. A menudo, una obra biográfica tiende a derramar parabienes sobre la persona de interés en cuestión. La muerte de un personaje público es una oportunidad para que proliferen este tipo de obras. Pensadlo. Es difícil conseguir los derechos (o evitar alguna denuncia) cuando vas a hablar mal de alguien, aunque digas la verdad. Por eso, tiendo a leer las biografías con el gesto de sospecha continuo.
  • En las novelas. Como somos tan hipócritas que no nos atrevemos a hablar mal de un difunto, nos desahogamos en la ficción. Esto tiende a crear al personaje malo que debe morir y cuya muerte es celebrable. Ya lo he dicho varias veces, no me gustan las novelas con malvados ni héroes evidentes. Me gusta que cada personaje siga el sendero de la bondad/maldad por alguna razón lógica y argumentada.

Como diría Gandalf, “hay muchos vivos que merecen la muerte y hay muchos muertos que merecen la vida”. ¿Quiénes somos nosotros para impartir ese derecho? Pues eso, no nos apresuremos al desear la muerte de alguien, pero tampoco digamos que una persona era un cielo cuando nos abandona si no lo era. ¡Saludos!

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EL CENTRO DE MI UNIVERSO

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La moñada del día me vino a la mente pensando en ciencia. Porque servidor, biólogo para bien o para mal, tiene el corazón marcado por el espíritu científico.

Confieso que he leído poca novela científica (me avergüenzo al decir que el referente literario más científico que tengo es Michael Crichton y su Parque Jurásico, ahora casi una realidad con el avance de la clonación). Y eso me deja en mal lugar para apoyarla y promoverla. Pero creo que se hace necesaria. De igual manera que escribo novela histórica para darle un punto divertido e intentar demostrar que la Historia puede ser amena y adictiva, pienso que habría que barnizar de ficción el conocimiento científico no para acercarlo a la gente, sino para que la gente quiera acercarse a él. ¿Por qué no lo hago? Supongo que por eso de no mazclar trabajo con placer. Pero no descarto planteármelo en un futuro. Dicho queda.

Y vosotros, ¿habéis degustado alguna novela científica? Al menos alguien habrá disfrutado de la robótica de Asimov.
¡Un fuerte abrazo a todos!

CIELO E INFIERNO

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Lamento mi ausencia. Y por un lamento, ha sido mi ausencia. Me ha tocado de cerca eso que nadie quiere y que siempre llega. Mi madrina está en el sitio en el que cada uno cree que están los que se van para no volver.

Así pues, aprovecho para hacer un breve comentario sobre la muerte en la literatura. Siempre he considerado la muerte como un recurso gratuito para el drama facilón. Muy fácil de usar y con un efecto potente en el lector. Y eso vende, gusta. Lo odio. Lo odio porque es un tema que encoge el corazón con un simple roce. Hace poco hablaba del deber moralizante de los escritores. Cambiemos el sentido. Una de las cosas por las que me gusta la literatura histórica es porque se aprende cómo se ha tratado este tema a lo largo del tiempo. Mi pasaje favorito corresponde a la cultura tracia, en la que se celebraba la muerte como el fin del sufrimiento, se festejaba la marcha de un ser querido (a cambio, se lloraba en los nacimientos). El dolor, en ocasiones, es cultural. Así pues, desde esa herramienta llamada cultura, hago un llamamiento a los escritores para evitar el drama gratuito y potenciar los puntos de vista menos amargos de un tema tan natural como es la muerte.

Un tristefeliz saludo a todos.

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Tras el enfado de ayer, hablemos de música, que amansa a las fieras. De música instrumental en concreto. De bandas sonoras, para más concreción. Tengo sentimientos contradictorios con las bandas sonoras. Últimamente buscan rozar la perfección musical, la caricia perfecta del instrumento preciso en el momento determinado. A nivel de composición, bravo. Pero… en tanto que buscan ese ideal, cada vez son más parecidas entre sí. Hace tiempo que no escucho un tema principal con identidad propia, de esos que se te pegan al corazón.

Y ahora es cuando enlazo el tema de hoy con el mundo literario, que siempre parece que vaya a hablar de cosas que no tienen nada que ver con la literatura. ¡Qué gran fuente de inspiración es la música instrumental! No sé el proceso químico exacto, pero la música actúa como gasolina para los sentimientos, y cuando tienes la sensibilidad exaltada, las ideas aparecen a discreción. No sé si habéis experimentado esta sensación, pero ahí tenéis un remedio contra el temido estancamiento creativo. Sin embargo, otros prefieren el silencio para dejar fluir las ideas, cualquier entretenimiento les impide imaginar con mayor facilidad. ¿De qué tipo sois vosotros?

¡Un saludo!

 

¡DIOS MÍO!

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Buscad en el suelo (o en el subsuelo) y encontraréis mi fe en las personas. La victoria del no a la paz en el referendo colombiano fue un golpe mortal a mi esperanza, y la elección de un ser misógino, racista, clasista, beligerante y propenso a la dilapidación de los Derechos Humanos como presidente de la nación más importante del mundo ha terminado de enterrar mi esperanza de que las personas cambien el mundo.

Creo en los milagros, pero no creo en un ser divino protector todopoderoso con demasiadas evidencias sobre su ausencia a lo largo y ancho del planeta. Siempre he creído que las utopías no se esperan con pasividad, se consiguen con pico y pala, con la bondad y la insistencia de las personas buenas. Días como hoy son una estocada al corazón de esa creencia. Y, puesto que estamos en un blog literario, debemos reflexionar sobre qué valores estamos inculcando con nuestras palabras. Creo y sé que la palabra es uno de los principales poderes para construir un mundo solidario e igualitario. Algo estamos haciendo mal los escritores, algo está fallando en nuestra transmisión de valores si cuando a la gente se le da la oportunidad de crecer como humanos, acaba optando por la opción del odio y del separatismo.

Un triste saludo a todos.

TINTA EYACULADA

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Pongámonos en “modo guarro” por una vez y alcemos el luminoso de +18. Esta semana fue el Festival Erótico de Alicante, mi ciudad, y de ahí esta subida de tono en el blog. No pienso ponerme a escribir sobre la aceptación del sexo abierto (en todos los sentidos), porque no quiero alimentar el propio tabú. Sólo digo que me alegro de que cada vez sea más fácil explotar esa curiosidad innata en todos nosotros.

Lo que sí voy a aprovechar es para confesar una parte de mí que no conocéis. Hace un par de años publiqué un pequeño título de lírica erótica llamado “Verano del 69”, en colaboración con Sensualia para promocionar la marca. También empecé a escribir un ensayo didáctico que pensaba titular “Bestias en la cama” en el que explicaba de forma amena todos los procesos relativos al sexo, con la intención de darle aplicación a mi carrera de Biología. Se quedó a medias (qué mal queda decir esto hablando de sexo), aunque puede que lo retome. En fin, simplemente me apetecía recordar y compartir con vosotros esta parte literaria de mí porque, oye, me parece muy hipócrita esconder todo lo relativo a un tema que es el que, al fin y al cabo, nos ha llevado a existir y a no extinguirnos en el tiempo.

¡Un salido (digo saludo) a todos!

VALOR VS VALORACIÓN

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El dinero no da la felicidad. La felicidad no está en lo material. Y demás tópicos, ciertos solamente en la medida que uno abre el corazón.

Cuando digo lo que gano con cada libro que vendo, un euro frente a los seis y medio que se lleva la editora, la gente se sorprende, me pregunta si de verdad vale la pena tanto esfuerzo para una renta tan pequeña. Lo vale. Sin duda. Si no, no seguiría golpeando teclas como un poseso cada noche, no pondría todo mi empeño en contar una historia original, entretenida, barnizada y empaquetada bajo la bandera de la responsabilidad y la profesionalidad. La recompensa no es ese euro, es la oportunidad que me da cada uno de los lectores que adquiere el ejemplar, es la suerte de compartir los pensamientos ficticios que atormentan mi cabeza y que me encanta plasmar en el papel, es la autorrealización de dedicar el limitado tiempo de vida que tenemos a algo que me apasiona. Sí, vale la pena. Quizá no sea la mentalidad más apropiada para un mundo cada vez más capitalizado, pero mientras a mí me siga estallando el corazón con las pequeñas cosas, creo y sé que estoy mirando de verdad a la cara a la vida.

Un saludo, y arriba la sensibilidad.

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