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Lamento mi ausencia. Y por un lamento, ha sido mi ausencia. Me ha tocado de cerca eso que nadie quiere y que siempre llega. Mi madrina está en el sitio en el que cada uno cree que están los que se van para no volver.

Así pues, aprovecho para hacer un breve comentario sobre la muerte en la literatura. Siempre he considerado la muerte como un recurso gratuito para el drama facilón. Muy fácil de usar y con un efecto potente en el lector. Y eso vende, gusta. Lo odio. Lo odio porque es un tema que encoge el corazón con un simple roce. Hace poco hablaba del deber moralizante de los escritores. Cambiemos el sentido. Una de las cosas por las que me gusta la literatura histórica es porque se aprende cómo se ha tratado este tema a lo largo del tiempo. Mi pasaje favorito corresponde a la cultura tracia, en la que se celebraba la muerte como el fin del sufrimiento, se festejaba la marcha de un ser querido (a cambio, se lloraba en los nacimientos). El dolor, en ocasiones, es cultural. Así pues, desde esa herramienta llamada cultura, hago un llamamiento a los escritores para evitar el drama gratuito y potenciar los puntos de vista menos amargos de un tema tan natural como es la muerte.

Un tristefeliz saludo a todos.

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