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¡Llega la lluvia! Eso en mi ciudad (Alicante), se traduce en los dos únicos días al año que llueve. Pero me sirve como pretexto para el tema de hoy.

En el mundo literario (y no literario) la lluvia se asocia con tristeza. Un día lluvioso es un día de morriña y encierro (voy más allá, se asocia la actitud civilizada y calmada de los países nórdicos con su climatología). A mí, personalmente me gustan. El caso es que la mayoría de escenas tristes y dramáticas de la literatura ocurren en ambientes lluviosos, recurso muy utilizado para focalizar y exaltar el momento triste. Eso se ve también reflejado en el cine. Puede que la utilización de ese recurso haya provocado una realimentación positiva y a la vez nos haga acentuar la idea de que los días lluviosos son tristes. Pienso que los escritores debemos de dejar de utilizar este truco, por el bien de nuestra salud mental en invierno.

Por empezar a darle la vuelta a la tortilla, diré que me quedo con la escena de la lluvia de la película Daredevil. Preciosa. El protagonista, ciego, tiene la capacidad de recrear el espacio que le rodea gracias al sonido. Así, por el ruido de las gotas golpeando el cuerpo de su amada, es capaz de imaginarse su figura y de poder “verla”. Lo dicho, una increíble y preciosa forma de aprovechar el recurso de la lluvia.

¿Tenéis alguna escena lluviosa grabada en vuestra mente también? ¡Quiero saberla!
Un fuerte abrazo a todos para estos días fríos.

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