akasres

Hace un par de entradas utilizábamos la llegada de las lluvias como tema del día y ahora abordamos su consecuencia inmediata: orgías víricas en la sociedad.

Por suerte, estas “epidemias” invernales son simplemente catarros autolimitados que se marchan con la misma facilidad que llegan. Nada que ver con otro tipo de epidemia vírica más literaria de la que quiero hablar, la causante del apocalipsis zombi. Vaya por delante que no soy docto en literatura sobre muertos vivientes. Pero es que hay algo que me echa muy para atrás. La mayoría de obras se meten de lleno en el apocalipsis zombi explicando vagamente su origen, algunas incluso omitiéndolo. Está bien, los lectores buscan acción, sangre, muerte y resurrección sin perderse en tediosas explicaciones científicas. Pero mi parte TOC me obliga a, al menos, recibir una mínima coherente explicación.

De hecho, aún asumo como más válida la explicación que daba aquellas adaptaciones literarias de Stephani Danelle Perry sobre la saga de videojuegos Resident Evil. Laboratorio clínico busca un virus con aplicaciones militares (como casi la mayoría de las investigaciones, siempre buscando la aplicación militar) cuyo objetivo es resucitar a los soldados caídos para conseguir un ejército eterno. Lamentablemente, los resultados no son perfectos y sólo se consigue un virus capaz de realizar una resurrección parcial, demasiado parcial. El resultado son muertos vivientes con capacidad intelectual muy limitada (torpes, estúpidos, movimientos toscos) cuya limitación del cerebro racional le otorga el poder al cerebro irracional, el de los instintos primarios como el de alimentarse. Simple, sencillo, pero efectivo. A mí me vale esta explicación. Al menos, esa simpleza es la que pido para creerme una novela de este tipo.

Como siempre, espero vuestros sabios comentarios. No me avergüenza abordar temas que no domino, porque sé que son justo esos temas los que más me permiten aprender de vosotros.
Un abrazo, ¡y cuidado con los catarros!

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