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Hoy no me voy a andar por las ramas para unir la frase moña del día con el tema literario a abordar. Si hablamos de magia, a todos nos viene un nombre a la cabeza: Harry Potter. Personalmente, no me gusta el universo Harry Potter (lo sé, voy a acumular odio por esta declaración, pero yo prefiero una verdad respetuosa a una mentira populista). No me gusta porque el recurso de un adolescente elegido para salavar el mundo es tan inverosímil como saturante (Los juegos del hambre, Divergente, El corredor del laberinto…). Sí me gustó en cambio el enfoque de Animales fantásticos, algo más maduro y serio, siguiendo en el ámbito juvenil pero con más consistencia.

Pero volvamos a Harry, en particular a su última novela. A mí, la idea de hacer una obra de teatro basada en la saga literaria me parece buena, nunca dedicaré palabras malas a innovar (me guste el resutado o no). Lo que sí me ha demostrado es algo que siempre critico, y es la falta de criterio que otorga el fanatismo. Pondré dos claros ejemplos:

  • “La última novela de Harry Potter no es de J.K. Rowling“: a favor de los pro-Harry, diré que este comentario tan recurrido demuestra la falta de documentación a la hora de criticar algo. Para empezar, la última novela de Harry Potter no es una novela. Es una adaptación teatral de John Tiffany y Jack Thorne de una historia que sí es de J. K. Rowling.
  • “El último libro de Harry Potter mantiene la línea de los anteriores”: lo siento, pero no, y esta vez es punto para los anti-Harry. Que te guste tanto o más que los anteriores porque te encanta todo ese universo tiene sentido, pero que no asumas que es un cambio drástico del estilo es un exceso de fanatismo. Pasamos de la novela al teatro, luego las descripciones de los personajes no pueden ser iguales, el relato tampoco. El motivo del cambio, no lo sé, ni quiero dar credibilidad a los que dicen que es una manera más de dar vida a la gallina de los huevos de oro que es la saga. Prefiero apostar por la necesidad de hacer algo nuevo. Porque sí, los autores a veces necesitamos esos giros para no caer en la monotonía. Eso no significa que nos vendamos.

Y aquí finalizo este debate interno. Que para ser domingo y no querer andarme por las ramas, me estoy extendiendo. Ya conocéis el peligro de ponerme frente a un teclado, más aún cuando llevaba casi una semana sin publicar una entrada.

Y os echaba mucho de menos.

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