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¡Aviso! ¡Alarma de emergencia! Me meto de lleno en la promoción de El sanador del tiempo, por lo que las seguientes entradas tendrán una alta gradación comercial. Es la parte que más odio de la vida del escritor.

Como muchos escritores (como todos, espero), escribo por placer y mi mayor recompensa es simplemente ser leído. Y no me gusta vender, no tengo el talento necesario para ello y no puedo evitar sentir que causo molestia cuando ofrezco mi trabajo. Pero tras no poco esfuerzo y mucho tiempo de aprendizaje, he aprendido que todo eso se soluciona valorándose a uno mismo. Escribir lleva mucho, muchísimo trabajo, y es algo que hay que valorar. Y es precisamente a ese tema al que quiero dedicar la entrada de hoy. Voy a describir los puntos por los que escribir debe ser valorado y considerado como un trabajo:

· El proceso creativo: inventar es difícil. La inspiración llega sola y de la manera menos esperada, pero ese punto de motivación es un simple copo de nieve al que hay que hacer rodar para convertirlo en una gran bola consistente. Mucho tiempo dedicado a la creación de ideas complementarias, a organizarlas, unirlas, darles sentido y crear un armazón digno de sostener una buena historia.

· Escribir: propiamente dicho. Se trata de vestir las ideas en forma de relato para contar la historia en su totalidad. Para muchos, escribir es una de las partes más tediosas, pero mentiría si digo que para mí no es un placer. Cuando me pongo a picar teclas pierdo la noción del tiempo. Pero es cierto que no deja de ser un trabajo en sí, sentarse a hilar líneas de caracteres.

· Corregir: para mí, una de las partes más tediosas. No nos engañemos, no existe el corrector ortográfico perfecto. Facilitan la tarea pero hay que, prácticamente, volver a pasar detenidamente palabra por palabra para asegurarte que todo está correcto. Un mundo aparte es la corrección de estilo. Hay ciertas expresiones que, aún siendo gramaticalmente correctas, están mal expresadas. No hay corrector digital para ello. Y después está, para los que son un poco TOC como yo, el hecho de que nunca, nunca, se consigue la expresión perfecta y acabas constantemente cambiando cosas.

· Revisar: y una vez que está todo… toca volver a leer. Varias veces. Porque detalles del principio de la novela se te pueden haber olvidado al final y se pueden haber escrito incoherencias narrativas. Así que, toca leer de nuevo, y rápido, para ver que no hay datos contradictorios productos del olvido.

· Maquetación: y por último toca preparar portada y contraportada, ilustraciones (si las hay), que todo el texto tenga el formato correcto… es decir, que el producto quede con la cara bien lavada.

Resumiendo: es un proceso largo y costoso que conlleva un gran trabajo. Un trabajo que, como cualquier otro, merece ser recompensado. Y de ahí la necesidad de promoción y de monetización que conllevaría cualquier otro trabajo.

Por otro lado, y yo que siempre trato de llevármelo todo al plano emocional, también es el momento de enfrentar el producto al público y de encontrarte con él. Felicitaciones, críticas (constructivas, espero), comentarios, presentaciones…

Como siempre digo, las cosas buenas son las que hacen que merezca la pena pasar las malas. Espero que en este período de promoción todos podamos sacar cosas beneficiosas.

¡Un enorme saludo!

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