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Los que ya me conocéis sabéis lo que me encantan los regalos personalizados. Los que no, estáis a punto de descubrirlo, junto a una parte friki de mí que procedo a compartir en el blog.

Me estoy adentrando en el amplio y gratificante mundo de los juegos de mesa. Un juego al que últimamente andamos enganchados mi novia y yo es el “Aventureros al tren”, un juego que consiste en crear rutas de tren. Bien, pues éste fue el pretexto para realizar mi regalo personalizado esta vez.

Para empezar, compré y envolví un trenecito comprado en un bazar para la broma “¿no era éste el juego de tren que querías?”. Pero dentro había un sobrecito (que no vio y que me hizo quedar por unos instantes como el regalador más cutre del Universo). El sobrecito llevaba una tarjeta. En el juego hay unas tarjetas que indican la ruta que tienes que completar. Esta tarjeta era una “copia” de ese tipo de cartas, en el que la ruta a completar salía de su corazón y llegaba al mío. Una forma de simbolizar que el destino ganador es el que une nuestros caminos.

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Por supuesto, el puntaje de esa ruta, es infinito. Esta vez hice la tarjeta a mano porque soy de los que piensan que la manufacturación tiene un componente romántico insustituible. Se podía haber cogido una imagen de la tarjeta y modificarla con Photoshop.

En fin, ya sabéis, me encantan esos regalos que sólo tienen sentido entre regalador y regalado. Si sois de este club, os invito a que compartáis vuestras ideas.

¡Feliz día de Reyes!

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