akasrec

En la última entrada del blog me desangraba de alegría hablando de un contrato editorial. En su momento, hasta lloré de felicidad. No me avergüenza decirlo. Hoy, me toca decir que se han burlado de mí. Tomad asiento que os cuento mi historia. Hola, me llamo Jon y soy escritohólico

Los que me conocéis, ya sabéis que tengo un libro en el mercado, El sanador del tiempo, autoeditado. Yo me lo guiso, yo me lo como. Como no tengo todo el tiempo que quisiera para dedicarle y la ayuda y los contactos de una editorial siempre vienen bien, para mi siguiente proyecto decido tomar el camino clásico de la editorial. Así pues, cargado de energía y esperando recibir miles de respuestas positivas (nótese la ironía), envío mi manuscrito a cuatro editoriales que creo que concuerdan con mi propuesta. Una de ellas responde positivamente y me envía un informe para la propuesta de edición en menos de un mes. Menos de un mes, ¡pero qué bueno soy! (modo ironía, de nuevo). Esta editorial se llama Ediciones Atlantis (de aquí en adelante, el enemigo).

En este momento, en mi cabeza estalla un volcán de confeti. Me dicen que ellos cargan con todos los gastos de la edición, de la promoción (carteles, entrevistas, envíos a prensa local…), de diseño… Vamos, que hacen lo que tiene que hacer una editorial sin que el escritor ponga ni un duro. Todo correcto. A punto estoy de firmar el contrato. En este instante hay ciertas puntos que huelen un poco raro y que no debía haber dejado pasar, pero ya sabéis eso de la ceguera de la ilusión… Estos aspectos son:

· La corrección corre a cargo del autor. ¿Desde cuándo una editora no corrige los textos? Bueno, no pasa nada porque yo ese aspecto ya lo trabajé con El sanador del tiempo. Sin problema.

· La tirada inicial depende de las ventas del acto de presentación. Entiendo que la editorial necesite una especie de sondeo para ampliar o no su apuesta, pero aquí huele más a puesto comercial que a presentación pública.

· Todo el contacto es telefónico, ni siquiera te dicen cómo quieres la portada… todo va como con muchas prisas, muy forzado.

Entonces hice lo que toda persona tiene que hacer antes de firmar un contrato: informarse. Si ponéis en Google las palabras Atlantis estafa, os sorprenderéis de la cantidad de entradas que salen (es más, sin ni siquiera poner la palabra estafa, mirad la tercera entrada). Las historias son escalofriantes (sobre todo cuando Atlantis actuaba como coeditora, donde el autor se sentía abandonado incluso después de haber efectuado un gasto importante). La manera de romper la ilusión de los autores noveles es desoladora. No distribuyen bien (los libros no están donde dijeron que estarían, ni siquiera se responde de manera correcta a los pedidos), las ventas no son transparentes y los pagos, ya os podéis hacer una idea… Conclusión: buscan una presentación efectiva, embolsarse los 1.000 euros por 50 libros vendidos a familiares y amigos que los compran con toda la ilusión del mundo (que esa es otra, los libros rondan los 20€), y después, si te he visto no me acuerdo. Un burdo truco comercial.

Desde aquí me uno a los tantos indignados por el trato de la editorial Atlantis y si publico esto es porque me siento en la necesidad de hacerlo, a mí me ayudaron mucho los comentarios de los que sufrieron esta burla y si he podido pararlo a tiempo es gracias a ellos.

Dicho esto, ¿qué pasa conmigo? Que estoy decepcionado, es evidente. Dolido, también. Que me dan ganas de firmar, seguir adelante, y el día de la presentación no vender ni un libro a drede para que se los coman todos por lo que han hecho con la ilusión de mucha gente, también. Pero no soy vengativo, siempre he dicho que es más práctico ocuparse de uno mismo que gastar tiempo y energía en venganzas improductivas. Esta vez no será la excepción.

Así que me quedo con mi hastío. Pero, ¿voy a hundirme? Venga, los que me conocéis, todos juntos: ¡No! El tiempo que he estado ilusionado me ha servido como inspiración para nuevas ideas para las presentaciones que pondré en práctica para El sanador del tiempo. Además, es una patada en el trasero para moverme, para decirme que mi camino es el del trabajo y el esfuerzo, para romper de nuevo una lanza a favor de la autoedición sobre el mercantilizado mundo editorial. El de las caricias al alma por cada lector nuevo porque sabes que te lo has ganado tú desde la nada. Que sí, que aún sueño con vivir de esto, y os aseguro (y volveré a esta entrada cuando llegue ese día), que voy a conseguir vivir de lo que amo.

Mientras, toca seguir haciendo camino, un camino en el que tropezaré una y otra vez, pero con sentido.

Un abrazo. Os quiero (estoy sentimental).

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