akasvoc

En otra de mis eternas confesiones, diré que soy una persona vocacional. Soy biólogo (ahorraos la broma de como Ana Obregón), y creo que eso lo dice todo. Sí, hice una de las carreras más difíciles y con menos salida, y lo hice por voluntad propia.

La semana pasada fui a la presentación de un libro de una colega en la Biblioteca Pública de Alicante a la que solo acudimos dos asistentes (y eso que se jugaba en casa, rodeados de libros). Pude escuchar a los libros gemir en la sala contigua. Desanima. Es desolador. Sobre todo cuando quieres dedicarte al panorama literario.

¿Me desanimé? Venga, todos juntos de nuevo: ¡no! Sé que es difíci, sé que la profesión literaria está complicada. Pero (y ahora enlazamos con el primer párrafo), es una de mis tantas vocaciones. En lugar de perder el tiempo en asumir la verdad, me puse a darle al coco para buscar soluciones. Cuando me puse a escribir, decidí hacer de la literatura algo divertido, algo atractivo. Lo decidí ademas a partir del género histórico, género vasto por excelencia; ya lo sabéis, a-mí-me-ponen-los-retos.

Como también creo que cuando uno pone todos sus huevos en el asador (mezcla de refranes, lo sé) las oportunidades se desvisten y aparecen, ayer ocurrió una de esas cosas mágicas que me da la vida como escritor. Alguien que no esperaba que leyera El sanador del tiempo, no solo lo hizo, sino que dijo que le pareció ameno e instructivo. Disfrutó, que es mi objetivo principal como escritor, pero además compartió la premisa bajo la que hice ese libro. Voy de subidón.

Pienso seguir remando a contracorriente.
¡Un abrazo!

P.D.: permitidme re-publicar esta oferta, pero si a vuestro chic@ le gusta leer y sueña con publicar un libro, puede ser un gran regalo de San Valentín. Lo vuelvo a publicar porque si queréis que el libro llegue para esa fecha, conviene pedirlo ya.

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