akasen

Las visitas a los cementerios me sientan mal. Me da por filosofar. Materializa un pensamiento que siempre está ahí pero que parece que no va con nosotros, que es el de saber que un día también estaremos ahí. Así que la entrada de hoy va a tener un poco más de corazón de lo normal. Y de estómago.

A menudo tratamos de buscarle un sentido a la muerte, sobre todo para mitigar el dolor. Y lo cierto es que, en mi opinión, los más cercanos a encontrárselo son los seguidores del nihilismo. No lo tiene. En el peor de los casos (catolicismo, se entiende), anula además el sentido de la vida: la vida solo sirve para ganarse la eternidad tras palmarla.

Y eso, sí que me toca los huevos. Porque yo soy un defensor a ultranza del sentido de la vida. Me da mucha pena ver el final de una vida que no ha hecho más que sobrevivir, que intentar llegar a fin de mes sin haber conseguido algo único. Ojo, que tal y como está la vida, el simple hecho de llegar a fin de mes ya me parece un hito, pero me parece muy triste el concepto de acomodarse. El de, “como ya tengo mi sueldo asegurado, hago del sofá mi trono para el poco tiempo libre que esta esclavitud llamada capitalismo me deja”.

¡Haz algo! El sentido de la muerte no es otro que darle sentido a la vida. Cuando el doctor de turno me diga “te estás muriendo”, quiero saber que he exprimido cada gota de mi tiempo de vida. Busca tu esencia, llévala al límite. Los escritores buscamos dejar huella escribiendo y triunfando con nuestros escritos. Los músicos, con su música. Los deportistas, con sus trofeos… Me da igual. Lo que sea. Pero busca algo que te haga arder el estómago y ve a muerte con ello, hasta donde llegues. Un paso, o mil, da igual. Pero, como diría mi frase del día de hoy, ¡dale duro!

Ya está. Ahí dejo la filosofada del día. Me apetecía compartir este pensamiento, de la misma manera que me encantaría leer vuestros pensamientos. No soy nadie para dar lecciones sobre vivir, pero sea como sea, no os limitéis a sobrevivir.

¡Saludos vivos!

 

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