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Hoy vengo en modo Papá Noel y os traigo una cosita para que os entretengáis este fin de semana. Aquí os dejo Poul Reenberg en El sanador del tiempo. Se trata de la primera de las tres novelas que acabaron unificándose en la trilogía El sanador del tiempo. Gratis. Para vosotros, que me seguís por aquí. “Muy bien, Jon, ahora que empieza el buen tiempo y dan ganas de salir a pasear, nos regalas un libro para quedarnos en casa“. Así soy yo.

Para que conozcáis un poco de qué va la historia, os propongo un juego. Os invito a poneros en el papel de un interventor de MediTime. MediTime es una clínica capaz de curar enfermedades viajando virtualmente al pasado. Los interventores descifran las marcas en el ADN de un trauma histórico y tienen que hacer una simulación para resolver la situación dramática que originó el desajuste biológico heredable.

Es decir, imaginad que como interventores, tenéis un paciente con un trauma heredado a través de su genética y se os envía en el tiempo, mediante una simulación, a la situación que causó la alteración biológica heredable. Os tumbáis en vuestra camilla, os dejáis cablear para la intervención. Cerráis los ojos. Comienza la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres, dos, uno…

“Te despiertas súbitamente, abres y cierras los ojos varias veces para mitigar el picor típico causado por el nervio óptico al comenzar cada simulación. Es de noche, pero la escasa luz de la luna es suficiente para dejarte con la boca abierta tras observar la imponente muralla que te rodea. Miras alrededor, por el estilo de las casas sabes que has retrocedido por lo menos tres mil años. Sin embargo, es una curiosa figura lo que te hace saber exactamente el lugar y el tiempo en el que estás: un enorme caballo de madera expuesto en la plaza central.

Troya. Sonríes. Descubres que la ciudad entre el mito y la historia existe de verdad. Pero la satisfacción dura apenas unos segundos. Del enorme caballo de madera ves descender una fila de hombres como si de las tripas del animal inanimado se trataran. Corren rápidamente y toman el portón con sigilo, las puertas de la ciudad se abren y se te para el corazón. En el horizonte observas un enorme ejército a punto de invadir la ciudad. ¡No estoy aquí para quedarme embobado con las maravillas troyanas!, piensas, y te pones en acción.

Golpeas la puerta de cada casa esperando reconocer tras ella al paciente. Sabes que tiene que estar cerca, porque las simulaciones tienden a situarte cerca de la recreación histórica del paciente. Tardas en dar con él, pero finalmente lo encuentras mientras la voz de alarma moviliza al ejército troyano. La agitación en las calles crece.

-¡Vamos! ¡Hay que salir de aquí! ¡Los griegos nos atacan por sorpresa! – le dices a tu paciente, totalmente sorprendido como el resto de troyanos.
-¿Qué estás diciendo? – dice la persona a la que tienes que salvar, incrédulo. Su pasividad te irrita.
-¡Los griegos van a quemar la ciudad! ¡Tengo que sacarte de aquí!
-Pero… ¿y mi familia? – te golpeas la frente, notas la estupidez en tus venas. Habías dado por hecho que tu misión era sacar con vida al paciente de aquel ataque. Pero el paciente ya había sobrevivido en la situación real, si no no habría podido transmitir su genética defectuosa tras el trauma. Sabes que el problema está en su familia. La pérdida de su familia es el factor causante del trauma. Bien, pues hay que salvarlos a todos -. ¡Vamos! ¡Que se preparen todos para huir antes de que lleguen los griegos!
– ¡Es imposible! – te dice asustado -. Mi padre está encarcelado. ¿Vas a ir tú al cuartel a liberarlo de sus cadenas para poder sacarlo de allí?

Maldices. Pateas el suelo. Los hombres armados ya han comenzado a batallar en las calles, se escucha, no muy lejos, el choque de metal contra metal. Piensas rápidamente en alguna solución. ¿Qué puedes hacer?”.

 

Y aquí os dejo el relevo. Como interventores, ¿qué se os ocurriría hacer para solucionar la situación? ¿Cómo salvar al paciente y a su padre arrestado del inminente ataque griego? En la próxima entrada os sugeriré alguna posible solución 😉

Espero vuestro espíritu aventurero en los comentarios.
¡Un abrazo!

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