bellabestia

Ayer fui a ver La bella y la bestia al cine y quedé más encantado que el castillo de la propia película. Fue la primera película que me regalaron mis padres en aquellos tiempos en los que no se descargaban pelis, por lo que ponías el VHS una y otra vez hasta que te sabías los diálogos mejor incluso que los propios personajes.

Así pues, con una gran carga nostálgica en sus fotogramas, tenía todas las posibilidades para inyectar magia en nuestros corazones. Pero también una gran responsabilidad. Más a menudo de lo que me gustaría, cuando se añade carne y hueso a unos dibujos, soy incapaz de ver reflejada la esencia de un formato en el otro. Y en este caso lo borda. Incluso Emma Watson, que particularmente no me gusta, cumplió mis expectativas. El detalle de incluir las voces del doblaje originales (las posibles, al menos), un acierto. Y de la música qué voy a decir, si hasta los primeros compases del prólogo ya ponen los pelos de punta…

Esto no es un blog de cine, y por lo tanto me atrevo a decir que me gustó más que La la land. Incluso con el enfoque infantil, incluso con la fantasía, incluso con la historia de ficción, consiguió emocionarme, divertirme, hacer que me creyera lo que veía y hacerme sonreír más que la galardonada película. Me emocionó aún conociendo la historia al dedillo y sin poder jugar con el factor sorpresa, lo cual tiene mucho mérito. Ahora sí, tenéis vía libre para lapidar mi nulo criterio cinematográfico.

Pero, ¡esto sí que es un blog de literatura! Y ahí es donde quería llegar. Los personajes principales, tan dispares al principio, consiguen acercarse mutuamente gracias a la lectura. Sí, todos lo sabemos, Bella comienza a ver a Bestia de otra manera por su gran… biblioteca. Ese acercamiento a través de los libros hace que los que amamos leer veamos esta película con un punto más de magia.

Por ese, y por mil factores más, os recomiendo ir a verla.

¡Un mágico abrazo!

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