Hacía tiempo que no convertía una entrada en un encuentro íntimo con vosotros, siendo ese precisamente el principal objetivo de este blog. Así que ahí va otra de esas confesiones que me encanta compartir desde lo más personal de mi existencia no exento de cierta vergüenza: soy un payaso.

A menudo me dicen que no se puede hablar en serio conmigo. Y yo, en lugar de sentirme ofendido en lo más sensato de mi madurez, me siento elogiado. Porque sí, es cierto, no sé preocuparme en exceso por las cosas y, lo que es peor, no soy capaz de ponerle filtro ni freno al humor. Porque, ¿qué necesidad hay? ¿En qué momento uno decide retener una sonrisa? Reprimir el humor es el inicio de la amargura. Un amigo mío me dijo hace tiempo que había que reírse hasta de la muerte, y cada día, con tanta tristeza que nos rodea, estoy más convencido de que no seré yo, de manera voluntaria, el que decida apagar un momento alegre.

Como muestra de ello, he puesto al inicio de la entrada las tomas falsas de la entrevista que grabé para el canal de Psycoach, un proyecto fusión de reciente apertura formado por dos estupendas profesionales (una coach y una psicóloga) cuyo centro es la motivación y la lucha por los sueños. A poco que me hayáis leído, ya sabéis que bebo de esa temática y es para mí un placer esta colaboración. La entrevista la podéis ver aquí (ya de manera seria), aunque hablaré de ella en otra entrada próximamente.

El objetivo de hoy era que me vierais en mi salsa en las tomas falsas. Puede que desde aquí esté dando una imagen seria o formal, con este vídeo espero perder ese concepto que podéis tener de mí (arriesgando a perder también toda la reputación).

Un alegre saludos a todos. Gracias por pasar por aquí.
Ah, ¡y hoy se empieza la lectura conjunta de El sanador del tiempo!

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