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A ver cómo cuento esto sin hacer spoiler. El sanador del tiempo es una novela ligera, pero no exenta de moraleja (de hecho, no deja de ser un cuento; daños colaterales de estar infectado por Tim Burton). Aunque la moraleja se desliza entre sus líneas de manera sutil, me alegró ver en la lectura conjunta que el mensaje se transmitía. Y como dije que iba a explicar la intención, saldo esa deuda (de manera tardía, como siempre) con esta entrada.

Para los que no conozcáis la historia, El sanador del tiempo trata sobre una clínica que cura enfermedades mediante viajes simulados en el tiempo. Las situaciones dramáticas del pasado retuercen e impregnan de tal manera el ADN que a lo largo del tiempo acaba estallando en los descendientes en forma de enfermedad. Esas situaciones han de resolverse y para ello, son leídas e interpretadas digitalmente para enfrentarse a ellas. Eso a grandes rasgos, para no extenderme.

El origen de las enfermedades en las vidas pasadas (registros akáshicos) es un concepto oriental.  Y como tal, la moraleja no podía venir desde otro punto cardinal. Viene a mostrar, en gran medida, lo perjudicial que es para nuestra vida el exceso de preocupación. Nos amarga y hace que la vida sea menos vida. Y, en contraste, también muestra la necesidad de liberarse de estas cargas (a menudo innecesarias) para seguir adelante. Esta despreocupación hace que quede algún cabo suelto en la historia (aunque huele a secuela por ahí para volver a tirar de ellos). Pero realmente es acorde con la idea a expresar, a veces hay que soltar amarras, no solo para aligerar el peso del alma, sino porque en ocasiones es nuestra única opción y para bien o para mal, la mejor.

Es parte de una filosofía de vida que adquirí hace tiempo y con la que he encontrado la felicidad. Nunca me preocupo por cosas que puedan pasar en un futuro porque, por definición, puede que hasta no pasen. Si ocurren, pues entonces en ese momento haré todo lo posible para que el impacto sea el menor posible, para solucionarlas. Si después de hacer todo lo que está en mi mano soy incapaz de resolverlas, pues solo queda mirar a otro lado y seguir adelante (el que hace todo lo que puede no está obligado a más), porque la vida es tan grande que siempre ofrece nuevos caminos. Pero hay que buscarlos y no perder la perspectiva aferrándose una y otra vez a algo que hace que nos atasquemos. Energía que se gasta en algo improductivo, es energía que no invertimos en dirigir la vida al lugar en el que queremos estar.

Ahí queda eso.
¡Qué paséis un despreocupado día!

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