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Hoy vengo con una entrada de esas que me hacen ganar enemigos. Allá voy. Lo suelto: prefiero leer en digital. Sé lo que estáis pensando. Ya lo escribo yo por vosotros: ¿pero qué estás diciendo? Sí, también sé las razones por las que se tiende a preferir el papel. Y estoy de acuerdo. El papel tiene un romanticismo que no se puede pasar a binario. Un libro impreso, un buen asiento y un ratito de tranquilidad es uno de los mejores tríos de los que se puede disfrutar en esta vida. Pero por circunstancias de la vida, leo más en digital.

No es que me guste más leer en el ordenador, en el Kindle o en el móvil, solo digo que lo prefiero porque prácticamente no tengo tiempo para sentarme y coger un libro. Desgraciadamente. Cuando más leo es cuando me desplazo de un lado a otro. Me he acostumbrado a leer en el móvil andando (al principio parece imposible, lo sé, pero una vez te acostumbras es muy cómodo; eso sí, no descarto alimentarme de alguna farola un día de estos).

Me he acostumbrado de tal manera que los únicos libros que acabo son de esa manera. En casa apenas puedo coger un libro después de comer, y además suelo empezar a trabajar a las 15:30. El libro que me desvirgó digitalmente fue la trilogía de El señor de los anillos (es una hazaña leérselo en el móvil, ya os lo digo… y descubrir que mi novia lo tenía en su casa en papel merece una mención aparte…). Tras la obra de Tolkien pasaron muchas más, y actualmente disfruto de mis ratos muertos fuera de casa con La sombra dorada de Luis M. Núñez. Recomendadísimo, por cierto. Ir a trabajar se hace menos pesado sabiendo que puedo disfrutar de ese libro en los ratitos de desplazamiento.

Otra ventaja obvia es el gasto económico. El sanador del tiempo, por ejemplo, puedo ofrecerlo a 2,81 € en digital, mientras que en papel tengo que venderlo a 8,82 € para sacar el mismo beneficio (un eurito, que además reinvierto en comprar otros libros, retroalimentando el ciclo literario). Como lector y como escritor, el precio más económico de la versión digital me permite ampliar la circulación de libros, tanto de entrada como de salida.

¡Y nada más! A menudo oigo echar pestes sobre los libros digitales. Estamos de acuerdo en que por mucho que se desarrolle la tecnología, no se podrá igualar el efecto de abrir y oler un libro. Pero no por ello creo que haya que despreciar las bondades de la literatura digital, que no son pocas, y en determinadas circunstancias como las mías me permite ampliar mi vida literaria.

Un saludo.
¡Que tengáis un feliz y digital día!

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