akaspos

Hablemos hoy de eso que todos criticamos pero que a la vez alimentamos: el postureo. La reflexión la hago en concreto por una anécdota reciente, aunque era algo que antes o después tenía que comentar.

Resulta que hace unos días fui a visitar Alcoy y, entre otros lugares recomendados por la Oficina de Turismo, se encontraba el Círculo Industrial de Alcoy. Así que, allá fui. Se trata de la organización empresarial más antigua de la ciudad, una agrupación privada que a menudo realiza exposiciones en sus instalaciones con fragmentos de la historia obrera de la ciudad, sobre todo de la época de la Revolución Industrial. Y, ¿a quién le gusta tanto la historia que escribe libros sobre ella? Exacto, a servidor.

Así que allí fui cuando, por sorpresa, me dicen que no puedo entrar porque… llevaba pantalón corto. Claro que sí, guapi. Con el termómetro de la plaza pidiendo una tregua, llevar pantalón corto es una locura. ¡Qué insensato de mí! Acato las normas, por supuesto, ya que se trata de una asociación privada y jerarquizada (por mucho que su emblema sea una abeja que simbolice la unión obrera). Aunque, educadamente, pregunto el fundamento de esa norma. Sin intención de causar polémica (su sitio, sus normas, que yo al menos sí entiendo de respeto), pregunto en qué me convierte en peor visitante llevar pantalón corto. No hay respuesta que más odie que un “porque es así“, vacío como el desierto.

Como anécdota más grave, me entero que justo una semana antes se le impidió el paso a un autobús de alemanes por la misma razón. Claro que sí, ¡si viven aquí al lado para volver cuando quieran!

El resultado es que yo, que amo la historia y le dedico grandes porciones de mi vida, me quedé sin poder ver una exposición que supuestamente está hecha para que sea disfrutada de ella. Y aquí es a donde quería llegar. Cuando uno hace algo con pasión, se supone que quiere que esa ilusión llegue como un arpón al corazón de aquellos que puedan verse reflejados en ella. ¿Para qué creamos normas sin más fundamento que el beneplácito social que actúan como un muro para este cometido?

Pongo un ejemplo, más acorde con la temática del blog, que es el que hace referencia a las presentaciones de libros. He escuchado sandeces del tipo “traed amigos, familiares, conocidos, aunque no les guste el libro, lo importante es que se llene”. ¿Perdona? ¡Lo importante es que se llene… el corazón! Bien por ego propio o por dictamen de la editorial de turno, queremos que todos los asientos tengan un culo encima para conseguir la foto de plenitud que tanto anhelamos, aunque a los presentes les importe una mierda el objetivo principal de la reunión, que no es otro que compartir tu pasión con gente que pueda sentirse atraída por ella.

Prefiero que venga una persona, o dos, con una inquietud sana, con un lazo verdadero, que llenar la sala para poder decir “qué bueno soy”. De verdad. De igual manera, traslado la responsabilidad a los escritores, pues cuando el local está casi vacío se nota la desgana a la hora de presentar. ¡Es tu pasión! Tanto si viene una persona como mil, lo importante no es a donde va a llegar, sino la pasión con la que transmites el mensaje, y esa ilusión no entiende de cantidad, señores, es algo que se lleva dentro.

En serio, dejémonos de aparentar y de no ser lo que somos, o seremos lo que no queremos ser. El tiempo será el espejo que nos hará darnos cuenta de ello. Hacedlo, por lo menos, por vosotros mismos.

Un saludo.
¡Qué tengáis un buen día y no solo en apariencias!

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