akasrec

En pleno burbujeo de reivindicación del colectivo LGTB, hago una reflexión y me (os) pregunto, ¿por qué no hay literatura homosexual de éxito? Por supuesto que hay novelas, y muy buenas, sobre esta temática. Pero las estanterías de los más vendidos se resisten a exhibir con orgullo una de estas historias que, y ahora me explico, tienen todo lo necesario para convertirse en una historia de amor titánica.

Sí. La homosexualidad comienza a frecuentar las páginas de los libros. Pero, a menudo, con personajes secundarios, como complementos. Pocas se atreven a centrar la historia en una relación homosexual y menos son las que consiguen llegar al éxito (ahora me decís algún título de renombre y me propináis un zas en toda la boca que, sinceramente, recibiría con alegría).

Y, realmente, tienen todo lo que una buena historia de amor, del grande, necesita. Los amores prohibidos, los rechazados, los que tienen que avanzar contra viento y marea y donde la probabilidad de éxito es baja y el fin dramático previsible son los que encogen el corazón. Es en las dificultades donde se demuestra que el amor es grande, que uno ama de verdad, por sí mismo, y no son las circunstancias las que han creado esa falsa ilusión. Es contra las adversidades cuando uno se da cuenta si de verdad quiere lo que quiere.

¿Qué sería de Romeo y Julieta sin su trágica historia amorosa? Pero ahora, en los tiempos en los que amar se ha vuelto fácil, Romeo y Julieta se irían de compras y se sentirían rebeldes por desobedecer a sus padres al no volver a su hora mientras un hipermusculado Romeo percute a una ninfómana Julieta en el barco de papá con vistas a una isla paradisíaca (sí, si os habéis fijado, es una crítica superficial a la literatura choni que llena las listas de ventas de la que ya hablaremos en otra ocasión).

No sé si es la sociedad que tenemos la que está generando esta inversión de valores en el consumo o al revés, pero desde aquí reclamo un poquito más de clasicismo en las historias de amor, un poco más de sinceridad y profundidad. Y en ello, la literatura homosexual, tiene un gran marco y un gran potencial que aportar.

Nada más.
¡Qué tengáis un día sexualmente libre!

 

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