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Ya sabéis que cuando escribo sobre un tema me gusta leer, ver y jugar sobre él. Así que, como estoy inmerso en la fantasía épica, mi idea era disfrutar de alguna serie del género, pero poco hay más allá de Juego de tronos (Las crónicas de Shannara me llama, pero no tengo MTV para echarle un ojo). Por lo tanto, he decidido hacer un ciclo de cine de este tipo de fantasía.

Y empiezo por Willow, la que en mi caso en y el de muchos de mi generación, fue nuestro primer contacto audiovisual con hechiceros, caballeros y monstruos. Con permiso de Conan y a pesar de que me gusta llevar un orden cronológico, he decidido empezar por esta película de 1988 porque supuso mi primer contacto con estos mágicos mundos.

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Willow narra la historia de un nelwyn (lo que vendría a ser ahora un mediano) que se cruza por casualidad (o por acción del destino) con Elora Danan, un bebé llamado a destronar a la reina Bavmorda. La misión de Willow es proteger a la pequeña para que en un futuro pueda acabar con el reinado del terror de Bravmorda.

Un argumento práctico y que peca de una de las cosas que más me desagradan en un guión, que es el uso de casualidades llamándolas destino. Pero es un buen punto de partida para este tipo de películas. Willow está desarrollada además sobre una historia original de George Lucas, y, ¿qué se puede decir que no sea bueno sobre la construcción de mundos de Lucas?

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El desarrollo por su parte es ameno, divertido, entretenido. Peculiar, con algún chiste bien traído. Las actuaciones, no sé si solo me pasa a mí, pero en las películas antiguas siempre las veo más creíbles (hasta Val Kilmer me gusta como el caballero fanfarrón McMardigan, y eso que le considero un actor un tanto histriónico). Un punto a favor es el uso de actores con acondroplasia para representar a los personajes de pequeña altura. Bravo. Hay grandes actores con esta afección más allá de Peter Dinklage como demuestra Warwick Davis, que da vida al protagonista.

Los efectos especiales, a pesar de la barrera temporal, a mí me parecen más que adecuados para su época, incluso aún se disfrutan sin estar constantemente pensando en lo antiguos que son.

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En conclusión, nos encontramos ante un clásico, con sus virtudes y sus defectos, que supone un buen punto de partida para el género, al que le falta profundidad pero compensa con entretenimiento y diversión y que yo, por mi parte, he estado encantado de volver a disfrutar.

Sin más, ¡que tengáis un fantástico día!

 

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