akasdis

Una de las grandes virtudes de la autoedición es el aumento de la cercanía con los autores. El panorama editorial tiende a concentrar las ventas en un reducido número de obras a las que dedica una promoción brutal. Y como en toda masificación, todo a su alrededor comienza a pasar bajo un filtro numeral donde las personas acaban adaptando roles comerciales.

En una profesión en la que el sonido de cada tecla no es otra cosa que un latido del corazón de un escritor dirigido a un posible lector, congelar los sentimientos me parece un crimen. Pero mi experiencia me dice que esta tendencia va a revertir esta dinámica. El último ejemplo, el que ha despertado en mí la ilusión necesaria para motivarme a escribir esta entrada, es la dedicatoria de un relato personalizado de Luis M. Núñez, autor de La sombra dorada.

Debo confesar que para mí ya era suficiente regalo que prestara atención a mis comentarios durante la lectura de su obra (que aprovecho para volver a recomendar, y no será la última vez que lo haga). Este detalle (y tengo entendido por otras personas que suele tener muchos de ellos) habla por sí mismo.

Reivindico estos acercamientos. Como lector los adoro. Como escritor, los necesito. Cierto, puede que estos vínculos no hagan mejor a las obras en sí, pero considero que obviarlos es un error muy grave para esta profesión. Creo que reducir el contacto a una firma masiva de libros es un engaño cruel. Cuando escribo, recién terminado el capítulo, estoy deseando mostrarlo, que me den su opinión sobre él (sea buena o no). ¿Cómo no voy a desear que se potencie ese acercamiento entre lectores y escritores?

Un saludo.
¡Que tengáis un buen y cercano día!

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