AKASAM

Cuántas veces nos han dicho la mortífera oración “solo de amor no se come”, con la intención de que dejemos de lado ese estado de idiocia que adquirimos cuando nos enamoramos y nos pongamos a trabajar. Bien, no estoy de acuerdo con esa frase popular (del todo).

En El corazón del aedo, a Khalid, uno de los protagonistas de uno de los relatos, se le ordena construir la primera pirámide egipcia. Tamaña responsabilidad le pesa en el alma. Comparto el inicio de este relato para poneros en situación:

“Khalid mira el solar sobre el que debe edificar la primera gran pirámide egipcia. Suda, y no solo por el calor. Se echa las manos a su afeitada cabeza. Sobre la alfombra de arena debe crear una construcción digna del faraón Zoser. Piensa que es como tejer un barco con hilos quebradizos e intentar que no se hunda, un imposible. Siente en sus venas el orgullo de temer despertar la ira faraónica.”

¿Cómo soluciona la papeleta? Como no podía ser de otra forma en un texto romántico, con la ayuda del amor. Es cierto que estar enamorados nos descentra, sí. Pero también nos alegra, enaltece nuestro estado de ánimo, nos vuelve más vivarachos y receptivos. Todas esas condiciones son esenciales y potencian la creatividad. A veces solo hace falta (en ocasiones incluso es vital) un poco de inspiración para encontrar la solución a los problemas, para ser más eficientes. Y sí, el amor es un potente embrujo inspirador. Además, si al final nada sale como uno espera, mejor pasar los malos tragos en amorosa compañía, ¿no?

Un saludo.
¡Que tengáis un amoroso día!

 

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