Cuentan que Nabucodonosor II construyó los impresionantes Jardines Colgantes de Babilonia para que su esposa Amytis no echara de menos la vegetación de su país de origen. Dándole una vuelta de tuerca, en uno de los poemas de El corazón del aedo, relato cómo sería un jardín si lo construyera no para, sino pensando en la persona amada.

Y no contento con escribirlo, es uno de los poemas que me he atrevido a convertir en canción, como podéis ver al principio de la entrada. Son varios los poemas que me ha apetecido musicar, en concreto cuatro de ellos. Con estas interpretaciones, a caballo entre la poesía y la canción, tengo pensado hacer varias cosas. Quiero tocarlas en las presentaciones del libro para amenizarlas. También quiero grabarlas y a lo largo de esta semana trabajaré en ello. Puede que haga un concierto vía Skype si hay gente que se anima. Y más cosas que se me ocurran. Tendréis noticias musicales mías.

Así que, si llueve a lo largo de la semana, ya sabéis de quién es la culpa.
Un saludo. ¡Que tengáis un musical día!

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