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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

mes

diciembre 2017

AGUA PARA NaNoWriMo

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Hoy vengo con un tema (o en su contra, mejor dicho) de esos que hacen que los escritores tengamos que alzar la copa y brindar por él si no queremos pasar a formar parte de la escoria del gremio: parece que para que una novela sea buena hay que dedicarle varios años a su redacción, mientras que si se escribe en unas semanas no es más que papel de hoguera. Pues hay novelas a las que su autor ha dedicado toda una vida y que para mí son Orfidal en vena y hay historias fugaces que me han llenado de sensaciones eternas.

Esta reflexión quería compartirla tras el reciente NanoWriMo (National Novel Writing Month). Este reto que se repite todos los noviembres invita a los escritores a escribir una novela en tan solo mes. No hay premio más allá del autoreconocimiento por el duro y frenético trabajo que conlleva cumplir con las cincuenta mil palabras en un mes. Pero es un canto a la creación liberada del yugo de la búsqueda de la perfección. Como bien reconocen los organizadores, acaba creándose mucha basura. Pero una pequeña parte de esa basura es deliciosa. Sirva como ejemplo el bestseller Agua para elefantes de Sara Gruen, del cual hay recreación cinemática.

Esto no hace que esté tirando por el suelo el elaborado trabajo de una novela bien documentada y meticulosamente cuidada, que aquí un servidor tuvo a Santiago Posteguillo un tiempo en su Top3. Valoro la búsqueda de la excelencia y sé que, llegar a las últimas líneas de una novela de esas que hacen que se doble tu espalda si las llevas en la mochila, crea una sensación de orgullo inigualable y un regusto incapaz de ser conseguido si no es con artes lentas y profundas.

También sé que es más probable crear una obra maestra cuanto mayor es la dedicación en su escritura, pero no por ello pienso que se deba eliminar de un plumazo las novelas que se crean del tirón. Tienen su función y su lugar. Muchos las utilizan como descanso entre historias más densas. A mí, de hecho, me anima más empezar con una novela ágil y dinámica que con otras de pronósticos más duros, y me cuesta menos acabarlas. Me rindo a la pecaminosa ligereza de la diversión pura y rápida.

En definitiva, lo que vengo a reivindicar es la adecuación de las cosas. La eliminación de los términos absolutos. Si lo extrapoláramos a todos los aspectos de la vida, nos iría mejor como sociedad. Ni creo que el asiduo lector de novelas de menos del centenar de páginas sea mal lector ni que un analista del Quijote sea una mejor referencia literaria. Lejos de buscar aspectos técnicos, siempre pregunto a las personas qué han sentido al abordar un libro. Ese es mi criterio referencial. Bajo ese prisma, el mundo literario se homogeiniza. Pienso, además, que no deberíamos aferrarnos a un criterio purista si no queremos ver como la tendencia a la lectura continúa decayendo por los siglos de los siglos, sobre todo en los lectores más noveles.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

 

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FELICES FUTURAS NAVIDADES

25 de diciembre de 2068. Las familias se sientan alrededor de unas mesas que proyectan nostálgicos recuerdos. La aplicación The best memories para iTable aprovecha estas fechas emotivas para aumentar sus descargas y muchas personas disfrutan de este programa que, tras una biometría ocular, transforma la memoria humana en imágenes holográficas. La última actualización permite añadir sonidos a las imágenes y las lágrimas caen recordando la voz de esos abuelos que ya no están en la cena navideña.

En los platos, la comida se muestra en cantidades pequeñas. No por su escasez, pues las últimas celdas hidropónicas en las que se cultivan los vegetales han aumentado la producción. Estos elementos tecnológicos son capaces de reconfigurar los átomos de los fertilizantes proporcionando la cantidad exacta requerida de cada uno de ellos tras realizar un análisis exhaustivo por segundo de la planta a la que albergan. No. La disminución de las raciones se debe a un concienciamiento global. Desde hace cinco años, la gente antepone su salud a los placeres gastronómicos.

Tampoco se observa proteína animal en las escasas recetas. A pesar de los avances en la carne sintética, no han sido los avances científicos los que provocaron la crisis y posterior caída de la industria cárnica. Fue algo tan humano como la empatía animal lo que instaló en la sociedad el pensamiento de que el sufrimiento ajeno no es un buen ingrediente en la cocina.

Lo que también brilla por su ausencia en la estampa familiar es la hipocresía. El neocristianismo ha dejado de celebrar la humildad con capitalismo (algunos dicen que este cambio les ha salvado de su propia autodestrucción) y, en lugar de aumentar los gastos en estas fechas como en el pasado, los fieles muestran su religiosidad disminuyendo las compras durante dos semanas y enviando los ahorros derivados de esta costumbre a fines benéficos. La empresa más beneficiada de estas donaciones, dicen, es Cereals at home, una organización que envía kits de cultivo a las familias más desfavorecidas. Sus productos contienen todo lo necesario para realizar una plantación a pequeña escala capaz de alimentar a toda una familia durante un año. Aseguran que su formulación puede hacer crecer cultivo de regadío incluso en el mismo desierto. Quien pasa hambre, es porque quiere, dice su eslogan.

Lo que sí hay alrededor de la mesa es envidia y celos. Las nuevas redes sociales, haciendo apología acrecentada del postureo, han encontrado la forma de magnificar los logros propios mediante modificaciones personalizadas de las publicaciones en función de la cuenta que visualiza la entrada. InstaGrammy, por ejemplo, hace que una grabación musical simple y casera parezca merecedora de premios internacionales. En cuanto a los sistemas de mensajería, han encontrado la manera de proteger la información de tal manera que ya no son una de las principales causas de ruptura en las parejas como habían llegado a serlo casi a mitad de siglo. Ese exceso de confianza ha promovido más infidelidades. Y los padres, que no terminan de hacerse con las nuevas tecnologías, cada vez se ven más distanciados de sus hijos.

Ah, a veces pienso que los avances tecnológicos solo sirven para amplificar nuestras virtudes y nuestros defectos. Es tan triste seguir viendo que la gente continúa sin depurar todo aquello que pone tras los megáfonos de la tecnología…

 

Y esta es mi forma de desearos unas Felices Fiestas. No esperéis a que las cosas mejoren en un futuro. El avance del tiempo nos traerá nuevas posibilidades, pero lo que de verdad nos traerá la felicidad es el uso que hagamos de ello. Y el proceso de ser mejores siempre empieza hoy, ahora. No hace falta esperar al futuro, ni siquiera a que un 25 de diciembre nos digan que tenemos que ensalzar nuestro espíritu navideño… Nuestro futuro se construye hoy, lo que seremos dentro de diez segundos o cien años depende de lo que hacemos en este preciso instante. Hagamos un futuro más humano. ¡Feliz Navidad!

P.D.: y de paso, utilizo este pequeño relato para mostraros lo que Jon Ícaro os traerá después de navidades. Se avecina una etapa muy cargada de ciencia ficción. ¡Teng una ilusión tremenda por enseñar cosas nuevas!

 

CORRECCIÓN EN LA PALMA DE TU MANO

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“Ola, ké ase. Oy bengo a havlar de escrivir vien”. Muchos me preguntáis cómo hago la corrección ortotipográfica y de estilo de mis libros, y esa duda generalizada junto al amor que le tengo a mi corrector favorito ha hecho que me lance a escribir esta entrada. Sabéis que soy un defensor a ultranza de la autoedición. Reconozco que una de las cosas que genera poca confianza en ese formato es esa falta de criba que permite que se publique algo que bien puede tener más faltas de ortografía que palabras… Bien, espero con esta publicación aportar mi granito de arena al respecto.

No voy a hacer un análisis sobre los mejores correctores ortotipográficos existentes porque para mí, y pese a parecer un comercial con estas palabras, solo hay uno fiable y al que declararle amor eterno como escritor: el corrector de MyStilus. Su calidad y alcance es impresionante, y más allá de encontrar errores gramaticales (incluso de avisar de barbarismos, galicismos y todo tipo de palabras que deberían ir en cursiva), valora recursos de estilo como frases demasiado largas, palabras repetidas en corto espacio de tiempo, errores de espaciado, sugerencias adoptadas recientemente por la RAE, fallos de concordancia… Es decir, no solo te va a decir si una palabra está mal escrita, sino que te va a dar consejos literarios muy valiosos que mediante su uso repetido te van a convertir en mejor escritor.

La parte negativa… que es de pago. Incluso para probarlo tienes que registrarte (antes no era así). Con el registro tienes una corrección limitada (muy escaso si eres escritor asiduo), y después tienes tarifas que en mi opinión no son baratas y que pueden ser incluso insuficientes si eres un picateclas empedernido como yo. Otra alternativa gratuita que llama mi atención es LanguageTool, pero está infinitamente lejos de Mystilus. Con decir que no reconoce las palabras modificadas con prefijos o sufijos…

¿Y por qué no el corrector de Word? Sinceramente… no podría valorarlo. Hay dos cosas que me han hecho descartarlo tantas veces que ni siquiera le he dado una oportunidad. La primera es mi versión anticuada de Word, que dejaría fuera muchas normas nuevas de la RAE. La segunda, que siempre ha sido duramente criticado por su simpleza. No sé si alcanza todos los aspectos que he nombrado que aborda MyStilus. Os invito aquí a que actualicéis mis prejuicios respecto a este clásico, que me comentéis vuestra experiencia con él y me digáis cómo ha ido envejeciendo.

De la misma manera, también os invito a que comentéis cuál es vuestro corrector de prescripción. ¿Cuál usáis? ¿Cómo os va? Siempre he creído en el poder colectivo de la autoedición, creo que librarse del yugo editorial nos hace más cooperativos y menos competitivos. Espero vuestras opiniones, a ver si más adelante me veo obligado a corregir este artículo y le puede ser útil a más escritores.

Un saludo.
¡Que tengáis un estiloso día!

ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO – Crítica

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Sé que lo que voy a decir deja mucho que desear como aficionado a la ciencia ficción, pero nunca había visto una película de la saga Alien. Ayer me decidí a hacer un ciclo de cine clásico y me lancé a por esta serie de películas. Sé que hacer una crítica a estas alturas no tiene mucho sentido, pero para quien quiera hacer memoria o leer una opinión actual sin el filtro de la nostalgia, allá voy.

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En 1979 y de la mano de Ridley Scott, nos llególa primera entrega de esta clásica saga de terror y ciencia ficción: Alien, el octavo pasajero. En ella, el Nostromo, un carguero comercial, recibe una llamada de auxilio durante su regreso a la Tierra. La obligación del código legal les obliga a responder, teniendo que detenerse en un planeta desconocido cuya existencia de vida acabará amenazando a toda la tripulación.

Algo recurrente en el cine clásico es la lentitud de su desarrollo, que contrasta con la saturación actual de escenas de acción. Pero ojo, que la película sea lenta no significa que sea aburrida, y creo que aquí la clave es la naturalidad de sus interpretaciones. Más allá de la complejidad de su guion, que es bastante sencillo, los personajes son totalmente creíbles gracias a unas actuaciones que hacen que pensemos que llevan toda su vida a bordo del Nostromo. Esto lo digo incluso desde mi escepticismo hacia Sigourney Weaver, que no entra en la lista de actrices con las que más simpatizo. Pero es cierto, en el cine antiguo hay unos comportamientos que puede que las escuelas interpretativas actuales hayan aniquilado y que han hecho que se pierda cierto realismo con los años.

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Algo similar ocurre con el apartado visual. A pesar de que las computadoras del Nostromo nos hagan viajar más al pasado que al futuro, de los peinados ochenteros y de que algunas partes de la nave parecen colchonetas enrolladas, a mí esos detalles arcaicos me aportan cercanía. No me sacan de la trama, en absoluto. En la misma línea podríamos hablar del extraterrestre que protagoniza la película. A mí desde que se dejó de usar animatrónicos y se pasó a la creación digital, me falta algo. A pesar de las limitaciones del uso de mecanismos para las criaturas, me parecen más reales, más terroríficas. Pienso que la única saga que ha hecho que me sumerja por completo con el paso a la recreación digital de las criaturas es Jurassic Park con su increíble Jurassic World. Y en este caso, Alien, con los juegos de cámara e iluminación que buscan ocultar sus imperfecciones, me parece que consigue un gran resultado.

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Y en fin, más allá de lo técnico, que ya sabéis que yo soy más de basarme en las sensaciones a la hora de disfrutar de una obra, he de decir que yo he disfrutado bastante de esta primera entrega de Alien. Creo que la clave en este caso ha sido su dosificación. Las escenas álgidas son escasas debido a las limitaciones de la época, pero saben hacerse esperar y compensan. Todo el conjunto me parece bien compactado y consigue una de las cosas que para mí hablan por sí solas, que se me pase el largometraje rápido y sin poder decir que me sobra alguna parte.

Así que, por mi parte, aprobado con nota para esta entrega y con ganas de más. Me parece una buena película, incluso, si omitimos el salto temporal, lo cual ya es decir mucho. Totalmente comprensible su conversión a clásico y espero que las secuelas me resulten tan buena inversión temporal como con El octavo pasajero.

¡Un saludo!

CAÍDA Y ALZAMIENTO DE Jon Ícaro

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Ando en horas bajas. Hablo con la voz de Jon Ícaro, seudónimo que Juanjo tiene algo olvidado últimamente. Lo habréis notado en la ausencia alargada por el blog, en la demora de las respuestas, incluso en la caída de la Web que ya lleva unos días sin estar operativa. Tampoco voy a hacer sangre de la persona que se esconde tras este sobrenombre, pues este olvido se debe a prioridades laborales (que por suerte, también tienen que ver con la escritura).

Os cuento.
Para empezar, en estos momentos se está debatiendo descatalogar El sanador del tiempo. La trilogía unificada que dio vida y sentido al nombre de Jon Ícaro (y a la que tanta felicidad y momentos emotivos que perdurarán siempre en la memoria se le debe), con casi toda seguridad no será continuada. Con esta decisión, la falta de un final álgido se hace más evidente y la necesidad de darle mayor consistencia al argumento y a los cabos sueltos en entregas posteriores se hace notable. Todo ello, unido al aprendizaje que gracias a la novela se ha obtenido, hace que la autoexigencia obligue a subir el nivel y a dejar esta historia en el panteón que merece, para poder subir un peldaño más.

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El corazón del aedo, conjunto de poemas y relatos cortos que mezclan romance e historia y que se publicó a través de Ediciones B, también será abandonado, al menos en cuanto a esfuerzo promocional se refiere. La experiencia editorial no anima a seguir invirtiendo tiempo y medios en esta obra.

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Y en cuanto al último proyecto, Love Rally, hay sensaciones contradictorias. Por un lado, el disfrute a la hora de escribirlo ha sido máximo y la participación de los lectores cero en directo ha sido maravillosa. La experiencia, inmejorable. Pero una vez escrito, en las revisiones posteriores para ponerla a punto, no puedo evitar pensar que le falta algo. Creo que como entretenimiento para leer en dos o tres horas, sin muchas pretensiones, sus 200 páginas pueden servir. Si no se busca la excelencia, si solo se desea una lectura amena para disfrutarla, me parece una buena historia con tintes de cuento y moraleja final. Pero mi autoexigencia me obliga a algo más. Entonces, ahora mismo se está debatiendo si sacarla en una línea “Light Ícaro” que comprenda este tipo de lecturas o prescindir directamente de ella. Si alguien quiere echarle un vistazo, que me lo diga en los comentarios o a través del correo jonicaroescritor@gmail.com y se la envío gratuitamente, a ver si con su opinión me ayuda a decantarme por una u otra opción.

Y ante tal panorama, ¿qué queda de Jon Ícaro?
Pues muchas ganas de seguir tecleando y plasmando ideas en forma de historias. Lo que sí tengo claro es que todo girará en torno a la ciencia ficción y la fantasía (puede que incluso mezclando estos dos mundos), pues son los géneros que me mantienen tecleando hasta altas horas de la madrugada sintiéndome incapaz de apagar mi mente y pensando que dormir es una cosa prescindible en esta vida.

Os mentiría si dijera que no sé muy bien por dónde van a ir los tiros y que no tengo algo esbozado. Lo que sí sé es que tiene que ser algo ambicioso, que me desgaste por dentro, que me obligue a darlo todo para que una vez concluido, sienta ese fuego por dentro que no me deje a medio gas, que me obligue a querer mostrárselo a todo el mundo con toda la energía que pueda invertir en el proceso de representarlo. Pero todo esto ya es cosa del futuro, y esta entrada era para hablar de lo que dejamos en el pasado. Así que, aquí termina toda esta parrafada que, por cierto, necesitaba soltar.

Pronto, más cosas, y puede que con Web renovada para esta nueva etapa que empieza YA.
¡Que paséis un buen fin de semana!

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