51t2fsbzaxl-_sy346_

Hoy me ha llegado la liquidación anual de “El corazón del aedo“, libro que publiqué a través de Ediciones B, y no sé si reír o llorar. Aunque, en el fondo, sonrío como ese cínico malicioso que está deseando su propia e ilógica flagelación para confirmar una verdad. Una verdad que me temo muy pronto dejará de ser solo una predicción mía: las editoriales tienen los días más que contados.

“El corazón del aedo” fue para mí un experimento, una evaluación del verdadero poder de las editoriales; un espejo en el que comparar la autoedición que abordé con “El sanador del tiempo“. Quería comprobar cuánto era capaz de hacer por mí el sello editorial. Sentir en mis carnes si de verdad era un privilegiado, si había entrado en ese mundo de los elegidos que por fin salen de la fosa común del olvido literario.

51d5udeudcl-_sx331_bo1204203200_

Nada más lejos de la realidad. La repercusión conseguida con la autoedición de “El sanador del tiempo” supera en todo a “El corazón del aedo”. En ventas, en feedback, en visitas, en comentarios en Amazon… No hay color. Evidentemente, es porque he dedicado todo mi esfuerzo, mi ilusión y mi desgaste promocional a mi obra; lo cual no dice mucho ni bien de mi compromiso con la editorial, pero es que hacer lo contrario me habría hecho sentir un estúpido.

Con Amazon el autor consigue entre un 30 % y un 70 % de los beneficios; a través de editorial, solo una media de un 5 %. Si la editorial actúa como una bestia promocional, aumentando las ventas hasta límites insospechados, entiendo que se lleven ese gran pedazo del pastel, ya que en general, tanto autor como editor salen ganando. Pero a la vista de mi experiencia, si las ventas al final las tengo que hacer yo sí o sí, ¿entendéis que me sienta ahora un estúpido si ellos se quedan con un 94 % de los beneficios?

Antes, las editoriales eran un mal necesario para publicar. Ahora no. Y por lo visto, ni para vender. Sobre todo las que editan en digital, cuyo gasto cero les permite lanzar títulos a diestro y siniestro para que sus autores siembren y ellas recojan. Lo único que las mantiene vivas son sus servicios de corrección y edición, cosas que cada uno puede aprender y aplicar con esfuerzo, paciencia y aprendizaje (cosa que recomiendo). Porque publicar, con Amazon poniéndonoslo cada vez más fácil (incluso muchas editoriales realmente publican a través de su plataforma), va a ser la puntilla que dé la muerte a un negocio editorial que da sus últimos coletazos. En mi opinión.

Y es por eso por lo que he decidido optar por la vía de la autopublicación para “En el nombre de Eva“, como he comentado a los que pensáis que salir del resguardo de una editorial es un paso atrás. Yo, personalmente, no lo veo así. Quitándome el lastre de sentirme un esclavo y servidor, me siento más libre y más dueño de mi obra, y eso me anima a luchar por ella con muchas más fuerzas.

Un saludo a todos, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

Anuncios