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El sábado fue el cumpleaños de mi pareja. Y yo, que ya sabéis que soy un novelero, no quise perder esta oportunidad de hacer un regalo personalizado. Ya me conocéis. Para mí, un pensamiento dedicado a una persona vale más que el más caro de los presentes.

Así pues, la personita que aguanta mis incesantes golpes al teclado y mis ausencias mentales pensando en argumentos para mis historias, se encontró una nota en el desayuno con la dirección (virtual) a un archivo de audio que venía a avisarle de que ella era culpable de algo. Y para saber de qué se trataba, tendría que ir encontrando pistas una tras otra.

Las pistas, esparcidas por toda la casa y por todo Alicante en forma de adhesivo esponjoso con forma de corazón, contenían un código que, de nuevo, introducidos en una página de Internet preparada para ello, devolvían un nuevo audio con instrucciones para encontrar el siguiente.

Así, búsqueda tras búsqueda, se llegaba a la última pista que resolvía el misterio diciendo que de lo único que era culpable era de crear recuerdos uno tras otro para hacerme la vida más amable y feliz. Todo eso, con su correspondiente regalo final de un álbum de fotos de Gorjuss (no entiendo qué tienen esos dibujos tan sobrevalorados) repleto de fotografías que, efectivamente, mostraban muchos de esos recuerdos que ella había sido culpable de causar.

Espero que os haya gustado esta iniciativa y que, si os apetece, podáis darle uso a vuestra manera. Yo siempre os animo a tirar de creatividad para crear regalos personalizados y, como veis, a pesar de que ya supero los treinta, espero no perder esta ilusión adolescente por hacer este tipo de tonterías jamás en la vida.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

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