2016-05-23_0002-762x1024

Benditos seáis los lectores cero, y mucho hemos de cuidarnos los autores de agradeceros vuestra labor y conservaros como las joyas que sois. Pero a veces, qué bonitos quebraderos de cabeza nos dais, cab***es. Hoy os quiero contar un dilema que tuve en la creación de GÀTA y que, a día de hoy, todavía no sé si escogí la opción adecuada. Este tema da mucho juego en las presentaciones del libro, y hoy os hago partícipes de él.

La novela comienza con Nerea, una joven de la Antigua Grecia que asegura que romperá su compromiso de matrimonio si su prometido no se molesta en conseguirle un gato egipcio. Néstor, el jardinero de su hogar y enamorado de ella, le promete que conseguirá ese animal para ella así que tenga que dejarse la vida en ello. Hasta aquí, bien, unos básicos cimientos para una tierna historia de amor. Quizás demasiado tierna.

El problema aparece cuando cuento que Nerea tiene 12 años y Néstor 30. Tras comentar esto, ya no es tan romántico el planteamiento, ¿eh? Pero el caso es que en la Antigua Grecia era lo normal. Comprendo, a la perfección además, que a día de hoy se considere una atrocidad (y lo es, por supuesto), pero en aquella época era lo estipulado. Y he aquí la pregunta que intenté responder más de mil veces en mi mente con distintos resultados: ¿debía mantener la fidelidad histórica y mantener las edades o modificarlas para que esta relación no pareciera tan atroz?

Reconozco que a mí me gusta mantener el rigor histórico, me parece una falta de respeto alterarlo en las novelas. Además, la edad iba acorde al comportamiento de Nerea: una niña que quiere un gato egipcio por un puro capricho infantil. Pero varios de mis lectores cero me advirtieron que no solo iba a recibir críticas por ello, sino que eran incapaces de disfrutar de la lectura al no dejar de pensar en esa relación como algo incorrecto. ¿Qué hice entonces?

Cambiar la edad de Nerea, por supuesto. Eh, no me miréis así. ¿Qué habríais hecho vosotros? No, en serio, ¿qué habríais hecho? Tengo curiosidad por conocer las distintas opiniones. Lo que sí tuve cuidado fue de justificar que Nerea se casara tan tarde. Como el motivo del casamiento era en esa época puramente económico y ella pertenece a una familia relativamente acomodada, puede permitirse que su padre Megacles, bruto en apariencia pero con un enorme corazón al fin y al cabo, acabe retrasando el momento de su casamiento. Eso, junto a un par de pinceladas más que pienso que hacen que esta modificación sea coherente.

lgata2

Pues eso. Solo quería compartir con vosotros un debate que fue un quebradero de cabeza en su momento, pero que reconozco que ahora le da vida a las presentaciones de GÀTA. Espero que os haya gustado.

Nada más por hoy, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!