Sin título

¿Es justa la sentencia del “Procés”? No me considero independentista, pero creo que hay una forma muy sencilla de ver esto: para que dos estén juntos, ambos han de estar de acuerdo. Yo veo la independencia como un matrimonio mal avenido. Uno de los dos miembros está a disgusto, y ha intentado mostrarlo una y otra vez. El otro miembro, parece no escuchar. Prohibiendo un referendo y, ahora con esta sentencia represiva, hace oídos sordos, abofetea la posibilidad del otro de expresarse y dice claramente “estarás junto a mí, aunque tenga que usar mis puños, que para eso los tengo”.

Es curioso, porque yo creo que la solución es el diálogo. Sin embargo, políticamente la negociación se ve como una debilidad, en lugar de como un acto inteligente (y un deber política, por cierto). Pero como siempre me expreso mejor a través de mis personajes, utilizo de nuevo a los protagonistas de GÀTA en forma de relato corto para abordar esta temática. Se me viene a la cabeza un hecho que viene al dedillo: el asesinato de Alejandro Magno de su general Clito.

 

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—Los mataría a todos, uno tras otro —afirmó Néstor, intentando apagar su fuego interno con otro trago de vino—. Por traidores.

Aunque el ambiente era aparentemente festivo en el campamento militar, acorde al banquete que soberanos y sátrapas disfrutaban unos metros más allá, se podía palpar la tensión que había entre macedonios y asiáticos. Por mucho que Alejandro se empeñara en crear un ejército híbrido, muchos de los griegos no veían con buenos ojos la incorporación de persas en sus filas.

Néstor escupió el vino de manera despreciativa en cuanto su mirada se cruzó con la de uno de esos nuevos persas que poblaban el campamento. La bebida salió dispersada en forma de gotitas de su boca, avivó la llama de la hoguera que tenía delante.

—Deberías cuidar tus palabras —le advirtió su grandullón amigo Ascanio, la viva encarnación de Zeus. Sabía que el humor de su compañero se había amargado hasta el infinito tras su último encuentro con Nerea, pero aun así debía controlarse—. Que el odio no dirija tus palabras, Néstor o podrías acabar mal.

—¿Odio? —replicó Néstor, tras lo que dio una serie de tragos continuados que se deslizaron visiblemente por su garganta. Su rabia, dirigida a los persas, le hizo pensar que hasta su vino era deficiente y asqueroso, digno de esa leyenda que decía que una antigua reina babilónica había intentado envenenarse con esa bebida—. Yo diría que mis palabras son lógicas, más bien.

—Deslúmbrame con esa lógica de la que hablas —invitó Ascanio, que siempre había admirado las reflexiones del joven. Al menos, hasta que su mente se había retorcido tras la última visita de Nerea.

—Hemos arriesgado nuestra vida contra ellos. Muchos compañeros incluso la han perdido por su culpa. Y ahora, Alejandro, ¿los incorpora en nuestro ejército y pretende que combatamos hombro con hombro junto a ellos y que compartamos nuestro botín? —Néstor chistó, como si no hubiera argumento que pudiera rebatir aquella opinión. Aun así, su amigo Ascanio, que era más diestro con los músculos que con las palabras, lo intentó.

—¿Y de qué sirve mirar atrás? Ve y dile lo que piensas a Alejandro. Corre. Dile que no quieres luchar junto a esos persas que ha unido a nuestro ejército. Yo mismo enviaré de vuelta a Grecia lo que quede de tus huesos. Nuestro rey ha escogido la unión, pues todos unidos y se acabó. —Néstor hizo un gesto de desprecio ante aquellas palabras de su amigo. Negó y su ondulada y castaña melena, descuidada desde hacía tiempo, acompañó aquel movimiento. Pero era cierto. Alejandro se estaba desviviendo con la alianza asiática. Últimamente tendía a vestir con ropajes persas y gustaba de compartir sus tradiciones—. Y si esa es la decisión del gran Alejandro —prosiguió el grandullón—, esa misma ha de respetarse.

—Cualquiera diría que hablo con el gran Ascanio —dijo Néstor volviendo a llenar su copa, tendiendo su cuerpo precisamente sobre una de esas maravillosas alfombras persas que criticaba—. ¿Acaso se te ha borrado la memoria de un golpe en alguna batalla? ¿No eras tú el que despotricaba contra nuestro rey?

Ascanio, como buen griego, había criticado a Alejandro y la imposición macedonia. Sin embargo, había acabado reconociendo su valía batalla tras batalla.

—¿Y qué pretendes con la separación? —se defendió el hombretón—. ¿Griegos por un lado? ¿Persas por otro? ¿Qué nos va a traer de bueno? Lo único que va a pasar es que nos acabaremos echando de menos los unos a los otros cuando crucemos el Hindu Kush.

—Y yo qué sé. ¿Me ves cara de rey? —ironizó Néstor, aunque lo cierto era que últimamente hacía y deshacía a su antojo, como si el mundo no tuviera que ver con él y estuviera por encima de todo—. Ni yo, ni los guerreros, sabemos de decisiones reales, porque no tenemos un trono bajo el culo. Sabemos de cosas de soldados. Y hasta el mismísimo Alejandro tendrá que responder ante esas inquietudes. Solo hablo de ser escuchados, ¡Ascanio! Solo un necio no sería capaz de ver el descontento de los soldados griegos ante esta desesperada unión y no intentaría hablar con ellos para apaciguarlos…

—No, Néstor, solo un necio replicaría ante nuestro rey esperando ser escuchado. Quedarse callado es la mejor manera de conservar los dientes, amigo —opinó el gigantón.

—Los que nos queden al menos —continuó Néstor, cada vez más molesto—, porque muchos los han perdido por los golpes de las batallas que le han hecho ganar a ese rey que no quiere escucharles…

De repente, en una parte del campamento se alzó un revuelo. Todos los soldados se levantaron del suelo y se acercaron allí, dejaron su confortable posición alrededor de la hoguera y se dirigieron a un hombre que vociferaba, explicaba lo que acababa de acontecer en el banquete real.

—…así lo ha atravesado, ¡así! —decía gesticulando, como si tuviese un palo en sus manos—. El rey ha cogido una lanza de un guardia y ha atravesado el vientre de Clito. Y ahí que se ha caído muerto, nuestro gran general. Lástima de sangre guerrera que se ha perdido en el suelo… Por lo que parece, se había quejado de que los macedonios tuvieran que obedecer la proskynesis

Se refería al saludo que se hacían los persas. Si estos eran del mismo rango, se besaban en los labios. Si uno de ellos tenía un rango inferior, besaba en la mano a su superior, y si la posición era más distante, directamente se arrodillaba. Clito había estallado ante las arbitrarias decisiones que Alejandro estaba tomando al incorporar tradiciones persas y le había rebatido su condición divina, se había atrevido a decirle que no era más que un mortal a la sombra de su padre y que no tenía derecho a tomar aquellas decisiones. Y el resultado había sido que el propio rey le había arrebatado la vida por dudar de sus acciones.

—Ve, como te digo, ve ahora y dile a Alejandro lo que piensas —le dijo Ascanio a Néstor de manera irónica, una vez habían visto cómo el rey se comportaba ante las disensiones. Su amigo suspiró.

—Entonces, ¿qué? —expuso Néstor, ahora con un menor volumen en su voz y con más cuidado—. ¿Qué nos queda? ¿La obediencia? ¿No ser escuchados? ¿Así es como un buen rey se comporta ante aquellos que discuten su comportamiento?

—Así es como se mantiene un reino —sentenció Ascanio, sin mostrar si estaba de acuerdo o no con aquello, pero dejando claro que debía ser así.

—Pues vaya reino es ese que se mantiene sin escuchar a aquellos que se asquean de permanecer en él. Uno estable y duradero, sí. Pero alzado sobre unos pilares vergonzosos.

Entre los dos hombres se hizo un silencio reflexivo. Se cruzaron los brazos al pecho, y se dedicaron a seguir escuchando al hombre que relataba lo acontecido durante el banquete.

—…y después el rey se retiró, se marchó de allí llorando. Parecía arrepentido por lo que había hecho —explicó aquel hombre. De hecho, Alejandro estaría hasta tres días sin salir de su tienda, avergonzado por su acción.

—Al menos se arrepiente de lo que ha hecho… —opinó el grandullón de Ascanio.

—Faltaría más —añadió Néstor—, que además se enorgulleciera de una decisión que reprime a uno de los suyos. ¿De qué tipo de tirano estaríamos hablando entonces?

 

Espero que os haya gustado, ya sabéis que si queréis conocer las aventuras y desventuras de Néstor y Ascanio, podéis descubrirlas en GÀTA. Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!