TrivialCNOpts

Con más aciertos de los esperados en el último acertijo (¡sois unas bestias!), nos metemos en el tercer capítulo del librojuego de Caótico Neutral. Nos situamos: estabais afrontando los test para ser aceptados como ciudadanos de la ciudad flotante de Sumergia, pero todo va a cambiar y vuestra supervivencia va a depender de que seais capaces de resolver una peculiar sucesión numérica. ¿Lo conseguiréis?

Para los nuevos, se trata de una historia en la que os convertís en protagonistas resolviendo cuestiones. Podéis seguirla desde el principio en http://www.jonicaro.com, aunque solo podréis empezar a sumar puntos a partir de este capítulo. ¡Pero estáis a tiempo de remontar! ¡Vamos allá!


ACERTIJO 3

 

CUESTIÓN DE PUNTERÍA

 

—¡Exacto! ¡Esto promete! ¡Esto promete! —grita el hombre al comprobar tu acierto y los iris de sus ojos se vuelven de un amarillo fluorescente, mostrando su alegría—. Muy bien, te has dado cuenta de que la primera letra siempre pasa a la segunda posición en la línea siguiente, de que la segunda pasa a la última, de que la tercera avanza un cuadro, la cuarta vuelve al principio y…

 

¡¡¡BOOOOOOOM!!!

 

Una explosión interrumpe las palabras del hombre. De repente, tu mente se sumerge en el caos. Tus oídos zumban por el ruido del estallido. Tu visión queda anulada por la nube de humo que se levanta a tu alrededor. Sientes dolor en la espalda, como si un pedazo de la pared te hubiera golpeado. Pero por lo demás, no sientes que tengas nada roto.

 

Toses durante unos minutos hasta que la ventilación hace que la capa de humo se disipe. Entonces, desearías no haber recuperado la visión. Delante de ti, el hombre que te estaba entrevistando yace muerto sobre su silla. Un pedazo de pared le ha golpeado en la cabeza, a juzgar por el pedazo de cráneo que falta en ella y que deja ver parte de su cerebro. Sus ojos ya no son amarillos, muestran una blancura fantasmal.

 

Dos personas entran en la habitación rápidamente y te retraes por instinto, pegas tu espalda a la pared. Si te han visto, obvian tu presencia, porque rápidamente se colocan frente al gran ventanal que hay en la estancia. Parecen dos soldados, a juzgar por el traje especial que cubre sus cuerpos. Es una coraza blanca y anaranjada de carbono reforzado, con una capa de teflón para aislar la electricidad de posibles proyectiles.

 

—¡¡Fuego!! —grita uno de ellos y las armas que llevan acopladas en sus brazos comienzan a escupir rayos rojizos despedazando el cristal de la ventana.

 

Sus disparos son contraatacados y ves cómo explosiones de luz entran en la habitación volviendo a herir tus oídos e impactando en todas partes. Te tiras al suelo como respuesta instintiva y cierras los ojos. Cuando el ruido se apaga ligeramente, te atreves a abrirlos para ver qué ha pasado. Uno de los dos soldados yace en el suelo bocarriba. Su coraza tiene un agujero del que gorgotea sangre y humo a la par.

 

—¿Qué miras? —te pregunta el soldado que queda vivo, que se ha puesto a cubierto apartándose del ventanal—. ¡Coge el cañón de mano y dispara!

 

Los calores se te suben a la cara. ¿Coger un arma? ¿Disparar? Tú habías venido a Sumergia a disfrutar de la vida, no a jugártela. Tu esfera textil te inyecta automáticamente una solución relajante y agradeces la calma instantánea que invade tu pecho y se extiende por el resto del cuerpo.

 

—¡Nos están atacando! —te grita de nuevo, desesperándose al ver tu incapacidad de moverte—. Si no defendemos el laboratorio, ¡caeremos con él!

 

Entonces, comprender la situación te da una motivación extra para actuar. Al parecer, alguien intenta derrumbar el edificio en el que estás. Y si no haces nada, acabarás entre sus ruinas.

 

Gateas hasta la posición del soldado muerto evitando exponerte a la abertura del ventanal, cuyo cristal a estas alturas ya es inexistente. Coges el cañón de mano e intentas sacarlo del brazo muerto del hombre que acaba de caer. Tienes que tirar varias veces para conseguir separar de su cuerpo ese armatoste que, te sorprendes, no pesa tanto como habías pensado a juzgar por su enorme tamaño.

 

Introduces el brazo por la parte posterior hasta alcanzar la sujeción donde insertas la mano y palpas el gatillo. Temes que por el temblor de los nervios dispares accidentalmente y tu traje detecta tu preocupación y te inyecta una nueva dosis de dopamina.

 

Te levantas ligeramente hasta poder ver al exterior y visualizas varias aeronaves que sobrevuelan el laboratorio disparando desde todos los lados. Son los atacantes. Apuntas a una de ellas, intuyendo que alineas el cañón con la aeronave y aprietas el gatillo. Un rayo rojizo sale de tu arma y… pasa muy desviado del objetivo. En el lateral del arma se proyecta una pequeña pantalla que te muestra y narra un mensaje.

 

“Desviación del disparo a la derecha: 20 unidades. ¿Ajuste de corrección?”.

 

¿Ajuste de corrección ha dicho? ¿Te está pidiendo que corrijas el disparo? Te atreves a responder.

 

—Mmm… veinte unidades —dices. No entiendes el mecanismo de corrección, pero si te ha dicho que has fallado esas unidades, deduces que es necesario un ajuste del mismo calibre.

 

Vuelves a apuntar igual que antes y disparas otra vez. Pero de nuevo vuelves a fallar.

 

“Desviación del disparo a la derecha: 10 unidades. ¿Ajuste de corrección?”.

 

Te sorprendes ante el nuevo error, aunque por lo menos ha sido menor que antes. Sin embargo, no entiendes nada. Pero intentas continuar con el proceso.

 

—¡10! —dices esta vez, esperando que el ajuste sea correcto, intentando de nuevo corregir las mismas unidades que has fallado esta vez.

 

Apuntas una vez más, de la misma manera que las anteriores veces y vuelves a apretar el gatillo. Te desesperas al ver que cometes un nuevo error. Recibes un tercer mensaje en tu arma.

 

“Desviación del disparo a la derecha: 5 unidades. Aviso, última carga. ¿Ajuste de corrección?”.

 

¿Último intento? ¿Qué significa eso? ¿Si no lo consigues ya no habrá nada que puedas hacer para defender el laboratorio y morirás en ese mísero lugar? No sabes muy bien cómo actúa el sistema de calibrado, pero piensas que tiene que haber algún tipo de relación y analizas los mensajes y resultados anteriores. Intentas hacer algún tipo de cálculo mental.

 

Cuando crees entender el mecanismo, dices la cifra con la que esperas acertar esta vez.

 

Escribe la cifra correcta con dígitos cuando se te pida la contraseña