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¿Preocupado por la crisis económica que se nos viene encima? Son muchos los que ceden al pánico en este sentido. Es normal. Las perspectivas son las que son. Lo que ya no es tan normal es que a algunos les preocupe más el bolsillo que la salud. Como dijo Melendi: a este año le pido al cielo la salud del anterior. Si has tenido la suerte de haber esquivado la enfermedad tanto tú como tu gente cercana, eso ya es una bendición. Otros no han tenido tanta suerte, lamentablemente. Así que vamos a dar gracias y usarlo como punto de anclaje a la realidad. El resto, irá llegando poco a poco.

Porque a pesar del temor, esto no es nuevo para nadie. Las crisis son cíclicas, comportamientos macroeconómicos e intereses aparte. Estuvieron, están y estarán. Tú mismo seguro que has superado algunas de ellas, tanto globales como personales. El otro día Pablo Motos hizo un apunte muy esclarecedor: en las crisis el dinero no desaparece, simplemente cambia de manos. O lo que es lo mismo: cambian los hábitos de consumo. En consecuencia, no desaparecen las posibilidades de ganar dinero, simplemente varían. El problema es que no sabemos adaptarnos a estos cambios.

Nadie nos enseña a ello. Estamos anclados al estatismo: a comprar una casa para toda la vida, una pareja hasta que la muerte nos separe, a vivir en la ilusión de que un oficio nos dure para siempre… Los tiempos cambian, y los hábitos de consumo, que rigen las sociedades capitalistas, también. Vivimos en la falsa creencia de que debemos formarnos durante toda nuestra infancia y juventud en algo en concreto para vivir de ello el resto de nuestra vida. Pero la eficacia de las universidades cae por su propio peso. ¿Cómo vas a empezar a formarte para algo si cuando acabes los estudios diez años después el mundo va a ser diferente y con otras necesidades?

El problema es que nadie nos enseña a reinventarnos. Nos crían en el miedo al cambio, en lugar de en el gozo de la renovación. Nos quieren atados, temerosos. Porque el problema es que si evolucionamos, si decidimos crearnos nuestro propio trabajo y destetarnos de la gran empresa, esta, que se adueña de los programas políticos a golpe de financiación, se queda sin mano de obra barata.

Tenemos que  reinventarnos cada día. Ahora más que nunca, por supuesto, pero incluso en los tiempos de bonanza, un espíritu de evolución siempre hará que vayamos a mejor, que estemos cada vez más arriba y estas caídas nos afecten menos. Solo hay que pensar lo siguiente: ¿en qué va a gastar la gente el dinero en estos momentos? Las farmacias van a seguir funcionando a todo tren durante un tiempo. ¿Por qué no intentar sacarse un título de auxiliar online ya que necesitarán más personal? Y los artículos de lujo se van a disparar, porque la puta verdad de las crisis es que hacen más ricos a los ricos y más pobres a los pobres; quizá sea el momento de montar una tienda online de joyas. El oro se va a comprar baratito cuando todos intenten desprenderse de él para subsistir…

Así que, no se trata del entorno, sino de la capacidad de uno mismo de adaptarse. Resiliencia lo llaman, y es verdad. Os lo dice un escritor. ¿Acaso hay algo más crítico que intentar vivir de las letras? Pero yo lo intento. Y ya van varios años desde que me decían que eso iba a ser imposible. ¿Que la crisis me va a afectar? Por supuesto, como a todos e incluso más que a nadie: las novelas no son un bien esencial. Sí ya de por sí muy poca gente lee, ahora los lectores se lo van a pensar dos veces a la hora de gastar en un libro. Pero igual me toca pasarme a los libros técnicos, desempolvar mi título de biólogo y escribir un libro Virus para dummies, o algo así. Puede que la gente quiera saber qué es un virus y cómo funciona en estos momentos y se venda mejor. Adaptación y resiliencia. No hay más.

Pero sobre todo sin temor. Si hay un lema que tengo claro es que un minuto perdido en la queja es un minuto en el que no estás desarrollándote ni buscando la solución. Internet nos da opciones ilimitadas. Podemos formarnos en lo que queramos, buscar proyectos para ganar dinero desde nula inversión. No es fácil, cuidado. Es jodido con motivación, pero ten claro que es imposible sin ella.

Para ello, os voy a recomendar una técnica que me encanta y que considero que me ha ayudado a subir escalones constantemente y que es la del Ikigai. Es tan sencillo como hacerse cuatro preguntas:

  • ¿Qué es lo que amas?
  • ¿En qué eres bueno/a?
  • ¿Qué necesita el mundo?
  • ¿Por qué te podrían pagar?

Aquello que une esas cuatro respuestas, es algo que vas a disfrutar y que seguro que te va a generar dinero. Estas cuestiones tienes que repetírtelas cada cierto tiempo. ¿Por qué? Porque tanto tus gustos, como tus habilidades, como las necesidades de tu entorno cambian. Y en tiempos de crisis, todavía más. Pero si sabes responder a esas cuatro cuestiones, ahí tienes tu solución.

Te animo a ello. Sé que es complicado. Pero como siempre digo, que algo sea difícil no significa que tengamos que lamentarnos y rendirnos. Todo lo contrario, a más complicación, más motivación y más energía se nos está pidiendo.

Mucho ánimo y a encarar estos tiempos como lo que son, una época de aprendizaje y crecimiento, ¡y a salir más reforzados! Si necesitáis ayuda de un motivado de la vida como soy yo, ya sabéis dónde encontrarme. Si estas palabras os han ayudado y creéis que pueden ayudar a combatir este halo de pesadumbre que nos envuelve, compartidlo a diestro y siniestro.

Un abrazo, nos vemos las instacaras en @icaro_jon.