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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

mes

octubre 2021

¿LOS RALLYS NO SON PARA MUJERES?

¿Tendrían que ser los campeonatos de automovilismo mixtos, o separados por género? El otro día, tras conocer la existencia de las W Series (la Fórmula 1 femenina), un amigo y yo debatíamos sobre si en los campeonatos automovilísticos debía haber segregación por género o no. En teoría, no debería. No hay ningún parámetro físico o biológico que obligue a tal diferenciación, ya que el rendimiento lo pone la máquina.

En mi opinión, creo que esta diferenciación se debe a un parámetro más de tipo estadístico. Si de cada 100 aficionados al automovilismo uno es mujer (siendo optimistas), es más improbable que una de ellas quiera pasar de la afición a la profesión, y es más difícil brillar siendo uno entre cien, seas hombre, mujer o extraterrestre. Es simple proporción matemática. A nivel de talento es otra cosa, ahí pienso que no hay estadística alguna. Si un hombre es un número uno, brillará. Si una mujer es una número uno, brillará. Pero hay más probabilidades de encontrar un número uno donde hay más aspirantes, simplemente.

Y después está el asunto de los patrocinios, asunto espinoso. El automovilismo no es meritocracia. No llega más lejos el mejor, sino el que mejores patrocinadores tiene y más dinero aporta al equipo o sus recursos mecánicos. Por supuesto, ganar carreras ayuda a atraerlos, pero no es el único factor, y a veces tampoco el más determinante. Y en ese sentido, el automovilismo siempre ha estado patrocinado por productos de un público principalmente masculino. Imagino que para una mujer debe ser más complicado negociar, porque «no representan al público objetivo».

En ese sentido, quizás crear campeonatos femeninos ya no sea un dilema moral, sino una necesidad. Una posibilidad para ellas de conseguir visibilidad, un pequeño rincón exclusivo donde dejarse ver. Quizás así, consigan más reconocimiento y en consecuencia una mayor fama y atracción de patrocinadores. Y así, en un futuro, puedan competir en igualdad de condiciones y romper esta brecha de género.

Porque el talento, indudablemente está. A las pruebas me remito, y aquí un nombre es obligado: Michèle Mouton. La francesa no solo llegó a competir al máximo nivel automovilístico, en una competición mundial regida por la FIA como es el Campeonato del Mundo de Rally, sino que consiguió lograr una victoria en Italia en 1981 y tres más en Portugal, Grecia y Brasil en 1982, año en el que con su Audi Quattro logró el subcampeonato del mundo, solo por detrás del legendario Walter Röhrl.

Ojalá ejemplos como este animen al público femenino a aficionarse a ver las carreras como una pasión con salida profesional. Ojalá también anime a los aficionados (aquí ya sin distinción de género) a seguir competiciones femeninas de automovilismo, porque eso permitirá que la brecha se haga más pequeña y, de corazón, espero que esta reflexión anime a ello con el deseo que en un futuro solo se hable de competiciones mixtas y sin diferencias de dificultad de acceso. Eso no solo será un éxito del automovilismo, sino de la sociedad en general.

Si te gusta la historia del rally, y quieres dar un agradable paseo para recordar su historia o aprenderla, te recomiendo el libro La historia del Campeonato del Mundo de Rally de Marcelo Coll:

LAUDA vs HUNT – Razones para amar la Fórmula 1

Siempre digo que amo tanto como odio la Fórmula 1. Cada vez se parece más a un paseo de las estrellas de Hollywood en ese constante goteo de lujo que va enterrando cada granito de esencia deportiva que hay en la máxima competición de automovilismo del mundo. Este dilema lo refleja perfectamente la rivalidad que hubo entre Niki Lauda y James Hunt. Una historia que todo aficionado a la F1 debería conocer, y que todo amante de la motivación y superación también sabrá disfrutar.

Niki Lauda, austriaco, representante del caballerismo deportivo. El piloto correcto, educado. Disciplinado. James Hunt, británico, la bala perdida, el chico malo, irreverente, el guaperas. Agua y aceite en cuanto a personalidad, diferentes versiones de la vida que estallaron en la pista en la temporada de 1976.

Tras alimentar su rivalidad en categorías inferiores y en la propia Fórmula 1, ambos eran los favoritos para el campeonato de 1976. Hasta Nürburgring, el Gran Premio de Alemania, donde Lauda tuvo el famoso terrible accidente cuyo incendio acabó desfigurando su rostro, causándole sus características cicatrices. En el hospital, se le dio la extremaunción. Todo apuntaba al fin de su carrera automovilística. Y de su vida.

Pero Niki Lauda no solo salvó la vida, si no que se esforzó al límite y volvió a la competición tres carreras después. Impensable. Aunque tuviera que sangrar cada vez que se ponía y quitaba el casco por la piel quemada de su cráneo. No estaba dispuesto a que Hunt, que había aprovechado su ausencia para sumar puntos, se llevara el campeonato.

Lauda fue capaz de mantener a raya al británico hasta el final, de manera que ambos llegaron con opciones de ser campeones a la última carrera en Japón. Niki tenía opciones de completar la gesta de regresar de entre los muertos para ganar el campeonato. Pero otra vez… la lluvia. La resbaladiza pista trajo consigo las pesadillas de su último accidente. Y Lauda, cauto, decidió abandonar. No podía arriesgarse a volver a causar el mismo sufrimiento a sus seres queridos.

Por su parte, James Hunt, el joven arriesgado y sin miedo a la muerte, siguió adelante y en un final de carrera emocionante, logró hacerse con el campeonato tan solo con un punto de ventaja sobre el renacido Lauda. Ese año, la victoria fue para el británico. Esta rivalidad y maravillosa historia queda bien reflejada en la película Rush, la cual recomiendo.

Ese año ganó James Hunt. Pero en la vida… ¿de quién fue realmente el triunfo? James Hunt murió a los 45 años a causa de un infarto promovido por sus excesos alcohólicos. Ganó un único mundial, a pesar de tener un talento con el cual, según muchos, habría podido marcar una época si se hubiera dedicado con más atención y esfuerzo a las carreras.

Lauda, por su parte, ganó el campeonato al año siguiente sumando un título más al de 1975, junto al que también ganaría en 1984, único piloto capaz de volver a ganar un título mundial tras haberse retirado y regresado a la competición, con unos monoplazas con efecto suelo totalmente distintos a los que había utilizado para triunfar anteriormente. Se convirtió en una leyenda.

¿Qué queremos en el presente y en el futuro? ¿Una Fórmula 1 de estrellas del show como Hunt o de pilotos entregados como Lauda? ¿Cuál prefieres tú? O quizás, la grandeza de esta competición, es que hay cabida para todos. Lo cierto es que es cada uno de estos talentos, tan dispares entre sí, los que hacen grande la competición

Si te gusta la historia de la Fórmula 1, te recomiendo La historia de la Fórmula 1 a ritmo de vuelta rápida, un sencillo y maravilloso paseo a través del tiempo para recordar o conocer de forma sencilla la grandeza de este campeonato.

VUELVE LA NBA, VUELVE MI METADONA

Los que bien me conocéis, sabéis que tengo una relación de amor-odio con el deporte. Hace unos años dejé de ver fútbol, ese deporte que socialmente nos inyectan desde pequeños, porque lo consideré un negocio podrido y corrupto en el que, ser aficionado, solo me convertía en uno más de esos que alimentan esa bola de nieve macroeconómica que acaba aplastando lo poco deportivo que queda en el fútbol profesional. Hasta me hice la promesa incumplida de no volver a ver deporte, fíjate.

También soy de los que defienden la cooperación por encima de la competitividad, y el deporte es espíritu competitivo a nivel extremo. Creo que las personas somos mejores juntas, no imponiéndonos unas a otras. Prefería invertir mi tiempo en actividades más creativas (escritura, lectura, música…). Pero seguía teniendo el gusanillo del deporte. Porque también es motivación, superación, esfuerzo y entrega, y esos son valores que admiro.

Así que en el baloncesto encontré el término medio y la alternativa. Sobre todo, en el nacional y local. El basket, al menos en España, tiene unos valores que se han ido perdiendo en el fútbol. Se respeta al rival, se le felicita cuando gana, se anima cuando un jugador del equipo contrario se lesiona y los insultos están ausentes en la grada. También pude disfrutar de los equipos de mi zona, y apoyarles en la medida de lo posible.

Pero ahora, llega la NBA y me rompe los esquemas. ¿Por qué? Porque es el clímax del baloncesto. Es puro espectáculo. Además es más sencillo localizar estadísticas, y yo soy muy analítico en ese sentido cuando veo un partido. Y, en cierta medida, vuelvo a ese bucle inicial, donde reconozco que me gusta disfrutar del deporte a este nivel, pero a la vez siento que ya ha roto los límites de la pureza. El baloncesto en Estados Unidos es como aquí el fútbol: donde se mueve dinero, siempre existe la sombra de la corrupción personal y deportiva.

Pero esta temporada, pienso disfrutarla sin prejuicios. Tengo que ser más «disfrutón» en la vida en general y menos reflexivo. Si algo me gusta, ¿por qué empañarlo con tanta filosofía purista? En esta vida también hemos venido a mancharnos un poco. Creo que, tener cosas que nos hagan sentir pasión, es algo necesario en la vida, aunque tengamos un pequeño precio a pagar. Espero que sea una buena temporada, y proporcione grandes dosis de felicidad a sus seguidores.

¿Y tú? ¿Eres NBA? Yo todavía no soy seguidor de algún equipo en concreto, no la sigo tan de cerca como para sentirme identificado con alguno de ellos; siento más simpatía por alguno que por otros, eso sí, y si acaso me gustan aquellas plantillas con jugadores europeos, pues el salto de Europa a América en el baloncesto es un logro, un sueño de muchos que aplaudo y admiro.

Y dicho esto, informo que vuelvo por aquí por enésima vez. ¡Nos leemos!

Si te gusta la NBA, te recomiendo una de mis lecturas: Los MVP de la temporada de la historia de la NBA (Volumen 1), donde poder conocer y disfrutar de la trayectoria y anécdotas personales de varios de los jugadores más grandes que ha dado esta competición.

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