Y tú, ¿por qué no eres vegano? No quiero que pienses en la respuesta a esta pregunta, sino en cómo has reaccionado ante esa cuestión. Mucha gente se siente atacada cuando le preguntas algo así, se enfadan, se ponen en posición defensiva. Y lo entiendo. Diría que la difusión del veganismo ha adoptado una dinámica agresiva, desde un punto de falsa superioridad cultural, que solo genera respuestas a la par.

El veganismo es una opción, no una imposición. Yo soy vegano. Pero hubo un tiempo que no lo fui. Para entonces no tenía la mentalidad que tengo ahora. Y no puedo exigir a todos que la compartan. Puede que un día, al igual que yo, los demás decidan escoger esta opción. O puede que no. Pero lo que es seguro, es que no lo harán si se sienten atacados, pues solo irán aumentando su rechazo.

Lo que sí podemos hacer es informar. Yo no era vegano por desinformación, y creo que la gran mayoría dan el salto tras adquirir ciertos conocimientos. Lo que cada uno escoja tras disponer de esta información, ya es decisión propia, en total libertad. Pero sí considero que nadie debería negarse a aprender, en cualquier ámbito, porque saber más, nos hace más libres. Los veganos no solo cuidan de los animales, conlleva un estilo de vida con el que se protege uno mismo. Se puede ser vegano por egoísmo, incluso.

Por eso, quiero valorar el papel que tienen libros como este: ¿Que por qué soy vegano? En él hay 121 argumentos que te harán más libre de escoger. Sea cual sea tu elección final. Lo recomiendo a cualquier persona vegana para poder dirigirse al resto desde la información y no desde la imposición. Lo recomiendo a quien esté planteándose dar el salto. Pero sobre todo, lo recomiendo a quien critique y se oponga al veganismo. Yo disfruto leyendo sobre cosas a las que me opongo, porque al final me doy cuenta de que son esos temas precisamente sobre los que más tengo que aprender. Y los que más me liberan.

Como muestra y para animaros, os copio una de las partes del libro que más me han gustado. ¡Un saludo!

Porque un animal (no) es comida

¿Te comerías un perro? ¿O a tu gato? Biológicamente podrías. Tu sistema digestivo podría procesarlos (y cosas peores). Pero la mayoría de las personas lo vería como una atrocidad. ¿Por qué? Porque son animales domésticos a los que le hemos dado la función de convivencia, no la de alimento. Esto significa que la distinción entre lo que es comida o no tiene un factor social y cultural indiscutible (12). Los ingleses no se comerían un pulpo por nada del mundo, y en cambio es uno de los platos más apreciados de Galicia. En China se comen perros y gatos, incluso insectos que aquí consideramos una guarrada.

Nuestra cabeza, al fin y al cabo, nos permite decidir qué es comida y qué no. De la misma manera que tu perro no entra en tu menú, ¿por qué sí incluir a un cerdo? Son tan inteligentes como ellos (incluso más). ¿Por qué no criar ratas para hacerlas al ajillo? También son comestibles, solo que las hemos asociado con enfermedades y suciedad y por eso no nos lo planteamos. De manera acertada o no, lo que es cierto es que mentalmente tenemos la capacidad de decidir qué es comida y qué no. ¿Por qué definir entonces un ser que vive, siente y sufre como alimento? La decisión, en última instancia, es cultural. Y yo creo en una cultura que no abusa del sufrimiento animal y que no incluye este término en su definición de comida.

Nos ha costado entenderlo, pero finalmente la mayoría de la sociedad está de acuerdo en que los seres humanos también somos animales (20). Entonces, ¿podríamos comernos a nosotros mismos? Fisiológicamente, sí. No quisiera recordar cierta película basada en hechos reales en la que varios supervivientes de un accidente de avión sobreviven gracias a consumir carne de los viajeros que no superaron el impacto.

Por supuesto, el canibalismo es una atrocidad. ¿Por qué no ver entonces de la misma manera el consumo de otros animales? ¿No somos todos animales? ¿Por qué comer a nuestros semejantes?

Sinceramente, entiendo comer animales como algo no muy distinto al canibalismo. No podría comerme un pedazo de ellos sin sentir repugnancia, precisamente porque no los veo muy distintos a mí. Tienen dos ojos, un corazón que late, respiran aire…

Compartimos más del 99 % de nuestro ADN con el resto de mamíferos (21). ¿De verdad hay quien se ve todavía tan diferente a ellos? No, gracias. No voy a poner en un plato algo que se parece tanto a mí.

Si os gusta y queréis haceros con el libro, podéis tener más información haciendo clic aquí.

¡Nos leemos!