¿Sois más aficionados de la historia o de maravillosos relatos de fantasía? Reconozco que me encanta lo épico, pero siempre he sufrido de un eterno debate en la constantemente cambiante balanza de mi cabeza: no sabría qué tendría más peso en ella, si el contenido puramente histórico o la narrativa fantástica. Expongo, para mí, las ventajas e inconvenientes de cada opción. A ver si podéis añadir vuestros puntos de vista para romper el equilibrio.

A favor de la historia: saber que algo sucedió de verdad, me sobrecoge. Conocer las aventuras y complicaciones a las que en un determinado lapso de tiempo hubo de enfrentarse la humanidad, tiene un atractivo intachable. También me ayuda a ser agradecido, a valorar lo que tengo. Por otro lado, la narrativa histórica se basa sobre unos hechos establecidos, su tablero de juego está «limitado». Si bien siempre se bañan de ficción los relatos, hay unas determinadas reglas que no se pueden romper. No puedes inventarte una solución, ni acudir al comodín de la magia. Como TOC, lo agradezco.

En contra de la historia: nunca sabremos si todo ocurrió tal y como sucedió. La historia la escriben los vencedores. En ocasiones, no puedo evitar pensar que se me está contando una mentira, una versión de los hechos interesada, o simplemente lo que se ha podido descubrir. También, la propia limitación de los hechos, y el respeto a lo sucedido, conlleva a tramas más previsibles o con menos margen para sorprender.

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A favor de la fantasía: es la creatividad elevada a la máxima potencia. Permite la invención suprema, sin reglas ni límites. Esto permite tramas más abiertas y situaciones sorprendentes y espectaculares. Y reconozco que me apasiona la capacidad creativa de muchos creadores para elaborar razas, criaturas, hechizos, y todo ello magnífico. La creación de nuevos mundos es algo admirable. Y más allá de la ficción, proporciona más herramientas para tratar diversos temas de trasfondo. A veces, la fantasía actúa como un cuento para comprender mejor la realidad.

En contra de la fantasía: el exceso de elementos inventados, a veces dificulta sumergirse o sentir el contenido como algo cercano. También permite soluciones a las tramas repentinas e inexplicables, o lo que es lo mismo, sacarse ases de la manga para resolver conflictos. Aquí influye el talento de cada creador para saber definir los límites de su propio mundo y que las acciones en él sean coherentes. Pero siempre está el riesgo (cada vez más frecuente) de que un superpoder acabe convirtiéndose en el argumento principal del antihéroe básico y a la vez la solución para acabar con él.

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Pero para ser sinceros, a día de hoy ya tengo este debate resuelto en mi cabeza. O mejor dicho, ya sé para qué lado se decanta la balanza en esta etapa de mi vida. Pero retomo este bonito dilema que quería compartir para anunciaros el regreso de un viejo conocido: Jon Ícaro. Esta vez, no bajo una promesa, sino con hechos.

Me apetece retomar el contenido histórico, pero de aficionado a aficionado. De forma amena. Quiero demostrar que la historia es entretenida e interesante, y para ello creo que una colección de libros de preguntas y respuestas puede ser una buena opción. Las rotativas ya están en marcha. Y ¿con qué iba a comenzar si no? Los que bien me conocéis, ya sabréis la respuesta. Preguntas y respuestas (explicadas) sobre la Antigua Grecia. Podéis clicar en la imagen para más información.

Un saludo, ¡nos leemos pronto!