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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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Jon Ícaro

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS – Crítica

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Sé que esto es lo peor que puedo decir si mi intención es redactar una entrada, pero “El origen del planeta de los simios” me ha dejado sin palabras. Hacía mucho que no disfrutaba tanto de una película, por lo que me pregunto qué he estado haciendo sin haberme hecho con ella desde el 2011 en que se estrenó.

Bajo la dirección de Rupert Wyatt, director inglés desconocido y con escasa filmografía, se ha conseguido una buena historia, que crece con su ejecución y que, en mi opinión, está a la altura de la legendaria saga que representa.

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La cinta nos narra cómo empezó todo para que unos simios llegaran a dominar un planeta por encima de los humanos. Así, la primera parte se centra en la trama científica, y allí donde los seguidores de la saga esperábamos ambientes selváticos repletos de macacos y naves futuristas, nos encontramos laboratorios en un enfoque contemporáneo. Un mazazo inicial que contrasta con la aventura pura y dura a la que la saga nos tenía acostumbrados. Pero… primer aviso: El planeta de los simios regresa en serio, con una apuesta muy definida.

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James Franco (actor que nunca me ha terminado de apasionar pero que cumple de manera sobrada esta vez) es Will Rodman, destacado investigador de GEN-SYS que se encuentra experimentando con simios una posible cura para el Alzheimer. Al parecer, descubre un virus que no solo regenera las neuronas perdidas, sino que las potencia. Aquí mi vena biológica haría ciertas objeciones, pero si no somos quisquillosos, el planteamiento es aceptable.

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Tras la cancelación de su investigación, descubren un simio recién nacido al que Will decide cuidar, pues su alternativa es la muerte como todos sus compañeros de investigación. Este simio, al que se le llama César, contagiado por el virus, demuestra una inteligencia potenciada sobrenatural. Sin embargo, es en el aspecto más sentimental en el que quiero centrarme, pues esta parte en la que se relata el crecimiento de César está tan bien medida que, aunque en ocasiones haga olvidarnos de que estamos en la saga El planeta de los simios y nos recuerde más a una película de mascotas, es crucial esta imagen de simio humanizado que tan bien se representa para que la película gane magia por momentos. Es imposible no encariñarse de César y de lo que representa, y de la relación con su familia adoptiva.

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Pero esta estampa familiar tiene que llegar a su fin y César es obligado a ser recluido en un lugar más apto para él junto a otros individuos de su especie. Hago mención especial aquí al increíble aspecto visual de estos nuevos simios que se suman a la captura de movimiento ya utilizada en Avatar y que, en mi opinión, consigue unos resultados soberbios. El aspecto digital les sienta especialmente bien, sumado a la creatividad que se pone a disposición de la personalización de cada uno de los simios, reconocibles como personajes que se pueden distinguir a simple vista. En anteriores críticas he dicho que el paso a lo digital siempre me ha hecho más difícil creerme lo que veo, pero no ocurre así en esta cinta. Los minutos pasan y yo deseo cada vez más que aparezcan más simios.

29852_el-origen-del-planeta-de-los-simiosMención especial se merece la recreación de César e imposible no unirme a los aplausos dirigidos a Andy Serkis, conocido por todos por su interpretación de Gollum. El paso de César de mascota a líder de la rebelión es tan comedido, tan bien cuidado, que es difícil no entenderlo. Ese rencor, esa ansia de libertad, y a la vez ese amor por los humanos con los que se ha criado… Es un proceso complejo, lejos de la predecible simplificación de me enfado porque me han encerrado. Esta transformación se refleja de manera maravillosa en las expresiones faciales de César, al cual no le hace falta hablar para hacernos saber lo que siente y piensa en cada momento.

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Y llegados a este punto, la película estalla. Hasta el momento las cosas habían ocurrido de manera sosegada, pero todo se viene arriba y ocurre la aproximación a El planeta de los simios que uno espera con una elevada dosis de acción. Acción que, por otro lado, tampoco se hacía necesaria, pues la película es entretenida de por sí e interesante en cada una de sus escenas. Pero esto es Hollywood, y la lucha por la libertad de los simios ocurre de manera frenética, sin dejar de ser creíble, haciendo gala de los efectos especiales que no podían faltar para generar un final apoteósico para una gran historia que tiene partes individuales magníficas que forman un conjunto aún mejor.

Son tantas cosas las que ocurren, y con tanta carga emocional (la primera parte de la película se encarga de crear y la segunda de volcar lo creado), que el resultado final es grandioso. Lo dicho, en términos de disfrute (que los que me conocéis sabéis que son para mí el principal criterio), increíble. Es imposible no querer avanzar más en la historia, por lo que estoy deseando ponerme con la segunda parte de esta trilogía: El amanecer del planeta de los simios.

Así que, no pierdo más tiempo y me pongo con ella.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

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EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001) – Crítica

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Hago un filmus interruptus en mi intento de completar la saga de Star Wars (por mucho que lo intento y a pesar de su grandeza, soy incapaz de verla como algo más que un juego de luces con mucho potencial pero que se queda en un juguete en manos de un niño por su falta de trasfondo e intensidad). Así, aprovecho para lanzarme con otra saga que tenía pendiente de completar. Una un poco más mona.

Para mí, El planeta de los simios comenzó con la nueva versión del 2001. Fue la primera que vi. La disfruté en su momento y he vuelto a disfrutarla esta vez al volver a visualizarla para recordarla. Con Tim Burton al mando y como no podía ser de otra forma, la cinta goza de una personalidad y caracterización marcada, aunque algo menos histriónica a lo que se podría esperar del afamado director.

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La película comienza en el Oberon, una nave destinada a la investigación, con simios a bordo destinados a explorar territorios desconocidos. La parte científica es superficial, dejando claro desde el principio que esta es una película de aventuras, sin más. Apenas sirve para ponernos en situación. No arriesga en explicaciones, y eso hace que no chirríe nada y que no meta la pata (o la… ¿mano? Yo quiero cuatro manos en vez de patas como los simios, podría estar escribiendo esta entrada más rápido).

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Sin más preámbulos, Mark Wahlberg, en el papel de piloto frustrado, se lanza por su cuenta y riesgo al espacio para recuperar a su simio perdido siendo víctima de una tormenta sideral que lo envía a un lugar desconocido (y aquí se acaban los spoilers). Allí se encuentra con un planeta donde el ser humano no resulta ser el primate más adelantado en la escala evolutiva.

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Llegados aquí, habría que destacar la manufactura técnica de los escenarios. Para mí, son el gran secreto de que la película se merezca un “tú sí que vales”. Incluyo en la buena ambientación la caracterización de los personajes simiescos. Siempre tendré buenas palabras para la recreación de personajes anterior a la elaboración digital. Y, aunque esas máscaras dan la sensación de que haya saturación de bótox en sus rostros, sus variadas formas son un espectáculo creativo. Bienvenidos al planeta de los simios. Se nota la mano de Burton.

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A partir de ahí, el argumento de la película se vuelve un refrito que se puede resumir en una única palabra: huir. Todo se queda muy insulso, muy poco aprovechado. Muy superficial. El planteamiento, que a nivel científico y moral podría ser muy interesante, se queda en un simple contexto para narrar las aventuras de los personajes que, dicho sea de paso, brillan por su monotonía. Ni Wahlberg es el héroe que te hace aplaudir, ni funciona la historia de amor que confronta a Estella Warren (personaje escaparate por excelencia) y Elena Bonham Carter (una de las pocas interpretaciones que aportan algo de vida)… Son marionetas a través de las cuales fluye lo básica historia que se pretendía contar. Hasta Michael Clarke Duncan (¿quién no ama a ese actor?) pasa desapercibido bajo su máscara simiesca…

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Y así, sin nada reseñable, llegamos a la inevitable confrontación final entre humanos y simios, también algo necesitada de crudeza y a la revelación (¿inesperada?) final. La cinta se reserva un último truco para los últimos minutos que le permite cerrar salvando los muebles a nivel argumental, aunque no justifica lo plano de su desarrollo.

Y, a pesar de todo, de que al tratar de desgranar todos los elementos por separado parece que no destaca ninguno, el conjunto funciona. Se trata de una película muy entretenida, que te atrae por su propuesta original y te mantiene por la acción continuada y por su contenido visual. Sabe desde el minuto cero lo que quiere mostrar y lo que no, lo que quiere ofrecer y los líos que trata de evitar. Y, por eso, consigue un buen resultado.

Sin duda, me anima a continuar la saga (refiriéndome a la parte de las películas nuevas; los clásicos me los reservo). No sé cómo puede sorprenderme en futuras entregas ya que el trato tan liviano que se le da aquí a la idea me hace pensar que no hay mucho que desarrollar. Pero puede que me sorprenda. La cinta me ha dejado con ganas de más, y siempre digo que esa es una de las mejores cosas que se puede decir de cualquier elemento creativo.

Nada más por hoy.
Que tengáis un buen día, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

LA IMAGEN MÁS BONITA DEL MUNDO

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No se me ocurre mejor título para esta entrada. Creo que sería un acto merecedor del mayor de los castigos no titular así esta publicación con la foto que utilizo para encabezarla. Esa imagen es, para mí y en el momento que la recibo, la más bonita del mundo. Un punto de luz que hace que todo lo que hay alrededor de mi existencia se funda a negro, que mi cabeza no se dedique a otra cosa que transmutar cada uno de sus píxeles en felicidad absoluta.

Y no lo digo por esos ojos que son la firma de un dios, cualquiera en el que creáis, que decidió superarse a sí mismo. Tampoco hago alusión a esa sonrisa que es el pasaporte a un paraíso, uno tan bello que aún no ha sido creado, y que espero no tenga fecha de caducidad. No. Lo más bonito de esa persona es lo que no se ve, lo que esconde por dentro y que yo fotocopio con celosía en lo más profundo de mi corazón. Esa persona es, para mí, una de las tantas formas de amor que como seres humanos somos capaces de percibir: la amistad eterna sin condiciones, la que acepto con los ojos cerrados porque sé que no hay letra pequeña.

Pero con el título tampoco me refiero a ese ángel de mi guarda que aparece en la imagen.

La fotografía es lo más bonito del mundo porque en las manos de la alegría personificada aparece un pedazo de mí. Una catarata de ilusión concatenada de frases, una parte de un gran sueño hecho papel, ese “Sanador del tiempo” que todavía se empeña en darme alegrías. Todo lo que soy, no tiene sentido si no pasa por sus manos. Así ha sido y lo seguirá siendo siempre, mi alegría y su existencia es un matrimonio bien avenido que se consuma cada vez que tengo la suerte de coincidir en el espacio-tiempo con su presencia, en cualquiera de sus formas posibles.

Esta imagen es lo más bonito del mundo por lo que representa: dos cosas sin las que no podría vivir, juntas. Dos pedazos de mi alma representados en un mismo encuadre. La amo, por supuesto. A la fotografía y a ella.

Y nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

ATLANTIS – Mi fe de erratas particular

 

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Rectificar es de sabios. Y yo no sé si estas palabras me harán tener más sabiduría, pero sí sé que me harán más honesto, que creo que es a lo que todos deberíamos aspirar, independientemente de nuestra sapiencia. Hace un tiempo relaté mi inconformidad respecto a Atlantis, editorial con la que tuve contacto y cuyas condiciones, en su momento, consideré irrespetuosas con los autores.

Hace poco tuve el placer de contactar telefónicamente con su editor en lo que para mí fue una esclarecedora conversación cuyas reflexiones me gustaría comentar.

En primer lugar, recibí explicaciones sobre los puntos que criticaba en mi entrada del blog, conociendo la parte que yo ignoraba (nunca hay que obviar la versión de los hechos de todas las partes implicadas, craso error que no volveré a cometer) y que me hizo comprender varias cosas. Además, en los aspectos en los que mi discurso tenía coherencia (en mi opinión) encontré justificaciones para no ser tan puntilloso con mis pensamientos.

Nadie es perfecto y todos somos parte de un proceso de aprendizaje. Yo mismo no me considero el mismo escritor que cuando empecé y también sería injusto juzgar a los demás por un pasado del que, además, se han sabido servir para mejorar. También sé, ahora, que es injusto atacar un sector que, a día de hoy, se está convirtiendo en un verdadero superviviente como es el de las editoriales. El de vender libros es un negocio difícil, y las condiciones que las editoriales imponen a sus autores no son más que el resultado de una presión empresarial bestial a la que se ven sometidas.

Todo esto es una cadena en la que editorial y autor deberían actuar como dos fuertes eslabones si no quieren ceder ante las duras presiones comerciales. Los autores nos quejamos, a veces sin conocimiento de causa, y la guerra entre editorial y escritores no favorece a nadie. La vida es equipo, y mal vamos si no somos capaces de entenderlo.

Yo he defendido (y defiendo) la autopublicación porque siempre he visto una barrera entre la parte más técnica y comercial (la editorial) y la parte más idealista y romántica (el autor). Versiones que, lejos de ser incompatibles, ganarían en conjunto como cooperantes, una materializando el producto y la otra impregnándole la ilusión necesaria para que este despegue.

Pero nunca he visto esa cohesión, siempre he interiorizado que para la editorial somos números, que nuestros libros son tiros al aire con la esperanza de que alguno se rentabilice alcanzando objetivos numéricos. Nunca he visto a un editor decirle a un autor “tío, vamos a ver qué está pasando, qué tal si probamos esta cosa o esta otra a ver si funciona, en lugar de relegar un libro que no vende al olvido (tras su estallido inicial con las ventas aseguradas a los seres cercanos). Es más fácil probar otro libro a ver si pega el pelotazo,  que al menos asegure unas ventas post-lanzamiento en lugar de arropar las causas perdidas.

Quizás es que deba de ser así, que son cosas del negocio y su funcionamiento. Y lo entiendo. Pero para nosotros, nuestros libros son algo más. Esperamos de la editorial que nos apoye con su experiencia comercial, que nos guíe y nos anime. Fíjate que en alguna ocasión he puesto como único requisito a una editorial para firmar un contrato un PDF mensual con las impresiones editoriales de por qué creen que unos libros están funcionando mejor que otros (el marketing se renueva a diario y su posición en la vanguardia comercial les proporciona unos datos analíticos que bien enfocados se pueden convertir en un tesoro para cualquier autor), y nunca se ha tenido en cuenta mi opinión. O, yo qué sé, también podrían crear grupos con los autores en los que se trabaje el networking de manera rutinaria y efectiva, establecer acciones de equipo en redes sociales, eventos cruzados…

La sensación final que le queda a uno es la falta de cariño hacia el autor. Me falta esa conexión. Si al final soy yo el que me tengo que labrar el éxito sin ayuda, pues aquí a lo “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como“. Porque, encima, si no vendes, el fracaso es tuyo como autor. La falta de autocrítica respecto a que el equipo no ha funcionado me duele en el alma.

He de decir a modo conclusivo que en la voz del editor de Atlantis había algo que me transmitía que esa fría barrera entre autores y editores que comento podría quebrarse, y me sentí obligado a la reflexión que he intentado plasmar aquí. Queda en mi memoria tras aquella conversación el eco de la esperanza de que un día, autores y editores dejemos de lado las exigencias, no seamos tan críticos los unos con los otros y aunemos deseos y objetivos actuando como un verdadero equipo. No veo otra solución a un mundo comercial tan complicado.

¡Nada más por hoy!

 

REENBERG SE DESPIDE A LO GRATIS – Descarga “El sanador del tiempo”

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Conforme me acerco al final de la edición de Caótico neutral tengo más claro que se abre una nueva etapa para Jon Ícaro. De repente, todo empieza a cuadrar, a fluir, el trabajo se corresponde con los resultados y la ilusión se viste de satisfacción. Caótico neutral es un nivel más, es otra cosa. Es, por fin, una obra que pienso defender a muerte.

Uno sabe que está un escalón más arriba cuando mira atrás y tiene que agachar la cabeza para poder hablar con su pasado y poder decirle: amigo, qué bueno fue cruzarnos en esta vida, pero te estás haciendo viejo. Romero, romero, que salga lo viejo y entre lo nuevo, que diría una variante del sabio refrán.

Jamás renegaré de El sanador del tiempo, mi primera aventura literaria. Uno nunca se olvida con quién perdió la virginidad. Los latidos de felicidad que me ha regalado quedan para siempre en el recuerdo. Pero es hora de decirle: adiós, gracias por todo el aprendizaje que me has dado, por darme la oportunidad de conocer el mundo editorial, por los ángeles con forma de persona a los que he llegado a través de ti y por todos esos pequeños momentos que han hecho que mi vida sea un poquito más grande. La de sentimientos que caben en unas páginas.

No obstante, en un último reconocimiento y para alargar su función en mi vida literaria, recurro a esta obra una vez más antes de dejarla a la deriva del espacio-tiempo. Voy a ofrecer gratuitamente la versión digital del libro (en PDF y ePUB), que se puede descargar ya libremente desde la página Web, con un doble objetivo. Por un lado, celebrar su despedida aumentando la accesibilidad a la obra y que nadie que tenga interés en leerla se quede sin ella. Y por otro, servir de enlace para facilitar la salida del nuevo proyecto. Si alguien quiere, le apetece, lo considera justo y le gusta la historia y quiere que Jon Ícaro siga escribiendo, puede donar 1 euro a través de Paypal a cambio de la descarga que será invertido en la edición y publicación del nuevo proyecto Caótico Neutral. Así, una obra se abandona, pero su fin cobra sentido ayudando a florecer a una nueva. Ni que decir tiene la felicidad que le da a uno ese apoyo en ese trabajo tan vocacional (y a veces desesperante) que es editar y publicar un libro.

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Y  nada más por hoy, seguiremos hablando de esta renovación literaria.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – Reseña

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La sed de clásicos del cine de ciencia ficción ha invadido mi biblioteca particular, así que sigo redimiéndome también a golpe de literatura. Y, de esa montaña de libros de los que uno se avergonzaría de decir que no ha leído, en esta ocasión me decidí a abordar el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Curioso el título de Philip K. Dick (normal que lo cambiaran por Blade runner tras su adaptación a la gran pantalla) para esta novela breve que, escrita en 1968, sigue siendo un referente en la ciencia ficción (y en la filosofía) actual. A estas alturas creo que no es necesario explicar el argumento de tan conocida obra, que gira en torno a Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que ha de retirar (eufemismo de aniquilar) a una serie de peligrosos androides defectuosos.

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La prosa no se anda con rodeos bajo ningún concepto, y para mí esa es una seña de identidad del texto. Sin ninguna intención de extenderse ni de explicaciones pesadas, Dick consigue una atmósfera y una inmersión exquisita. Como si cada palabra valiera oro y mediante el uso de limitados aspectos futuristas como coches voladores, cajas de empatía o tubos láser, se obtiene una ambientación exquisita a la par que se consigue una lectura amena y agradecida. Optimización literaria, que se diría, y que yo valoro mucho.

Este estilo tan escueto causa, por otro lado, una sensación de frialdad en la lectura ya que el dramatismo brilla por su ausencia. Ni los giros de guion ni las escenas más sentimentales muestran sentimentalismo alguno. En cuanto al aspecto sensacionalista, la narración es muy superficial. Tampoco se enmaraña en los aspectos más profundos como la duda del propio Deckard sobre si él mismo es un androide o el tormento de acabar con la existencia de seres con cualidades humanas. Las cosas suceden, y punto. Contrasta por ello con las profundas reflexiones a las que invita la aventura. Allá el lector con lo que quiera extraer de esta aventura.

¿Se podrá crear en un futuro androides de tan alta calidad que sea casi imposible diferenciarlos de un humano? ¿Cuál es el límite entre la vida biológica y la artificial? ¿Si se consigue replicar las conductas, los anhelos y las sensaciones humanas en un robot podría alcanzar el autómata la condición humana? ¿Destruir a una máquina que sueña y sufre y que desea seguir viva debería conllevar implicaciones éticas y legales? El planteamiento de esas cuestiones son las que han llevado a la obra a convertirse en leyenda, pero realmente el texto no las aborda en sí. La deja en el aire con tal suavidad que a veces pienso que toda la montaña filosófica a la que ha dado lugar ha surgido más por los obsesivos análisis posteriores de los lectores que como la verdadera intención del autor.

Sea como fuere, es agradable disfrutar de una novela ligera, plana en su argumento, pero que va dejando un regusto conforme se avanza en ella que hace que uno, en la medida que esté dispuesto a sumergirse y a ponerse en la piel de cada uno de sus personajes, pueda ponerse en situaciones que rayan el más puro existencialismo.

Siempre tiendo a pensar que las grandes obras de la literatura están sobrevaloradas. También creo que cuando fue escrita, en ningún momento se pensó la repercusión posterior que podría tener. En principio, casi podría cometer la herejía de incluir esta historia en ese tipo de lecturas que nombraba no hace mucho y que decía que eran de digestión rápida. Sin embargo, aquí sigo todavía con partes de ella en el paladar, rumiándola, y esa metáfora creo que es lo mejor que puedo utilizar para expresar mi experiencia con este clásico de entre los clásicos.

Nada más por hoy.
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STAR WARS La amenaza fantasma – Crítica

Sigo en modo cualquier tiempo pasado fue mejor y, a golpe de palomitas hechas con aceite y olla para acrecentar la nostalgia, me lanzo a por otra saga de ciencia ficción clásica: Star Wars. “La” saga, que dirían muchos. Vaya por delante que pienso que Star Wars es un universo sobrevalorado. No por su calidad, que es extraordinaria, sino por todo el fanatismo que le rodea y que hace que sus fieles defensores hinchen su valía.

Para enfrentarme a esta saga he decidido optar por el orden cronológico según los hechos. Es decir, que empiezo por el Episodio I: La amenaza fantasma, aunque se estrenara veintidós años después de la cinta con la que comenzó todo. En 1999, George Lucas decidió regalarnos una nueva trilogía de su conflicto galáctico, y para ello retrocedió en el tiempo a los hechos anteriores a La guerra de las galaxias de 1977.

He de decir que La amenaza fantasma fue la película con la que yo, siendo casi un adolescente, descubrí Star Wars. Y como bien es sabido que suelo impregnar mis críticas con mis vivencias, puede que esta querencia se deje notar en las próximas líneas. Desde ya aviso también que, sin meterme de lleno en su argumento, algún que otro spoiler caerá durante la crítica.

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La amenaza fantasma comienza con dos caballeros jedi enviados a negociar con la Federación de Comercio por su bloqueo económico al planeta Naboo. Allí se encuentran con que el único interés de la Federación en dialogar es a golpe de droide. Echo de menos algo más de política en esta parte. Cuando era un aspirante a adolescente, eso me importaba más bien poco, pero en esta ocasión siento que falta algo más de teoría sobre la Federación y la República, algo de riqueza al contexto de un mundo que pretende emular una jerarquía premedieval.

Es cierto que a estas alturas venimos de ver las secuelas y que ya somos expertos en el universo Star Wars, pero algo de politiqueo y de muestra de intereses de unos y otros le habría dado un punto de madurez a la historia. Tal como se exponen los hechos, pareciera que solo interesa decir que estos son los buenos y estos otros los malos.

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Y así las cosas, en la huida de los jedi ante la respuesta violenta a la negociación, con la reina de Naboo a cuestas para buscar auxilio en la República, una avería en la nave les obliga a detenerse en Tatooine, un planeta al margen de la leyDestaco aquí la estética del Nubian que les llevá al planeta, así como de los cazas estelares N-1. Me encantan las naves de esta película con ese aspecto puntiagudo. De hecho, la parte gráfica es sin duda uno de los aspectos clave de esta saga, con unos diseños de naves, ciudades y personajes en los límites de la creatividad humana (no quiero quedarme aquí sin nombrar el aspecto gráfico de la ciudad Gungan submarina). Ojo, que muchas películas han intentado copiar este desbordante diseño de color y formas pero ninguna ha alcanzado la popularidad de Star Wars.

Pero si volvemos al argumento, esta primera parte a mí me parece lenta y con poco aporte considerable. Ya sabéis lo que opino sobre los niños elegidos en general y en ese toque mágico que les convierte en héroes (o antihéroes) per se. Por eso, la estancia en Tatooine se me hace insulsa a pesar de su importancia en el resto de películas. Eso sí, para la memoria de toda la saga quedan esas espectaculares carreras de vainas, otra demostración creativa de por qué amo la ciencia ficción, por su capacidad de inventar esas escenas que nos hacen tocar con los ojos lo imposible.

Ya en Coruscant y frente al Senado, la reina Amidala de Naboo se encuentra con el muro de la corrupción. También hecho de menos aquí un recurso que podría haberse explotado con una gran riqueza argumental y que podría aportar giros creíbles e inesperados, pero se pasa demasiado por encima, se queda como una simple excusa, otro parche forzado, esta vez con el mensaje de señorita Amidala, tú te lo guisas y tú te lo comes.

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La reina vuelve a Naboo para enfrentar a la Federación y llegamos así a la parte final de la película donde todo cobra sentido. Star Wars es, ante todo, cine de acción, y aquí se justifica la falta de un desarrollo mayor de la trama y con creces. En la última parte de la cinta, aparece lo que será una tríada recurrente en toda la saga: batalla terrestre, batalla espacial y combate jedi.

En cuanto al enfrentamiento campal, los Gungan plantan cara a los droides de la Federación en una batalla con estrategia simple (los Gungan basan su defensa en el escudo de energía que una vez destruido, si te he visto no me  acuerdo), pero con un tremendo acabado visual y con un orden que permite seguir los acontecimentos con claridad, algo que ya quisieran muchas de las batallas a gran escala representadas en el cine.

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El combate espacial, en mi opinión, algo más flojo. Más allá de que los N-1 me tienen ganado por su simpleza estética, la batalla se decide por un golpe de suerte demasiado rebuscado. Un poco forzadas las actuaciones de Anakin, en mi opinión. Del personaje digo, no del actor. En conjunto, el reparto se comporta de manera magnífica, siempre digo que cuando un actor hace creíble una trama de ciencia ficción, no se le puede pedir más. Aunque en mi corazón siempre quedará el Qui-Gon de Liam Nisson.

Qui-Gon y Obi-Wan vs. Darth Maul - Star Wars

Y hablando del jedi, nos vamos a la lucha personal con su alter ego oscuro, el sith Darth Maul. A pesar del carisma generalizado de este personaje, Maul estaría en la parte baja de la tabla de mis personajes favoritos.

Aunque la primera vez que vi esta película me enamoré de los sables láser y sus movimientos, siendo una víctima más del encanto de las características armas jedi, en este visionado he encontrado las luchas algo forzadas. Muy ensayadas y preparadas, poco naturales. Tampoco ayuda el paso del tiempo, por supuesto. Es solo en el último embate entre Obi-Wan Kenobi y Darth Maul cuando me creo la confrontación, cuando la noto sincera.

Y así llegamos a los últimos minutos de una metraje que va ganando con el paso de los segundos, una película que comienza floja pero que remonta y acaba con buena nota. Deja con ganas de más, tanto por la apetencia de seguir disfrutando del universo Star Wars, como por la necesidad de degustar un argumento más elaborado.  Buena película, por lo tanto. Floja como historia individual pero buen inicio para una saga que, aún sin terminar, veremos si está a la altura de la conmoción social que ha causado históricamente.

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¡MI REGALO DE REYES!

Hoy vengo con una entrada muy familiar y que requiere de pocas palabras, pues el título lo dice todo. Os dejo con el momento de la apertura de mi regalo de reyes (también llamado unboxing, según la jerga moderna).

Si sois asiduos a mis reseñas, ya os podéis imaginar que el regalo ha sido un… ¡aciertazo! ¡Por fin tengo en mis manos “Resurge la plata“, la secuela de “La sombra dorada” de Luis M. Núñez, autor por el que siento gran devoción. Imaginad la tremenda ilusión que me causa encontrar su dedicatoria en una obra a la que tengo muchísimas ganas de hincarle el diente.

Muchísimas gracias al autor por su dedicatoria e implicación y al enlace que ha tenido esta gran idea de regalo, que no es otra que mi acaramelada pareja con la que tengo la suerte de compartir las páginas del mejor libro que escribiré nunca, que es el de mi vida.

Nada más por hoy.
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ALIENS 2, EL REGRESO – Crítica

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Hace unos días confesé el sacrilegio de un escritor que dice amar la ciencia ficción y que no había visto ninguna película de la saga Alien. Así que me puse con la primera de la serie (a la que dediqué esta crítica) y, tras una satisfactoria experiencia, me lancé a por la segunda entrega. Así pues, os muestro mi veredicto.

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En 1986, siete años después de la primera entrega de Alien, salió a la luz su secuela “Aliens, el regreso”. Esta vez bajo la batuta de James Cameron, ya me habían advertido del sustancial paso del terror a la acción. He de decir que me costó creerme  este aviso, pues la primera hora en la que los xenomorfos brillan por su ausencia se me hizo soporífera, insustancial y lenta.

En esta parte se le pide a Ripley que vuelva al planetoide LV-426 donde se ha perdido el contacto con una colonia humana, ya que al ser la única que ha tenido contacto directo con las amenazantes bestias que habitan en él, su experiencia puede ser muy valiosa para lo que allí puedan encontrarse. Tras haber sufrido una terrible pesadilla en la que casi pierde la vida en la primera película, Ripley acepta volver sin resistirse mucho. Claro que sí, adrenalina gratis. Y poco más puedo decir de esta primera mitad.

En la segunda parte el ritmo se invierte de manera drástica y la película se vuelve loca, sucediéndose las escenas de acción una detrás de otra sin dosificación medida. Existe un desequilibrio descomunal entre las dos partes del filme. Y aquí empiezan a perderse aspectos que brillaban en la primera entrega. Mientras que la primera película de Alien combinaba las escenas álgidas con el sosiego de manera efectiva, haciéndose esperar las escenas destacadas y consiguiendo que uno las recordara varios días después del visionado, aquí pasa todo tan rápido que es difícil guardar esos momentos míticos que se siguen degustando tras la aparición de los créditos.

Este ritmo impide a su vez disfrutar de los personajes, que se convierten en una amalgama de secundarios que no consiguen desarrollar personalidades propias, a excepción de Lance Henriksen como Bishop. Curioso que haya sido un androide el único que me haya parecido carismático. Mencionar también, si acaso, a Jenette Goldstein como la soldado Vásquez, aunque no sabría decir por qué. De Sigourney ya sabéis que no es santo de mi devoción y esta película no me hace cambiar de opinión.

En la parte final, he de reconocer que la cinta mejora. La idea de la madre Alien le da un punto de interés y frescura (aunque este recurso será utilizado infinitas veces en posteriores películas con alienígenas). Es en esta parte en la única que no tengo que hacer un esfuerzo por coger el mando y que disfruto sinceramente. Pero el final no justifica la totalidad del metraje en este caso.

Sé que muchos opinan de esta película que, junto a la primera (y así me lo habéis hecho saber en los comentarios), son las mejores de toda la saga. Sé que muchos estaréis deseando que sea devorado por un xenomorfo por hacer una crítica no tan positiva como seguramente se merezca esta película. También sé que se debe a que disfruto más de la ficción argumentada que de la acción pura y dura, y eso ha hecho mucha mella en mi opinión.

Llegados a este punto, no sé si continuar con la saga. El hecho de que Alien 3 se desarrolle en un lugar cerrado como es una prisión me anima, pues pienso que puede recuperar aspectos de la primera Alien. En su contra, la crítica general de esta tercera entrega no la pone en muy buen lugar. Dejaré hacer al azar. Intentaré conseguirla, pero si veo que no soy capaz de hacerme con ella debido a su antigüedad, pasaré a otra de las sagas clásicas de ciencia ficción que tengo pendientes. Solo diré respecto a esto que me quedé en el capítulo VII de Star Wars y el estreno de la última entrega me anima a retomarla.

Nada más por hoy.
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