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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

Autor

Jon Ícaro

¿ALGUIEN DE ALICANTE POR AHÍ?

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La entrada de hoy es simplemente para saber si alguno de los que os pasáis por aquí sois de Alicante, porque estaría bien juntarnos en alguna ocasión, más ahora que el sol le da vida a nuestra marítima ciudad. Si os gusta leer o escribís, mejor que mejor, ya que sería interesante realizar alguna actividad en ese ámbito. Así que, manifestáos, alzad la mano para ver si hay gente y predisposición y preparamos algo interesante.

Ya de paso y para los que no sois de aquí, o para los que no la conozcáis, aprovecho para contar una leyenda que me encanta: la historia de la cara del moro que se dibuja en la montaña que sostiene el castillo de Santa Bárbara. Hay varias que han sobrevivido al paso del tiempo, yo os cuento la que a mí me ha llegado.

Cuenta la leyenda que el califa de Alicante tenía dos pretendientes para su hija y que, para elegir entre ellos, tendría en cuenta los méritos militares de cada uno. Así pues, uno de los dos pretendientes, Almanzor, marchó a la guerra en busca de conquistas mientras el otro, Alí, permaneció en la ciudad. Aprovechando la cercanía, Alí se ocupó de la princesa, la cuidó, le hizo compañía y se ocupó de todas sus necesidades. Tal era la dedicación y el mimo de Alí que la princesa acabó irreversiblemente enamorada de él. Cuando Almanzor, el otro pretendiente, volvió de la guerra con honor y victoria, el califa decidió que sería él el que acabaría casándose con su hija. La princesa, incapaz de olvidar su amor por Alí e infeliz con su matrimonio con Almanzor, decidió poner fin a su amargura suicidándose. Del disgusto, el califa también decidió acabar con su propia vida arrojándose por la montaña, y es por eso que esta adoptó la forma de su rostro.

Bonita historia, ¿eh?
Nada más por hoy. ¡Que tengáis un legendario día!

ASSASSIN’S CREED y EL SANADOR DEL TIEMPO

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Uno de los argumentos recurrentes en las críticas de El sanador del tiempo es que se parece a Assassin’s Creed. Así que esta entrada, antes o después, tenía que llegar. Ahí va mi opinión sobre “El sanador del Creed”.

Los argumentos se parecen en que personas del presente buscan soluciones a sus problemas a través del pasado. Un pasado además grabado en el material genético y que puede leerse mediante el uso de tecnología futurista. Y hasta ahí.

En cuanto a las diferencias, la principal es que el objetivo de los viajes en el tiempo en la película es visualizar el pasado sin interacción directa para obtener información valiosa, mientras que en el libro de El sanador del tiempo se recrea la situación pasada y se interviene directamente en ella para modificarla. Además, el objetivo en este último siempre es curar enfermedades causadas por los cambios genéticos acumulados.

Dicho esto, confieso que no he jugado a los videojuegos (si bien están en mi lista de futuribles desde hace mucho tiempo), ni he visto la película. Por ello, cada vez que recalcan la similitud de ambos mundos me siento elogiado, ya que pienso que he sido capaz de tener una creatividad a la altura de una franquicia de éxito (salvando las distancias, por supuesto). La cara amarga de esto es que se puede pensar que he copiado las ideas, pero contra eso solo existe mi palabra contra la crítica. Por eso siempre trato de ser sincero en este blog y más de una vez he sacado mis trapos sucios, porque solo con sinceridad se puede ganar credibilidad. La reputación se la gana uno día a día.

Nada más.
¡Que tengáis un buen inicio de semana y, si no ha sido bueno, pues viajamos en el tiempo y lo arreglamos!

PUEDO CONTROLAR EL TIEMPO Y EL ESPACIO – Confesiones#5

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Hoy toca entrada de café dominical, de confesiones. Solo vosotros y yo sentados cara a cara para contaros una historia personal: la historia de cómo aprendí que se puede controlar el tiempo y el espacio.

Todo empezó en una sala de chat. Ahora hay mucho Whatsaap, mucho chat de Facebook y todo eso, y no sé si es porque me hago viejo pero creo que nunca llegarán a tener el encanto de los antiguos chats o del MSN Messenger. Yo tenía 16 años y ella 13. La sala se titulaba “adolescentes de 14 y 15 años”, pero el destino nos unió como si el mundo quisiera decirnos que incluso allí donde no tuviéramos cabida, acabaríamos encontrándonos.

La casualidad virtual se convirtió en una necesidad cuando su esencia encontró la manera de viajar por los cables y clavarse en mí como un elixir del que ni pude ni quiero librarme. Quiso la vida, puta a veces hasta el extremo, mostrarme que yo era una persona importante para ella sin darme cuenta de que mi corazón era un espejo para ese sentimiento, pues ella era la persona más importante para mí.

Viviendo a distancia, acabamos encontrándonos solo 3 veces en 4 años cuando me di cuenta de que la distancia, un puñal lacerante para dos personas que se adoran, no me hacía daño. Sentía que la necesitaba a mi lado, pero no notaba que estuviera lejos. No se puede sentir lejano a alguien a quien llevas dentro, por mucho que viva a muchos kilómetros de ti. Ella me enseñó que la distancia era relativa, que podía controlar el espacio. Aunque se inventen los viajes interplanetarios y ella utilice uno de ellos para buscar su origen (pues os aseguro que no es de este mundo), yo seguiré sintiéndola conmigo. De tal manera la quiero.

Han pasado ya más de diez años. Algunos más. No sé medir el tiempo exacto, porque creo que este se paró la primera vez que pude ver esos ojos que han secuestrado el océano dentro de ellos. Hay segundos en los que la necesito y no saber de ella se me hace eterno, y hay épocas en las que estamos presencialmente más distantes pero la seguridad de saber que no la estoy perdiendo acorta ese tiempo a las milésimas que hay entre una sístole y una diástole, pues no dejo que se quede nunca fuera de ninguno de mis latidos. El tiempo también es relativo, amigos.

El más claro ejemplo de la relatividad del tiempo es que siempre la siento como la primera vez que la conocí. Cada vez que la veo vuelvo atrás en el tiempo, pero también  cada vez que la veo viajo también adelante en el tiempo. Hoy cumple años de nuevo y aprovecho esta entrada para felicitarla. No voy a decir cuántos años cumple porque es una señorita. Una señorita que se hace vieja, pero no pasa nada porque el tiempo es tan relativo como que si se me preguntara cuántos cumple, cuándo la conoci, hasta cuándo la voy a querer, o cosas temporales por el estilo, yo respondería siempre con la misma palabra: siempre.

Feliz cumpleaños, angelico de mi guarda.

AMOR A LO DIGITAL

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Hoy vengo con una entrada de esas que me hacen ganar enemigos. Allá voy. Lo suelto: prefiero leer en digital. Sé lo que estáis pensando. Ya lo escribo yo por vosotros: ¿pero qué estás diciendo? Sí, también sé las razones por las que se tiende a preferir el papel. Y estoy de acuerdo. El papel tiene un romanticismo que no se puede pasar a binario. Un libro impreso, un buen asiento y un ratito de tranquilidad es uno de los mejores tríos de los que se puede disfrutar en esta vida. Pero por circunstancias de la vida, leo más en digital.

No es que me guste más leer en el ordenador, en el Kindle o en el móvil, solo digo que lo prefiero porque prácticamente no tengo tiempo para sentarme y coger un libro. Desgraciadamente. Cuando más leo es cuando me desplazo de un lado a otro. Me he acostumbrado a leer en el móvil andando (al principio parece imposible, lo sé, pero una vez te acostumbras es muy cómodo; eso sí, no descarto alimentarme de alguna farola un día de estos).

Me he acostumbrado de tal manera que los únicos libros que acabo son de esa manera. En casa apenas puedo coger un libro después de comer, y además suelo empezar a trabajar a las 15:30. El libro que me desvirgó digitalmente fue la trilogía de El señor de los anillos (es una hazaña leérselo en el móvil, ya os lo digo… y descubrir que mi novia lo tenía en su casa en papel merece una mención aparte…). Tras la obra de Tolkien pasaron muchas más, y actualmente disfruto de mis ratos muertos fuera de casa con La sombra dorada de Luis M. Núñez. Recomendadísimo, por cierto. Ir a trabajar se hace menos pesado sabiendo que puedo disfrutar de ese libro en los ratitos de desplazamiento.

Otra ventaja obvia es el gasto económico. El sanador del tiempo, por ejemplo, puedo ofrecerlo a 2,81 € en digital, mientras que en papel tengo que venderlo a 8,82 € para sacar el mismo beneficio (un eurito, que además reinvierto en comprar otros libros, retroalimentando el ciclo literario). Como lector y como escritor, el precio más económico de la versión digital me permite ampliar la circulación de libros, tanto de entrada como de salida.

¡Y nada más! A menudo oigo echar pestes sobre los libros digitales. Estamos de acuerdo en que por mucho que se desarrolle la tecnología, no se podrá igualar el efecto de abrir y oler un libro. Pero no por ello creo que haya que despreciar las bondades de la literatura digital, que no son pocas, y en determinadas circunstancias como las mías me permite ampliar mi vida literaria.

Un saludo.
¡Que tengáis un feliz y digital día!

TE REGALO MI AFECTO #4

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Aquí vamos con otra entrada sobre regalos personalizados (y ya van cuatro), otro asalto al ideal de que importa más lo que eres y lo que haces que lo que tienes. O, en una versión más práctica: cómo currarte un regalo bonito o decir lo que sientes sin palabras y sin gastarse un pastizal, que ya sabemos que los escritores…

La celebración del cumple de mi pareja comenzó conmigo llevándole el desayuno a la cama: papilla de bebé. Tras su cara de “dios mío, con quién estoy viviendo yo“, le hago entrega de un sobre fechado un año después de su nacimiento con una notita que viene a decir que no solo quería celebrar su 32ª cumpleaños, sino todos los que no pude celebrar con ella porque no la conocía aún. En ese instante celebrábamos su primer cumpleaños, simbolizado por la papilla porque imagino que en un primer cumpleaños solo se puede hacer eso o chupar teta (y eso último prefería guardarlo para unos años más adelante).

Salimos a pasear y su cumpleaños se celebró en un parque (con sobre y tarjeta incluido con frase romántica, algo que se repetiría cada año que se avanzaba), y el haciendo castillos de arena en la playa (aquí es donde podéis meter alguna frase tipo es que a este castillo le faltaba la princesa que eres tú). El cumpleaños se celebró tomando algo que le gusta mucho a los niños (helado) y el con barra libre de chuches. Es conveniente intentar que todo sea inesperado y sacar el sobre en el momento adecuado.

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Así sucedieron los distintos años dentro del mismo día, pasando por la niñez y la adolescencia, recreando los tiempos del primer beso, los paseos adolescentes, el baile de fin de curso… tomando sentido una romántica idea, curiosa, y divertida, al revivir una vida creciendo de forma acelerada.

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Y llega así el momento de la conclusión, el de darle sentido a todo este crucigrama de edades y actividades. ¿Por qué hemos hecho todo esto? Por una sencilla razón. Cuando queremos a alguien siempre decimos que queremos que sea para toda la vida. Se trata de una afirmación incorrecta, ya que nada puede ser para toda la vida si hay parte de ella que no se ha vivido. Es decir, lo correcto sería decir “quiero que lo nuestro sea para toda la vida desde el momento en que te conocí o para toda la vida a partir de este momento“. O algo así. Revivir a modo de juego los años que no has podido vivir con esa persona hace que, ahora sí y con sentido, se pueda decir, a secas y sin incoherencia, que la relación puede ser para toda la vida.

Ahí lo dejo.
Un saludo y, ¡hasta otra!

AVE CÉSAR, los que van a escribir te saludan

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Y así, como si el día tuviera más de 24 horas, como si no estuviera ya inmerso en otros proyectos… os cuento en qué voy a derramar tinta los próximos días. Dejo una pista en la imagen de la entrada, pues es uno de los libros que estoy utilizando para pulir el proceso previo de documentación.

Nos vamos de viaje a Roma. De viaje virtual. Efectivamente, lo hacemos con la tecnología de MediTime en lo que, más que una secuela de El sanador del tiempo, me gustaría llamarlo una expansión cuyo título provisional es: El sanador del tiempo +1; Crucifixión.

Un asesino en serie de sacerdotes es capturado y paradójicamente, solo un milagro divino podría salvarle de la ejecución. El interventor Poul Reenberg solicita tiempo para poder demostrar su inocencia. Paradójicamente, es más allá del tiempo donde tendrá que viajar, a la Antigua Roma, para poder buscar las pruebas que está convencido que existen.

Esos serían los primeros compases argumentales. En cuanto a la estructura, voy a aplicar varias cosas aprendidas de vosotros, inestimables lectores, pues sois la piedra que afila a todo escritor:

· Toda la novela tratará sobre una única simulación (o mejor dicho, tensión genética), así se podrá profundizar más en el aspecto histórico. Girará en torno a la Roma de César, siempre desde un punto de vista dinámico pero respestuoso.

· MediTime no solo seguirá en la escena, sino que veremos que los hechos ocurridos en El sanador del tiempo cobran sentido. El futuro de la empresa quedó un poco en el aire y aquí se atarán cabos.

· Se tratará de dar más profunidad a los personajes y a sus conflictos personales, de manera que la obra original servirá para conocerlos y estas expansiones para llegar a lo más interno de ellos.

Y dicho esto, acabo aquí la entrada y me pongo a escribir, que poca cosa hay que me estrese más que tener muchas ideas y no poder plasmarlas. Tengo mucha ilusión en este proyecto.

Y hablando de ilusión, en cada entrada de las que haga a partir de ahora hablaré de un pequeño obsequio personal que daré con cada compra de El sanador del tiempo. Serán tonterías sin importancia pero que demuestren que entre lector y escritor hay algo más que un simple intercambio de páginas. Para empezar, a todo aquel que compre el libro le enviaré una carta por correo postal escrita a mano (siempre que sea en territorio peninsular por razones logísticas) para agradecerle la adquisición y desearle una feliz lectura. Si lo compráis, hacédmelo saber a juanpacheco85@gmail.com.

Un saludo.
¡Que tengáis un felix dies!

MI TATUAJE – Confesiones#4

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Hoy toca entrada personal, de esas en las que transformo el blog en mi ombligo y nos tomamos un café virtual para contaros algo sobre mí. Y puesto que Facebook me recordó ayer que hace tres años que me hice mi tatuaje, me ha dado la excusa perfecta para ejercer este acto tan ególatra.

Sirva como precedente que yo siempre he sido un niño bueno, de portarme bien y no transgredir las normas (legales, sociales, morales, familiares…). Así que, lo de hacerme un tatuaje era un poco salirme de la norma (ya ves tú). Pero tenía ganas de hacérmelo y solo faltó quedar con una amiga para hacernos uno el mismo día para decidirme (amiga que iba en proceso de convertirse en algo especial que espero que me dure más que el tatuaje).

Además, no fue un capricho. Sabía muy bien lo que quería, y por qué lo quería. Sabía que no me iba a cansar de él. Sabía también que no quería un tatuaje bonito, sino uno icónico, representativo. Y por ello, escogí grabar en mi piel la estrella argéada o Sol de Vergina.

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Es un símbolo macedonio que apareció por primera vez durante el reinado de Filipo II y que se hizo famoso al ser representativo de Alejandro Magno (los que hayáis leído El sanador del tiempo, ya habréis visto mi admiración por este personaje). Alejandro conquistó a sus 25 años todo el mundo conocido. Pero no es esa característica, si bien es valorable, la que me hizo optar por este dibujo. No soy yo amigo de los imperialismos, más bien todo lo contrario.

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Una de las características distintivas de Alejandro como conquistador era que no imponía su cultura en las tierras conquistadas. Respetaba las creencias ajenas. Aprendía de ellas. Buscaba un mundo unificado desde la diversidad, sin enfrentamientos, asentado mediante la base del respeto. Yo, a día de hoy, el respeto es lo mínimo que le pido a una persona, pues estoy seguro que es la única forma de conseguir un mundo sano.

Por otro lado, la estrella argéada era el emblema que aparecía en el escudo de los argiráspides. Los escudos de plata. Eran veteranos que llevaban más de 7 años al servicio de Alejandro. En cuanto Alejandro Magno comenzó a mostrar su dominio, eran muchos los que se unían a él con el objetivo de hacerse con un botín de guerra de manera fácil y retirarse. Sin embargo, los que permanecían con él eran los que creían en su sueño, los que compartían sus ideales y luchaban por ellos sin tregua ni rendición. Así pues, también representa el esfuerzo y la persecución de un ideal hasta la muerte.

¡Y hasta aquí la confesión de hoy! Y vosotros, ¿tenéis algún tatu en vuestro cuerpo? ¿Tiene algún significado importante?

¡Que tengáis un respetuoso e idealista día!

La postpreocupación – Moraleja de El sanador del tiempo

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A ver cómo cuento esto sin hacer spoiler. El sanador del tiempo es una novela ligera, pero no exenta de moraleja (de hecho, no deja de ser un cuento; daños colaterales de estar infectado por Tim Burton). Aunque la moraleja se desliza entre sus líneas de manera sutil, me alegró ver en la lectura conjunta que el mensaje se transmitía. Y como dije que iba a explicar la intención, saldo esa deuda (de manera tardía, como siempre) con esta entrada.

Para los que no conozcáis la historia, El sanador del tiempo trata sobre una clínica que cura enfermedades mediante viajes simulados en el tiempo. Las situaciones dramáticas del pasado retuercen e impregnan de tal manera el ADN que a lo largo del tiempo acaba estallando en los descendientes en forma de enfermedad. Esas situaciones han de resolverse y para ello, son leídas e interpretadas digitalmente para enfrentarse a ellas. Eso a grandes rasgos, para no extenderme.

El origen de las enfermedades en las vidas pasadas (registros akáshicos) es un concepto oriental.  Y como tal, la moraleja no podía venir desde otro punto cardinal. Viene a mostrar, en gran medida, lo perjudicial que es para nuestra vida el exceso de preocupación. Nos amarga y hace que la vida sea menos vida. Y, en contraste, también muestra la necesidad de liberarse de estas cargas (a menudo innecesarias) para seguir adelante. Esta despreocupación hace que quede algún cabo suelto en la historia (aunque huele a secuela por ahí para volver a tirar de ellos). Pero realmente es acorde con la idea a expresar, a veces hay que soltar amarras, no solo para aligerar el peso del alma, sino porque en ocasiones es nuestra única opción y para bien o para mal, la mejor.

Es parte de una filosofía de vida que adquirí hace tiempo y con la que he encontrado la felicidad. Nunca me preocupo por cosas que puedan pasar en un futuro porque, por definición, puede que hasta no pasen. Si ocurren, pues entonces en ese momento haré todo lo posible para que el impacto sea el menor posible, para solucionarlas. Si después de hacer todo lo que está en mi mano soy incapaz de resolverlas, pues solo queda mirar a otro lado y seguir adelante (el que hace todo lo que puede no está obligado a más), porque la vida es tan grande que siempre ofrece nuevos caminos. Pero hay que buscarlos y no perder la perspectiva aferrándose una y otra vez a algo que hace que nos atasquemos. Energía que se gasta en algo improductivo, es energía que no invertimos en dirigir la vida al lugar en el que queremos estar.

Ahí queda eso.
¡Qué paséis un despreocupado día!

AMOR Y VIRTUD – Reseña

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Hacía tiempo que quería reseñar el libro Amor y virtud de Rolly Haacht, y qué mejor momento para hacerlo que ahora que sale a la luz Verdad  y Perdón, la obra que completa esta trilogía.

Amor y Virtud es el primer libro de una trilogía del género Young Adult que nos cuenta las vivencias de sus jóvenes personajes utilizando las cuatro virtudes cardinales de Platón (Justicia, Fortaleza, Prudencia y Templanza) como punto de unión o nexo entre sus vidas. Aunque no aborde un género de mi preferencia, usaré ese factor distintivo como valor añadido a mi opinión para hacer esta reseña.

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El punto fuerte de esta historia son sus personajes, más allá de su trama. Lo bonito de ir pasando páginas es ir conociéndolos, averiguar sus cualidades (y la falta de ellas), e ir encariñándose hasta sentirlos, como mínimo, como amigos propios o personas tangibles. En eso de darles vida, Rolly Haacht imprime todo su talento a nuestro servicio.

Como escritor, yo soy muy de ir a saco con la acción, de contar cosas a un ritmo acelerado, lo que supone perder profundidad o nivel de detalle. En cambio, aquí nos encontramos el punto opuesto, disfrutamos de la maestría de la autora a la hora de desarrollar hechos, en principio, cotidianos, para hacer que se dibujen en nuestra mente como si estuviéramos presenciándolos a escasos centímetros. La narración posee el equilibrio perfecto para ser amena y a la vez conseguir meternos de lleno en la vida de sus personajes, siendo coherente con el concepto ya nombrado de que estamos ante un libro donde su punto fuerte son sus protagonistas.

Así, nos encontraremos con situaciones propias del paso de la adolescencia a la juventud, bañadas por el carisma y las sensaciones de aquellos que las viven. Nos permitirán alegrarnos, enfadarnos, entristecernos; en definitiva, sentir con ellos. Conoceremos al temperamental Jake, al triunfador Derek, a las totalmente opuestas gemelas Emma y Emily, a la amable Zane…

Para terminar, diré que si el libro es bonito por dentro, también lo es por fuera. Junto a su buen acabado, destaco su original marcapáginas con calendario de fechas relativas a la historia incluido. Esos detalles me encantan y marcan la diferencia.

Así que nada, para los que os guste sumergiros en historias donde la cercanía con sus protagonistas es esencial, aquí tenéis esta recomendación.

Un saludo.
¡Que tengáis un amoroso y virtuoso día!

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Página web de la autora Rolly Haacht

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