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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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cine

La vez que Gandalf me acompañaba de paseo

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¿Sois de los que os gusta coleccionar libros en papel? En la última entrada hablaba sobre el dispositivo Kindle y la lectura digital, y me alegraba coincidir con muchos de vosotros en los comentarios en eso de que aunque leyéramos mucho en digital, nos gustaba comprar y conservar nuestras obras preferidas en papel. Eso me ha llevado a querer hablar de ellas, de esas que conservo de forma física, como si así pudiera abrazarlas para recordar los tan buenos momentos que me dieron.

Una de ellas (o mejor dicho trilogía) que no puede faltar en esta lista es El señor de los anillos. Como a muchos de mi generación, la obra de Tolkien nos hizo entrar de lleno a la fantasía épica. Nos introdujo a los reinos de humanos, elfos, enanos, orcos y magia a través de sus pesadas líneas. A día de hoy no estaría en mi Top 5 de fantasía (puede que ni en el Top 10), pero el mérito de conseguir aficionarme a ese universo (como a tantos otros) es lo que la mantiene en un rincón predilecto de mi nostalgia.

Tras ella conocí obras de fantasía épica más oscura, realista, donde la magia es más creíble, en las que el argumento va más allá de un simple objeto superpoderoso capaz de dominar el mundo y la lectura es más ágil sin perder por ello ni un ápice de riqueza o profundidad. Sapkowski llegó con su brujo y me cambió completamente el concepto. Reconozco que a día de hoy estoy un poco deshinchado con este género, me cuesta abordar obras nuevas. Desconozco este “desánimo” con la fantasía. Será que me hago mayor.

Además, uno de los motivos que me hace tener en tan buena estima esta trilogía hace referencia a lo personal. Fue la primera obra que leí en digital. Y como ya he nombrado algunas veces, lo hice de camino a recoger a mi pareja a su trabajo. En mis paseos de ida para juntarme con ella y acompañarla después de vuelta a casa tras su jornada laboral, sacaba el móvil y me leía unas cuantas páginas. Sí, es posible leer andando. En cuanto te acostumbras, puedes caminar mientras lees en el móvil y conservar la vida. Esos veinte minutos de paseo a la sombra de aquellas líneas bien merecen un grato recuerdo (y los otros veinte de vuelta con la muchacha, también).

Apuesto que más de uno ha pensado en llevar esta obra a su biblioteca de nostalgia particular. La ventaja en este caso es que hay muchas ediciones con un acabado estético precioso para adornar nuestras estanterías. Con otras obras que forman parte de mi coleccionismo particular y que os nombraré en otras entradas, no existe esa suerte. Y vosotros, ¿qué obras conserváis en papel simplemente por los recuerdos que os traen?

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las caras en Instagram!

¿TÚ NO TE MUERES POR VER “THE WITCHER”?

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Lo confieso. Desde que vi el anuncio he contado los días hasta la publicación de esta serie, que por fin ya está disponible en Netflix. Hacía tiempo que no sentía ese nerviosismo, esas ansias por disfrutar de una serie, película, libro o cualquier tipo de obra, y eso que yo soy de los que se ilusionan con cualquier cosa. Los que me conocéis sabéis que no soy muy de portadas, que me gusta escudriñar entre la masa indiferenciada para encontrarme con autores y obras que son joyas en la sombra. Pero es que Sapkowski es mucho Sapkowski…

Ya lo he dicho muchas veces, está escrito. Andrzej Sapkowski es mi escritor favorito. Creo que tiene el equilibrio perfecto entre descripción y ritmo. Usa las palabras justas para meterte de lleno en la escena, y lo consigue sin utilizar ni una de más ni una de menos; sin florituras. Y sus potentes diálogos marca de la casa son regalos literarios para todo lector que se precie. Casi puedes diferenciar a cada personaje por su forma de hablar. La saga de Geralt de Rivia fue un antes y un después en mi devenir como lector, me sacó de la fantasía de colores tolkeniana para meterme en una realista y dura fantasía épica.

Los videojuegos de esta saga no he podido tocarlos, porque me falta potencia informática. También los tengo en mi lista de deseos, ya sabéis que a mis treinta y pocos soy un defensor nato de los juegos virtuales. El caso es que debido a eso voy todavía más virgen a la serie. No tengo ninguna imagen prefabricada del brujo, voy a abordar esta producción a pecho descubierto. Sí comparto la opinión de que me esperaba al actor más viejo y no tan idealizado, pero This is hollywood, lo entiendo.

Temo las producciones de Netflix. En cuanto a las películas, cada vez me da más la impresión de que tienen tanta prisa en fichar estrellas que en producir, y en cuanto a las series, qué decir de su abordaje a la adolescencia. Creo que a The Witcher le habría pegado más el estilo HBO. Pero he de reconocer que el anuncio me ha ganado. Veo seriedad y nivel. A mí, que se haya hecho alusión al concepto del mal menor, ya me tiene ganado. He oído muchas quejas, pero lo cierto es que no me han quitado ni una pizca de ganas. Soy consciente de la dificultad del salto del papel a la pantalla, y voy con la intención de disfrutar en lugar de buscar fallos o críticas.

Así que, seguramente al caer la noche me deleite con esta historia que tanta diversión me ha dado en forma de palabras, y que espero que siga dándome en su formato en imagen animada. ¿Y vosotros? ¿Os habéis puesto ya manos a la obra? ¿Qué os parece? ¡Sin spoilers, eh!

¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

En el nombre de Eva – GRATIS 8, 9 y 10 de marzo

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¿Dónde está mi tiempo? ¿¿Qué lugar del mundo absorbe esos segundos que me faltan?? Sí, lo sé, llevo mucho sin aparecer por aquí, ¡pero no hablemos de mí! Hoy es vuestro día, el día de la mujer trabajadora, y ya sabéis que cuando se habla de igualdad y de derechos sociales, hago chas y aparezco a tu lado.

Y ahí va mi pequeño granito de arena al reconocimiento femenino: hoy y todo el fin de semana estará disponible DE MANERA GRATUITA “La rebelión de Eva en Kindle Amazon.

Como sabéis, es una novela breve de ciencia ficción en la que se descubre que el primer ser humano del mundo fue una mujer y no un hombre (cosa que, por otro lado, como biólogo, no considero tan de ciencia ficción). Un equipo científico se dedica a clonar a esta primera mujer y… ¡bum! El mundo patas arriba por las consecuencias de esta rebelación.

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No os cuento más, que es cortita, ligera, se lee en un plis y estoy seguro de que os va a gustar. Así que, si os apetece haceros con ella, podéis pedir vuestro ejemplar gratuitamente aquí.

Nada más por hoy. Bueno, sí, que prometo pasarme por aquí más a menudo, de verdad.

Un saludo, nos vemos las instacaras por @icaro_jon y ¡feliz día de la mujer trabajadora!

LAS CAGADAS DE TUS NOVELAS DE CIENCIA FICCIÓN #1 – El ADN

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El título de la entrada bien podría haber sido Consejos para mejorar tu novela de ciencia ficción y no habría sido tan escatológico, pero tampoco soy yo ningún gurú para erigirme como un maestro del género. En cambio, sí hay cosas que veo repetidamente en muchas novelas de ciencia ficción y que rompen la magia de hacer creíble lo increíble, para mí una de las grandezas de este tipo de literatura.

Así pues, voy a comentar esos argumentos que me chirrían y que hacen que me cueste seguir avanzando en la historia (o que incluso acabe cerrando el libro), por si a alguien le pudiera parecer útil o interesante. O por si quisiera rebatirme, por supuesto. En el apartado de hoy, me voy a centrar en el ADN: esa molécula que a menudo se usa de comodín para que las cosas fantásticas tengan su inexplicable explicación.

 

SUPERHÉROE POR MUTACIÓN
Vamos a suponer que un personaje es capaz de trepar por las paredes y lanzar telarañas porque le picó una araña radiactiva. Anónimo, por supuesto. Le podía haber dado por comer moscas, pero eso no le daría ninguna ventaja más allá de ahorrarse un buen dinero en insecticida. O, pongamos, que por alguna extraña casualidad, existe un universo en el que las mutaciones generan superpoderes y hacen crecer los músculos en lugar de, yo qué sé, hacer que crezcan otras partes del cuerpo y que también permitirían titular la serie con una X, pero con distinto significado.

Si algo ha inculcado en nuestras mentes la ciencia ficción es que una mutación puede crear un superhéroe. Un cambio en el ADN y, zas, a cazar malotes. Pero la cosa no funciona así, no al menos para que uses este argumento tan gratuitamente en tus novelas. Para que un cambio en el ADN genere una habilidad extra, este ha de afectar directamente a todas las células que se encargan de gestionar esa función. Es decir, si lo que me permite es lanzar rayos por los ojos, necesitaré tener la misma mutación en las células oculares encargadas de ello, por no hablar de todas aquellas del sistema nervioso y/o endocrino que regulan este nuevo comportamiento. Teniendo en cuenta que las mutaciones son azarosas, sería extremadamente fortuito que ocurrieran justo y exactamente en esas células y no en otras, y que además los cambios se combinaran para que, en conjunto, permitieran esa nueva habilidad de manera eficiente. Estadísticamente, a Peter Parker le hubiera resultado más fácil ganar la lotería que convertirse en Spiderman. Y varias veces.

Todos somos mutantes. Imaginad mi cara de sorpresa y mi boca abierta al escuchar esta afirmación por parte de mi profesor de Biología, una persona respetable para mi yo adolescente de entonces. Pero tiene razón. La enzima que construye el ADN, la ADN-polimerasa, no es perfecta. Tiene sus ratos de distracción y se equivoca, generando cambios fortuitos en el ADN en todos y cada uno de nosotros. En algunos casos, este cambio ocurre en la parte del ADN que no se utiliza (ADN chatarra) y no ocurre nada. En otros, afecta al ADN que influye directamente en las funciones celulares y las altera hasta causar su muerte. Sin que nos demos cuenta. Desgraciadamente, en otros, los cambios afectan a su ciclo celular y la célula comienza a replicarse sin control generando un tumor.

Pero de ahí a que ese cambio genere una habilidad extrema para crear a un superhéroe, a menos a día de hoy, no se conoce que se haya dado el caso. Sería demasiada casualidad. Es más, nuestro sistema inmune se encargaría de eliminar las células afectadas rápidamente al reconocerlas como extrañas. Los villanos pueden respirar tranquilos. De momento.

Otra cosa es que el cambio sea intencionado. Dirigido. Que, mediante alguna ayuda tecnológica, pueda provocar la mutación en las células que yo quiera y de la manera que a mí me apetezca. Así, sí (si obviamos la corrección inmunológica, por ejemplo, con inmunosupresores). En El sanador del tiempo, mediante un viaje simulado al pasado se encontraba la forma en la que había que corregir el ADN de un paciente, y después la maquinaria sanitaria utilizaba esa información para variar todas las células afectadas, que realmente eran todas las del cuerpo humano porque se trataba de incongruencias genéticas heredadas.

Porque, en relación a ello, tenemos la segunda vía de escape para justificar un cambio genético masivo y la aparición de nuevas habilidades: que nazca con ellas. Si los cambios en el ADN se producen en el zigoto, estos se transmiten a todas las células del embrión y posteriormente al individuo. Es decir, si tu superhéroe fue modificado desde su origen, tiene sentido que disfrute de las habilidades que lo convierten en lo que es.

Para eso no hace falta que haya un laboratorio que introduzca los cambios selectivamente en el zigoto de nuestro personaje, lo cual limitaría el argumento. Puedes utilizar, por ejemplo, el recurso de que la mutación ocurrió en el óvulo de la madre (o en el espermatozoide del padre), de manera que así se transmite al hijo. O, también, el cambio pudo ocurrir durante el desarrollo embrionario del personaje. En ese caso, el cambio solo debería afectar a una célula o a un reducido número de ellas, dejando menor margen de la consistencia de nuestro argumento al azar. Es así como suceden los cambios significativos, como en el caso de las personas que nacen con algún dedo de más o de menos. No es que tengan superfuerza o visión nocturna, pero al menos permite un acercamiento más realista al concepto de mutación y habilidad.

 

Y hasta aquí la disertación de hoy. Quería hablar del manido recurso de los cambios en el ADN para generar plagas zombi o de los híbridos, pero lo dejo para más adelante, que no quiero que se alargue demasiado esta entrada. Por supuesto, todo esto son observaciones que pienso que pueden venirle bien a toda novela de ciencia ficción. Con esto no quiero decir que las que levantan un poco la mano con el criterio científico no sean divertidas, ni buenas, pero creo que con ciertos conocimientos pueden pasar de ser grandes historias a ser sublimes.

Nada más por hoy.
Un saludo, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

STAR WARS El ataque de los clones – Crítica

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Luces y sombras para El ataque de los clones, segundo episodio de una saga que no es santo de mi devoción pero que hago el esfuerzo de completar, tomándome mi tiempo. Así pues, ahí va mi opinión sobre la segunda película (por orden de los acontecimientos) de esta legendaria saga.

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Diez años después de La amenaza fantasma, varios sistemas solares de la República influenciados por el conde Dooku amenazan con independizarse. Para evitar este desmadre, la República propone crear un ejército capaz de controlar a los independentistas. He de decir que este planteamiento me pareció más serio que el de la anterior película, y en mi opinión, ofrece un punto más de madurez argumental que su precuela. Era una de las cosas que echaba en falta. Me parece que el universo Star Wars estaba mermando su propio potencial con tramas dirigidas a un público más juvenil. No pido un entramado político al estilo Juego de Tronos, pero sí algo con más sustancia.

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Ante esta tesitura, Obi-Wan y un crecidito Anakin tienen como misión proteger a la senadora Padmé durante la votación sobre la creación del ejército de la República. Mención especial aquí a la persecución al cazarrecompensas en una escena vertiginosa de acción y adrenalina digna de ser disfrutada. Llegados a este punto, mi opinión es que El ataque de los clones promete y mucho.

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Pero Obi-Wan comienza una investigación sobre un ejército clon encargado hace diez años en secreto por la República y es aquí donde todo se diluye. Un desarrollo lento solo salvado por la belleza del diseño de los kaminoanos y el enfrentamiento de Obi-Wan con Jango Fett, el cazarrecompensas a partir del cual se crean los clones.

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Y si lento y difuso es el desarrollo de la investigación de Obi-Wan, aún más laxo es el apartado dedicado al joven Anakin. Su vuelta a Tatooine me parece excesivamente oportunista, y mira qué casualidad que, tras tantos años sin ir allí, el hecho dramático que allí ocurre sucede en ese mismo momento. No puedo con esas casualidades, tan forzadas que me impiden meterme en la trama. Más inverosímil me parece aún el romance con Padmé, propio de chiquillos, sin química alguna, igual de forzado que todo lo que sucede alrededor de Anakin. Lo único reseñable de este aspecto es su paseo por la Plaza de España de Sevilla. Para mí, el trato de esta relación es uno de los grandes puntos negativos de esta película, teniendo en cuenta la importancia de estos hechos en la historia posterior.

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Tras media película deshaciéndose por segundos, se encara la parte final, y aquí mejora, obligada a ello. La lucha de Obi-Wan, Anakin y Padmé en el coliseo de Geonosis por su libertad con la posterior aparición del consejo Jedi y el ejército clon, le da otro color al filme, aunque no el suficiente para no echar de menos una batalla campal a mayor escala, sobre todo teniendo en cuenta que en esta película tampoco hay batalla espacial.

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En cuanto a los combates individuales, la lucha entre Obi-Wan, Anakin y el conde Dooku sí se nota más trabajada y preparada que los combates de la primera película. Los movimientos se notan más veloces y fluidos. Y se agradece. Memorable la aparición de Yoda, por supuesto.

Al final, luces y sombras para una película algo más madura que su antecesora pero que se pierde en los compases medios incapaz de sostener un equilibrio que le dé un punto más de grandeza. Esta es mi opinión; como sabéis, la de alguien que no es especialmente aficionado a esta saga. Respeto y reconozco su legendaria connotación, por supuesto, pero bueno…, así tenéis también un punto de vista de alguien más ajeno a su encanto.  Seguiré completándola, aunque reconozco que hay muchísimas cosas más que me apetece ver antes en lo relativo a la ciencia ficción.

Nada más por hoy. Un saludo a todos.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS – Crítica

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Tras disfrutar de manera bestial (nunca mejor dicho) de El origen del planeta de los simios, no he podido retrasar mucho la visualización de la segunda parte de esta trilogía, dirigida esta vez por Matt Reeves, con la esperanza de encontrar un producto tan genial como su predecesora pero a la vez con el temor de sentir que no está a la altura de esta. Ahí van mis impresiones.

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Diez años después de la propagación del virus diseñado por GEN-SYS, los simios con inteligencia potenciada han establecido una colonia a modo de chabolas en los bosques de San Francisco mientras que los pocos humanos supervivientes (los que son inmunes al virus), sobreviven como pueden en los restos de la ciudad. Aquí empieza la película, a partir de uno de los puntos científicos que consideré más flojos de la primera entrega. Es extraño que un virus afecte de maneras tan dispares a dos especies tan similares; pero dije que no iba a ser quisquilloso en ese aspecto en la anterior crítica y no voy a serlo esta vez.

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Todo este tiempo, ambas especies se han mantenido distantes hasta que una presa, necesaria para mantener la electricidad en San Francisco y que está en territorio simio, les obliga a establecer contacto. Esta parte a mí se me hizo, sinceramente, aburrida. No encontré nada relevante más allá del encanto de la recreación de la emergente civilización simia.

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Respecto a esto, el acabado visual de los simios es tan espectacular como en la anterior entrega, pero ya no diría que tan sorprendente, pues no se observan mejoras que impacten al espectador (también es cierto que solo han pasado tres años entre ambas entregas) y es inevitable la sensación de ver más de lo mismo (aunque repito, para mí uno de los apartados gráficos más espectaculares y que más encanto me han causado en el cine últimamente).

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En estos primeros compases es César, el líder simio recreado sobre el siempre admirable Andy Serkis, el que carga con el peso de la trama y la salva, no solo por su entrañable personalidad fabricada a partir de sus gestos, sino porque representa esa neutralidad que todos esperamos que sirva para que todo llegue a buen puerto (aunque ya sepamos cómo acaba). Su contrapartida es Koba y ambos personajes muestran muy bien el conflicto entre humanos y simios, pues cada uno ofrece una versión determinada por el trato que han recibido por parte de las personas.

También en el bando humano hay buenos y malos, y esta es una de las cosas más agradecidas y potentes de la cinta, que no muestra preferencia por uno de los dos bandos, sino que trata de mostrar un equilibrio basado en actitudes y experiencias individuales. Ambas partes tienen su parte pacifista, reflejada en Malcolm (Jason Clarke) en el caso humano, y la película se centra en la búsqueda de la paz por parte de ambos, más que en la imposición de una de las dos facciones. La película nos vuelve a regalar en este caso esa conexión de César con los humanos como ya hizo con Will en la primera entrega.

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La película gana ritmo con las distintas situaciones que aumentan la tensión entre especies, haciéndose entretenida, hasta desembocar en el inevitable enfrentamiento final. La acción no se vuelve tan espectacular como en la primera entrega (me parece un fallo que los simios no recarguen los rifles en un intento argumental por encubrir su falta de instrucción militar o de no saber cómo hacer que lleven la munición encima), y, bueno, si bien se deja ver, la resolución está varios niveles en entretenimiento y profundidad  por debajo de la película que comenzaba la trilogía.

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En mi opinión, estamos ante una buena película pero que sufre y de qué manera a la sombra de su predecesora, que era un conjunto perfecto de argumento, acción, entretenimiento y apartado gráfico. Tampoco consigue evitar el problema de ser la segunda parte de una trilogía y padece el síndrome del intermedio. No proporciona información vital ni evoluciona pidiendo a gritos la resolución, simplemente posiciona las fichas de manera necesaria para la última entrega, estando a su servicio y olvidándose de brillar por sí misma. Buena cinta que me hace querer continuar la saga (ya sabéis que soy experto en dejar sagas a medias), pero que me genera cierta incertidumbre respecto a la resolución final en La guerra del planeta de los simios.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS – Crítica

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Sé que esto es lo peor que puedo decir si mi intención es redactar una entrada, pero “El origen del planeta de los simios” me ha dejado sin palabras. Hacía mucho que no disfrutaba tanto de una película, por lo que me pregunto qué he estado haciendo sin haberme hecho con ella desde el 2011 en que se estrenó.

Bajo la dirección de Rupert Wyatt, director inglés desconocido y con escasa filmografía, se ha conseguido una buena historia, que crece con su ejecución y que, en mi opinión, está a la altura de la legendaria saga que representa.

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La cinta nos narra cómo empezó todo para que unos simios llegaran a dominar un planeta por encima de los humanos. Así, la primera parte se centra en la trama científica, y allí donde los seguidores de la saga esperábamos ambientes selváticos repletos de macacos y naves futuristas, nos encontramos laboratorios en un enfoque contemporáneo. Un mazazo inicial que contrasta con la aventura pura y dura a la que la saga nos tenía acostumbrados. Pero… primer aviso: El planeta de los simios regresa en serio, con una apuesta muy definida.

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James Franco (actor que nunca me ha terminado de apasionar pero que cumple de manera sobrada esta vez) es Will Rodman, destacado investigador de GEN-SYS que se encuentra experimentando con simios una posible cura para el Alzheimer. Al parecer, descubre un virus que no solo regenera las neuronas perdidas, sino que las potencia. Aquí mi vena biológica haría ciertas objeciones, pero si no somos quisquillosos, el planteamiento es aceptable.

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Tras la cancelación de su investigación, descubren un simio recién nacido al que Will decide cuidar, pues su alternativa es la muerte como todos sus compañeros de investigación. Este simio, al que se le llama César, contagiado por el virus, demuestra una inteligencia potenciada sobrenatural. Sin embargo, es en el aspecto más sentimental en el que quiero centrarme, pues esta parte en la que se relata el crecimiento de César está tan bien medida que, aunque en ocasiones haga olvidarnos de que estamos en la saga El planeta de los simios y nos recuerde más a una película de mascotas, es crucial esta imagen de simio humanizado que tan bien se representa para que la película gane magia por momentos. Es imposible no encariñarse de César y de lo que representa, y de la relación con su familia adoptiva.

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Pero esta estampa familiar tiene que llegar a su fin y César es obligado a ser recluido en un lugar más apto para él junto a otros individuos de su especie. Hago mención especial aquí al increíble aspecto visual de estos nuevos simios que se suman a la captura de movimiento ya utilizada en Avatar y que, en mi opinión, consigue unos resultados soberbios. El aspecto digital les sienta especialmente bien, sumado a la creatividad que se pone a disposición de la personalización de cada uno de los simios, reconocibles como personajes que se pueden distinguir a simple vista. En anteriores críticas he dicho que el paso a lo digital siempre me ha hecho más difícil creerme lo que veo, pero no ocurre así en esta cinta. Los minutos pasan y yo deseo cada vez más que aparezcan más simios.

29852_el-origen-del-planeta-de-los-simiosMención especial se merece la recreación de César e imposible no unirme a los aplausos dirigidos a Andy Serkis, conocido por todos por su interpretación de Gollum. El paso de César de mascota a líder de la rebelión es tan comedido, tan bien cuidado, que es difícil no entenderlo. Ese rencor, esa ansia de libertad, y a la vez ese amor por los humanos con los que se ha criado… Es un proceso complejo, lejos de la predecible simplificación de me enfado porque me han encerrado. Esta transformación se refleja de manera maravillosa en las expresiones faciales de César, al cual no le hace falta hablar para hacernos saber lo que siente y piensa en cada momento.

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Y llegados a este punto, la película estalla. Hasta el momento las cosas habían ocurrido de manera sosegada, pero todo se viene arriba y ocurre la aproximación a El planeta de los simios que uno espera con una elevada dosis de acción. Acción que, por otro lado, tampoco se hacía necesaria, pues la película es entretenida de por sí e interesante en cada una de sus escenas. Pero esto es Hollywood, y la lucha por la libertad de los simios ocurre de manera frenética, sin dejar de ser creíble, haciendo gala de los efectos especiales que no podían faltar para generar un final apoteósico para una gran historia que tiene partes individuales magníficas que forman un conjunto aún mejor.

Son tantas cosas las que ocurren, y con tanta carga emocional (la primera parte de la película se encarga de crear y la segunda de volcar lo creado), que el resultado final es grandioso. Lo dicho, en términos de disfrute (que los que me conocéis sabéis que son para mí el principal criterio), increíble. Es imposible no querer avanzar más en la historia, por lo que estoy deseando ponerme con la segunda parte de esta trilogía: El amanecer del planeta de los simios.

Así que, no pierdo más tiempo y me pongo con ella.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001) – Crítica

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Hago un filmus interruptus en mi intento de completar la saga de Star Wars (por mucho que lo intento y a pesar de su grandeza, soy incapaz de verla como algo más que un juego de luces con mucho potencial pero que se queda en un juguete en manos de un niño por su falta de trasfondo e intensidad). Así, aprovecho para lanzarme con otra saga que tenía pendiente de completar. Una un poco más mona.

Para mí, El planeta de los simios comenzó con la nueva versión del 2001. Fue la primera que vi. La disfruté en su momento y he vuelto a disfrutarla esta vez al volver a visualizarla para recordarla. Con Tim Burton al mando y como no podía ser de otra forma, la cinta goza de una personalidad y caracterización marcada, aunque algo menos histriónica a lo que se podría esperar del afamado director.

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La película comienza en el Oberon, una nave destinada a la investigación, con simios a bordo destinados a explorar territorios desconocidos. La parte científica es superficial, dejando claro desde el principio que esta es una película de aventuras, sin más. Apenas sirve para ponernos en situación. No arriesga en explicaciones, y eso hace que no chirríe nada y que no meta la pata (o la… ¿mano? Yo quiero cuatro manos en vez de patas como los simios, podría estar escribiendo esta entrada más rápido).

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Sin más preámbulos, Mark Wahlberg, en el papel de piloto frustrado, se lanza por su cuenta y riesgo al espacio para recuperar a su simio perdido siendo víctima de una tormenta sideral que lo envía a un lugar desconocido (y aquí se acaban los spoilers). Allí se encuentra con un planeta donde el ser humano no resulta ser el primate más adelantado en la escala evolutiva.

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Llegados aquí, habría que destacar la manufactura técnica de los escenarios. Para mí, son el gran secreto de que la película se merezca un “tú sí que vales”. Incluyo en la buena ambientación la caracterización de los personajes simiescos. Siempre tendré buenas palabras para la recreación de personajes anterior a la elaboración digital. Y, aunque esas máscaras dan la sensación de que haya saturación de bótox en sus rostros, sus variadas formas son un espectáculo creativo. Bienvenidos al planeta de los simios. Se nota la mano de Burton.

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A partir de ahí, el argumento de la película se vuelve un refrito que se puede resumir en una única palabra: huir. Todo se queda muy insulso, muy poco aprovechado. Muy superficial. El planteamiento, que a nivel científico y moral podría ser muy interesante, se queda en un simple contexto para narrar las aventuras de los personajes que, dicho sea de paso, brillan por su monotonía. Ni Wahlberg es el héroe que te hace aplaudir, ni funciona la historia de amor que confronta a Estella Warren (personaje escaparate por excelencia) y Elena Bonham Carter (una de las pocas interpretaciones que aportan algo de vida)… Son marionetas a través de las cuales fluye lo básica historia que se pretendía contar. Hasta Michael Clarke Duncan (¿quién no ama a ese actor?) pasa desapercibido bajo su máscara simiesca…

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Y así, sin nada reseñable, llegamos a la inevitable confrontación final entre humanos y simios, también algo necesitada de crudeza y a la revelación (¿inesperada?) final. La cinta se reserva un último truco para los últimos minutos que le permite cerrar salvando los muebles a nivel argumental, aunque no justifica lo plano de su desarrollo.

Y, a pesar de todo, de que al tratar de desgranar todos los elementos por separado parece que no destaca ninguno, el conjunto funciona. Se trata de una película muy entretenida, que te atrae por su propuesta original y te mantiene por la acción continuada y por su contenido visual. Sabe desde el minuto cero lo que quiere mostrar y lo que no, lo que quiere ofrecer y los líos que trata de evitar. Y, por eso, consigue un buen resultado.

Sin duda, me anima a continuar la saga (refiriéndome a la parte de las películas nuevas; los clásicos me los reservo). No sé cómo puede sorprenderme en futuras entregas ya que el trato tan liviano que se le da aquí a la idea me hace pensar que no hay mucho que desarrollar. Pero puede que me sorprenda. La cinta me ha dejado con ganas de más, y siempre digo que esa es una de las mejores cosas que se puede decir de cualquier elemento creativo.

Nada más por hoy.
Que tengáis un buen día, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – Reseña

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La sed de clásicos del cine de ciencia ficción ha invadido mi biblioteca particular, así que sigo redimiéndome también a golpe de literatura. Y, de esa montaña de libros de los que uno se avergonzaría de decir que no ha leído, en esta ocasión me decidí a abordar el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Curioso el título de Philip K. Dick (normal que lo cambiaran por Blade runner tras su adaptación a la gran pantalla) para esta novela breve que, escrita en 1968, sigue siendo un referente en la ciencia ficción (y en la filosofía) actual. A estas alturas creo que no es necesario explicar el argumento de tan conocida obra, que gira en torno a Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que ha de retirar (eufemismo de aniquilar) a una serie de peligrosos androides defectuosos.

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La prosa no se anda con rodeos bajo ningún concepto, y para mí esa es una seña de identidad del texto. Sin ninguna intención de extenderse ni de explicaciones pesadas, Dick consigue una atmósfera y una inmersión exquisita. Como si cada palabra valiera oro y mediante el uso de limitados aspectos futuristas como coches voladores, cajas de empatía o tubos láser, se obtiene una ambientación exquisita a la par que se consigue una lectura amena y agradecida. Optimización literaria, que se diría, y que yo valoro mucho.

Este estilo tan escueto causa, por otro lado, una sensación de frialdad en la lectura ya que el dramatismo brilla por su ausencia. Ni los giros de guion ni las escenas más sentimentales muestran sentimentalismo alguno. En cuanto al aspecto sensacionalista, la narración es muy superficial. Tampoco se enmaraña en los aspectos más profundos como la duda del propio Deckard sobre si él mismo es un androide o el tormento de acabar con la existencia de seres con cualidades humanas. Las cosas suceden, y punto. Contrasta por ello con las profundas reflexiones a las que invita la aventura. Allá el lector con lo que quiera extraer de esta aventura.

¿Se podrá crear en un futuro androides de tan alta calidad que sea casi imposible diferenciarlos de un humano? ¿Cuál es el límite entre la vida biológica y la artificial? ¿Si se consigue replicar las conductas, los anhelos y las sensaciones humanas en un robot podría alcanzar el autómata la condición humana? ¿Destruir a una máquina que sueña y sufre y que desea seguir viva debería conllevar implicaciones éticas y legales? El planteamiento de esas cuestiones son las que han llevado a la obra a convertirse en leyenda, pero realmente el texto no las aborda en sí. La deja en el aire con tal suavidad que a veces pienso que toda la montaña filosófica a la que ha dado lugar ha surgido más por los obsesivos análisis posteriores de los lectores que como la verdadera intención del autor.

Sea como fuere, es agradable disfrutar de una novela ligera, plana en su argumento, pero que va dejando un regusto conforme se avanza en ella que hace que uno, en la medida que esté dispuesto a sumergirse y a ponerse en la piel de cada uno de sus personajes, pueda ponerse en situaciones que rayan el más puro existencialismo.

Siempre tiendo a pensar que las grandes obras de la literatura están sobrevaloradas. También creo que cuando fue escrita, en ningún momento se pensó la repercusión posterior que podría tener. En principio, casi podría cometer la herejía de incluir esta historia en ese tipo de lecturas que nombraba no hace mucho y que decía que eran de digestión rápida. Sin embargo, aquí sigo todavía con partes de ella en el paladar, rumiándola, y esa metáfora creo que es lo mejor que puedo utilizar para expresar mi experiencia con este clásico de entre los clásicos.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

 

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