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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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¿MENOS ROPA Y MÁS DISTANCIA? ¿Estamos locos?

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¿Cómo lleváis este verano tan… peculiar? Yo, como veis, bastante desaparecido. No por motivos vacacionales, todo lo contrario. Pero mi ilusión creativa siempre ganará la batalla a mi escaso tiempo disponible y aquí os traigo un pedacito del proyecto que me traigo entre manos: Veranovirus, versos al calor de la fría distancia.

La verdad es que este verano está siendo extraño. Pero como siempre digo, allí donde hay incertidumbre siempre hay poesía. Y donde hay novedad, siempre hay reflexión (senti)mental. Esta obra será una recopilación de poemas estivales relacionados con esta nueva normalidad. El que os dejo hoy, versa sobre la incongruente lucha de tener que mantener la distancia en la época más instintiva del año. ¿Cómo se lleva eso de tener que distanciarse de la persona que te atrae en la estación más calurosa del año y no solo por la temperatura ambiental?

Os dejo con el poema ¿Menos ropa y más distancia? Espero que os guste.

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¿MENOS ROPA Y MÁS DISTANCIA?

Algo falla en la ecuación de menos ropa y más distancia
si tu piel descubierta es mi mejor estancia.

¿Cómo voy a alejarme de ti por seguridad
si cada paso atrás es la más pura crueldad?

¿Cómo hago para que mi cuerpo al fin entienda
que no es metal que imantas al caer cada prenda?

Ya me dirás cómo a mí mismo yo me miento
si tus finos tirantes son mi pegamento.

Que sí, que entiendo y sé que alejarme salva vidas,
pero morir pegado a ti es de mis muertes preferidas.

Que la separación no es una opción al ver tu escote,
me salvará del virus, pero no de que explote…

La cosa se complica al llegar a la playa,
tú en bikini y a varios metros mi toalla.

¿Cómo va a ser sano el distanciamiento
si no tocarte es enfermar de pensamiento?

 

Si os ha gustado, iré publicando más contenido constantemente en la cuenta de Instagram @icaro_jon (ahí tengo este mismo poema recitado) y en el blog. Igualmente, si queréis echar una mano con la obra para que pueda seguir avanzando, podéis hacerlo con alguna de las recompensas que hay preparadas para su desarrollo.

Y nada más por hoy, ¡que tengáis un gran inicio de semana!

Y NO PODER TOCAR A QUIEN UNA VEZ NOS TUVO DENTRO…

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Así es esta cuarentena, otra vez afilando un poco más nuestros sentimientos. De ahí este salto emocional a la poesía. Esta vez, no dejándonos estar junto a las madres para celebrar su día. Es paradójico eso de tener que guardar las distancias con alguien en quien vivimos durante nueve meses, en su interior.

Pero una madre siempre está más allá del distanciamiento y de cualquier situación. Para ellas va la poesía de hoy. Si no habéis podido comprarles un regalo o hacérselo llegar por la situación, dedicadle este poema. Que ninguna se quede sin saber lo importantes que son para nosotros. En mi cuenta de Instagram (@icaro_jon) acabo de subirla recitada, por si queréis mencionarla ahí o compartirla para hacérsela llegar.

Espero que os guste:

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PANDEMIA 1 – DIOS 0

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¿Dónde está ese Dios todopoderoso que por definición puede solucionar todo este desastre con un chasquido de dedos y que ni está ni se le espera? O a lo mejor, es que no quiere tanto a su creación como predica. Sin intención de cuestionar creencias ni herir sensibilidades, no es esa la intención, quiero compartir una reflexión a la que me lleva esa pregunta.

Para mí un dios no es esa cosa ante la que nos arrodillamos a pedirle que nos solucione los problemas. Más aún cuando a menudo se le olvidan nuestras plegarias. Para mí un dios es esa cosa que te da el poder para solucionar tus propias dificultades. Sentarnos y esperar a que nos arreglen nuestros desaguisados nos hace débiles, pasivos. En cambio, tener la resolución para enfrentarlos nos empodera. Y a menudo, actuar es mejor camino hacia la solución que quedarse de brazos cruzados.

Esta pandemia ha demostrado una vez más este pensamiento. Con las iglesias cerradas, conseguiremos salir de esta cuando todos actuemos en consecuencia. Con el personal sanitario como punta de lanza, los profesionales de la alimentación asegurando el abastecimiento, los políticos con sus (acertadas o no) decisiones, el personal de seguridad, de limpieza, cada uno quedándose en casa y todo aquel que aporta su pequeño granito de arena… Para mí, esos son los verdaderos dioses, todos aquellos que contribuyen a la solución del problema con sus actos y que me motivan a ser como ellos y a querer participar y enfrentar al caos.

Este pensamiento me lleva a compartir una poesía que, en esa dirección, habla de cómo una pareja puede aportarle a uno más beneficios que una divinidad, cambiándonos completamente el concepto de dios. Porque yo, sinceramente, creo más en esa persona con la que despierto cada día y que me motiva a comerme el mundo que en una creencia que gana cuando yo pierdo y soy débil.

Espero que os guste. Os dejo con los versos, no sin antes recordaros que sigo manteniendo mis libros de forma gratuita en formato Pay after show en mi página web. Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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¿A QUIÉN ESTÁS DESEANDO VER TRAS TU PUERTA?

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¿Estáis deseando volver a ver a alguien y la cuarentena os lo imposibilita? Estoy seguro de que sí. De hecho, releyendo uno de mis poemas que habla sobre los pensamientos de alguien que se encuentra secuestrado, no he podido evitar que todos nos sentimos un poco así: encerrados y a la espera de que se abra la puerta de nuestra casa para poder ver a esa persona que tanto echamos de menos.

Así que, sin extenderme más, os la comparto aquí. En mi cuenta de Instagram (@icaro_jon) la tenéis recitada, por si queréis verla enriquecida con música ambiental y eso. Espero que os guste. ¡Un saludo!

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P.D.: os recuerdo que en la sección de libros de mi página web tenéis acceso libre y con descarga gratuita a todos mis libros.

TIEMPO DE ENCIERRO… ¿O DE REFLEXIÓN?

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Llegan tiempos de cambio. Crisis en chino significa oportunidad y… no seré yo el que os dé la chapa motivacional con eso de que todo cambio requiere una respuesta adaptativa. Aunque sea una verdad como un templo. Esta reclusión hogareña supone todo un reto para muchos. Pero es una oportunidad para ver lo tan dependientes que somos de fuera y para empezar a saber vivir desde dentro.

Eso, para los que tenemos un mundo interior un tanto errante como yo, es una bomba de relojería. Este período de reflexión me ha llevado a escoger una dinámica literaria algo distinta, que es la que quiero compartir con vosotros.

En primer lugar, voy a darle un tiempo muerto a la narrativa, al menos tal y como la conocemos. Dejo mis historias un poco aparcadas para refugiarme en la poesía. Llegan tiempos muy emocionales, y a mí, que cambio de parecer casi como el viento, me apetece darme al verso. Si publico algo parecido a un libro próximamente, será en el género lírico.

¿Significa eso que dejo de crear historias? No podría. Pero sí aparco al menos la intención de sacar algún nuevo libro en ese sentido. En su lugar, me daré al librojuego, que últimamente me ha dado bastante feedback y diversión. Hay que reinventarse. Y esto de crear una historia para jugar me mueve por dentro y veo que tiene más respuesta. Lo haré en modo trivial, además. Es decir, habrá que acertar respuestas para poder avanzar en la historia. O lo que es lo mismo y lo que pretendo transmitir: será como jugar una partida al clásico Trivial a través de una novela.

¿En qué lugar deja esto a la aventura de Caótico Neutral que estábamos abordando? ¿Continuará? Sí, pero no de la manera en la que se estaba abordando. El sistema de acertijos, que yo considero más atractivo, parece no serlo tanto para la mayoría de los lectores. Muchos, que disfrutaron del trivial de “El último gato vikingo”, me han pedido la vuelta a ese sistema. Así que ese será el que adopte.

Además, lo haré a través de una plataforma que me parece fantástica para este tipo de iniciativas. Ya lo veréis, la experiencia es mucho mejor, y más adecuada para el tiempo que tengo ahora tras esta última revolución y que me limita bastante. La primera parte será muy parecida a lo que hemos vivido aquí, pero adaptada, y seguirá con la salida a Sumergia.

Así que, esos serán los siguientes pasos a seguir y que guiarán el devenir del blog: poesía y librojuegos. Espero que os guste, y nada me haría más feliz que seguir teniéndoos por aquí. Nada me causa más alegría que encontrarme con vosotros reencontrándome conmigo mismo.

Nos leemos en breve. Espero que estéis pasando una buena cuarentena, y que os sirva para reflexionar y que esta salida de la rutina sea provechosa para encontrar un camino todavía mejor.

Un abrazo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

¿DE VERDAD ES NECESARIO DESENTERRAR A FRANCO? – Nerea dice…

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¿De verdad es necesario desenterrar a Franco? Entiendo que los familiares de las víctimas de la guerra no quieran que en un lugar destinado a la concordia esté presente precisamente el causante de ella. Es comprensible. Incluso me parece cuanto menos curioso que la familia del dictador recurra esta sentencia apelando a unos derechos que él precisamente arrebató a los españoles.

Pero si nos referimos a la necesidad de evolucionar como sociedad, ¿es necesario tanto revuelo y tanto resentimiento? Lo hicimos mal en el pasado, sí. Eso está claro. Pero eso no se puede cambiar. Hay que aprender de la historia para que algo así no vuelva a suceder, no devolver a la vida aquello que jamás debió suceder. No creo que desenterrar el pasado sea lo mejor para avanzar. La forma más correcta de demostrar que hemos aprendido de esta desgracia que tuvieron que sufrir los que nos precedieron, habría sido precisamente llegar a un acuerdo de gobierno que demuestre que, a pesar de las diferencias, estamos juntos en esto de sacar un país adelante. Eso habría sido una lección más práctica que volver a abrir las heridas.

Pero como siempre, dejo esta opinión en los personajes de GATA en este relato breve. Creo que ellos se explican mejor que yo.

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Néstor cogió el cuchillo y se dispuso a cortar aquellas flores que con tanto recelo había cuidado. Amaba hasta la última hierba de aquel jardín y no era para menos. Que su señor, Megacles, le hubiera contratado para mantenerlo, le había sacado de las peligrosas calles de Atenas y le había permitido disfrutar de una vida más o menos acomodada lejos de la pobreza.

—¡¡No!! —grito alguien de repente y Néstor dio un respingo, estuvo a punto de cortarse con el filo de bronce.

Se giró para comprobar que la propietaria de aquel grito había sido el otro motivo por el cual agradecía poder ocuparse de aquel jardín: Nerea, la hija de su señor. Cada vez que la veía, sentía que lo que florecía era su corazón. Tenerla allí, tan cerca, hacía que le temblaran hasta las manos, y tuvo que guardar el cuchillo por temor a no tener la precisión necesaria para hacer un corte sin dañarse.

—¡No la cortes! —le dijo la muchacha señalando la flor y acercándose a él. Cada paso que daba la joven encontraba su eco en un latido del jardinero. Ella, casi todo el tiempo recluida en el gineceo, apenas tenía contacto con él, que sentía su presencia en las escasas oportunidades que tenían para hablar como un regalo de los dioses.

—Tengo que hacerlo —explicó el chico esquivándole la mirada conforme se acercaba, tal era la influencia que tenía en él—. Me lo ha ordenado tu padre.

—¡Pero es que es preciosa! —dijo ella acercándose para oler aquella colorida violeta.

—Tu padre me lo ha ordenado —siguió justificándose Néstor. Si por él fuera, cumpliría el deseo de aquella muchacha y la dejaría allí. De hecho, no tardaría en comprobar que era capaz de hacer cualquier cosa por complacer sus anhelos.

—¡Utiliza otras flores! Esas son… mis favoritas —le dijo señalando las violetas y añadiendo una sonrisa que firmaba sus palabras.

—No hay otras que las puedan sustituir. Todavía no es el tiempo de las flores. Las violetas crecen antes porque fueron regadas con la sangre de Atis cuando se cortó los… —Néstor se calló de repente, sus mejillas enrojecieron. Pensó que no procedía contarle a la muchacha la leyenda en la que el amante de la diosa Cibeles se mutilaba los genitales permitiendo que las violetas florecieran antes de la primavera.

—Se cortó los… —repitió Nerea animándole a continuar ante su silencio.

—Eh, nada, lo que quería decir es que son las mejores flores de las que disponemos en este momento y no hay otras que puedan sustituirlas.

—¿Y si son las mejores por qué vas a cortarlas? —preguntó ella en un alarde de lógica con un gesto pensativo que vaciaba el corazón de Néstor. Bueno, cualquier otro gesto hubiese servido para ello, su pecho se alteraba cada vez que miraba el rostro de aquella muchacha.

—Tu padre quiere ofrendarlas para adornar el monumento a Teágenes de Tebas. —Nerea torció el gesto ante aquel nombre que no reconocía. De nuevo otra forma de expresión más de la muchacha que impactaba en el pecho del jardinero—. Fue uno de los generales de Queronea —aclaró—. Murió en la batalla contra Filipo y tu padre quiere honrarle.

Nerea se sentó en uno de los bancos de piedra del jardín. Sabía que necesitaba una lección de historia para comprender eso. Tocó con la palma de su mano al lado de ella para invitar a Néstor a sentarse también. El joven obedeció, guardando las distancias.

—¿Y quién es ese Teógenes?

—Teágenes —corrigió Néstor—. Luchó contra los macedonios.

—Ah, sí, los que ahora nos mandan —recordó Nerea. La sarta de improperios que su padre Megacles escupía contra el dominio macedonio a diario le había hecho tener bien clara esa parte.

—Bueno, yo diría más bien con los que cooperamos. —Al menos esa era la versión que los atenienses tenían para no aceptar del todo su derrota. Según ellos, obedecían a Filipo porque así lo querían, cuando la realidad era que la batalla de Queronea había dejado bien claro que el rey macedonio había dejado de ser un pastor salvaje y tenía el poder suficiente para someterles—. Les vamos a ayudar a acabar con la tiranía persa. Juntos, macedonios y griegos, podemos conseguirlo.

—Entonces, ¿por qué rendir homenaje a aquel que intentó separarnos? —preguntó la chica. Néstor se preguntó si de verdad era simple curiosidad lo que sentía la joven o trataba de ponerle a prueba con sus enrevesadas preguntas que, ciertamente, iban cargadas de lógica. Sea cual fuera la intención, ambas complacían al jardinero, que disfrutaba de aquella conversación.

—Bueno, ya conoces a tu padre. Perdió a muchos amigos en esa batalla y es una forma de recordarlos. Se le amarga la voz cuando habla de esos macedonios…

—¿Y qué? —dijo Nerea con una naturalidad pasmosa—. ¿La culpa la tiene esa flor? ¿Por eso tiene que arrancarla?

—Es su forma de mostrar sus respetos —terció Néstor, con temor en la voz por si enfadaba a la chica al replicarle—. A él al menos le sirve para sentirse bien.

—Pues muy bien —espetó ella, cruzándose de brazos como la joven caprichosa que era—. Córtala, y que se pudra bajo una estatua que no tiene la capacidad de verla ni olerla. Aquí esta flor tiene más sentido. Imagina que uno de los esclavos la ve y se la regala a una de las concubinas que gracias a ese gesto se enamora de él. ¡Anda que no sería esa una forma mejor de aprovechar esa flor!

Néstor tembló al pensar en la posibilidad de que ellos pudieran ser los protagonistas de esa imaginativa historia.

—Ya, si te entiendo. Pero esto es lo que quiere tu padre —insistió Néstor—. Quizás habría que comprender sus sentimientos, a él le duele recordar aquella derrota y necesita de alguna manera rememorarla.

—¡Pues yo no lo entiendo! —se quejó Nerea, aumentando un grado su enfado—. Si tanto le duele, ¿por qué prolongar esa agonía? ¿No dices que ahora nos llevamos bien con los macedonios? ¿Por qué volver atrás? ¿Acaso quiere eternizar esos recuerdos que tanto dolor le causan? ¡Pues es muy tonto eso que hace!

—¡No es tan fácil, Nerea! —Néstor no sabía cómo explicarle la situación, lo difícil que era sanar las heridas causadas con el filo del orgullo. Cuando el odio llevaba hasta el punto de matarse en un campo de batalla, era muy difícil hacerlo desaparecer sin más—. Son asuntos de políticos, muy complicados.

—Ah, ya, y yo soy tan tonta que no puedo entenderlo…

—No quería decir eso… —aclaró Néstor, que se moría por decirle que la entendía, que alababa incluso la pureza de sus pensamientos, pero se debía a su señor. No quería que este le reprendiera por adoctrinar a su hija permitiéndole pensamientos que él consideraba inapropiados.

—Ahora estamos junto a los griegos —continuó la joven, intentando argumentar esa opinión que según el jardinero era estúpida—. Y dices que tenemos la oportunidad de unirnos para librarnos de los persas. ¿No será mejor concentrarnos en lo que podemos conseguir juntos que perder el tiempo en lo que en el pasado nos separó?

—Si, eso sería lo ideal, pero…

—Mira, Néstor —interrumpió Nerea, lanzada como estaba—. Si yo algún día me enfado contigo, me gustaría que pudiéramos arreglarlo y que no estuviéramos todo el día recordándonos el uno al otro lo que nos hizo enfadar.

—Yo nunca me enfadaría contigo, Nerea… —afirmó Néstor, convencido.

—Ya, porque tú me quieres —afirmó ella en sentido fraternal, sin saber que él lo hubiera ampliado a todos sus significados—. Entonces ya lo entiendo, el problema aquí es que la gente no se quiere. Si todos se apreciaran como lo hacemos nosotros, se acabarían todos los problemas —apuntilló Nerea.

—En eso estoy de acuerdo. —Sentado en el banco, Néstor intentó estirar el dedo del brazo que apoyaba en la piedra para que acariciara el de la joven. Se arrepintió de aquel intento porque sabía que tenían el contacto prohibido.

—Ya, pero de momento me quedo sin flor en el jardín —concluyó la joven—. De verdad que me da rabia. Juntos, seguro que a griegos y macedonios nos iría mejor, y hasta podríamos conseguir la gloria.

—Sí, podría ser… —afirmó Néstor dando por finalizada la conversación, sin saber que unos años después, Alejandro Magno validaría aquella hipótesis.

————————

Y hasta aquí esta reflexión, si queréis conocer más de estos personajes y disfrutar de su historia original, podéis hacerlo en la novela Gàta. Si os hacéis con ella, ¡espero que la disfrutéis!

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¿ROMANTICISMO O ESTUPIDEZ? La delgada línea roja del amor

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¿Sobredosis de romanticismo o exceso de estupidez? Ya no quedan hombres como los de antes… ¡Pues por algo será! Me encanta esta declaración de Néstor a Nerea en GÀTA.  A la muchacha se le antoja que le traigan un gato de Egipto y él, cual pagafantas empedernido, dice que sí, que por supuesto. Y a patearse medio mundo para encontrar al bicho.

Por un lado, pienso que eso es lo mínimo que se debería sentir para estar con alguien. Tío, si no vas a hacer lo imposible por ella, déjala. Pero por otro lado, ¿sale a cuenta tanto sacrificio? ¿Acaso no es más que el resultado de un concepto romántico del amor inculcado por la sociedad?

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A Néstor, esta decisión, le cambia la vida. No os diré si para bien o para mal. Al fin y al cabo, ellos solo son los aparentes protagonistas de esta historia en la que, el que manda, maúlla y ronronea. ¡Ais! Por esos peludos sí que derribaba yo todas las barreras del romanticismo. Y tú, ¿eres de la antigua escuela o piensas que el amor pegadizo es cosa de otro siglo?

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Historia o indecencia. ¿Y tú de quién eres?

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Benditos seáis los lectores cero, y mucho hemos de cuidarnos los autores de agradeceros vuestra labor y conservaros como las joyas que sois. Pero a veces, qué bonitos quebraderos de cabeza nos dais, cab***es. Hoy os quiero contar un dilema que tuve en la creación de GÀTA y que, a día de hoy, todavía no sé si escogí la opción adecuada. Este tema da mucho juego en las presentaciones del libro, y hoy os hago partícipes de él.

La novela comienza con Nerea, una joven de la Antigua Grecia que asegura que romperá su compromiso de matrimonio si su prometido no se molesta en conseguirle un gato egipcio. Néstor, el jardinero de su hogar y enamorado de ella, le promete que conseguirá ese animal para ella así que tenga que dejarse la vida en ello. Hasta aquí, bien, unos básicos cimientos para una tierna historia de amor. Quizás demasiado tierna.

El problema aparece cuando cuento que Nerea tiene 12 años y Néstor 30. Tras comentar esto, ya no es tan romántico el planteamiento, ¿eh? Pero el caso es que en la Antigua Grecia era lo normal. Comprendo, a la perfección además, que a día de hoy se considere una atrocidad (y lo es, por supuesto), pero en aquella época era lo estipulado. Y he aquí la pregunta que intenté responder más de mil veces en mi mente con distintos resultados: ¿debía mantener la fidelidad histórica y mantener las edades o modificarlas para que esta relación no pareciera tan atroz?

Reconozco que a mí me gusta mantener el rigor histórico, me parece una falta de respeto alterarlo en las novelas. Además, la edad iba acorde al comportamiento de Nerea: una niña que quiere un gato egipcio por un puro capricho infantil. Pero varios de mis lectores cero me advirtieron que no solo iba a recibir críticas por ello, sino que eran incapaces de disfrutar de la lectura al no dejar de pensar en esa relación como algo incorrecto. ¿Qué hice entonces?

Cambiar la edad de Nerea, por supuesto. Eh, no me miréis así. ¿Qué habríais hecho vosotros? No, en serio, ¿qué habríais hecho? Tengo curiosidad por conocer las distintas opiniones. Lo que sí tuve cuidado fue de justificar que Nerea se casara tan tarde. Como el motivo del casamiento era en esa época puramente económico y ella pertenece a una familia relativamente acomodada, puede permitirse que su padre Megacles, bruto en apariencia pero con un enorme corazón al fin y al cabo, acabe retrasando el momento de su casamiento. Eso, junto a un par de pinceladas más que pienso que hacen que esta modificación sea coherente.

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Pues eso. Solo quería compartir con vosotros un debate que fue un quebradero de cabeza en su momento, pero que reconozco que ahora le da vida a las presentaciones de GÀTA. Espero que os haya gustado.

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#Recomendado – LA PELIRROJA DE LA BICICLETA (Pintina Cuneo)

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Hoy os voy a recomendar un libro. Así debería empezar la entrada de hoy, pero sería como decir «voy a enseñaros una piedra», refiriéndome al Everest. Incompleto; absolutamente por debajo de lo requerido para una ocasión tan especial como lo es para mí poder recomendaros La pelirroja de la bicicleta de Pintina Cuneo. Esta historia no es solo un libro, es algo más. Tiene alma, hay vida en esas letras; vida de verdad. Así que, empecemos de nuevo: hoy os voy a recomendar a unos amigos que os van a conquistar el corazón.

Pintina Cuneo no escribe historias, concibe vidas. Manufactura personas allí donde debería haber personajes, y teje recuerdos vivos donde otros solo son capaces de establecer tramas literarias. Así es el talento creativo de Pintina. Es por ello que esta recomendación en mi blog es obligada. Mi apuesta por ella es total. Voy con todo. All in.

He tenido la suerte de leer bastantes cosas de su autora, algunas incluso antes de ser publicadas, y no puedo evitar sentir la malicia que se arraiga en mis tripas al pensar en los pobres lectores que no han tenido mi misma suerte. Lo siento por los que no habéis sido tocados por la diosa Fortuna, pero esto es así. En la vida siempre habrá privilegiados, y esta vez me ha tocado en el lado bueno, ese que me ha permitido poder disfrutar en primicia de alguna de las creaciones de Pintina. Y, además, de poder tener acceso a la persona detrás de la obra, que eso ya es acertar los cinco y el complementario, el décimo con la serie, el bote de Boom y Pasapalabra. Juntos.

Pero he aquí su primera publicación, a través de Ediciones B, y es inevitable pensar que el mundo es justo, porque ahora todos podréis disfrutar de su arte literario. Es justo para sus lectores, que ya tienen la posibilidad de abordar una de sus obras, y para la literatura en sí, que gana enteros con este libro en el mercado.

¿Qué os voy a decir de La pelirroja de la bicicleta? Que es una novela romántica disfrutona, ágil, con toques de simpatía sin dejar de lado la profundidad… Podría repetir aquí su sinopsis, pero prefiero dejar el enlace a Amazon para que la veáis ahí, y de paso tengáis a mano el botón de compra. Porque yo prefiero destacar esta obra por su encanto etéreo más que por sus características tangibles. Esa es la magia de Pintina: la naturaleza de lo que cuenta, que hace que parezca tan sincero que las letras comienzan poco a poco a tomar forma y a convertirse en la piel de unos personajes de verdad. Sus historias se degustan poco a poco, como la buena cocina, y el retrogusto que dejan es el sello de calidad que identifica a Pintina.

Una vez llegas al punto final, no sientes que has terminado una historia, sino que has conocido a nuevas personas. Su impacto es tal que uno no olvida sus personajes más allá de su fin; uno espera poder encontrarse a sus protagonistas en el café de la esquina, tanto por su realismo como por el deseo de saber de ellos más allá de la trama.

Esa es la magia de Pintina Cuneo, una capaz de llevarte a unos protagonistas encantadores a través de sus páginas, y de no querer (ni poder) olvidarlos una vez cerrado el libro. Recomendado, sin duda. Sello esa opinión con la felicidad que me causa poder dedicarle unas palabras en mi blog.

Un saludo a tod@s, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

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