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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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MI NUESTRA HISTORIA #4 – No leas, decide

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¿En serio? ¡No me puedo creer el resultado de la votación! ¡No tenéis alma! Habéis decidido que Prisco asesine al prisionero delante de su propia hija. Bueno…, pues aquí tenéis la continuación que tanto he sufrido escribiendo. ¡Espero que os guste!

Para los nuevos: MI NUESTRA HISTORIA es una iniciativa que estamos desarrollando sobre una novela romántica e histórica en la que con vuestros votos decidís su desarrollo. Cada fin de capítulo se plantea una situación o dilema en el que podéis participar y que afecta directamente a la continuación de la historia.

Si os queréis unir, aquí os dejo como siempre el enlace a los capítulos anteriores para que podáis leerlos, o un breve resumen de lo que llevamos por si queréis poneros al día en menos de un minuto por si queréis participar en la votación que abrimos con el nuevo capítulo, que os dejo un poco más abajo. Y recordad, como siempre, que a través de la aplicación Jon Ícaro (Play Store), podréis seguirla con más comodidad y seréis avisados cada vez que se lance un nuevo capítulo.

CAPÍTULO 1 // CAPÍTULO 2 // CAPÍTULO 3
Resumen: Prisco es un joven comerciante de vino de la provincia romana de Moesia. Un día, los dacios invaden su aldea y se llevan a su esposa. Junto a su hija, se adentra en territorio enemigo donde se encuentra con un grupo de auxiliares britanos que van al encuentro del grueso del ejército romano. Espera poder avanzar junto a ellos para unirse al ejército, con el cual espera derrotar a los dacios y recuperar a su esposa. Sin embargo, el jefe de los britanos le pide que ejecute a un prisionero dacio delante de su propia hija como prueba de lealtad.

 

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El líder guerrero le cede su arma a Prisco, una espada celta algo más larga que el gladio romano. El joven siente el peso del hierro, jamás había tenido un filo así en su mano y no se imaginaba que pesara tanto. La responsabilidad de lo que va a hacer debe habérsele sumado al kilaje. No se puede creer que haya aceptado ajusticiar a un hombre delante de su niña. Pero es lo que tiene que hacer. Necesita ganarse la confianza de los bárbaros para adentrarse en terreno dacio y recuperar a su esposa con un mínimo de seguridad.

—Clava la punta en el cuello —explica el jefe de los guerreros mientras emula el movimiento que ha de hacer Prisco—. Por detrás.

El joven mercader romano se posiciona tras el prisionero al que va a ejecutar. Ante sus últimos minutos de vida, la víctima se revuelve, pero es retenido sin dificultad por dos musculosos britanos. Uno de ellos, además, agarra la raída melena del preso y tira hacia delante, dejando bien visible su nuca.

La niña Naevia tiembla observando la escena. Se orina aterrorizada y moja su túnica, demasiado pequeña para presenciar escenas tan crueles, incluso para un adulto.

—Lo que voy a hacer es por mamá —explica Prisco, que siente una lágrima recorrer su mejilla—. Estos hombres nos van a ayudar a que vuelva a estar con nosotros. Por eso tenemos que hacerles caso, hija.

Naevia cierra los ojos. No quiere mirar. Quiere desaparecer. Prisco necesita justificarse, sabe que su hija no debería ver algo así. Es consciente de que la niña tendrá pesadillas durante mucho tiempo. Pero cuando crezca entenderá la necesidad y las heridas de su alma se curarán.

—Si la niña no mira, no será válido el ajusticiamiento —advierte el líder guerrero—. No queremos niños de teta entre nosotros. A su edad, nuestros hijos ya demuestran su valor.

Prisco aprieta con fuerza la empuñadura, rabioso. Solo le calma pensar en su esposa, en la oportunidad de estar más cerca de ella. Esos hombres le llevarán junto al ejército romano, con el que aniquilará a los dacios, recuperando a Sentia. Piensa que esa es la sucesión de hechos que le acercarán de nuevo a su amada, y para que así sea ha de cometer esta atrocidad.

—Hija… Naevia… —dice Prisco y la muchacha abre ligeramente los ojos para atenderle, pero los cierra con fuerza unos segundos después—. Naevia… Tienes que mantener los ojos abiertos. Hazlo por mamá…

Caridda, la britana de pelo dorado y profundos ojos azules, se acerca a la niña. Se agacha para estar a su altura y acaricia su mejilla.

—Niña —le dice—, tienes que ser valiente. A mí todo esto me da tanto miedo como a ti. —Le da un cariñoso toquecito con su dedo en la nariz, la pequeña y respingona nariz que ha heredado de su madre Sentia—. Agarra mi mano. Sé hacer magia. Si en algún momento quieres marcharte, solo tienes que apretar y yo haré que desaparezcas.

La niña mira a la mujer con ojos temblorosos. No cree que pueda hacer magia, pero el argumento le sirve para envalentonarse. Agarra la mano de Caridda y observa a su padre.

Prisco mira a la mujer agradecido. Inclina entonces la cabeza para enfocar la nuca del hombre que ha de matar. Resopla, siente sus labios temblar. Agarra la espada con las dos manos y la levanta. Intenta lanzarla contra el cuello del hombre que sigue intentando salvar su vida con inútiles convulsiones, pero no puede completar el ataque. Hasta tres veces tiene que convencerse Prisco de que lo que va a hacer es justo y necesario.

Finalmente, lanza el filo contra la nuca del prisionero con fuerza. El metal atraviesa el cuello y sale ligeramente por la parte de delante de la garganta del preso, junto a borbotones de sangre. Naevia ahoga un grito. Aprieta fuertemente la mano de Caridda. Quiere que use su magia para hacerla desaparecer de allí. La niña observa aterrada el rostro del hombre agredido, jamás olvidará esos ojos tan abiertos y los estertores.

Caridda coge entonces a la niña en brazos y se gira para que no continúe viendo la escena. Piensa que ya está bien.

—Romano inútil… —dice el líder guerrero—. Apenas has atravesado su cuello… —Agarra la empuñadura de la espada, incrustada en el cuello del hombre moribundo y la introduce con fuerza, dando fin a la agonía—. Si la hubieras clavado más fuerte, la escena habría sido menos violenta.

Los hombres que hay alrededor se ríen, disfrutan de aquel rito de iniciación y palmean la espalda de Prisco, aceptándole como uno de ellos. El joven corre hacia su hija, solo quiere tenerla junto a él, pedir perdón por lo que la ha obligado a presenciar.

Pero Naevia reniega. Mueve la cabeza horizontalmente. No quiere saber nada de su padre. Se aprieta más fuerte contra el cuerpo de Caridda para que no la suelte, para que no la deje con aquel… asesino.

—Se le pasará —intenta consolar la mujer britana ante un Prisco que no puede evitar humedecer sus mejillas al ver a su hija despreciarlo—. Tranquilo, romano. Lo entenderá. Dale tiempo. Yo la cuidaré mientras tanto. Estará bien.

La mujer se aleja con Naevia en brazos. Prisco tiene las manos manchadas de sangre, pero siente que lo que de verdad tiene sucio es el corazón. Los guerreros se preparan para continuar la marcha. La escaramuza ya les ha retrasado demasiado. Prisco comienza a caminar en medio de la fila de guerreros rumbo al campamento romano, pero se siente solo. Teme haber perdido a su hija para siempre.

 

Horas después y bien entrada la noche, el grupo de guerreros se detiene para descansar. Retomarán la marcha al amanecer. Tardarán un par de días en llegar al campamento romano. Aunque Prisco, sentado en el suelo, tiene la hoguera a apenas un metro de él, no siente el calor del fuego. No siente nada.

—Tú eres el de la niña, ¿no? —dice alguien que se sienta a su lado. Prisco gira la cabeza para observar a un hombre que debe de tener unos cuarenta años a juzgar por un rostro que empieza a arrugarse y un cabello corto cuya negrura empieza a ceder ante las canas. El joven no dice nada. No tiene ganas de hablar.

—Soy Vibio Sexto Barbato —informa el veterano, y Prisco comienza a sentir algo de interés. Sabe que ese nombre no es extranjero—. Fui centurión y combatí para Domiciano contra catos y britanos, hasta que un día decidió que mi puesto debía ser ocupado por el hijo de un patricio que aportaba más denarios al Imperio que yo. Mi queja solo me sirvió para ser relegado a las tropas auxiliares. Así que, aquí estoy, hablando, comiendo, bebiendo y follando como un puto bárbaro.

Prisco sigue sin decir una palabra, aunque lamenta la historia del hombre. No es el único que sufre en esta guerra.

—Lo que quiero decir es que de mala gana sirvo a un emperador al que odio —continúa Barbato—. Pero tengo familia. Necesito la soldada para mantenerla. Encuentra tu motivo para aguantar toda esta mierda.

—Los dacios se llevaron a mi mujer —interviene Prisco, que ha sentido algo de empatía por su compañero—. Y mi hija… Ya lo has visto. Decidí traerla conmigo a rescatar a su madre porque tenía miedo de dejarla sola, lejos de mí. Seguramente me equivoqué. Ahora reniega de mí, su propio padre…

—La guerra no es fácil, chico. Nos devora sin que apenas nos demos cuenta. Pero, una vez dentro de ella, solo podemos echarle valor para enfrentarnos a sus dificultades. Y ahora mismo creo que te vas a encontrar con una de ellas…

Barbato señala a un grupo de cuatro bárbaros que se acercan a ellos. El que parece actuar de portavoz se sitúa frente a Prisco y se dirige a él:

—¿Tú eres el romano nuevo?

El joven no responde. Sabe que, diga lo que diga, no le servirá de mucho.

—¿Qué pasa? ¿Te han cortado la lengua? —continúa el musculoso britano—. No, no lo creo. Te habrías envenenado. Los romanos habláis muy bien. Demasiado bien. No tenéis otra cosa que veneno en la boca. ¿Qué haces aquí con nosotros?

—Combatir a los dacios —dice Prisco, escueto y esquivo.

—¡Mírame a los ojos cuando te hablo! —espeta el guerrero—. Solo he venido a darte un regalo de bienvenida, ¡desagradecido! Un manjar. Vas a tener que alimentar ese escuchimizado cuerpo si quieres guerrear.

El hombre deja un cuenco de cerámica frente a Prisco. El hedor que desprende el recipiente es insoportable. Se introduce por las fosas nasales y revuelve el estómago del joven. Dentro del cuenco hay…

—¡Mierda de caballo! —exclama Prisco al identificar lo que el bárbaro ha calificado como manjar dentro del recipiente.

—Bastará con que te comas unas pocas cucharadas —dice el gigantesco britano, y Prisco no puede creer lo que está oyendo—. Vosotros hicisteis algo peor en mi tierra. Los romanos invadisteis y llevasteis el fuego a nuestras aldeas. Nos convertisteis en algo peor que lo que te estoy pidiendo que te comas. Ahora combatimos juntos, pero yo no olvido el daño que nos causasteis. Obedéceme y aceptaré ese gesto como una disculpa. Entonces, sí podremos ser amigos.

¿Qué tendrá que ver Prisco con el pasado entre romanos y britanos?, piensa. No está dispuesto a ceder a esa humillación.

—¡No pienso hacerlo! ¿Te has vuelto loco? —dice Prisco mientras aparta el cuenco.

—Ya lo creo que lo harás. —El bárbaro le ofrece una cuchara de madera—. O tienes ese gesto de respeto hacia nosotros, o no aceptaré que un romano nos acompañe y te abriré la cabeza en compensación por los daños que nos causasteis en las guerras pasadas.

El guerrero se cruje los dedos de las manos, exhibe su grandiosa musculatura. Prisco no tiene nada que hacer contra él, lo tiene claro. Mira de reojo a Barbato, que afirma con la cabeza. Él también fue romano y al parecer también tuvo que sufrir esa novatada para ser aceptado. Con el movimiento de su cabeza, le recomienda obedecer. Pero… ¡es tan humillante! ¡No puede hacer lo que le piden! ¿Cuánto más va a tener que aguantar para poder seguir acercándose a su esposa? ¿Es este el límite insoportable ante el que ha de rendirse?

¡Votación cerrada! Habéis decidido que Prisco no ceda ante la humillación. En breve, ¡nuevo capítulo!

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MI NUESTRA HISTORIA – No leas; decide

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Ahí voy con otra iniciativa literaria con la que pretendo que mi próximo libro sea menos mío y más de todos nosotros. Mi próxima historia será abierta: iré publicando cada capítulo y al final de él propondré una votación para que vosotros decidáis el devenir de la narración. El objetivo, que dejéis de ser espectadores literarios para convertiros en protagonistas, permitiendo una mayor interacción y empatía con los personajes.

Para ello, retomo el género histórico. De ahí que a esta iniciativa la llame Mi nuestra historia, además de porque la historia vaya a ser nuestra al ser participativa (si es que yo cuando hilo…). Tratará sobre Prisco, un comerciante de vino cuyo destino pondrá a prueba el amor que siente por su esposa Sentia y su hija Naevia en pleno Imperio romano.

PROMO

Lo suyo es que participéis a través de la aplicación móvil de Android, que para eso me la he currado. Ahí estará todo bien organizado y además os llegará una notificación cuando se cuelgue cada nuevo capítulo y cuando estén los resultados de las votaciones. Podéis encontrarla en Play Store si buscáis “Jon Ícaro”. Además ahí también estaréis al tanto de mis movimientos y podéis chatear conmigo y todas esas cosas molonas que permite la APP.

Aunque, para los que no soláis usar aplicaciones y en honor a la fidelidad que os debo, también iré colgando aquí los capítulos y el enlace a las votaciones al final. Así que, no me enrollo más y aquí os dejo el primero. Espero que os guste y os animéis. A ver cómo me cuidáis al pobre de Prisco en esta primera situación complicada. ¡Un saludo!

 

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“Los granos de uva revientan bajo los pies de la niña, que ríe al sentir la fruta destrozarse entre sus pequeños dedos. Dentro de la pileta, pisotea repetidamente mientras siente las caricias del zumo sobre su piel. Su felicidad se refleja en su padre. Frente a ella y con los brazos cruzados sobre un pecho henchido de alegría, Aulo Naevio Prisco observa a su hija disfrutar del proceso de pisado.

—¿Lo ves? —dice una voz femenina a sus espaldas abrazándolo desde atrás. A Prisco no le hace falta girar la cabeza para saber que se trata de su esposa Sentia. Sabe que no hay otros brazos en todo el Imperio romano que tengan la capacidad de elevarle al cielo como los que ahora mismo rodean su torso—. No ha sido mala idea cambiar el prensado por el pisado para fabricar el vino. Ella es feliz, y eso es suficiente.

La sonrisa que comparten hija y padres sigue contagiándose de un rostro a otro. Y, sí, lo cierto es que lo que pierden en denarios, lo recuperan en felicidad.

—Además, ya sabes que la uva pisada tiene propiedades curativas que no posee el vino obtenido a través de la prensa —continúa Sentia intentando animar a su preocupado esposo.

—Tampoco tiene su calidad —se lamenta Prisco—. Solo los enfermos se preocupan por la curación del vino. Y esos no trabajan, y por lo tanto no tienen dinero para pagarlo…

—Tranquilo, Aulo. Todo va a ir bien…

El hombre se gira. No puede evitar sentir a su esposa tan cerca y no verla. La aprieta contra sí. Sus labios se funden en un cálido beso que hace que florezca el corazón de ambos.

—Tengo que prepararme para la reunión con el edil.

Sentia afirma con un movimiento vertical de su cabeza. Sabe que Prisco está nervioso por ese encuentro. El futuro de la familia depende de él.

—Yo me encargo de Naevia —dice ella, y deja que su esposo se marche al interior del hogar para prepararse.

Prisco se dirige a su habitación. Se lava el cuerpo con algo de agua lamentando no disponer de una lavatrina para asearse en condiciones. Se echa aceite por un cuerpo que, pese a no estar muy desarrollado, dispone de la musculatura propia de un trabajador de la vendimia. Se pone la túnica e intenta ajustarla a la cintura con la cuerda, pero el nerviosismo le impide completar el nudo.

—¿Te ayudo? —pregunta Sentia, que acaba de incorporarse a la estancia.

—¿Y Naevia?

—Está con tu madre, que intenta quitarle las manchas de uva de los pies. Cuanto más frota, más se ríe nuestra hija, y así es imposible.

Prisco sonríe imaginando la situación. Pensar en su hija es el mejor bálsamo posible para su estado nervioso.

—Yo te ayudo —dice Sentia acercándose a él.

Agarra la cuerda que el hombre tiene en la cintura, pero no para hacer un nudo, sino para retirarla. Le quita la túnica a su esposo y trata de hacer lo mismo con el subligar. Prisco la agarra del brazo antes de que le quite la ropa interior.

—Tranquilo, Aulo —dice ella—. He utilizado una bola de lana para no quedarme embarazada.

—No es eso, Sentia… —Prisco agacha la cabeza—. Creo… que no voy a poder.

La mujer entiende. Está demasiado nervioso para conseguir una erección.

—Perdón, Aulo. Solo pretendía que te relajaras para que fueras a esa reunión más tranquilo.

—Lo sé, lo sé. Y te lo agradezco.

—Tranquilo. Todo va a ir bien, mi amor —asegura Sentia mientras lo ayuda a volver a ponerse la túnica y, por encima de esta, la toga púrpura.

Prisco besa de nuevo a su mujer. Primero en la frente, después en esa nariz respingona tan característica que tiene y finalmente en los labios. Acaricia su mejilla de piel tostada, algo más oscura de lo que suele gustar a los patricios romanos, pero que a él le encanta.

—Vuelvo en un rato.

Se despiden con un fuerte abrazo y Prisco sale de su casa recitando mentalmente las palabras que intentará transmitir al edil. Camina a través de la calzada que lo aleja de las viñas y lo acerca al núcleo del municipio. Avanza por las calles evitando la tabernae, aunque piensa que un buen trago no le iría nada mal. Esquiva a los mendigos, siendo lo más dificultoso evitar el olor que desprenden. Sabe que, si las negociaciones no van bien, probablemente acabe como ellos. Y a él no le importa tener que sobrevivir en tal lamentable estado, pero su esposa y su hija… No. No soportaría verlas así.

Finalmente, llega a la casa del edil, golpea la puerta y no tardan en abrirle.

—Tengo una reunión con el edil del pueblo —dice, intentando sonar lo más amable que puede.

El sirviente asiente y lo invita a entrar. Es guiado a través de la domus y atraviesa un imponente atrio. Siente la mirada inquisitoria de las estatuas de los antiguos gobernantes. Finalmente, llega al tablinum del hogar: el despacho del edil. Se adentra temeroso a la estancia. Dentro, Sexto Menenio Labeo, le espera sentado en una silla curul, presumiblemente de imitación para ensalzar su posición política, pero que aun así intimida a Prisco.

—¡Mi querido Prisco! —saluda el edil e invita al hombre a sentarse—. Yo mismo he probado tu buen vino. Exquisito, he de decir. Al menos antes de que tuvieras que deshacerte de tu magnífica prensa.

Prisco se inclina ligeramente antes de sentarse en el lugar que el edil le ha ofrecido. Sus tripas se remueven ante aquel ataque. Ya le habían advertido de que intentaría sacar a la luz sus debilidades para aprovecharlas.

—Fue una pena, edil —confirma Prisco—. Pero mantenerla costaba más denarios de los que conseguía por ese buen vino.

—Ay, el comercio… —El edil resopla. Disfruta más organizando fiestas que encargándose de las tareas comerciales—. Parece mentira que Roma sea tan próspera.

—Eso mismo es lo que pienso que dificulta el comercio —se atreve a intuir Prisco—. Ahora todos tienen la oportunidad de comerciar y nos perjudicamos unos a otros.

—Por eso tenemos que exportar y buscar compradores en otros lugares. —Prisco sabe lo que el edil quiere decir. Por eso está ahí—. Los dacios no son tan exquisitos. Compran cualquier vino. Seguro que te darán unas buenas monedas por el tuyo, aunque no haya sido fabricado por el prensado.

—Tal es mi deseo —dice Prisco—. Quiero formar parte de la misión comercial que viajará a Dacia.

—Y yo quiero que lo seas. Quiero lo mejor para todos los hombres de este municipio.

—¿Entonces podré ir? —pregunta Prisco entusiasmado. Participar en ese viaje asegurará su economía. Al menos un año más. Él no puede viajar solo a Dacia, no sin la escolta que lo proteja de los asaltantes y que no puede pagar.

—Bueno, ya sabes que hay unas condiciones que…

—Lo sé, lo sé —interrumpe Prisco—. Tengo todos los permisos. Me he encargado de ello.

—¿Y el pago necesario para participar? —pregunta Labeo arqueando una ceja. Sabe que Prisco no tiene los suficientes denarios para abordarlo.

—Lo haré cuando regrese. He hecho cálculos. Revisados por muchos de los sabios del municipio. Ganaré lo suficiente para pagar los impuestos una vez vuelva…

—Ay, Prisco, Prisco… —El edil se acaricia su propia barriga, prominente como la de casi todos los hombres de poder que no pasan hambre—. Pero no puedo permitirte participar si no cumples las condiciones. ¿Qué ejemplo daría yo?

—Pero, ¡necesito viajar! —suplica Prisco. No tiene otra alternativa para conseguir dinero. Ha pensado en otras opciones, pero sabe que no son viables.

—Podría darte permiso, sí, pero eso supondría hacer algo excepcional por ti. —Una sonrisa perniciosa comienza a dibujarse en el mofletudo rostro del edil—. Entonces, tú tendrías que hacer algo excepcional por mí.

—¡Lo que sea! —afirma Prisco, desesperado.

—Se comenta que tienes la esposa más bella del municipio… —A Prisco se le revuelven las tripas. Siente un calor repentino que le invade el cuerpo. Cree saber lo que Labeo va a decir. Ruega mentalmente a Júpiter que no sea lo que está pensando—. Una noche con ella a cambio de dejarte participar en la ruta comercial a Dacia sería algo apropiado.

Algo estalla dentro de Prisco. Siente una bola ardiente salir de su estómago y ascender por su garganta. Quiere vomitar. Se traga la angustia e intenta calmar su corazón, que se niega desbocado. Le duele el pecho solo de pensar en otro hombre disfrutando de su mujer. Pero, si lo piensa bien… No le espera un futuro mejor a Sentia si no consigue vender el vino. La ruina la obligaría a prostituirse. A acostarse con hombres mucho peores que el edil. También sabe que, si se niega, Labeo, despechado, hará todo lo posible para arruinarle la vida. Corazón y cabeza comienzan una batalla digna de los mismísimos dioses romanos. Siente la sangre bombardear sus sienes, incapaz de tomar una decisión.

—¿Qué me dices? —insiste el edil presionando a un confuso Prisco—. No tengo todo el día. Sois muchos los que queréis participar en este evento comercial. Y pocas las plazas libres. Dime, Prisco. ¿Qué decides?

Prisco se ahoga en un mar de dudas. No sabe qué decir. No sabe qué es lo mejor para su esposa. Solo será una noche… ¿Debería permitir al edil disfrutar de su esposa una sola noche para asegurar su supervivencia o debería negarse y condenarla a la pobreza absoluta y a la mendicidad?”

¡Votación finalizada! Puedes seguir leyendo el capítulo siguiente para ver si tu opinión coincide con la de la mayoría de los votantes. ¡Y no olvides votar en el último capítulo actual cuando llegues a él!

10 y 11 de JULIO – Descarga gratuita EN EL NOMBRE DE EVA

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Ya tardaba en hacer esto. Una de las tantas cosas maravillosas que tiene publicar con Kindle es que te permite poner tu libro de manera gratuita unos días limitados. Así he descubierto yo grandes autores y así he podido disfrutar de increíbles historias sin coste alguno. Y creo que es el momento de intentar devolver parte del cariño que he recibido por parte de esta iniciativa haciendo uso de ella y poniendo gratis a vuestra disposición la novela de “En el nombre de Eva“.

Se podrá adquirir gratis en la tienda Kindle de Amazon el martes 10 y el miércoles 11 de julio. Si teníais pensado echarle un ojo, es el momento. Y si ahora no tenéis tiempo pero pensáis disfrutarla en un futuro, aprovechad y descargarla aunque la dejéis aplazada en vuestra biblioteca Kindle, ya que así la tendréis ya guardada sin rascaros el bolsillo.

Deciros que el simple hecho de descargarla a mí me ayuda mucho. Al parecer, si estos días gratuitos la novela se mueve, Amazon entiende que es interesante y la tiene más en cuenta. Tecnicismos aparte y hablando desde el corazón, las descargas gratuitas de estos días a mí me suponen una tremenda alegría y me suben la moral. No hay nada peor para un escritor que el hecho de que los lectores no quieran tu novela ni gratis. Así que, por cada descarga en lo que dura esta promoción, ahí va un TREMENDO AGRADECIMIENTO por mi parte. De corazón.

Si os hacéis con ella, espero que la disfrutéis. Es una novela corta, ligera y directa que se lee en un par de horas, perfecta para llevar a la playa con el Kindle. Mientras el sol se encarga de broncear vuestra piel, espero que la historia os ayude también a coger color por dentro con la propuesta cívica de su metáfora. Me vengo arriba cada vez que alguien entiende el trasfondo y se da cuenta de que todos somos Eva.

Nada más por hoy. Muchas gracias por pasar por aquí como siempre, y otro puñado más de agradecimientos si hoy en concreto os pasáis por aquí.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon! Que, por cierto, si hoy os metéis a mi Instagram, podréis ver el booktrailer de la novela. ¡Abrazos!

 

 

PERDIENDO LA FE EN 3, 2, 1…

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Uno de los discursos que más me gustan de En el nombre de Eva, y que me hace perder la fe en la humanidad. Solo la gente que despedaza a los demás llega al poder. El que tiene la fuerza para deshacerse de toda la competencia a su paso. El que se impone y anula a los demás. Incluso a su hermano de partido, en eso que llaman democracias. A veces, hasta a la propia familia.

Y esos son los únicos que llegan a gobernar.
Nada más que decir.

¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

AUTOEDITAR ES DE HUMANOS

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Abordando Seda, de Alessandro Baricco, he llegado a una conclusión de esas que me encanta compartir en este rinconcito de comprensión y debate. Alrededor del ecuador de su extensión, he encontrado dos erratas. En la página 57, a Baldabiou le cambian el nombre; por ejemplo. En la 70, las puertas de la pajarera están cerradad. Esto ocurre en una cuadragésimo octava edición. De un best seller.

Y no pasa nada.

Esto no es una crítica ni un puntilloso castigo. Ni mucho menos. Todo lo contrario. Hasta en una novela leída por millones de personas, se cuela algún error. Y repito, no pasa absolutamente nada. ¿Ha hecho esto que disfrute menos de la lectura? Ni lo más mínimo.

Pero sí me sirve como advertencia para todos aquellos obsesos de la gramática que desprestigian la autoedición argumentando que los libros editados son simplemente nidos de erratas cuya única utilidad es la hoguera. Ese pensamiento, junto al de si no lo ha cogido una editorial es porque no vale, hacen de la autoedición un subterfugio literario que siempre tiene que llevar a cuestas un descrédito inmerecido.

Es cierto. Hay libros autoeditados que tienen más erratas que palabras. Pero para eso, Amazon, el Santo Grial de la autoedición, te permite leer un fragmento del libro gratuitamente. Me bastan unas pocas páginas para saber el acabado de la novela. Y, de paso, me sirve para saber si me engancha y me interesa el resto del libro. Todo un lujo. Los catálogos editoriales solo me ofrecen la portada y la sinopsis de sus publicaciones, por cierto.

Y sí. Hay mucha publicación de calidad y muy bien pulida en la autoedición. Por eso la seguiré defendiendo; ya conocéis mi historial. Errar es de humanos. Hasta a Anagrama se le ha pasado corregir esos errores cuarenta y ocho veces. Evidentemente, una falta de ortografía por línea sí me puede llegar a alterar la lectura, pero encontrarme con erratas puntuales para mí es insignificante. Hay muchos libros perfectamente escritos que me hacen boquear de hastío y hay otros tantos con algún que otro error esporádico que me han maravillado. Porque las ideas ingeniosas y el talento creativo no entienden de ortotipografía.

Y hasta aquí esta llamada a la comprensión y al sentido común. No lo digo por mí. Ni por nadie. Escribo por y para la coherencia. Hay mucha felicidad en la autoedición que tanto se desprestigia. Y ese estigma hace que muchas personas se pierdan grandes cosas.

Un saludo.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

¿MATARÍAS A UN HOMBRE INOCENTE POR EL BIEN COMÚN?

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Hoy no presento un personaje, sino cuatro, pero resulta que solo he encontrado una
imagen representativa en la que salen dos. Así es la aritmética del escuadrón de Reiby.

Tras las presentaciones de Roldey, Wilker y Reiby, hoy toca hablar de un nuevo personaje de En el nombre de Eva, con su correspondiente dilema moral. Un nuevo debate que, igual que los anteriores, me causa especial curiosidad saber de qué lado os posicionaríais en esa búsqueda equilibrada de ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

Aunque, más que un personaje, esta vez voy a hablar de un grupo. El que está formado por la autoritaria Cleita, la racional Faida, la tímida Pomi y la bella Efesa. Se trata de el grupo más fiel y cercano a la lideresa de la rebelión y es su escuadrón de confianza. La mano derecha de Reiby para sus misiones más sucias, aunque su jefa tampoco no es que las tenga muy limpias a la altura del argumento que sus compañeras hacen aparición.

Las misiones de este grupo son tan controvertidas como puede ser el asesinato de personas inocentes con el fin de evitar conflictos mayores. Mantener la estabilidad de muchos a cambio de segar la vida de unos pocos cuyo único delito es existir y estar en el lugar y momento equivocado. Las cuatro miembros de este grupo no son más que las distintas voces de un individuo que se encuentra en tal tesitura, debatiéndose entre la justicia, el deber, la razón y la humanidad. Y tú, ¿serías capaz de matar a alguien que no lo merece para evitar una guerra?

Ahí lo dejo.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

TE REGALO MI AFECTO #5

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El sábado fue el cumpleaños de mi pareja. Y yo, que ya sabéis que soy un novelero, no quise perder esta oportunidad de hacer un regalo personalizado. Ya me conocéis. Para mí, un pensamiento dedicado a una persona vale más que el más caro de los presentes.

Así pues, la personita que aguanta mis incesantes golpes al teclado y mis ausencias mentales pensando en argumentos para mis historias, se encontró una nota en el desayuno con la dirección (virtual) a un archivo de audio que venía a avisarle de que ella era culpable de algo. Y para saber de qué se trataba, tendría que ir encontrando pistas una tras otra.

Las pistas, esparcidas por toda la casa y por todo Alicante en forma de adhesivo esponjoso con forma de corazón, contenían un código que, de nuevo, introducidos en una página de Internet preparada para ello, devolvían un nuevo audio con instrucciones para encontrar el siguiente.

Así, búsqueda tras búsqueda, se llegaba a la última pista que resolvía el misterio diciendo que de lo único que era culpable era de crear recuerdos uno tras otro para hacerme la vida más amable y feliz. Todo eso, con su correspondiente regalo final de un álbum de fotos de Gorjuss (no entiendo qué tienen esos dibujos tan sobrevalorados) repleto de fotografías que, efectivamente, mostraban muchos de esos recuerdos que ella había sido culpable de causar.

Espero que os haya gustado esta iniciativa y que, si os apetece, podáis darle uso a vuestra manera. Yo siempre os animo a tirar de creatividad para crear regalos personalizados y, como veis, a pesar de que ya supero los treinta, espero no perder esta ilusión adolescente por hacer este tipo de tonterías jamás en la vida.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

RESURGE LA PLATA – Reseña

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Hacía tiempo que no publicaba una reseña, y en momentos así es cuando uno se da cuenta de la tremenda crueldad que es no tener mucho tiempo disponible. Más aún, cuando el exceso de trabajo y proyectos te obliga a retrasar una lectura tan excelente como es Resurge la plata, de Luis M. Núñez. Pero por fin he podido abordar en su totalidad esta magnífica historia y procedo a contar mis impresiones.

Es difícil reseñar esta obra intentando no desvelar nada de su predecesora, La sombra dorada, pues si bien se puede disfrutar de manera independiente a esta (cosa que valoro en las series, que cada capítulo tenga valor por sí mismo), el inicio de esta continuación está íntimamente ligado al final de su precuela.

Así, arriamos velas y comenzamos el relato cruzando el océano, a bordo de un navío en un inicio un tanto confuso con una escena que se irá ubicando en el argumento global más adelante. Mención especial a las partes del libro en las que se viaja sobre las aguas; muy frescas, tan bien relatadas que uno puede sentir la brisa marina con el pasar de las hojas.

En torno a ese viaje naval, se va desplegando una historia desde Nuevo Mundo, un nuevo continente colonizado, que se convierte para mí en el mejor regalo que nos ofrece esta historia. La organización de este continente ofrece un soplo de aire fresco al género, en casi todas los títulos similares basado en una estructura medieval repetida hasta la saciedad. El mal común al que un día debió enfrentarse la humanidad ha permitido una unión, obligada por la supervivencia, que permite una estructura casi comunista, un pequeño triunfo del bien común, y así es como socialmente y políticamente se recrea este Nuevo Mundo tan particular, que no puedo más que aplaudir y disfrutar por el ingenio creativo derrochado en él. Ya no a nivel social, sino biológico (pues no se sumaron los animales a esta colonización) y geográfico, se nos ofrece un mundo creado desde cero, por y para la ocasión, otorgando esa sensación de originalidad tan difícil de encontrar en el género de la fantasía. Bravo, Luis. Bravo.

Y al igual que con La sombra dorada, el argumento va creciendo cual bola de nieve y tejiéndose a sí mismo, ganando en expectación y grandeza. Las distintas tramas se van sucediendo, todas relacionadas entre sí, con ese estilo equilibrado que tanto me gusta exaltar de este autor. No faltan detalles, ingeniosos muchos de ellos, ofrecidos en tal perfecta medida que no llegan a abrumar. Luis sabe dosificar el relato, y lo hace de manera espléndida.  Si acaso, por poner un pero y como opinión personal, solo me faltó algo de intensidad en cierta trama de intrigas e intereses políticos.

Pero sin tiempo para respirar, en el tercio final de la historia, la bola de nieve argumental estalla y se convierte en una bola de fuego con un ritmo in crescendo que nos lleva a su apoteósico final. La batalla final, esperada desde el inicio de la historia, se desarrolla en base al gran talento que su autor tiene para describir estos combates masivos. Muchos escritores lo intentan y se pierden en la espesura de sus tropas, en la envergadura del enfrentamiento, pero Luis M. Núñez hace un relato tan limpio, tan claro y tan inmersivo que el fragor de la batalla se puede respirar en cada frase. Si otro aspecto puede ser característico de esta serie, es la grandiosa narración de sus batallas. En esta segunda entrega se echa de menos alguna más, pero la coherencia argumental en este caso obliga a lo que toca, esperado por otro lado desde el comienzo de la obra aumentando las ganas de que ocurra.

Y así se llega al final. Sin sensación de premura, ni con las fuerzas agotadas ante la lectura. En coherencia con el equilibrio global de la historia, el cierre de la última página es adecuado, perfecto, una caricia y un agradecimiento a la buena literatura por habernos sumergido en una de esas historias que uno se siente afortunado de haber encontrado, de esas cuya inversión temporal otorga buenos réditos de felicidad.

Esto es lo que queríamos tras la Batalla de las Planicies Ardientes. Justo esto, es lo que esperábamos como continuación de una primera obra que me pareció grandiosa y que me dio a conocer uno de mis autores favoritos. Esperaba una gran segunda parte. El listón estaba muy alto. Y las expectativas, han sido totalmente cumplidas.

¡Gracias por ofrecernos tu talento, Luis! ¿A qué esperáis para haceros con esta gran historia?

Un saludo a tod@s.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

MI SEGUNDO PARTO LITERARIO

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Recién publicada la novela “En el nombre de Eva“, vuelvo a disfrutar de ese mágico momento para todo autor que es tener por primera vez su obra en sus manos, su ilusión materializada en forma de papel entintado. Podría decirse que se trata de un sueño cumplido; pero no.

Las reglas del juego han cambiado. Ahora que publicar es (relativamente) fácil y que se puede conseguir con cierta seguridad solo con paciencia y (mucho) esfuerzo, el sueño de todo escritor ha pasado a ser que su libro no se quede en el olvido, viendo como el tiempo desintegra sus páginas, cruel metáfora de un corazón que se hace añicos al ver aquello que ama pasar por el mundo sin pena ni gloria. Ahora publicar ya no es el objetivo: es el punto de partida.

Sé que ahora empieza una nueva aventura. Pese a la alegría que me inunda el logro de tener esta historia en mis manos, ahora comienza todo. Y estoy seguro de que el éxito de “En el nombre de Eva” dependerá de mi capacidad de contagiar mi ilusión, entusiasmo y pasión por esta historia. Hasta ahora, habéis sido vosotros los que me habéis animado a seguir, los que me habéis dado fuerzas para no rendirme hasta llegar al punto final, los que con vuestros comentarios me habéis hecho amar este proyecto a lo largo de las entradas que le he dedicado.

Ahora es mi turno de demostraros en qué se ha tornado tanta energía revulsiva que he recibido. Lo que tengo en las manos en la fotografía no es un simple libro, es el reflejo de un sueño, de vuestra participación, de todo lo que este blog representa. Espero saber haceros llegar esta ilusión que me inunda, tengo fe en ello.

Gracias por todo. Seguimos en contacto.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

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