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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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REENBERG SE DESPIDE A LO GRATIS – Descarga “El sanador del tiempo”

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Conforme me acerco al final de la edición de Caótico neutral tengo más claro que se abre una nueva etapa para Jon Ícaro. De repente, todo empieza a cuadrar, a fluir, el trabajo se corresponde con los resultados y la ilusión se viste de satisfacción. Caótico neutral es un nivel más, es otra cosa. Es, por fin, una obra que pienso defender a muerte.

Uno sabe que está un escalón más arriba cuando mira atrás y tiene que agachar la cabeza para poder hablar con su pasado y poder decirle: amigo, qué bueno fue cruzarnos en esta vida, pero te estás haciendo viejo. Romero, romero, que salga lo viejo y entre lo nuevo, que diría una variante del sabio refrán.

Jamás renegaré de El sanador del tiempo, mi primera aventura literaria. Uno nunca se olvida con quién perdió la virginidad. Los latidos de felicidad que me ha regalado quedan para siempre en el recuerdo. Pero es hora de decirle: adiós, gracias por todo el aprendizaje que me has dado, por darme la oportunidad de conocer el mundo editorial, por los ángeles con forma de persona a los que he llegado a través de ti y por todos esos pequeños momentos que han hecho que mi vida sea un poquito más grande. La de sentimientos que caben en unas páginas.

No obstante, en un último reconocimiento y para alargar su función en mi vida literaria, recurro a esta obra una vez más antes de dejarla a la deriva del espacio-tiempo. Voy a ofrecer gratuitamente la versión digital del libro (en PDF y ePUB), que se puede descargar ya libremente desde la página Web, con un doble objetivo. Por un lado, celebrar su despedida aumentando la accesibilidad a la obra y que nadie que tenga interés en leerla se quede sin ella. Y por otro, servir de enlace para facilitar la salida del nuevo proyecto. Si alguien quiere, le apetece, lo considera justo y le gusta la historia y quiere que Jon Ícaro siga escribiendo, puede donar 1 euro a través de Paypal a cambio de la descarga que será invertido en la edición y publicación del nuevo proyecto Caótico Neutral. Así, una obra se abandona, pero su fin cobra sentido ayudando a florecer a una nueva. Ni que decir tiene la felicidad que le da a uno ese apoyo en ese trabajo tan vocacional (y a veces desesperante) que es editar y publicar un libro.

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Y  nada más por hoy, seguiremos hablando de esta renovación literaria.
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¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – Reseña

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La sed de clásicos del cine de ciencia ficción ha invadido mi biblioteca particular, así que sigo redimiéndome también a golpe de literatura. Y, de esa montaña de libros de los que uno se avergonzaría de decir que no ha leído, en esta ocasión me decidí a abordar el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Curioso el título de Philip K. Dick (normal que lo cambiaran por Blade runner tras su adaptación a la gran pantalla) para esta novela breve que, escrita en 1968, sigue siendo un referente en la ciencia ficción (y en la filosofía) actual. A estas alturas creo que no es necesario explicar el argumento de tan conocida obra, que gira en torno a Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que ha de retirar (eufemismo de aniquilar) a una serie de peligrosos androides defectuosos.

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La prosa no se anda con rodeos bajo ningún concepto, y para mí esa es una seña de identidad del texto. Sin ninguna intención de extenderse ni de explicaciones pesadas, Dick consigue una atmósfera y una inmersión exquisita. Como si cada palabra valiera oro y mediante el uso de limitados aspectos futuristas como coches voladores, cajas de empatía o tubos láser, se obtiene una ambientación exquisita a la par que se consigue una lectura amena y agradecida. Optimización literaria, que se diría, y que yo valoro mucho.

Este estilo tan escueto causa, por otro lado, una sensación de frialdad en la lectura ya que el dramatismo brilla por su ausencia. Ni los giros de guion ni las escenas más sentimentales muestran sentimentalismo alguno. En cuanto al aspecto sensacionalista, la narración es muy superficial. Tampoco se enmaraña en los aspectos más profundos como la duda del propio Deckard sobre si él mismo es un androide o el tormento de acabar con la existencia de seres con cualidades humanas. Las cosas suceden, y punto. Contrasta por ello con las profundas reflexiones a las que invita la aventura. Allá el lector con lo que quiera extraer de esta aventura.

¿Se podrá crear en un futuro androides de tan alta calidad que sea casi imposible diferenciarlos de un humano? ¿Cuál es el límite entre la vida biológica y la artificial? ¿Si se consigue replicar las conductas, los anhelos y las sensaciones humanas en un robot podría alcanzar el autómata la condición humana? ¿Destruir a una máquina que sueña y sufre y que desea seguir viva debería conllevar implicaciones éticas y legales? El planteamiento de esas cuestiones son las que han llevado a la obra a convertirse en leyenda, pero realmente el texto no las aborda en sí. La deja en el aire con tal suavidad que a veces pienso que toda la montaña filosófica a la que ha dado lugar ha surgido más por los obsesivos análisis posteriores de los lectores que como la verdadera intención del autor.

Sea como fuere, es agradable disfrutar de una novela ligera, plana en su argumento, pero que va dejando un regusto conforme se avanza en ella que hace que uno, en la medida que esté dispuesto a sumergirse y a ponerse en la piel de cada uno de sus personajes, pueda ponerse en situaciones que rayan el más puro existencialismo.

Siempre tiendo a pensar que las grandes obras de la literatura están sobrevaloradas. También creo que cuando fue escrita, en ningún momento se pensó la repercusión posterior que podría tener. En principio, casi podría cometer la herejía de incluir esta historia en ese tipo de lecturas que nombraba no hace mucho y que decía que eran de digestión rápida. Sin embargo, aquí sigo todavía con partes de ella en el paladar, rumiándola, y esa metáfora creo que es lo mejor que puedo utilizar para expresar mi experiencia con este clásico de entre los clásicos.

Nada más por hoy.
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STAR WARS La amenaza fantasma – Crítica

Sigo en modo cualquier tiempo pasado fue mejor y, a golpe de palomitas hechas con aceite y olla para acrecentar la nostalgia, me lanzo a por otra saga de ciencia ficción clásica: Star Wars. “La” saga, que dirían muchos. Vaya por delante que pienso que Star Wars es un universo sobrevalorado. No por su calidad, que es extraordinaria, sino por todo el fanatismo que le rodea y que hace que sus fieles defensores hinchen su valía.

Para enfrentarme a esta saga he decidido optar por el orden cronológico según los hechos. Es decir, que empiezo por el Episodio I: La amenaza fantasma, aunque se estrenara veintidós años después de la cinta con la que comenzó todo. En 1999, George Lucas decidió regalarnos una nueva trilogía de su conflicto galáctico, y para ello retrocedió en el tiempo a los hechos anteriores a La guerra de las galaxias de 1977.

He de decir que La amenaza fantasma fue la película con la que yo, siendo casi un adolescente, descubrí Star Wars. Y como bien es sabido que suelo impregnar mis críticas con mis vivencias, puede que esta querencia se deje notar en las próximas líneas. Desde ya aviso también que, sin meterme de lleno en su argumento, algún que otro spoiler caerá durante la crítica.

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La amenaza fantasma comienza con dos caballeros jedi enviados a negociar con la Federación de Comercio por su bloqueo económico al planeta Naboo. Allí se encuentran con que el único interés de la Federación en dialogar es a golpe de droide. Echo de menos algo más de política en esta parte. Cuando era un aspirante a adolescente, eso me importaba más bien poco, pero en esta ocasión siento que falta algo más de teoría sobre la Federación y la República, algo de riqueza al contexto de un mundo que pretende emular una jerarquía premedieval.

Es cierto que a estas alturas venimos de ver las secuelas y que ya somos expertos en el universo Star Wars, pero algo de politiqueo y de muestra de intereses de unos y otros le habría dado un punto de madurez a la historia. Tal como se exponen los hechos, pareciera que solo interesa decir que estos son los buenos y estos otros los malos.

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Y así las cosas, en la huida de los jedi ante la respuesta violenta a la negociación, con la reina de Naboo a cuestas para buscar auxilio en la República, una avería en la nave les obliga a detenerse en Tatooine, un planeta al margen de la leyDestaco aquí la estética del Nubian que les llevá al planeta, así como de los cazas estelares N-1. Me encantan las naves de esta película con ese aspecto puntiagudo. De hecho, la parte gráfica es sin duda uno de los aspectos clave de esta saga, con unos diseños de naves, ciudades y personajes en los límites de la creatividad humana (no quiero quedarme aquí sin nombrar el aspecto gráfico de la ciudad Gungan submarina). Ojo, que muchas películas han intentado copiar este desbordante diseño de color y formas pero ninguna ha alcanzado la popularidad de Star Wars.

Pero si volvemos al argumento, esta primera parte a mí me parece lenta y con poco aporte considerable. Ya sabéis lo que opino sobre los niños elegidos en general y en ese toque mágico que les convierte en héroes (o antihéroes) per se. Por eso, la estancia en Tatooine se me hace insulsa a pesar de su importancia en el resto de películas. Eso sí, para la memoria de toda la saga quedan esas espectaculares carreras de vainas, otra demostración creativa de por qué amo la ciencia ficción, por su capacidad de inventar esas escenas que nos hacen tocar con los ojos lo imposible.

Ya en Coruscant y frente al Senado, la reina Amidala de Naboo se encuentra con el muro de la corrupción. También hecho de menos aquí un recurso que podría haberse explotado con una gran riqueza argumental y que podría aportar giros creíbles e inesperados, pero se pasa demasiado por encima, se queda como una simple excusa, otro parche forzado, esta vez con el mensaje de señorita Amidala, tú te lo guisas y tú te lo comes.

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La reina vuelve a Naboo para enfrentar a la Federación y llegamos así a la parte final de la película donde todo cobra sentido. Star Wars es, ante todo, cine de acción, y aquí se justifica la falta de un desarrollo mayor de la trama y con creces. En la última parte de la cinta, aparece lo que será una tríada recurrente en toda la saga: batalla terrestre, batalla espacial y combate jedi.

En cuanto al enfrentamiento campal, los Gungan plantan cara a los droides de la Federación en una batalla con estrategia simple (los Gungan basan su defensa en el escudo de energía que una vez destruido, si te he visto no me  acuerdo), pero con un tremendo acabado visual y con un orden que permite seguir los acontecimentos con claridad, algo que ya quisieran muchas de las batallas a gran escala representadas en el cine.

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El combate espacial, en mi opinión, algo más flojo. Más allá de que los N-1 me tienen ganado por su simpleza estética, la batalla se decide por un golpe de suerte demasiado rebuscado. Un poco forzadas las actuaciones de Anakin, en mi opinión. Del personaje digo, no del actor. En conjunto, el reparto se comporta de manera magnífica, siempre digo que cuando un actor hace creíble una trama de ciencia ficción, no se le puede pedir más. Aunque en mi corazón siempre quedará el Qui-Gon de Liam Nisson.

Qui-Gon y Obi-Wan vs. Darth Maul - Star Wars

Y hablando del jedi, nos vamos a la lucha personal con su alter ego oscuro, el sith Darth Maul. A pesar del carisma generalizado de este personaje, Maul estaría en la parte baja de la tabla de mis personajes favoritos.

Aunque la primera vez que vi esta película me enamoré de los sables láser y sus movimientos, siendo una víctima más del encanto de las características armas jedi, en este visionado he encontrado las luchas algo forzadas. Muy ensayadas y preparadas, poco naturales. Tampoco ayuda el paso del tiempo, por supuesto. Es solo en el último embate entre Obi-Wan Kenobi y Darth Maul cuando me creo la confrontación, cuando la noto sincera.

Y así llegamos a los últimos minutos de una metraje que va ganando con el paso de los segundos, una película que comienza floja pero que remonta y acaba con buena nota. Deja con ganas de más, tanto por la apetencia de seguir disfrutando del universo Star Wars, como por la necesidad de degustar un argumento más elaborado.  Buena película, por lo tanto. Floja como historia individual pero buen inicio para una saga que, aún sin terminar, veremos si está a la altura de la conmoción social que ha causado históricamente.

¡Nos vemos las caras por @icaro_jon!

¡MI REGALO DE REYES!

Hoy vengo con una entrada muy familiar y que requiere de pocas palabras, pues el título lo dice todo. Os dejo con el momento de la apertura de mi regalo de reyes (también llamado unboxing, según la jerga moderna).

Si sois asiduos a mis reseñas, ya os podéis imaginar que el regalo ha sido un… ¡aciertazo! ¡Por fin tengo en mis manos “Resurge la plata“, la secuela de “La sombra dorada” de Luis M. Núñez, autor por el que siento gran devoción. Imaginad la tremenda ilusión que me causa encontrar su dedicatoria en una obra a la que tengo muchísimas ganas de hincarle el diente.

Muchísimas gracias al autor por su dedicatoria e implicación y al enlace que ha tenido esta gran idea de regalo, que no es otra que mi acaramelada pareja con la que tengo la suerte de compartir las páginas del mejor libro que escribiré nunca, que es el de mi vida.

Nada más por hoy.
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ALIENS 2, EL REGRESO – Crítica

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Hace unos días confesé el sacrilegio de un escritor que dice amar la ciencia ficción y que no había visto ninguna película de la saga Alien. Así que me puse con la primera de la serie (a la que dediqué esta crítica) y, tras una satisfactoria experiencia, me lancé a por la segunda entrega. Así pues, os muestro mi veredicto.

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En 1986, siete años después de la primera entrega de Alien, salió a la luz su secuela “Aliens, el regreso”. Esta vez bajo la batuta de James Cameron, ya me habían advertido del sustancial paso del terror a la acción. He de decir que me costó creerme  este aviso, pues la primera hora en la que los xenomorfos brillan por su ausencia se me hizo soporífera, insustancial y lenta.

En esta parte se le pide a Ripley que vuelva al planetoide LV-426 donde se ha perdido el contacto con una colonia humana, ya que al ser la única que ha tenido contacto directo con las amenazantes bestias que habitan en él, su experiencia puede ser muy valiosa para lo que allí puedan encontrarse. Tras haber sufrido una terrible pesadilla en la que casi pierde la vida en la primera película, Ripley acepta volver sin resistirse mucho. Claro que sí, adrenalina gratis. Y poco más puedo decir de esta primera mitad.

En la segunda parte el ritmo se invierte de manera drástica y la película se vuelve loca, sucediéndose las escenas de acción una detrás de otra sin dosificación medida. Existe un desequilibrio descomunal entre las dos partes del filme. Y aquí empiezan a perderse aspectos que brillaban en la primera entrega. Mientras que la primera película de Alien combinaba las escenas álgidas con el sosiego de manera efectiva, haciéndose esperar las escenas destacadas y consiguiendo que uno las recordara varios días después del visionado, aquí pasa todo tan rápido que es difícil guardar esos momentos míticos que se siguen degustando tras la aparición de los créditos.

Este ritmo impide a su vez disfrutar de los personajes, que se convierten en una amalgama de secundarios que no consiguen desarrollar personalidades propias, a excepción de Lance Henriksen como Bishop. Curioso que haya sido un androide el único que me haya parecido carismático. Mencionar también, si acaso, a Jenette Goldstein como la soldado Vásquez, aunque no sabría decir por qué. De Sigourney ya sabéis que no es santo de mi devoción y esta película no me hace cambiar de opinión.

En la parte final, he de reconocer que la cinta mejora. La idea de la madre Alien le da un punto de interés y frescura (aunque este recurso será utilizado infinitas veces en posteriores películas con alienígenas). Es en esta parte en la única que no tengo que hacer un esfuerzo por coger el mando y que disfruto sinceramente. Pero el final no justifica la totalidad del metraje en este caso.

Sé que muchos opinan de esta película que, junto a la primera (y así me lo habéis hecho saber en los comentarios), son las mejores de toda la saga. Sé que muchos estaréis deseando que sea devorado por un xenomorfo por hacer una crítica no tan positiva como seguramente se merezca esta película. También sé que se debe a que disfruto más de la ficción argumentada que de la acción pura y dura, y eso ha hecho mucha mella en mi opinión.

Llegados a este punto, no sé si continuar con la saga. El hecho de que Alien 3 se desarrolle en un lugar cerrado como es una prisión me anima, pues pienso que puede recuperar aspectos de la primera Alien. En su contra, la crítica general de esta tercera entrega no la pone en muy buen lugar. Dejaré hacer al azar. Intentaré conseguirla, pero si veo que no soy capaz de hacerme con ella debido a su antigüedad, pasaré a otra de las sagas clásicas de ciencia ficción que tengo pendientes. Solo diré respecto a esto que me quedé en el capítulo VII de Star Wars y el estreno de la última entrega me anima a retomarla.

Nada más por hoy.
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AGUA PARA NaNoWriMo

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Hoy vengo con un tema (o en su contra, mejor dicho) de esos que hacen que los escritores tengamos que alzar la copa y brindar por él si no queremos pasar a formar parte de la escoria del gremio: parece que para que una novela sea buena hay que dedicarle varios años a su redacción, mientras que si se escribe en unas semanas no es más que papel de hoguera. Pues hay novelas a las que su autor ha dedicado toda una vida y que para mí son Orfidal en vena y hay historias fugaces que me han llenado de sensaciones eternas.

Esta reflexión quería compartirla tras el reciente NanoWriMo (National Novel Writing Month). Este reto que se repite todos los noviembres invita a los escritores a escribir una novela en tan solo mes. No hay premio más allá del autoreconocimiento por el duro y frenético trabajo que conlleva cumplir con las cincuenta mil palabras en un mes. Pero es un canto a la creación liberada del yugo de la búsqueda de la perfección. Como bien reconocen los organizadores, acaba creándose mucha basura. Pero una pequeña parte de esa basura es deliciosa. Sirva como ejemplo el bestseller Agua para elefantes de Sara Gruen, del cual hay recreación cinemática.

Esto no hace que esté tirando por el suelo el elaborado trabajo de una novela bien documentada y meticulosamente cuidada, que aquí un servidor tuvo a Santiago Posteguillo un tiempo en su Top3. Valoro la búsqueda de la excelencia y sé que, llegar a las últimas líneas de una novela de esas que hacen que se doble tu espalda si las llevas en la mochila, crea una sensación de orgullo inigualable y un regusto incapaz de ser conseguido si no es con artes lentas y profundas.

También sé que es más probable crear una obra maestra cuanto mayor es la dedicación en su escritura, pero no por ello pienso que se deba eliminar de un plumazo las novelas que se crean del tirón. Tienen su función y su lugar. Muchos las utilizan como descanso entre historias más densas. A mí, de hecho, me anima más empezar con una novela ágil y dinámica que con otras de pronósticos más duros, y me cuesta menos acabarlas. Me rindo a la pecaminosa ligereza de la diversión pura y rápida.

En definitiva, lo que vengo a reivindicar es la adecuación de las cosas. La eliminación de los términos absolutos. Si lo extrapoláramos a todos los aspectos de la vida, nos iría mejor como sociedad. Ni creo que el asiduo lector de novelas de menos del centenar de páginas sea mal lector ni que un analista del Quijote sea una mejor referencia literaria. Lejos de buscar aspectos técnicos, siempre pregunto a las personas qué han sentido al abordar un libro. Ese es mi criterio referencial. Bajo ese prisma, el mundo literario se homogeiniza. Pienso, además, que no deberíamos aferrarnos a un criterio purista si no queremos ver como la tendencia a la lectura continúa decayendo por los siglos de los siglos, sobre todo en los lectores más noveles.

Nada más por hoy.
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FELICES FUTURAS NAVIDADES

25 de diciembre de 2068. Las familias se sientan alrededor de unas mesas que proyectan nostálgicos recuerdos. La aplicación The best memories para iTable aprovecha estas fechas emotivas para aumentar sus descargas y muchas personas disfrutan de este programa que, tras una biometría ocular, transforma la memoria humana en imágenes holográficas. La última actualización permite añadir sonidos a las imágenes y las lágrimas caen recordando la voz de esos abuelos que ya no están en la cena navideña.

En los platos, la comida se muestra en cantidades pequeñas. No por su escasez, pues las últimas celdas hidropónicas en las que se cultivan los vegetales han aumentado la producción. Estos elementos tecnológicos son capaces de reconfigurar los átomos de los fertilizantes proporcionando la cantidad exacta requerida de cada uno de ellos tras realizar un análisis exhaustivo por segundo de la planta a la que albergan. No. La disminución de las raciones se debe a un concienciamiento global. Desde hace cinco años, la gente antepone su salud a los placeres gastronómicos.

Tampoco se observa proteína animal en las escasas recetas. A pesar de los avances en la carne sintética, no han sido los avances científicos los que provocaron la crisis y posterior caída de la industria cárnica. Fue algo tan humano como la empatía animal lo que instaló en la sociedad el pensamiento de que el sufrimiento ajeno no es un buen ingrediente en la cocina.

Lo que también brilla por su ausencia en la estampa familiar es la hipocresía. El neocristianismo ha dejado de celebrar la humildad con capitalismo (algunos dicen que este cambio les ha salvado de su propia autodestrucción) y, en lugar de aumentar los gastos en estas fechas como en el pasado, los fieles muestran su religiosidad disminuyendo las compras durante dos semanas y enviando los ahorros derivados de esta costumbre a fines benéficos. La empresa más beneficiada de estas donaciones, dicen, es Cereals at home, una organización que envía kits de cultivo a las familias más desfavorecidas. Sus productos contienen todo lo necesario para realizar una plantación a pequeña escala capaz de alimentar a toda una familia durante un año. Aseguran que su formulación puede hacer crecer cultivo de regadío incluso en el mismo desierto. Quien pasa hambre, es porque quiere, dice su eslogan.

Lo que sí hay alrededor de la mesa es envidia y celos. Las nuevas redes sociales, haciendo apología acrecentada del postureo, han encontrado la forma de magnificar los logros propios mediante modificaciones personalizadas de las publicaciones en función de la cuenta que visualiza la entrada. InstaGrammy, por ejemplo, hace que una grabación musical simple y casera parezca merecedora de premios internacionales. En cuanto a los sistemas de mensajería, han encontrado la manera de proteger la información de tal manera que ya no son una de las principales causas de ruptura en las parejas como habían llegado a serlo casi a mitad de siglo. Ese exceso de confianza ha promovido más infidelidades. Y los padres, que no terminan de hacerse con las nuevas tecnologías, cada vez se ven más distanciados de sus hijos.

Ah, a veces pienso que los avances tecnológicos solo sirven para amplificar nuestras virtudes y nuestros defectos. Es tan triste seguir viendo que la gente continúa sin depurar todo aquello que pone tras los megáfonos de la tecnología…

 

Y esta es mi forma de desearos unas Felices Fiestas. No esperéis a que las cosas mejoren en un futuro. El avance del tiempo nos traerá nuevas posibilidades, pero lo que de verdad nos traerá la felicidad es el uso que hagamos de ello. Y el proceso de ser mejores siempre empieza hoy, ahora. No hace falta esperar al futuro, ni siquiera a que un 25 de diciembre nos digan que tenemos que ensalzar nuestro espíritu navideño… Nuestro futuro se construye hoy, lo que seremos dentro de diez segundos o cien años depende de lo que hacemos en este preciso instante. Hagamos un futuro más humano. ¡Feliz Navidad!

P.D.: y de paso, utilizo este pequeño relato para mostraros lo que Jon Ícaro os traerá después de navidades. Se avecina una etapa muy cargada de ciencia ficción. ¡Teng una ilusión tremenda por enseñar cosas nuevas!

 

CORRECCIÓN EN LA PALMA DE TU MANO

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“Ola, ké ase. Oy bengo a havlar de escrivir vien”. Muchos me preguntáis cómo hago la corrección ortotipográfica y de estilo de mis libros, y esa duda generalizada junto al amor que le tengo a mi corrector favorito ha hecho que me lance a escribir esta entrada. Sabéis que soy un defensor a ultranza de la autoedición. Reconozco que una de las cosas que genera poca confianza en ese formato es esa falta de criba que permite que se publique algo que bien puede tener más faltas de ortografía que palabras… Bien, espero con esta publicación aportar mi granito de arena al respecto.

No voy a hacer un análisis sobre los mejores correctores ortotipográficos existentes porque para mí, y pese a parecer un comercial con estas palabras, solo hay uno fiable y al que declararle amor eterno como escritor: el corrector de MyStilus. Su calidad y alcance es impresionante, y más allá de encontrar errores gramaticales (incluso de avisar de barbarismos, galicismos y todo tipo de palabras que deberían ir en cursiva), valora recursos de estilo como frases demasiado largas, palabras repetidas en corto espacio de tiempo, errores de espaciado, sugerencias adoptadas recientemente por la RAE, fallos de concordancia… Es decir, no solo te va a decir si una palabra está mal escrita, sino que te va a dar consejos literarios muy valiosos que mediante su uso repetido te van a convertir en mejor escritor.

La parte negativa… que es de pago. Incluso para probarlo tienes que registrarte (antes no era así). Con el registro tienes una corrección limitada (muy escaso si eres escritor asiduo), y después tienes tarifas que en mi opinión no son baratas y que pueden ser incluso insuficientes si eres un picateclas empedernido como yo. Otra alternativa gratuita que llama mi atención es LanguageTool, pero está infinitamente lejos de Mystilus. Con decir que no reconoce las palabras modificadas con prefijos o sufijos…

¿Y por qué no el corrector de Word? Sinceramente… no podría valorarlo. Hay dos cosas que me han hecho descartarlo tantas veces que ni siquiera le he dado una oportunidad. La primera es mi versión anticuada de Word, que dejaría fuera muchas normas nuevas de la RAE. La segunda, que siempre ha sido duramente criticado por su simpleza. No sé si alcanza todos los aspectos que he nombrado que aborda MyStilus. Os invito aquí a que actualicéis mis prejuicios respecto a este clásico, que me comentéis vuestra experiencia con él y me digáis cómo ha ido envejeciendo.

De la misma manera, también os invito a que comentéis cuál es vuestro corrector de prescripción. ¿Cuál usáis? ¿Cómo os va? Siempre he creído en el poder colectivo de la autoedición, creo que librarse del yugo editorial nos hace más cooperativos y menos competitivos. Espero vuestras opiniones, a ver si más adelante me veo obligado a corregir este artículo y le puede ser útil a más escritores.

Un saludo.
¡Que tengáis un estiloso día!

CAÍDA Y ALZAMIENTO DE Jon Ícaro

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Ando en horas bajas. Hablo con la voz de Jon Ícaro, seudónimo que Juanjo tiene algo olvidado últimamente. Lo habréis notado en la ausencia alargada por el blog, en la demora de las respuestas, incluso en la caída de la Web que ya lleva unos días sin estar operativa. Tampoco voy a hacer sangre de la persona que se esconde tras este sobrenombre, pues este olvido se debe a prioridades laborales (que por suerte, también tienen que ver con la escritura).

Os cuento.
Para empezar, en estos momentos se está debatiendo descatalogar El sanador del tiempo. La trilogía unificada que dio vida y sentido al nombre de Jon Ícaro (y a la que tanta felicidad y momentos emotivos que perdurarán siempre en la memoria se le debe), con casi toda seguridad no será continuada. Con esta decisión, la falta de un final álgido se hace más evidente y la necesidad de darle mayor consistencia al argumento y a los cabos sueltos en entregas posteriores se hace notable. Todo ello, unido al aprendizaje que gracias a la novela se ha obtenido, hace que la autoexigencia obligue a subir el nivel y a dejar esta historia en el panteón que merece, para poder subir un peldaño más.

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El corazón del aedo, conjunto de poemas y relatos cortos que mezclan romance e historia y que se publicó a través de Ediciones B, también será abandonado, al menos en cuanto a esfuerzo promocional se refiere. La experiencia editorial no anima a seguir invirtiendo tiempo y medios en esta obra.

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Y en cuanto al último proyecto, Love Rally, hay sensaciones contradictorias. Por un lado, el disfrute a la hora de escribirlo ha sido máximo y la participación de los lectores cero en directo ha sido maravillosa. La experiencia, inmejorable. Pero una vez escrito, en las revisiones posteriores para ponerla a punto, no puedo evitar pensar que le falta algo. Creo que como entretenimiento para leer en dos o tres horas, sin muchas pretensiones, sus 200 páginas pueden servir. Si no se busca la excelencia, si solo se desea una lectura amena para disfrutarla, me parece una buena historia con tintes de cuento y moraleja final. Pero mi autoexigencia me obliga a algo más. Entonces, ahora mismo se está debatiendo si sacarla en una línea “Light Ícaro” que comprenda este tipo de lecturas o prescindir directamente de ella. Si alguien quiere echarle un vistazo, que me lo diga en los comentarios o a través del correo jonicaroescritor@gmail.com y se la envío gratuitamente, a ver si con su opinión me ayuda a decantarme por una u otra opción.

Y ante tal panorama, ¿qué queda de Jon Ícaro?
Pues muchas ganas de seguir tecleando y plasmando ideas en forma de historias. Lo que sí tengo claro es que todo girará en torno a la ciencia ficción y la fantasía (puede que incluso mezclando estos dos mundos), pues son los géneros que me mantienen tecleando hasta altas horas de la madrugada sintiéndome incapaz de apagar mi mente y pensando que dormir es una cosa prescindible en esta vida.

Os mentiría si dijera que no sé muy bien por dónde van a ir los tiros y que no tengo algo esbozado. Lo que sí sé es que tiene que ser algo ambicioso, que me desgaste por dentro, que me obligue a darlo todo para que una vez concluido, sienta ese fuego por dentro que no me deje a medio gas, que me obligue a querer mostrárselo a todo el mundo con toda la energía que pueda invertir en el proceso de representarlo. Pero todo esto ya es cosa del futuro, y esta entrada era para hablar de lo que dejamos en el pasado. Así que, aquí termina toda esta parrafada que, por cierto, necesitaba soltar.

Pronto, más cosas, y puede que con Web renovada para esta nueva etapa que empieza YA.
¡Que paséis un buen fin de semana!

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