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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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CORRER CON SENTIDO#2

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Hace justo tres meses, desde aquel palizón para despedir a mi tía, que dije que no volvería a correr si no era con sentido. Y vaya si he cumplido mi palabra. Porque lo que se dice correr… no he corrido.

Así que, entre la necesidad y la pasión, ayer decidí que era el momento de revertir la tendencia. Me propuse un reto adecuado a mi pasividad, unos 10 km (sí, sé que es poco, que es lo que utilizaba para un simple entreno básico estando en buena forma física), que en mi actual estado físico ya es todo un hito. Al final fueron 12 km, pero en esto de correr con sentido, los números son lo de menos.

Me propuse como objetivo la Universidad de Alicante, donde me licencié en Biología y donde invertí 6 años (y pico) de mi vida. Dicen que la etapa universitaria es la mejor en la vida de una persona. Yo no diría tanto, pero sí que es cierto  que aproveché la carrera para sumergirme en los recuerdos de aquellos maravillosos años, para dejar que el paso por aquellos edificios me diera un baño de nostalgia. Así pues, corrí con la intención de volver mentalmente a aquella etapa de mi vida.

Y recordé los malditos exámenes. En serio, aún tengo pesadillas con ellos. Aún hay días que en mis sueños no me da tiempo a completar preguntas que no me sé porque no me las he estudiado. Hoy en día, como profesor, aún los sufro cuando mis alumnos se enfrentan a ellos. Y los sufro también porque pienso que los exámenes deberían estar fuera de un sistema educativo eficiente, su único objetivo es calificar a las personas en función de cuánto tiempo son capaces de someterse a las ordenanzas de un superior.

Recordé también los jueves de barrio, de acabar la noche en el puerto y de quedarse a dormir en un piso de estudiantes. Todo un pack que era un mundo en sí, sobre todo para un chaval introvertido que la fiesta nunca ha sido su principal motivación.

Recordé las tardes interminables de prácticas y el odioso autobús. Como venía de un pueblo de la Vega Baja, a menudo cogía el autobús a las 6:45 de la madrugada y llegaba a mi casa a las 21:30 de la noche. Así, varios días seguidos. Dormía 3 horas para tener algo de vida fuera de los estudios. Es la etapa de mi vida de mayor agotamiento. Los trabajos para mañana, estudiar exámenes el día anterior…

Recordé también mi vida post-adolescente, yo aún sumergido en plena adolescencia. Mis historias como un chaval aún con fe ciega en el romanticismo frente a mujeres ya escaldadas de fracasos amorosos fantasiosos. El choque de trenes de una mentalidad quinceañera contra mentes que ya cosían la palabra amor con la dirección acabar estudios->trabajo estable->casarme. Aún a día de hoy, pienso que la vida es enfrentar este caos llamado existencia con las balas que tienes para el día. Que programar el futuro no sirve más que para olvidarte de disfrutar el presente y que, oye, ¡la felicidad está fuera de la zona de confort!

Recordé también las amistades, inquebrantables, y todos los tipos de personajes que llegué a conocer. Sinceramente, es aquí y solo aquí donde la palabra universidad coge su verdadero sentido, porque te encuentras con personas increíblemente peculiares. Y confirmo, no hay nada más enriquecedor que las diferencias bien compartidas y entendidas.

De la parte física no hay mucho que decir más allá del típico cansancio tras un largo período de inactividad. 12km sufridos, más aún por el calor de esta primavera adelantada, con demasiada pausa. Porque por mucho que pensara “dale duro, que estudiar era más sufrido y aprovar un examen más difícil que seguir corriendo un poco más“, el cuerpo no daba para más. Agradecer, si acaso, que no apareciera ningún dolor muscular o articular más allá de una rodilla izquierda a la que le gusta llamar la atención.

Así que hasta aquí el “Correr con sentido” de hoy. Pronto, otra crónica de una carrera con sentido, que vendrá con muchísimo amor. Espero que no vuelva a ser dentro de tres meses.

¡Un abrazo con sentido!

YA ESTOY HACIENDO LO QUE QUIERO HACER

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Cada vez estoy más convencido de que la felicidad es más cuestión de ilusión que de recompensa. El corazón responde mejor a lo que haces para obtener cosas que al hecho de obtenerlas en sí. La satisfacción suelta amarras cuando te acercas a un objetivo y se evapora cuando cruzas la meta.

¿A qué viene esta reflexión? ¿Qué golpe te has dado hoy en la cabeza, Jon, para hablar así? Bueno, hace unos días recibí una valoración editorial positiva, de la que hablaré más adelante (esta vez seré más cauto, para que no me estalle la emoción en las narices de nuevo). Al comentarlo con mi familia y tras la orgullosa felicitación maternal, mi madre decía “ojalá tuviera más dinero para apoyarte en lo que quieres hacer“. Se refería, con esa entrega que solo las madres tienen, a mi sueño de vivir de escribir.

Sí. Es cierto. Poder invertir dinero en algo te da más recursos para conseguir resultados, y en este caso, me liberaría de tener que ganarme el pan por otro lado pudiendo dedicarle más tiempo a la escritura. Pero de aquella frase me quedo con la reacción inmediata de mi instinto, de mi corazón, que cambiando su ritmo cardíaco, como si me hablara en Morse, me decía “tú ya estás haciendo lo que quieres hacer“.

Y es cierto, tengo el jodido privilegio de estar viviendo mi sueño. Es verdad que ya me gustaría dedicarle las 8 horas diarias que toda profesión requiere para salir adelante y tener más medios a mi alcance que explotar. Es cierto que hay mucho más por hacer, por profundizar… Pero no veo de qué manera todo eso me va a hacer más feliz. La emoción de pelear en este mundo ya la tengo. Ese chispazo inicial que revoluciona cuerpo y mente ya lo siento cada día.

Y, apuntando ahora a la frase que abre la entrada, eso es lo importante. Ese fuego cardíaco que sientes cuando quieres conseguir algo. Ese sentimiento está al principio y, por el bien de la felicidad propia, tiene que mantenerse hasta el final. Eso no cambia por mucho que cambie tu sueño. Porque si lo hace, ya no es tu sueño, y puede que un día te encuentres consiguiendo lo que esperabas, pero sin hacer lo que un día pensaste que querías hacer.

Gracias por soportar otro de mis arrebatos de ilusión.
Me despediría diciendo que seais felices, pero tras esta reflexión, mejor diré: sed ilusivos.

Un fuerte abrazo.

COMERCIO HUMANO

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Os dejo deleitaros antes de empezar con unas palabras de Carlos Ruiz Zafón, y las uso como prólogo a la entrada de hoy:

“Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”

Y es que siento que desde este palacio en el que escribo y desde la copa de oro en la que bebo, haber publicado El sanador del tiempo, mi primera novela, me ha cambiado. Es broma, por supuesto. Lo de que amaso pasta, lo de que he cambiado no. No es lo mismo escribir por pasión que monetizar lo que escribes, aunque por fortuna, creo que es imposible conseguir lo segundo sin lo primero.

Antes de publicar me dejaba llevar por el tecleo incesante, por el hecho de escribir hasta las tantas de la madrugada por el simple placer que siente mi cuerpo al hacerlo. Ahora, sé que tener tus sueños hechos papel en tus manos solo es el principio, y que conseguir una oportunidad (ya no digo aprovecharla, solo digo tenerla) lleva mucho trabajo.

Mucho trabajo. Esa es la clave. Porque dedico más tiempo a la parte del escritor que no se trata de escribir que a la de escribir en sí. Trabajo no remunerado. Y aunque palos a gusto no duelen, no dejan de ser palos. Por eso comparto como poesía previa a la entrada un poema sobre los fenicios, los maestros del comercio antiguo. Ellos bien saben de la necesidad de monetizar algo y de dedicar la vida a ello.

Pero me quedo con la metáfora final del poema. La que dice que hay cosas que están más allá del dinero. Y en mi caso, una de esas cosas es seguir tecleando hasta altas horas de la madrugada. Ni la comercialización del gremio, ni la falta de él, me van a cambiar. Al menos más allá de la madurez y del aprendizaje. Sí, es cierto, como escritor no soy el mismo, sé que hay cosas que son necesarias hacer, sé que ser escritor es más que escribir. Pero en cuanto a dejarse el alma en cada letra y disfrutar de ello, veo muy difícil dejar de ser yo mismo. Si no me gustara escribir, ¿de qué os estaría dando la chapa tan a menudo por aquí enrollándome con entradas como esta?

Un abrazo. Notad bien fuerte el apretón literario aquellos que compartáis conmigo la pasión por las letras.

EL DÍA QUE CONOCÍ A NORAH CARTER

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Siempre digo que lo mejor de haber entrado en el mundo literario con El sanador del tiempo no son las ventas (aunque por supuesto esa confianza a modo de depósito económico hace que estalle mi corazón de felicidad con cada unidad vendida), sino las situaciones que me hace vivir y que no habría vivido de no haber empezado esta aventura.

Una de ellas es haber conocido fugazmente a Norah Carter, escritora con enorme éxito en Amazon. Fue un cúmulo de casualidades lo que me hizo tener la suerte de poder tener una conversación con ella. Y bendita conversación, que en lo que viene siendo un soplido de magia, me animó y me recargó las pilas al instante.

Por lo que pude ver, Norah Carter es un cielo de persona. Lejos del típico perfil de escritor con éxito que trata a sus homónimos profesionales con desdén, superioridad y con cierto temor por la competencia (irrisoria, pero al fin y al cabo competencia) que podrían llegar a causarle los escritores noveles, Norah derramó simpatía, ilusión y ánimos. Por supuesto, me comentó los pormenores de la profesión (el éxito siempre atrae a los carroñeros), pero en ningún momentó dejo de animarme, me contagió de ilusión y espíritu luchador (sin ir más lejos, adquirió mi libro con la intención de echarle un ojo).

Ahora Norah Carter, junto a unas compañeras de trabajo, ha abierto una editorial llamada Dolce Books en la que espera vertir toda su experiencia y conocimiento relativo al éxito literario para que los escritores que trabajen con ella tengan una oportunidad de disfrutar de esta pasión que es escribir. Les deseo el mayor de los éxitos, de corazón.

Conclusión: hasta en este mundo tan difícil, hay gente que brilla por su corazón.

¡Un saludo a todos! ¡Vuelvo a estar por aquí con más frecuencia!

EXAGERACIONES EXAGERADAS

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Anoche me tocó zamparme un tuit con patatas. Rara vez veo yo la televisión, y más rara vez tuiteo sobre algún programa, pero Chester in Love me parecía una propuesta sincera, atrevida y bien estructurada que merecía un elogio digital. ¿Qué opináis vosotros del programa? Así pues, lanzo mi muestra de aprecio al programa de Risto Mejide, cuando recibo una respuesta que viene a decir que cómo me puede gustar un programa que lleva a pederastas confesos.

Se refería a la entrevista a Fernando Sánchez Dragó. Me pongo colorado y rectifico poniendo a mi ignorancia por delante, pero al momento me pongo a buscar sobre el tema, extrañado de tal acusación a un escritor de tanto éxito. La noticia la encuentro principalmente en páginas de poca repercusión, poca cosa en Webs de periodismo de renombre. La popularidad no otorga la verdad (mucho menos cuando está distorsionada por patrocinadores), pero es un dato.

En su defensa, el escritor dice que cuando escribió sobre tal asunto, lo hizo con la transformación que permite la literatura. Vamos, que se lo había inventado. Yo, en mi pensamiento crítico, imagino que es verdad que es mentira (toma antagonismo), porque de ser cierto, valdría como prueba judicial, como confesión. Imagino que exageró bastante al escribir la anécdota. Pero no lo sé, sólo es una opinión totalmente subjetiva. Además, la actitud prepotente que muestra en el programa, me hace pensar que es más lo que dice que es que lo que hace.

¿A dónde quiero llegar? A ningún lugar. Es algo que me hizo pensar y sobre lo que me apetecía escribir y sobre lo que espero recibir vuestras opiniones o información al respecto. Os dejo ahora el turno de palabra.

Nos seguimos viendo por aquí. Un abrazo.

P. D.: a los que vayáis a adquirir El sanador del tiempo, recomiendo hacerlo esta semana. En un par de semanas comenzará la campaña publicitaria y las presentaciones, y seguramente suba un par de euritos el precio para compensar los gastos de todo el pitote.

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TE REGALO MI AFECTO #3

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Los que ya me conocéis sabéis lo que me encantan los regalos personalizados. Los que no, estáis a punto de descubrirlo, junto a una parte friki de mí que procedo a compartir en el blog.

Me estoy adentrando en el amplio y gratificante mundo de los juegos de mesa. Un juego al que últimamente andamos enganchados mi novia y yo es el “Aventureros al tren”, un juego que consiste en crear rutas de tren. Bien, pues éste fue el pretexto para realizar mi regalo personalizado esta vez.

Para empezar, compré y envolví un trenecito comprado en un bazar para la broma “¿no era éste el juego de tren que querías?”. Pero dentro había un sobrecito (que no vio y que me hizo quedar por unos instantes como el regalador más cutre del Universo). El sobrecito llevaba una tarjeta. En el juego hay unas tarjetas que indican la ruta que tienes que completar. Esta tarjeta era una “copia” de ese tipo de cartas, en el que la ruta a completar salía de su corazón y llegaba al mío. Una forma de simbolizar que el destino ganador es el que une nuestros caminos.

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Por supuesto, el puntaje de esa ruta, es infinito. Esta vez hice la tarjeta a mano porque soy de los que piensan que la manufacturación tiene un componente romántico insustituible. Se podía haber cogido una imagen de la tarjeta y modificarla con Photoshop.

En fin, ya sabéis, me encantan esos regalos que sólo tienen sentido entre regalador y regalado. Si sois de este club, os invito a que compartáis vuestras ideas.

¡Feliz día de Reyes!

CORRER CON SENTIDO#1

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Ya sabéis que a veces me gusta poner la versión personal del blog en modo ON, me encanta conoceros a través de los comentarios tanto o más que dejar fuera a mi alter-ego Jon Ícaro y mostraros pedacitos de la persona que hay tras él. Así pues, poneos cómodos, que estáis invitados a este café emocional en una entrada un poco más íntima de lo normal.

Esta historia empieza como muchas otras: muchacho regordete se pone a correr para ponerse en forma. Y lo consigue. 15 kilos menos en cerca de dos meses. Esa fue mi primera “medalla” como corredor.

Después, a seguir corriendo para mantenerse en forma. Pero aparece el archienemigo de estas historias: la pereza. Entonces procedo a hacer uso del gusanillo de las carreras populares para acabar con la rutina. De 10K en 10K, recuerdo mi momento de mayor ilusión tras acabar la Media Maratón de Orihuela. Mi segunda “medalla” emocional.

A partir de ahí, idas y venidas. Semanas de continuidad con parones indefinidos. Ya sólo me queman las piernas cuando corro, me falta ese ardor en el corazón. Y es entonces cuando decido que hay que correr, pero con sentido. Me propongo a fabricarme retos que me motiven y que tengan un alto contenido emocional.

El primero de ellos, ayer. Hace poco comenté en el blog la pérdida de mi madrina. Mi primer reto sería entonces correr desde su casa (lugar en el que la conocí) hasta el lugar en el que la despedimos. De Elche a San Isidro. 22 km. Demasiado para mi forma actual.

No estaba preparado físicamente. Pero de eso se trataba. 22km de quemar la pena, de sudar la tristeza para deshacerme de ella en el camino y dejarla allí, fuera de mí, para siempre. Dos horas y pico de la “soledad del runner” para recordar momentos, para dialogar con mi alma y buscar la paz.

Finalmente, reto conseguido. Con el sufrimiento esperado y necesario, pero conseguido. Sin estar preparado, porque la vida va de eso. La vida nos pone a menudo ante situaciones inesperadas para las que no estamos preparados. Y no nos queda otra opción que enfrentarlas, como siempre, dando un paso más. Un paso más, sin rendirse. Uno no puede quedarse quieto ante las adversidades. Ayer iba de eso. De dejar salir la pena, de dejar entrar la resiliencia.

Por supuesto, habrá retos superiores que iré compartiendo. Esto es sólo un principio.
Os animo a que gestionéis la pena a vuestra manera. Pero no dejad que os cale los huesos. ¡Un abrazo enorme!

VALOR VS VALORACIÓN

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El dinero no da la felicidad. La felicidad no está en lo material. Y demás tópicos, ciertos solamente en la medida que uno abre el corazón.

Cuando digo lo que gano con cada libro que vendo, un euro frente a los seis y medio que se lleva la editora, la gente se sorprende, me pregunta si de verdad vale la pena tanto esfuerzo para una renta tan pequeña. Lo vale. Sin duda. Si no, no seguiría golpeando teclas como un poseso cada noche, no pondría todo mi empeño en contar una historia original, entretenida, barnizada y empaquetada bajo la bandera de la responsabilidad y la profesionalidad. La recompensa no es ese euro, es la oportunidad que me da cada uno de los lectores que adquiere el ejemplar, es la suerte de compartir los pensamientos ficticios que atormentan mi cabeza y que me encanta plasmar en el papel, es la autorrealización de dedicar el limitado tiempo de vida que tenemos a algo que me apasiona. Sí, vale la pena. Quizá no sea la mentalidad más apropiada para un mundo cada vez más capitalizado, pero mientras a mí me siga estallando el corazón con las pequeñas cosas, creo y sé que estoy mirando de verdad a la cara a la vida.

Un saludo, y arriba la sensibilidad.

LA ESPADA DEL DESTINO y EL ÚLTIMO DESEO – Crítica literaria

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LUNES DE CRÍTICA LITERARIA

En más de una entrada del blog he nombrado a Andrzej Sapkowski como mi escritor favorito y, ahora que ya no puedo soportar más el ardor en los dedos, ha llegado la hora de dedicarle una crítica literaria.

La manera lógica de hacer una primera crítica sobre el polaco es hacerlo sobre su saga maestra, la del brujo Geralt de Rivia. Y lo haré sobre sus dos primeros libros, “La espada del destino” y “El último deseo“, ya que a mi entender, las críticas de uno y otro diferirían en apenas un punto o una coma. Si acaso, decir que al primero le pondría un diez y al segundo un nueve.

Los dos primeros libros de la saga tratan capítulos cortos e independientes, mientras que el resto relatan una historia continua y desarrollada. Los seguidores del brujo se dividen entre los que prefieren los dos primeros libros y los que prefieren el resto. Yo me confieso dentro del primer grupo. Porque estos dos ejemplares son eso, pequeñas historietas independientes con planteamiento, nudo y desenlace que nos sirven para conocer al protagonista de la serie (Geralt de Rivia, un brujo que se gana la vida cazando monstruos) y al mundo que le rodea.

En esta sencilla exposición, son muchas las bondades que juntas hacen que en esas páginas se desprenda algo más que magia. Procedo a explicarlas punto por punto:

· El estilo de capítulos cortos (capítulos y subcapítulos) hace que un género generalmente pesado como la fantasía épica, se vuelva ligero y suave de leer.

· La narrativa de Sapkowski es extremadamente eficaz. A Andrzej no le hace falta una descripción extensa para llevarte de viaje al lugar, le basta un par de punzadas certeras para sumergirte de lleno en la acción. En lugar de macrodescripciones busca pequeños detalles que te hacen sentir que estás dentro. Tiene un talento brutal para hacer que toques lo que escribe sin un gasto innecesario de palabras.

· El poder de sus diálogos es inmenso, tanto que los personajes se describen a sí mismos por sus palabras. De nuevo, se requieren unas pequeñas pinceladas para describir el físico porque el mundo interior de cada uno queda bien descrito con las palabras de cada uno. Y recordemos, los diálogos siempre hacen que una lectura sea más ligera.

· Su manera de tratar temas espinosos y debates mundiales aún vivos a día de hoy desde un punto de vista en el que ni la opción buena es tan buena ni la opción mala es tan mala, desde un punto de vista crítico y abordado por cada uno de los personajes, se merece no menos que un aplauso cuando, además, los aborda mediante el uso de los diálogos.

· Sus guiños a los cuentos populares, como La bella y la bestia o La cenicienta, transformados bajo una esfera medieval fantástica que, paradójicamente, los baña de una cruda y dura realidad.

Podría nombrar muchas más bondades del estilo de Sapkowski, del que me siento terriblemente infectado y al que colocaría por encima de todas mis referencias literarias, pero puesto que seguiré haciendo críticas de la saga, me las dejo para futuras entradas.

Nada más por hoy. ¡Que tengáis un buen inicio de semana!

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