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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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sentimientos

Tres, dos, uno… ¡BOOKTRAILER!

Ahora, En el nombre de Eva sí que parece una película. ¡Por fin hay booktrailer! Y está mal que yo lo diga, pero como buen padre enamorado de su hija, creo que ha quedado maravilloso. Espero que os guste y os anime a ver el resto de la película a través de sus líneas en las pantallas de vuestra imaginación.

Aprovecho, ya de paso, para decir que igual me animo a darle vida a un canal de Youtube. Tenía uno cuando mi espíritu era joven con vídeos en los que aporreaba mi guitarra y no me fue mal. Los más veteranos de este blog, incluso, me habréis visto publicar algún vídeo como Jon Ícaro en él. Pero esta vez me refiero a empezar de cero, a crear un canal exclusivo para esta aventura literaria.

Ya veremos. Mis ganas de hacer cosas a veces no se dan cuenta de que el tiempo es limitado. Pero la idea está ahí.

Un saludo a todos, que disfrutéis del fin de semana y que el mágico solsticio de verano recargue vuestras energías.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

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LAS PERSONAS TRAS LOS LIBROS

junio

El sanador del tiempo sigue dándome coletazos de alegría. Con él me desvirgué en esto de la literatura. Una experiencia dolorosa y placentera, como son las buenas primeras veces. Pienso en el camino recorrido y sé que cambiaría muchas cosas si hubiera tenido los conocimientos y la experiencia que le debo. Pero no llego a partirme el cuello al mirar atrás, porque son tantas las cosas buenas que me ha dado, que no tengo otra opción que amarlo y agradecer todas y cada unas de las cosas que me han dado sus páginas.

Que me siguen dando.

Esta fusión de ciencia ficción y novela histórica ha sido seleccionada como una de las lecturas de junio del blog Contra la inercia. Y yo, más afortunado y agradecido no me puedo sentir. Son estas cosas las que hacen que mi corazón se sienta más poderoso y bombee unos mililitros más de sangre por segundo.

No por el libro en sí. Por lo que hay detrás. Estoy yo, que he derramado tanta ilusión y esfuerzo en crearlo. Y está el lector, que va a dedicar parte de su tiempo a darle una oportunidad. Y entre nosotros, dos personas que dejan de ser dos completos desconocidos gracias a un poco de tinta mal puesta. Espero, de corazón, que la historia esté a la altura, con sus más y sus menos, y sea del gusto del lector. Gracias por la confianza.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon! Si me sigues, escríbeme. Me hará ilusión saber de ti.

REIBY – La mala hostia al servicio de una buena causa

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A Emma Stone, con un poco más de mala leche y menos glucosa
que en La la land, la vería en el papel de la rebelde Reiby.

Tras presentar a Roldey y Wilker, hoy en Personajes de los que me enamoré escribiendo sobre ellos le toca el turno a Reiby, la pequeña rebelde que tiene un gran impacto en el argumento de En el nombre de Eva.

Reiby es la lideresa de Zena, una organización feminista que es socialmente considerada como un grupo de mujeres alteradas sin sentido ni repercusión política alguna (cualquier parecido con la realidad es una coincidencia, nótese la ironía). Sin embargo, la aparición de Eva es el desencadenante de un cúmulo de causas-consecuencias cuyo efecto mariposa cambia drásticamente el papel de la organización en toda la confederación. Y hasta aquí puedo leer sin destripar más la historia.

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En cuanto a Reiby, es un personaje con carácter, capaz de perseguir sus objetivos cueste lo que cueste, en un claro ejemplo de que el fin justifica los medios. Su aporte a la parte filosófica del libro es precisamente esa. Para los que crean en defender sin miramientos un ideal a priori justificado, será una heroína. Para los que crean que siempre hay una forma más sosegada y civilizada de solucionar las cosas, será una villana. Y yo me muero por saber qué es lo que opinas de ella.

Así que, os invito a que forméis parte de esta aventura que acaba de empezar y que se llama En el nombre de Eva.

Nada más por hoy, que tengáis un buen día. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EL DÍA DEL LIBRO CON UN PAR DE PELOTAS

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Los que bien me conocéis sabéis que odio el fútbol, que para mí no es más que un embrutecedor social, una pócima que enajena las mentes y que nos enfrenta sin sentido alguno. Yo dejé de ir a los estadios porque los insultos y las amenazas de muerte me parecían más propias de un coliseo romano. Generalizo, por supuesto. En cambio, me encanta el baloncesto. Más limpio, más coherente, con más valores. Y más divertido, que al fin y al cabo estamos hablando de un entretenimiento.

Pero este fin de semana, en relación al Día Internacional del libro, me ha dado un motivo más para estar orgulloso de haber dejado atrás el fútbol, ese deporte que llevaba inyectado como una droga por el bombardeo social al que fui sometido de pequeño, como muchos, para aficionarme a la canasta. Tanto entrenadores como árbitros, en todos los partidos de esta jornada en la ACB, han intercambiado sus libros favoritos en esta iniciativa cultural que a mí me parece una pasada y que aplaudo.

Me apetecía comentarlo, por eso de que une dos de mis pasiones. Así que ahí lo dejo. No alargo más esta entrada para no quitaros más tiempo y que podáis dedicarlo a leer. No quiero ser incoherente con este día tan especial para los escritores.

P.D.: La rebelión de Eva ya está fuera de mi poder. Esta semana verá la luz.

P.D.2.: ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

ROLDEY PAGAN – El protagonista victimizado

Resultado de imagen de Michael FassbenderMichael Frassbender sería el perfecto Roldey Pagan para la película de
“En el nombre de Eva” que 20th Century Fox hace en mis sueños

 

Seguimos con la cuenta atrás para el lanzamiento de “En el nombre de Eva“, ahora estimado en 1-2 semanas, y aprovecho para ir contando cositas de esta novela de ciencia ficción con el empoderamiento de la mujer como trasfondo. Y, qué mejor manera de presentarla, que a través de sus personajes.

Roldey Pagan es el científico de la ciudad flotante de Gracidia que descifra un código oculto que lo impulsa a convertirse en jefe de laboratorio (juntro a otros apoyos que no comentaré para no hacer spoiler, que los enchufes son cosa del pasado, del presente y… también del futuro).

Como máximo responsable de la clonación de Eva, su debate moral individual será saber establecer los límites entre proyecto y persona, pues la admiración científica que siente por Eva, también la siente como padre y… puede que también haya una tercera filia amorosa, aunque él intente negarlo. La importancia de Eva para la humanidad no parece ser tan importante para él como el bienestar de la propia muchacha.

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Todo esto hace que se le pueda presuponer un papel protagonista a Roldey. Y así es, al menos hasta bien avanzada la historia, donde se convierte en un pivote a través del que giran los acontecimientos que amenazan con sobrepasarle. Se convierte en un espejo con el objetivo de demostrar que las responsabilidades comunitarias están (o deben estar) por encima de los anhelos individuales. Roldey se convierte en la duda, en el tapiz sobre el que se despliega la metáfora. Se convierte en ti, con la intención de hacerte pensar qué harías tú en su lugar.

Y nada más, que tampoco es plan de destripar la historia.
Un abrazo. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon! Aunque la última foto colgada no sea la más indicada para conocernos, precisamente…

Y EL GANADOR ES… YO, INCLUSO CUANDO PIERDO

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Yo no. No fui el ganador esta vez. No en lo que al Certamen de relato corto deportivo CVMF se refiere, en el que me tuve que conformar con una mención especial (como si fuera poco, más que suficiente para llenar de felicidad este corazón que se excita con todo lo relativo al mundo literario).

En cambio, sí me sentí ganador en cuanto a ilusión se refiere a lo largo de todo el proceso. Desde la emoción que intenté plasmar en cada letra del relato al crearlo hasta la resolución final. Para mí fue un recorrido que tuve el honor y el placer de realizar y que me causa extrema alegría poder compartir con vosotros.

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En cuanto me confirmaron que era finalista de este certamen organizado en Sevilla y en el que participaron autores de hasta trece nacionalidades, tuve que hacer uso una vez más de esa lista en la que anoto todas las cosas buenas que me está dando esto de escribir. El día que la muerte venga a por mí, miraré esa lista de reojo y le diré venga, vámonos, que ha valido la pena pasar por esta vida.

Además del concurso en sí, de los nervios creciendo como una bola de nieve en mi estómago toda la semana anterior, de la emoción de poder compartir mi relato con los asistentes, de la apoteosis del nombramiento final del ganador… Además de todo eso, este concurso trajo algo más de felicidad a mi vida de manera indirecta.

Al ser en Sevilla, fue el pretexto perfecto para viajar allí y para que mi pareja pudiera conocer a una sevillana que se había convertido en una de sus mejores amigas desde la distancia y que ya era hora de conocer en carne y hueso. Siempre digo que poner toda la pasión en algo atrae otras cosas buenas, y a mí la literatura me está dando muchas pequeñas cosas que ocupan un lugar gigantesco en mi corazón. Unas son de manera directa (una reseña sobre algún libro mío inesperada, un correo electrónico de alguien que le ha gustado lo que escribo…). Otras, no tienen nada que ver con mis libros y ocurren de manera indirecta, pero no habría llegado a ellas de no haberme puesto a escribir.

Este concurso tuvo mucho de unas y mucho de otras. Y me apetecía dejarlo aquí plasmado, como hago con todas las cosas que me alegran la vida.
Un saludo, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

LA IMAGEN MÁS BONITA DEL MUNDO

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No se me ocurre mejor título para esta entrada. Creo que sería un acto merecedor del mayor de los castigos no titular así esta publicación con la foto que utilizo para encabezarla. Esa imagen es, para mí y en el momento que la recibo, la más bonita del mundo. Un punto de luz que hace que todo lo que hay alrededor de mi existencia se funda a negro, que mi cabeza no se dedique a otra cosa que transmutar cada uno de sus píxeles en felicidad absoluta.

Y no lo digo por esos ojos que son la firma de un dios, cualquiera en el que creáis, que decidió superarse a sí mismo. Tampoco hago alusión a esa sonrisa que es el pasaporte a un paraíso, uno tan bello que aún no ha sido creado, y que espero no tenga fecha de caducidad. No. Lo más bonito de esa persona es lo que no se ve, lo que esconde por dentro y que yo fotocopio con celosía en lo más profundo de mi corazón. Esa persona es, para mí, una de las tantas formas de amor que como seres humanos somos capaces de percibir: la amistad eterna sin condiciones, la que acepto con los ojos cerrados porque sé que no hay letra pequeña.

Pero con el título tampoco me refiero a ese ángel de mi guarda que aparece en la imagen.

La fotografía es lo más bonito del mundo porque en las manos de la alegría personificada aparece un pedazo de mí. Una catarata de ilusión concatenada de frases, una parte de un gran sueño hecho papel, ese “Sanador del tiempo” que todavía se empeña en darme alegrías. Todo lo que soy, no tiene sentido si no pasa por sus manos. Así ha sido y lo seguirá siendo siempre, mi alegría y su existencia es un matrimonio bien avenido que se consuma cada vez que tengo la suerte de coincidir en el espacio-tiempo con su presencia, en cualquiera de sus formas posibles.

Esta imagen es lo más bonito del mundo por lo que representa: dos cosas sin las que no podría vivir, juntas. Dos pedazos de mi alma representados en un mismo encuadre. La amo, por supuesto. A la fotografía y a ella.

Y nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

ATLANTIS – Mi fe de erratas particular

 

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Rectificar es de sabios. Y yo no sé si estas palabras me harán tener más sabiduría, pero sí sé que me harán más honesto, que creo que es a lo que todos deberíamos aspirar, independientemente de nuestra sapiencia. Hace un tiempo relaté mi inconformidad respecto a Atlantis, editorial con la que tuve contacto y cuyas condiciones, en su momento, consideré irrespetuosas con los autores.

Hace poco tuve el placer de contactar telefónicamente con su editor en lo que para mí fue una esclarecedora conversación cuyas reflexiones me gustaría comentar.

En primer lugar, recibí explicaciones sobre los puntos que criticaba en mi entrada del blog, conociendo la parte que yo ignoraba (nunca hay que obviar la versión de los hechos de todas las partes implicadas, craso error que no volveré a cometer) y que me hizo comprender varias cosas. Además, en los aspectos en los que mi discurso tenía coherencia (en mi opinión) encontré justificaciones para no ser tan puntilloso con mis pensamientos.

Nadie es perfecto y todos somos parte de un proceso de aprendizaje. Yo mismo no me considero el mismo escritor que cuando empecé y también sería injusto juzgar a los demás por un pasado del que, además, se han sabido servir para mejorar. También sé, ahora, que es injusto atacar un sector que, a día de hoy, se está convirtiendo en un verdadero superviviente como es el de las editoriales. El de vender libros es un negocio difícil, y las condiciones que las editoriales imponen a sus autores no son más que el resultado de una presión empresarial bestial a la que se ven sometidas.

Todo esto es una cadena en la que editorial y autor deberían actuar como dos fuertes eslabones si no quieren ceder ante las duras presiones comerciales. Los autores nos quejamos, a veces sin conocimiento de causa, y la guerra entre editorial y escritores no favorece a nadie. La vida es equipo, y mal vamos si no somos capaces de entenderlo.

Yo he defendido (y defiendo) la autopublicación porque siempre he visto una barrera entre la parte más técnica y comercial (la editorial) y la parte más idealista y romántica (el autor). Versiones que, lejos de ser incompatibles, ganarían en conjunto como cooperantes, una materializando el producto y la otra impregnándole la ilusión necesaria para que este despegue.

Pero nunca he visto esa cohesión, siempre he interiorizado que para la editorial somos números, que nuestros libros son tiros al aire con la esperanza de que alguno se rentabilice alcanzando objetivos numéricos. Nunca he visto a un editor decirle a un autor “tío, vamos a ver qué está pasando, qué tal si probamos esta cosa o esta otra a ver si funciona, en lugar de relegar un libro que no vende al olvido (tras su estallido inicial con las ventas aseguradas a los seres cercanos). Es más fácil probar otro libro a ver si pega el pelotazo,  que al menos asegure unas ventas post-lanzamiento en lugar de arropar las causas perdidas.

Quizás es que deba de ser así, que son cosas del negocio y su funcionamiento. Y lo entiendo. Pero para nosotros, nuestros libros son algo más. Esperamos de la editorial que nos apoye con su experiencia comercial, que nos guíe y nos anime. Fíjate que en alguna ocasión he puesto como único requisito a una editorial para firmar un contrato un PDF mensual con las impresiones editoriales de por qué creen que unos libros están funcionando mejor que otros (el marketing se renueva a diario y su posición en la vanguardia comercial les proporciona unos datos analíticos que bien enfocados se pueden convertir en un tesoro para cualquier autor), y nunca se ha tenido en cuenta mi opinión. O, yo qué sé, también podrían crear grupos con los autores en los que se trabaje el networking de manera rutinaria y efectiva, establecer acciones de equipo en redes sociales, eventos cruzados…

La sensación final que le queda a uno es la falta de cariño hacia el autor. Me falta esa conexión. Si al final soy yo el que me tengo que labrar el éxito sin ayuda, pues aquí a lo “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como“. Porque, encima, si no vendes, el fracaso es tuyo como autor. La falta de autocrítica respecto a que el equipo no ha funcionado me duele en el alma.

He de decir a modo conclusivo que en la voz del editor de Atlantis había algo que me transmitía que esa fría barrera entre autores y editores que comento podría quebrarse, y me sentí obligado a la reflexión que he intentado plasmar aquí. Queda en mi memoria tras aquella conversación el eco de la esperanza de que un día, autores y editores dejemos de lado las exigencias, no seamos tan críticos los unos con los otros y aunemos deseos y objetivos actuando como un verdadero equipo. No veo otra solución a un mundo comercial tan complicado.

¡Nada más por hoy!

 

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – Reseña

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La sed de clásicos del cine de ciencia ficción ha invadido mi biblioteca particular, así que sigo redimiéndome también a golpe de literatura. Y, de esa montaña de libros de los que uno se avergonzaría de decir que no ha leído, en esta ocasión me decidí a abordar el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Curioso el título de Philip K. Dick (normal que lo cambiaran por Blade runner tras su adaptación a la gran pantalla) para esta novela breve que, escrita en 1968, sigue siendo un referente en la ciencia ficción (y en la filosofía) actual. A estas alturas creo que no es necesario explicar el argumento de tan conocida obra, que gira en torno a Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que ha de retirar (eufemismo de aniquilar) a una serie de peligrosos androides defectuosos.

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La prosa no se anda con rodeos bajo ningún concepto, y para mí esa es una seña de identidad del texto. Sin ninguna intención de extenderse ni de explicaciones pesadas, Dick consigue una atmósfera y una inmersión exquisita. Como si cada palabra valiera oro y mediante el uso de limitados aspectos futuristas como coches voladores, cajas de empatía o tubos láser, se obtiene una ambientación exquisita a la par que se consigue una lectura amena y agradecida. Optimización literaria, que se diría, y que yo valoro mucho.

Este estilo tan escueto causa, por otro lado, una sensación de frialdad en la lectura ya que el dramatismo brilla por su ausencia. Ni los giros de guion ni las escenas más sentimentales muestran sentimentalismo alguno. En cuanto al aspecto sensacionalista, la narración es muy superficial. Tampoco se enmaraña en los aspectos más profundos como la duda del propio Deckard sobre si él mismo es un androide o el tormento de acabar con la existencia de seres con cualidades humanas. Las cosas suceden, y punto. Contrasta por ello con las profundas reflexiones a las que invita la aventura. Allá el lector con lo que quiera extraer de esta aventura.

¿Se podrá crear en un futuro androides de tan alta calidad que sea casi imposible diferenciarlos de un humano? ¿Cuál es el límite entre la vida biológica y la artificial? ¿Si se consigue replicar las conductas, los anhelos y las sensaciones humanas en un robot podría alcanzar el autómata la condición humana? ¿Destruir a una máquina que sueña y sufre y que desea seguir viva debería conllevar implicaciones éticas y legales? El planteamiento de esas cuestiones son las que han llevado a la obra a convertirse en leyenda, pero realmente el texto no las aborda en sí. La deja en el aire con tal suavidad que a veces pienso que toda la montaña filosófica a la que ha dado lugar ha surgido más por los obsesivos análisis posteriores de los lectores que como la verdadera intención del autor.

Sea como fuere, es agradable disfrutar de una novela ligera, plana en su argumento, pero que va dejando un regusto conforme se avanza en ella que hace que uno, en la medida que esté dispuesto a sumergirse y a ponerse en la piel de cada uno de sus personajes, pueda ponerse en situaciones que rayan el más puro existencialismo.

Siempre tiendo a pensar que las grandes obras de la literatura están sobrevaloradas. También creo que cuando fue escrita, en ningún momento se pensó la repercusión posterior que podría tener. En principio, casi podría cometer la herejía de incluir esta historia en ese tipo de lecturas que nombraba no hace mucho y que decía que eran de digestión rápida. Sin embargo, aquí sigo todavía con partes de ella en el paladar, rumiándola, y esa metáfora creo que es lo mejor que puedo utilizar para expresar mi experiencia con este clásico de entre los clásicos.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

 

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