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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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sentimientos

VACIÁNDOTE UN CARGADOR (a versos) I

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¡Os lo avisé! ¿Preparados para una sobredosis de azúcar? Hace unos días comenté que toda esta revolución sentimental que provoca el confinamiento me estaba llevando por el camino del verso. Y he aquí los primeros frutos.

Estoy mano a mano con un poemario novelizado; es decir, que las poesías siguen una historia, con una breve introducción en prosa que la contextualiza y las une (aunque después se respeta el carácter universal de la poesía que hace que funcione fuera de toda antología y todo contexto, faltaría más). En líneas generales, la cosa va de un miserable que no le encuentra sentido a la vida y se alista al ejército en busca de emociones para sentirse vivo. Allí, por supuesto, el sentido de su vida lo encontrará en otra persona.

Quiero compartiros aquí el primer lance, porque estoy muy ilusionado con ello. Espero que os guste. Si queréis verla recitada, podéis verla en las historias de mi Instagram (@icaro_jon), que aunque no sea lo mío, entusiasmo le pongo. Os dejo con ella, ¡y espero que os guste!


 

MI PAZ EN TU GUERRA

Hoy he vuelto a ganar una batalla.

Cuando me alisté, esperaba encontrar algo, quizás un poco de aventura que llenara una vida ausente…  aunque reconozco que rodearse de muerte y destrucción puede que no fuera lo más sensato para intentar sentirse vivo. Tal vez solo estaba buscando rodearme de la mayor miseria posible para que, en comparación con la mía, no me sintiera tan insignificante.

Sin embargo, acabo de encontrar lo que de alguna manera y sin saberlo buscaba.

Por mis méritos, he pasado a formar parte de un batallón de las fuerzas especiales. Aunque lo único de especial que he encontrado en ellas es mi nueva capitana.

He recibido puñetazos en el pecho que me han dejado con más aire que la primera vez que la he visto.

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Por cierto, si queréis echarme una mano para poder sacar adelante el proyecto, podéis echarle un ojo a la iniciativa Apadrina una poesía, ¡cosa que os agradecería mucho!

¡Nos leemos!

CÓMO VENDER LIBROS CUANDO NO SE VENDEN LIBROS #2 – El storytelling

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¿Tienes una historia personal mejor que la historia que cuenta tu libro? Espero que sí, porque si no estás jodido. Viendo Got Talent recordé un tip que no podía obviar en esta serie de consejos sobre cómo vender libros cuando no se venden libros, así que vamos a por él.

El storytelling es el arte de contar una historia y es un recurso cada vez más utilizado (y con más efectividad) por las marcas en sus técnicas de mercadotecnia. Te cuentan una historia para tocar tu fibra sensible con la que te atrapan y consiguen venderte cualquier cosa. Da igual que el producto sea bueno o una mierda, la calidad ya no es lo principal, lo que vende es el universo que lo envuelve. Sobre todo en mercados donde el producto no es una necesidad básica como son todas las artes, entre ellas la literatura.

Ojo, que esto no es algo nuevo en sí. Como comentaba al comenzar esta serie de consejos, no es más que una vuelta de tuerca a una técnica de venta casi tan antigua como el papiro. Al final siempre se trata de darle otro color a algo que ya existe. No es un secreto que los libros basados en hechos reales tienen buena salida. O que si el autor viene de una situación dramática, las puertas se le abren de par en par. Lo único que hacen ahora las empresas es abusar de estas ventajas llamándolas marketing emocional.

Abro un inciso sobre algo que me parece una injusticia: las personas que publican obras tras vivir una situación infernal tienen más facilidad para vender. Me parece estupendo, ojalá nadie tuviera que vivir situaciones así. Pero no nos olvidemos de esos tantos que en lugar de verse obligados a ello por factores externos, un día decidieron por motivación e ilusión propia ser artistas, que generan productos de mayor calidad, pero que quedan en el olvido de la masa indiferenciada por el simple hecho de haber tenido una vida relativamente sencilla. Solo pido eso, que valoremos a ambos bandos, sin intención de posicionarme ni de abrir un debate.

Pero vamos a lo que nos interesa. que es cómo sacarle jugo a esta técnica como escritores para mejorar nuestras ventas. Tienes que crearte una historia impactante y llamativa como autor. “¿Y cómo hago esto yo que soy una persona normal que solo escribe porque me gusta?”, me decís todos cuando os invito a potenciar vuestro perfil de autor. “¿Me lo invento?”. No, mucho cuidado, no se trata de mentir. Se trata de saber vestiros con eso que lleváis dentro y que os hace especiales. Todos lo tenemos, os lo aseguro, aunque no lo sepamos.

Por ejemplo, en el caso de “El sanador del tiempo“, yo hice storytelling sin saberlo. Yo soy biólogo, y como tal, recién licenciado tenía la mente cerrada y limitada al “científicamente demostrado”. Para entonces, mi hermana comenzó a trabajar con terapias energéticas, constelaciones y registros akhásicos (esto es, la influencia de las vidas pasadas). Mis enfrentamientos científicos con ella se convirtieron en aprendizaje, y ese libro es el resultado de la mezcla de estos dos mundos: El sanador del tiempo trata de científicos que viajan al pasado a través de una reconstrucción del ADN para curar enfermedades presentes. Toma cóctel. A día de hoy, soy una persona con una mente extremadamente abierta. Esa historia la contaba yo en las presentaciones sin saber que estaba haciendo storytelling, simplemente porque sabía que gustaba y atraía.

En el caso de Gàta, el universo que rodea al libro está más claro. Esa historia es por y para Leore, el gato que saltaba a mis brazos cuando entraba a casa y al que le debo que haya multiplicado mi sensibilidad por mil: quien tiene animales, paradójicamente, se humaniza. Y eso es lo que quería reflejar. Para ello, imaginé la situación que más deshumaniza a los hombres y metí a su protagonista en una guerra, una novela histórica hecha cuento para hablar sobre la sensibilización a la que nos exponen los animales; o como dice su lema: cuando los animales nos convierten en personas.

Incido en que todo esto no son vivencias especiales ni extraordinarias. Yo estudié ciencia y mi hermana se fue por las terapias alternativas, pura casualidad. Tuve un gato al que quise mucho y se marchó, como millones de personas. No hace falta tener una vida increíble, solo hay que saber contarla de manera que sea atractiva. Y, joder, eso es lo que hacemos los escritores, ¿no? Pues ya sabes, atrévete a tejer tu propia historia y a utilizarla como vestido y verás cómo la gente se acerca a ti, y a través de ti a tu libro.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las caras en @icaro_jon!

ESTÁIS A TIEMPO – Lectura conjunta

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Hoy por fin hemos empezado la lectura online conjunta de El último gato vikingo, en la que os envío un capítulo (7-10 páginas) cada día o par de días y podéis comentar a vuestro libre albedrío para disfrutar de poder estar siguiendo el mismo libro y al mismo tiempo que los demás. Si queréis uniros, estáis a tiempo, solo tenéis que escribirme a jonicaroescritor@gmail.com para que os añada como contacto y podáis recibir los avisos y envíos.

En lugar de contaros de qué va la historia, os dejo aquí el primer capítulo a ver qué os parece. ¡Espero que os guste y os animéis a esta actividad!

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—¡Yo no quiero ese gato tan feo! ¡Arruinará mi matrimonio!

El animal, entre los musculosos brazos de su dueño, estiró las orejas, como si hubiera entendido las  palabras de aquella procaz muchacha y se sintiera ofendido. Niels acarició su peluda cabeza y se calmó. A pesar del rudo aspecto de aquel normando, había algo en sus manos que derrochaba ternura cuando tenía cerca alguno de sus felinos.

—No eres tú la que tiene que elegir al gato, sino el gato el que te tiene que elegir a ti —explicó Niels, intentando que el hastío no se evidenciara en su cara, aunque lo cierto era que este había ido perdiendo expresividad con el tiempo desde que había abandonado su carácter vikingo. Sus ojos claros como el cielo parecían vacíos, su rostro rectangular expresaba ahora más melancolía que fiereza.

La joven no pareció estar muy convencida con aquellas palabras, a juzgar por sus brazos cruzados sobre su escaso pecho de niña, su ceño fruncido y el movimiento nervioso de su pierna.

—¡Pero es que es horrible! —se quejó, añadiendo un bufido a su opinión.

Niels se vació en un suspiro. Tomó después una bocanada de aire que le supo a hierba y tierra, la que rodeaba aquella casa en medio del bosque. Permitió que el canto de las aves en el exterior le tranquilizaran. Dejó que la gatita bajara de sus brazos, algo que hizo rápidamente y sin poner oposición. Se asustaba fácilmente ante la presencia de extraños, así que se apresuró a saltar desde los brazos de su dueño para esconderse en las pajas secas que, bajo unas pieles, hacían de colchón.

—Está bien… —concedió el normando—. Seguidme, a ver si hay algo que la muchacha no encuentre “horrible” —dijo Niels, arrastrando la ironía con su última palabra.

—Eh, no es culpa mía que ese bicho no tenga más que huesos —se defendió la niña, haciendo que su madre mirara hacia otro lado, avergonzada—. ¿No ves que así mismo me quedaré yo si el animal no augura un buen casamiento? Eso hay que entenderlo.

Niels asintió con la cabeza, aunque en el fondo lamentaba que la muchacha no fuera capaz de ver la belleza interior de la pequeña carey desnutrida que seguro tenía en ese pequeño cuerpo enclenque una infinita felicidad que darle. Pero hacía tiempo que él había dejado atrás la inconformidad, la lucha constante, y no iba a ser una niña de catorce años la que desmoronara la paz que había encontrado en aquel hogar apartado en el bosque.

Salieron de la casa, una vivienda de madera, piedra y tepe, cuyo césped parecía camuflarla entre los robles de Normandía. Niels silbó varias veces, y de repente una manada de gatos salió corriendo hacia él. Aparecían desde todas partes, allí donde segundos antes habría sido imposible visualizarlos: bajo los arbustos, entre las rocas, en los agujeros de la senda… Una docena de felinos se posicionaron a los pies del normando, arañando algunos de ellos sus pantorrillas al levantarse para pedir su ración de pescado fresco.

—¡Ese! ¡Ese es el que quiero! —exclamó la muchacha señalando a un ejemplar de típico gato nórdico cuyo voluminoso pelaje, a pesar de su corta vida, le hacía parecer el más grande del grupo.

—Pues es todo tuyo —afirmó Niels agachándose y cogiendo al peludo para entregárselo—. Que la diosa Freyja te transmita sus bondades a través de él y tengas un fructífero matrimonio.

Aunque Niels no mostró entusiasmo alguno con aquellas palabras, tanto la niña como su madre agradecieron la entrega del felino y le aseguraron que obtendría las pieles y alimentos acordados a cambio. Una vez se marcharon, el hombre cogió una de las vasijas apoyadas en la pared de su casa y derramó en una jarra algo de skyr, una especie de leche fermentada y salada que podía aguantar en condiciones saludables todo el invierno. Los gatos fueron corriendo al ver el recipiente e hicieron buena cuenta de su contenido.

Entonces, y solo entonces, Niels se dio cuenta de la presencia de un hombre apoyado en uno de los robles cercanos. Sin duda, había perdido sus capacidades como guerrero si no había sido capaz de detectarlo antes. Su sonrisa se estiró al reconocer a aquel visitante.

—¡Viggo! —dijo alzando la voz, y se aproximó hacia aquel hombre—. ¡Te creía en el Valhalla!

Una vez a su lado, este dejó de apoyarse en el tronco para extender el brazo y golpear amistosamente con su puño en el hombro a Niels.

—Me sorprende tanto que me creyeras en el salón de Asgard como que sigas pensando en él —opinó Viggo, como siempre mofándose de las antiguas creencias de su amigo.

—Ríete de mis pensamientos —dijo el normando mientras caminaban de vuelta hacia su casa—, pero para ti no habrá ni una gota de cerveza junto a los dioses por faltarles de esa manera.

—La misma cerveza que para ti, imagino —se defendió Viggo—. Si no me equivoco, solo se deja entrar al gran salón a los que mueren como guerreros en batalla. Y no te veo yo pereciendo en la gloria del combate.

Niels no accedió a sus provocaciones, ya le había costado a sí mismo convencerse de abandonar su faceta de guerrero como para que vinieran de fuera a martirizarle con ese asunto. Entraron a su humilde hogar en la montaña y le sirvió una buena cantidad de hidromiel en una jarra de gran tamaño, esperando que con la boca llena, su amigo bromeara menos. Bebieron sentados sobre dos tocones sin decir ni una palabra durante unos segundos.

—No —dijo finalmente Niels, rompiendo el silencio y sorprendiendo a su compañero.

—No, ¿qué? —preguntó Viggo mientras se limpiaba los restos de la bebida de su barba.

—A lo que hayas venido a proponerme, no.

Viggo rio, su raída melena negra se albarotó con el exacerbado movimiento corporal que le había provocado la carcajada y su rostro, un reflejo constante de la sospecha, se relajó durante un instante mostrando algo de simpatía.

—¿De verdad eres feliz entre tanto silencio? ¿No echas de menos los gritos de la batalla? —preguntó el hombre, dando por hecho que Niels era consciente de que si había ido a visitarle, era por algo relacionado con la guerra—. Mírate, Niels… ¿Un criador de gatos? ¿En serio?

—Los matrimonios necesitan incorporar a un gato a su hogar para asegurar un buen futuro. Sigue siendo costumbre aquí. Y yo les proporciono esos gatos, a cambio de alimentos y otros recursos —se justificó Niels—. Así me gano la vida.

—Así te ganas la vida, como bien dices, pero no la muerte…

—Dejemos a los dioses de lado, Viggo. Hace tiempo que ya no adoramos a los mismos. Centrémonos en las cosas que nos unen, y no en las que nos separan.

Viggo apuró su jarra, para Niels no pasó desapercibida la sombra que se apoderó de la mirada de su amigo.

—Más bien sí centrémonos en las que nos separan, Niels. En las que pretenden hacerlo para siempre, al menos.

—Te vuelvo a decir que no —repitió Niels, sabiendo que la conversación se dirigía a unos términos que no le iban a gustar—. A lo que sea, otra vez, no.

—Guillermo ya está aquí.

Niels resopló. Ni siquiera en las afueras de Caen, donde pretendía alejarse de toda lucha de poder, podía permanecer ajeno a aquella revelación. Una que, por otro lado, era tan temida como previsible.

—¿Y qué? Tarde o temprano acabaría volviendo, eso todos lo sabíamos, y el que diga lo contrario solo se ha estado engañando a sí mismo.

—Pues parecen haberse engañado muy bien, porque no veo yo que se hayan organizado debidamente para resistir su ataque. Ya no es un niño, Niels. Y más nos hubiera valido que nuestro duque no hubiera muerto en su viaje a… ¿cómo lo llaman? Ah, sí, Tierra Santa.

—¿Acaso es necesaria la muerte de un duque para que nos lancemos los unos a los otros tras un muro de escudos? ¿Desde cuándo necesitamos una excusa para batallar? —Viggo sonrió ante ese comentario con el que Niels solo pretendía mostrar la estupidez de su pueblo—. Me pregunto si los intentos de asesinar al joven Guillermo, y no los justifico, no habrían sido un acto de justicia para evitar una guerra mayor en la que otros tantos niños como él morirán —afirmó Niels, que para permanecer ajeno a la política, estaba bastante bien informado. Bostezó para mostrar la galbana que le causaba hablar de esos temas.

—Sea como fuere, ya se nos viene. Y bajo buen cobijo. Cuentan que el rey francés le ha conseguido un buen ejército.

—Pues que os aproveche la lucha —afirmó Niels esquivando la mirada de su amigo; todavía no había conseguido desprenderse completamente de la vergüenza que suponía renegar de la lucha para un guerrero. Inclinó la cabeza para que su larga melena dorada, al menos la que no había afeitado en los laterales de su cabeza, le cubriera el rostro.

—¡Pero Niels! —replicó Viggo alzando la voz—. Al final va a ser verdad eso de que te has vuelto demasiado tierno, que la vida plácida aquí en el monte te ha ablandado los huesos…

—Poco me importan a mí los intereses de reyes y duques. Si Guillermo vuelve, bienvenido sea. Si cae para regocijo de las alimañas que le quieren devorar sus nobles tripas, pues también. El sol seguirá saliendo por el mismo lado todas las mañanas.

—Veo que no eres consciente, que el sonido de los pájaros se te ha metido en la cabeza y poco o nada te queda ahí dentro —dijo Viggo golpeando ligeramente con su taza en la frente de Niels—. ¿Pero dónde está tu orgullo del norte? Puede que esta sea la última lucha por el honor de los que vinimos del frío.

—Y me entusiasma tanto como la primera —afirmó Niels con un deje de hastío en su voz.

—Ya, quieres una motivación. Veo que la necesitas, al menos. —Viggo se quedó pensativo unos segundos. Dio un trago e hizo gárgaras con el líquido. Después se lo tragó—. Te diré entonces dónde está Kaysa.

—¡No sabes dónde está ella! —se quejó Niels, como un resorte. Su mirada, vacía casi todo el tiempo, reflejaba entonces la amargura que le producía ese nombre—. No sabes de ella más que yo, que embarcó para no volver…

—¿Y si tuviera nuevas noticias?

—¡No las tienes! —Niels bufó—. Y si las tuvieras, me las habrías dado sin condiciones, porque eres mi amigo.

Viggo asintió. Eso era cierto. Sabía que era de muy mal gusto chantajearle con algo relativo a esa mujer.

—Desde luego que te ha dejado quebrado, roto del todo… —susurró Viggo.

—Deja de hablar de ella.

—Está bien, está bien… —Viggo se dio a sí mismo unos segundos más para pensar. Otras gárgaras. Otro trago. Vio revolverse a la pequeña carey en las pajas del catre y tuvo una idea—. Esos franceses son cristianos, y Guillermo ha estado mamando demasiado de sus cruces. ¿Sabes lo que eso significa?

—Que el rey Enrique lo utilizará para asentar el cristianismo en Normandía, me imagino. Y a mí, te repito, poco me importa eso.

—¿Sabes lo que hacen los cristianos con esos gatos que tanto adoras? Dicen que son enviados del demonio y los queman en las hogueras. —Viggo pudo percibir el interés que habían provocado en Niels esas palabras, sabía que había encontrado algo con lo que negociar—. Y con tanto pelo, arden bien, te lo aseguro.

—¿Y por qué harían eso?

—A mí que me dices. Tienen esa falta de cordura necesaria para creer en su Dios. La misma que tú para creer en los tuyos. Por eso, yo, ni lo uno ni lo otro. Pero ellos, que no tienen culpa de nada… —dijo señalando a la gata. Niels suspiró—. No lo hagas por ti. Ni por Normandía. Pero hazlo por ellos. No te dejarán criarlos si ganan la batalla. Y además te quedarás sin trabajo.

—Podré buscarme otro trabajo.

—Pero no ellos —aseguró Viggo, sabiendo que con los gatos había tocado hueso—. Hazlo por esos pequeños tuyos, Niels. Yo no entiendo tu aprecio por ellos. Nadie lo entiende. Y por eso, si no eres tú, nadie los protegerá, ¿sabes? ¿Vas a abandonarlos?

Niels volvió a bufar. Por muy poca lógica que tuviese, podía ser que por esos pequeños peludos en los que se había refugiado para recuperarse mentalmente, valiese la pena volver al campo de batalla. Ellos le habían salvado una vez de la locura absoluta. ¿Acaso no era ahora el momento de devolverles ese favor?

HOY POR TI, MAÑANA POR EL LINCE

¿Quieres ayudar al lince ibérico y llevarte un libro GRATIS? Pues solo tienes que estampar tu firma solidaria en la iniciativa de “Ni un lince más atropellado” que lleva a cabo WWF España para que se regulen los puntos negros en los que, escandalosamente, se repiten una y otra vez los mortales atropellos de esta bella especie en extinción sin que a nadie parezca preocuparle.

Yo, a cambio, te regalo un ejemplar digital de la novela GÀTA. Como dije, uno de los objetivos de esta historia era aportar mi pequeño granito de arena al mundo felino con pequeñas acciones, y si regalar mi libro sirve para que te animes a firmar este proyecto, pues felices los cuatro: el lince que acabas de salvar, el gran grupo que es WWF, tú por llevarte un libro gratis y yo porque gracias a ti esta historia animalista sirve para lago más que para pasar un buen rato.

No te pido nada más a cambio. Es más, te demuestro mi fe en ti poniendo aquí directamente el enlace de descarga de la novela, tanto en PDF como en EPUB, para que escojas tu formato preferido:

DESCARGA EN EPUB // DESCARGA EN PDF

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Pero además, si envías una captura de la confirmación de tu firma a jonicaroescritor@gmail.com, entrarás en el sorteo de un ejemplar firmado de GÀTA en papel (solo envíos nacionales) que haré a final de mes. Sé que una firma no es gran cosa, pero el amor implícito que llevará por haberte agradecido que formes parte de esta iniciativa es enorme, te lo aseguro.

Y nada más por hoy, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

SI ES QUE VAN PROVOCANDO…

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¡Si es que van provocando! Se reavivan las ascuas del machismo inherente en San Fermín y yo me descuajaringo cuando salen esas imágenes de jóvenes descubriéndose el pecho en la plaza y oigo a mi alrededor “si es que se lo buscan”, o cosas parecidas, por no hablar de la estrechez mental que incluso justifica con esa imagen aberraciones varias.

Pero no seré yo el que opine al respecto, que corro el riesgo de quedarme sin teclado. Lo dejo en manos de Ascanio, el hercúleo guerrero de la novela de Gàta. Como ya hice en otra ocasión, utilizo a mis personajes en forma de relato breve para dar mi opinión sobre temas tan espinosos. Dejo implícito en las siguientes líneas el pensamiento de que al final al provocación no está en el exterior, sino en la cabeza de cada uno, y no en la de abajo precisamente, y que no hay justificación más allá de la que uno quiera inventarse. ¡Espero que os guste! Se ubica tras la llegada de los griegos de la mano de Alejandro Magno a Egipto:

 

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—Mira eso —dijo Ascanio, con los ojos desencajados y hasta el último pelo de su profunda barba blanca tieso por la excitación.

Pero Néstor no podía mirar nada, ocupado como estaba en salir del Nilo tras haber caído a sus aguas de manera miserable. Habían visto a esos egipcios deslizarse sobre la superficie del río en aquellas pequeñas barcas de papiro y habían intentado imitarlos. El nefasto resultado de aquel intento era evidente, a juzgar por sus cuerpos empapados.

—Algún día… igualaré tu habilidad… con la natación, por los dioses —afirmó Néstor con la respiración entrecortada tras alcanzar la orilla, algo que su amigo ya había conseguido minutos antes gracias a su portentoso físico—. Diría que tengo ante mí al mismísimo Poseidón cuando te veo nadar, Ascanio.

—Mira eso —repitió Ascanio, que parecía más interesado en otra cosa.

Néstor se quitó su túnica blanca y la escurrió. Entonces siguió la dirección que indicaba el dedo de su musculoso compañero. Este señalaba a una egipcia que segaba el trigo de las prolíficas tierras a la vera del Nilo. Llevaba el pecho descubierto, motivo de la fijación de Ascanio.

—Es tradición aquí que vistan así —informó Néstor, con el agua todavía cayendo desde su raída barba y su ondulada melena castaña—. Así que no te emociones.

Néstor golpeó con su túnica mojada a modo de látigo en el esculpido abdomen de Ascanio para intentar sacarlo de aquel embrujo. Volvió a vestirse de nuevo y sintió el horroroso calor egipcio un segundo después.

—No me importa el por qué de su desnudez, si este es por tradición o por ley —dijo Ascanio, incapaz de retirar la mirada de la egipcia—. Más bien me interesa el para qué visten así.

—Uy, mi gran Ascanio… —dijo Néstor, que ya sabía hacia dónde se dirigían los pensamientos de su enorme amigo—. ¿La deseas? —preguntó, aunque por sí mismo pueo descubrir que era innecesario del todo hacerle esa cuestión a juzgar por el abultamiento en la parte del bajo vientre de su túnica de lino—. Y yo que creía que la única pasión que agitaba tus pensamientos era la lucha…

—Ella me sonríe —se justificó Ascanio, escudándose bajo el estiramiento de labios que continuamente le dedicaba la egipcia al saberse observada.

—A todos nos sonríen —expuso Néstor, intentando disminuir la euforia de Ascanio—. Nosotros, los griegos, les hemos liberado de la esclavitud persa. Se sienten seguros a nuestro lado y ofrecerán todo a su alcance por mantenernos cerca. O peor, se sienten agradecidos. Así que esa sonrisa… —Néstor se dio unos segundos para pensar cómo exponer su teoría de que era inmoral aprovecharse sexualmente de esa chica sin bajar la autoestima de su compañero—. Esa sonrisa no la dibuja desde su corazón, Ascanio. Y tanto si es por necesidad como si lo es por gratitud, creo que no eres de los que se jactan de abrir piernas ajenas solo para saldar deudas.

Era cierto. El enorme Ascanio, que físicamente era como una montaña, era todo dulzura en su interior. Pero lo cierto es que los años de campaña, alejados del calor de una mujer, pesaban y convertían las tripas en el director de su cabeza.

—¿Y si buscan diversión? —se preguntó Ascanio, que continuaba buscando un motivo que le obligara a aprovechar la situación—. Pienso que, si tan destapadas van, es por algo. Puede que estos dioses raros que adoran les ordenen saciar hombres y, en tal caso, mi resistencia no haga otra cosa que enojarlos. No quisiera yo faltarles al respeto.

Néstor se rio ante esa opción. Se imaginó a ese dios egipcio con cabeza de águila picoteándole el hígado a Ascanio cada día como si de Prometeo se tratase por no haber satisfecho sexualmente a una de sus súbditas.

—Ascanio, ¿te estás oyendo? Me pregunto si tanto sol no habrá frito tu cabeza esa enorme que tienes, y que a veces me pregunto si gustas de utilizar.

—¡Néstor! ¡Y tú qué sabes! —se quejó el grandullón—. Es más, pienso que las calenturas de estas tierras, abrasadoras como son, se deben a sus ardientes costumbres. Los calores no son más que una muestra de esta cultura —dijo, señalando de nuevo a ese pecho descubierto, que él consideraba un acto de seducción y una prueba a su favor.

—Lo único que se está calentando aquí es tu cabeza —opinó Néstor, llevando su dedo a la frente de su amigo, teniendo que alzar el brazo debido a su altura—. Vámonos, Ascanio, antes de que hagas algo de lo que sé, vas a arrepentirte.

—¡Tú no piensas así porque tienes el rabo anulado! —estalló Ascanio, harto de no ser tomado en serio—. Tú a esa Nerea esperas día y noche, aunque no la encuentres. Y solo ella es dueña de tus pasiones y por eso en ninguna otra te fijas. Y eso te ha hecho perder la hombría. Y por Zeus que te lo respeto, pero no excuses tu falta de virilidad anulando la de los demás, Néstor.

—Sí, yo busco a Nerea, cierto, pero no más que tú una excusa para ensartar a esa egipcia sin tener que, una vez vaciados tus huevos, pensar por qué lo que sientes realmente hueco es el corazón. Hazlo si quieres, Ascanio. Pero sé un hombre, y no por abusar de esa muchacha, sino por darme la razón de que al final no son las señales de fuera las que te obligan a ello, sino la forma en la que tú las organizas para que parezcan una extensión de lo que sientes ahí —afirmó Néstor señalando la entrepierna de su compañero.

El jardinero había recorrido ya mucha distancia para comprender cómo las personas siempre encontraban una justificación para dejarse seducir por las pasiones. Curiosamente, el respeto que hacía que las piernas se abrieran a causa de una sonrisa sincera, rara vez lo había presenciado.

Sabía que, al final, todo estaba en la cabeza de los que miraban, y que la provocación no era más que el escudo tras el que escondían las justificaciones que, con la mente fría, resultaban no serlo tanto.

 

Espero que os haya gustado. Si queréis saber más de los personajes, aunque el bueno de Ascanio no salga muy bien parado en este relato, podéis haceros con Gàta.

Ah, y recordad que sigo reclutando gente para la lectura conjunta y online de El último gato vikingo.
Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

NETFLIX mató a la estrella de la literatura

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Aunque no lo parezca, de fondo está Netflix en la tele y, lo prometo, la foto tiene sentido respecto a la entrada de hoy

El vídeo mató a la estrella de la radio, que cantaban The Buggles. Y después llegó Internet e hizo lo propio con las celebridades de la pequeña y gran pantalla. Y en esta guerra literaria, en la que el libro siempre ha sobrevivido con esmero y dificultades, aparece un nuevo enemigo dispuesto a sentarse en el trono del entretenimiento: Netflix.

¿Pero habéis visto el interminable catálogo de Netflix? ¡Harían falta cien vidas para completar solo una parte! Y está invadiendo todas las casas, y enganchando a la gente, y… Espera, que recupero el aire. Veo la filia a las series que se implanta cada vez más a mi alrededor y una duda me aprieta el corazón: ¿a quién le va a quedar tiempo para leer?

No, en serio. Si ya la afición a la literatura está mermada, el hecho de tener siempre una serie nueva que ver va a hacer que el «pesado y dificultoso» paso de coger un libro acabe extinguiéndose. Leer supone un esfuerzo mental, y la gente lo que quiere es llegar a casa, echarse en el sofá y tirar de mando a distancia. Lo entiendo.

El clavo ardiendo al que me aferro es que a mí ninguna serie ni película me permite la inmersión que sí me concede un libro. No me las creo. No puedo evitar pensar que los personajes están fingiendo, que no son lo que se nos muestra, por muy buenos que sean (que lo son). En cambio, un personaje de libro está creado «de novo», no es un intérpetre. Las series históricas o de ciencia ficción me las trago, y las disfruto, porque el atrezzo lo es todo. Pero el resto, que es el 90% del catálogo, me parece un orgasmo fingido. No sé cuál es vuestro motivo para seguir dándole larga vida al libro, que tenéis que tenerlo, porque en general la literatura sobrevive.

En lo personal, cuando publiqué «El sanador del tiempo», Netflix estaba todavía lejos de ser el ocioso virus que acabaría invadiendo los hogares mundiales. Pero con «Gàta», publicada recientemente, necesitaba ver con ojos temblorosos si esta tendencia al alza de consumir series iba a tener alguna repercusión. De momento, respiro (un poco) tranquilo. Supongo que será porque me conoce más gente y eso hace que me esté yendo mejor que con mi primer lanzamiento y lo vea todo tan positivo (y eso que sigo sin sacar tiempo para la promoción).

Pero oye, que si se vende menos, pues que se venda. Los autores tenemos ya el callo hecho a las dificultades. No es fácil nuestra tarea, pura devoción con difícil recompensa. Si las ventas decaen, solo será una muestra (más) de cuánto nos gusta lo que hacemos y lo que estamos dispuestos a sacrificar por ello. Yo seguiré escribiendo y malviviendo por mis historias, así que solo lleguen a una persona. Que estas durezas no nos hagan olvidar jamás que, detrás de cada lector, hay una persona que ha apostado por nosotros, y que es  honor y deber convertirla en combustible para seguir avanzando en este pedregoso camino. Si el precio de las dificultades es re-enseñarnos a valorar lo verdaderamente importante, pues gracias. Por todo.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

#Recomendado – LA PELIRROJA DE LA BICICLETA (Pintina Cuneo)

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Hoy os voy a recomendar un libro. Así debería empezar la entrada de hoy, pero sería como decir «voy a enseñaros una piedra», refiriéndome al Everest. Incompleto; absolutamente por debajo de lo requerido para una ocasión tan especial como lo es para mí poder recomendaros La pelirroja de la bicicleta de Pintina Cuneo. Esta historia no es solo un libro, es algo más. Tiene alma, hay vida en esas letras; vida de verdad. Así que, empecemos de nuevo: hoy os voy a recomendar a unos amigos que os van a conquistar el corazón.

Pintina Cuneo no escribe historias, concibe vidas. Manufactura personas allí donde debería haber personajes, y teje recuerdos vivos donde otros solo son capaces de establecer tramas literarias. Así es el talento creativo de Pintina. Es por ello que esta recomendación en mi blog es obligada. Mi apuesta por ella es total. Voy con todo. All in.

He tenido la suerte de leer bastantes cosas de su autora, algunas incluso antes de ser publicadas, y no puedo evitar sentir la malicia que se arraiga en mis tripas al pensar en los pobres lectores que no han tenido mi misma suerte. Lo siento por los que no habéis sido tocados por la diosa Fortuna, pero esto es así. En la vida siempre habrá privilegiados, y esta vez me ha tocado en el lado bueno, ese que me ha permitido poder disfrutar en primicia de alguna de las creaciones de Pintina. Y, además, de poder tener acceso a la persona detrás de la obra, que eso ya es acertar los cinco y el complementario, el décimo con la serie, el bote de Boom y Pasapalabra. Juntos.

Pero he aquí su primera publicación, a través de Ediciones B, y es inevitable pensar que el mundo es justo, porque ahora todos podréis disfrutar de su arte literario. Es justo para sus lectores, que ya tienen la posibilidad de abordar una de sus obras, y para la literatura en sí, que gana enteros con este libro en el mercado.

¿Qué os voy a decir de La pelirroja de la bicicleta? Que es una novela romántica disfrutona, ágil, con toques de simpatía sin dejar de lado la profundidad… Podría repetir aquí su sinopsis, pero prefiero dejar el enlace a Amazon para que la veáis ahí, y de paso tengáis a mano el botón de compra. Porque yo prefiero destacar esta obra por su encanto etéreo más que por sus características tangibles. Esa es la magia de Pintina: la naturaleza de lo que cuenta, que hace que parezca tan sincero que las letras comienzan poco a poco a tomar forma y a convertirse en la piel de unos personajes de verdad. Sus historias se degustan poco a poco, como la buena cocina, y el retrogusto que dejan es el sello de calidad que identifica a Pintina.

Una vez llegas al punto final, no sientes que has terminado una historia, sino que has conocido a nuevas personas. Su impacto es tal que uno no olvida sus personajes más allá de su fin; uno espera poder encontrarse a sus protagonistas en el café de la esquina, tanto por su realismo como por el deseo de saber de ellos más allá de la trama.

Esa es la magia de Pintina Cuneo, una capaz de llevarte a unos protagonistas encantadores a través de sus páginas, y de no querer (ni poder) olvidarlos una vez cerrado el libro. Recomendado, sin duda. Sello esa opinión con la felicidad que me causa poder dedicarle unas palabras en mi blog.

Un saludo a tod@s, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

#2 Crear audiencia – CÓMO VENDER MÁS LIBROS EN AMAZON

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A la espera de ver el rebufo y analizar la eficacia de la primera acción para promocionar GÀTA en vivo y en directo, vamos con la segunda medida, para mí una de las más importantes para vender libros en Amazon: crear audiencia.

Es algo que parece evidente, pero por lo que veo es uno de los errores más frecuentes a la hora de enfocar la estrategia de promoción. La mayoría de autores termina su historia, siente la felicidad inherente al punto final, la publica, y se dedica a simplemente anunciar que ya está en venta. La muestran al mundo, expanden su existencia, y cuentan de qué va con la esperanza de que sus posibles lectores se interesen en el argumento y la compren. Y la gran mayoría de campañas de promoción que se basan en mostrar el libro como elemento central de venta, fracasan.

¿Y cómo quieres que lo venda si no hablo de él?, me diréis. ¿Cómo voy a hacer que lo compren si no me dedico a mostrar que existe? El caso es que, simplemente anunciando que este existe, es muy difícil venderlo. Libros hay muchos, y cuando tú le estás diciendo a alguien que has publicado uno, simplemente le estás diciendo eso mismo: hay un libro más en el mercado entre los tantos millones existentes. La conversión en ventas en este caso es muy, pero que muy limitada.

Por eso tienes que enfocarte en ti mism@ como elemento central de venta, porque tú eres únic@. La mayoría de libros no se venden por lo bueno que es este, ni por su portada, ni siquiera por su sinopsis (salvo que haya tenido la extraordinaria pero difícil suerte de adherirse a la ventisca del boca-oreja, que ya trataremos más adelante). La mayoría de los libros que solemos vender los autoeditados es por nuestro factor como personas, porque esos lectores nos conocen previamente a la publicación y creen en nosotros. Hay que crear una audiencia fiel y paulatina.

En los primeros meses de publicación de mi primer libro, El sanador del tiempo, mis ejemplares vendidos se podían contar con los dedos de mis dos manos, porque no tenía a nadie ahí que estuviera esperando su salida, y eso que me dejé la vida en que el mundo supiera que existía (hay varias entrevistas por la red, aparecí en la radio, tiene reseñas satisfactorias, se ofreció como suplemento de una revista histórica…).

En cambio, en la primera semana de venta de GÀTA, con 85 ejemplares, tripliqué las ventas de El sanador en su primer año. ¿Es porque ya me conocía la gente? Sí, pero no porque me hubieran conocido a través de otros libros (la  inmensa mayoría de ellos no conocían otros títulos míos). Es simplemente que me dediqué a conseguir una audiencia específica antes de su lanzamiento, centré mi estrategia de promoción en ese sentido, cosa que no hice con mi primer libro.

Así que, el consejo de hoy es que te olvides directamente de lo tan bueno que es tu libro, y te dediques a conseguir seguidores de ti como autor, no de tu libro como elemento de venta. Hay que olvidar el libro como centro de atracción, y utilizarlo como elemento de descarga de la audiencia generada previamente a su lanzamiento.

Para ello, hay que conseguir un vínculo especial con tus futuros lectores. ¿Y cómo se crea esa audiencia? Pues eso depende de tu personalidad y del medio que utilices, y por supuesto de la temática de tu libro. Hay quien tiene maña con Twitter y utiliza la acidez de sus comentarios para conseguir admiradores de su capacidad de aportar cosas interesantes en pocos caracteres. Si en dos frases consigues atraer su atención, querrán saber de lo que eres capaz de generarles en todo un libro. También está quien optimiza Instagram o Facebook, que explotan su imagen y su simpatía visual, o los que se hacen su propia lista de correo ofreciendo información valiosa periódicamente e interactúan a través de él… Yo en las redes sociales en general soy un negado, aquí no puedo aportaros grandes consejos. ¿A vosotros cómo os va? ¿Qué red social preferís? Si comentáis vuestras técnicas, las puedo añadir aquí para compartirlas con todos.

En lo personal, yo solo puedo opinar sobre WordPress, sobre este blog que es al que le saco rendimiento. Con 3.000 seguidores y una media de 40 me gusta por entrada, siento que es la herramienta que mejor se adapta a mi forma de ser, porque yo soy de palabras y necesito extenderme. Las redes sociales se me quedan cortas, no puedo disfrutar de la cercanía de poder confesarse con la persona que hay tras la pantalla.

Y no olvides que para crear audiencia tienes que ofrecer valor, darle a tu posible lector algo que necesita. Esto supone asumir (de manera dolorosa además) que nadie busca activamente tu libro. Yo, que estoy comprometido con la autoedición, escribo bastante sobre ello compartiendo mi experiencia, y soy consciente de que la mayoría de mi audiencia llega a mí buscando cómo exprimir la plataforma de Amazon más que por mi mundo literario. Pero sé que ese primer acercamiento sirve como desencadenante para compartir esta gran ilusión, y es ese anhelo compartido es el que nos hace conectar.

Resumiendo: si tienes pensado gastarte dinero para promocionar tu libro, no lo hagas si simplemente vas a hablar de él. Más vale que, si vas a gastarte 10 euros en una promoción que diga simplemente que tu libro ya está en venta, los inviertas en promocionar una entrada de blog o en una publicación en una red social que cubra una necesidad de tu posible lector para hacerte con su atención y convertirte para él en algo más que un vendedor de libros ambulante. Eso hará que a la larga se interese en tu obra y se haga con ella.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

CÓMO PUBLICAR TU LIBRO – Propósitos de Año Nuevo

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2019 está devorando mi tiempo de tal manera que parece anacrónico que ahora venga a hablaros de propósitos de Año Nuevo.  Pero puesto que estos tienden a abandonarse al poco de ser propuestos, sirva este desajuste temporal para animaros a retomarlos. En concreto, si uno de ellos tiene que ver con publicar un libro.

Tanto si es por la ilusión de plasmar una historia en papel impreso como si es uno de esos proyectos que uno tiene que hacer a lo largo de su vida, si este año te has propuesto publicar un libro, mi objetivo con esta entrada es aclararte un poco las opciones que tienes para conseguirlo. Que, por fortuna, cada vez son más. ¡Vamos allá!

VÍA EDITORIAL
Publicar a través de una editorial es (incomprensiblemente) la primera opción que a la mayoría se le viene a la mente cuando quiere publicar. Para algunos, incluso la única. Con la esperanza de ser aceptados, enviáis vuestro manuscrito a discreción para, en la mayoría de los casos, recibir la respuesta más frecuente: ninguna o, con suerte, un «gracias pero no nos interesa».

Es difícil conseguir una valoración positiva por parte de una editorial, pero no imposible. Si quieres conseguirlo, te recomiendo que sigas estos consejos:

· Busca una línea editorial acorde al género de tu obra. Es decir, que publiquen libros similares.

· Infórmate si reciben manuscritos o publican solo a través de concursos. Para una editorial es de muy  mal gusto recibir un texto si no están abiertos a ellos.

· Por todos los dioses, ¡acompaña tu obra con una propuesta editorial! Esto es un documento en el que hables de ti como autor (échate todas las flores posibles, sobre todo si eres novel), de tu obra, pero SOBRE TODO de las opciones comerciales de esta. Cuéntales por qué crees que va a vender y qué contactos tienes disponibles para ofrecérsela (seguidores de tu blog, redes sociales…). Recuerda que a la editorial le da igual lo tan buena que sea tu historia, solo quiere saber si va a tener salida comercial. Así que, ¡céntrate en ello! Una buena propuesta editorial es el 90% del éxito de la respuesta de la editora.

Pero, sobre todo, pregúntate si te interesa publicar a través de una editora. Lo único por lo cual yo me lo plantearía es por su capacidad comercial, por su maquinaria de venta. Aunque, lo cierto, es que a día de hoy las editoriales no hacen NADA para vender tu libro. Vas a tener que currártelo tú, por tu cuenta. Eso sí, a cambio de que se queden ellos el 95 % de los beneficios. Yo publiqué El corazón del aedo con la esperanza de que me ayudaran en ese aspecto y a la vista están los deplorables resultados: cero reseñas, menos ventas.

VÍA COEDITORIAL
Si no consigues que te acepte una editorial, siempre hay coeditoriales que te publican a cambio de un generoso pago. Te corrigen, editan e imprimen el libro (algunas incluso lo distribuyen) a través de un presupuesto. Y te va a costar un pastón. Yo lo tomaría como una última opción, sinceramente.

Y mucho cuidado con las coeditoriales encubiertas. Estas son las que te responden positivamente cuando les envías un manuscrito pero después te dicen que tienes que poner dinero para el proceso de edición. No son más que coeditoriales para las cuales no eres un autor, sino un cliente. Las reconocerás porque te responden muy rápido, en cuestión de días. Ojito al circulito rojo y compañía.

VÍA AGENTE EDITORIAL
¿Todavía existen los agentes editoriales? No, en serio, ¿conocéis alguno? No te haré perder el tiempo en este aspecto: en estos tiempos donde internet elimina los intermediarios, no pongas un eslabón más en una cadena de buitres, que bastante escasas son las regalías que nos llevamos como autores como para tener que compartirlas.

AUTOPUBLICACIÓN
He aquí el gran hito literario del siglo XXI: permitir a los autores publicar por sí mismos a coste cero. Hoy en día puedes publicar tu libro sin intervención ajena y nadie te lo pone tan fácil como el KDP de Amazon (ahora, por cierto, en español). Te permite publicar tu libro gratuitamente, tanto en papel como en digital, te paga un porcentaje de las ventas de hasta un 70%, te deja decidir el precio, puedes sacar reediciones cuando quieras, no tienes que pagar ningún stock inicial y encima ellos te distribuyen y envían a casi todo el territorio del planeta. ¿Alguien da más? No. Absolutamente no.

¿Y realmente interesa? Yo comencé autopublicando El sanador del tiempo, y los resultados en comparación a mi primera aventura editorial son inigualables. Extremadamente superiores tanto en ventas como en posicionamiento (Top 10 en ciencia ficción en varias ocasiones). ¿Por qué? Porque por un 70 % de los beneficios yo sí me muevo y me promociono. Por un 4 % que me da la editorial, no. Y como muestra de ello, mi última y más reciente publicación, GÀTA, también la he autopublicado en Amazon, porque ahí es el lugar en el que veo que mis gotitas de ilusión se transforman en resultados.

Claro que no es oro todo lo que reluce… Autopublicar con Amazon tiene también sus inconvenientes, que te voy a comentar junto a cómo desactivarlos:

· La corrección corre de tu parte. Tus lectores te perdonarán alguna falta esporádica, pero una lluvia de errores gramaticales puede llevarte a la ruina. También te diré que últimamente hasta las editoriales prescinden de los correctores para ahorrar gastos (o para achicar agua en su inevitable naufragio), y veo muchas publicaciones editoriales atestadas de errores. En cualquier caso, te aconsejo que dediques tiempo a mejorar tu escritura o que contrates un corrector profesional.

· La edición también es cosa tuya. La plataforma KDP te lo pone bastante fácil (y repito, ahora en español), con plantillas de Word con la maquetación hecha y con amplios tutoriales y asistencia. Aun así, reconozco que puede ser bastante liosa para los usuarios que no sean muy diestros con la informática. En ese caso, siempre puedes preguntar a la comunidad para que te eche una mano con tus dudas. Y para lo que necesites, aquí tienes a un servidor.

· El diseño de las portadas, de nuevo, será tarea tuya. Recuerda que en Fiverr hay profesionales que las diseñan por 5 €. ¡Solo tienes que tener cuidado con el tamaño de las portadas y que la calidad sea de 300 ppp para que ni se pixele ni cambien los colores al imprimir!

Lo sé, lo reconozco… Lleva mucho trabajo autopublicar, requiere algo de aprendizaje y paciencia. Pero vale la pena. Cada vez que me preguntan, yo siempre recomiendo la autoedición a través de Amazon. Si en el fondo, los escritores ya tenemos el callo hecho del trabajo duro de redactar cientos de páginas para nuestras historias, un poco de burocracia no nos va a detener, y de verdad que merece la pena viendo los beneficios que proporciona KDP.

En fin, espero haberos ayudado un poco en esta ardua y a veces confusa tarea de publicar un libro y os animo a cumplir vuestro sueño de materializar ese deseo en papel. Cualquier duda que tengáis, estoy a vuestra disposición.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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