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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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sentimientos

GRATIS 12 y 13 de febrero – GÀTA: Novela ¿romántica?

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Hola, soy Jon Ícaro, ¿me recordáis? Después de tanta ausencia por el blog, no me extrañaría que la respuesta fuera negativa, pero ya sabéis que tras mis desapariciones temporalmente forzadas, siempre vuelvo con contenido compensatorio. Y aquí os traigo el regalo de reyes. Un poco tarde, sí, pero más vale tarde que nunca (o eso espero).

Los días 12 y 13 de febrero tendréis GÀTA en descarga gratuita para Amazon Kindle. ¿Qué es Gàta? Ah, sí, ¿os acordáis que dije que tenía un proyecto de crear una novela donde un gato iba a ser el protagonista o el hilo conductor de esta? Bien, pues adivinad lo que he estado haciendo durante mi desaparición. ¡Exacto! La historia ya está terminada y publicada.

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Está basada en una leyenda que leí y que me encantó, sobre una mujer griega prometida a un aristócrata que decidió romper su compromiso porque su futuro esposo no quería conseguirle un gato egipcio. Sobre ese fundamento se desarrolla una novela… ¿romántica? Bueno, eso es lo que parece en primera instancia, pero luego la historia de amor se convierte más en un medio que en un objetivo, recordad que aquí el protagonista es un gato y no quiero que esto sea nada zoofílico. El caso es que la novela ya está lanzada y con la ilusión remanente tras la publicación, os la hago llegar de manera gratuita.

Considero que no es justo pagar por algo que no sabes si te va a gustar, soy un amante del Pay After Show y esa es la política que quiero aplicar, en tanto que los limitados días gratuitos de Amazon me deje. Te descargas la novela gratuitamente, la disfrutas, y luego, si te ha gustado, si crees que lo merece y quieres y te apetece, este es el trato: después compras El sanador del tiempo, que son 3 libros en 1 por un precio de 0,99 € y ese será tu pago y nuevo regalo por Gàta.

Y si no, pues no pasa nada. El simple hecho de que os hayáis interesado por la historia ya es para mí un pago, los escritores somos trabajadores de la vocación y esa felicidad de que alguien se aproxime a lo que hacemos es ya de por sí la mejor de las recompensas. Además, y esto va para los que también sois escritores, el simple hecho de que alguien se descargue gratuitamente tu novela posiciona en Amazon, y ayuda a que esa ilusión y ese empuje del propio autor por intentar darlo algo de visibilidad a su historia se materialice.

Así que, nada más. Mil millones de gracias si al final decidís darle una oportunidad a Gàta. En tal caso, espero que disfrutéis de ella tanto como yo escribiéndola.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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GATO ASESINADO EN YOUTUBE – Se nos va de las manos

Corre como la pólvora la noticia del vídeo de un adolescente que mató a golpes su gato para mostrarlo en Youtube; corre casi tanto como la indignación en mis venas cuando leo este tipo de noticias. No entiendo cómo alguien puede hacer algo así.

O sí, lamentablemente puedo llegar a comprenderlo. Parece que todo vale para viralizar un vídeo y llegar al éxito, y para ello se recurren a idioteces, cada cual más vergonzosa para nuestra condición humana. Parecemos haber perdido el filtro de la decencia, y cuanto más impactante es lo que mostramos, pues mejor. Ese acto de premiar la estupidez es lo que lleva a un cerebro en ebullición como es el de un adolescentes a cometer estas atrocidades. El culpable es él, y quizás la educación que ha recibido, pero la pistola en su mano la hemos puesto nosotros.

Siempre digo que somos lo que consumimos. En una sociedad tan deshumanizada como es la capitalista, solo tenemos una herramienta para cambiar el mundo: el consumismo. ¿Para cuándo un viral de una persona ayudando a otra? ¿Para cuándo un viral de un científico hablando de una posible cura para una enfermedad? ¿Para cuándo un viral de un rescate animal de los tantos que con tanto esfuerzo hacen las protectoras a diario? No, lo viral es ver cómo matan un gato, y eso es lo que premiamos con tanta expectación sobre lo bizarro y lo absurdo, con tanto vídeo de mierda en internet.

Espero que más de uno reflexione sobre esto y que sea consciente de que lo que ve en internet es lo que está promoviendo en el mundo. Solo así la muerte de este animal inocente podrá tener, aunque sea un mínimo, de sentido.

Perdón por el amarillismo, ya sabéis que ando un poco sensible en el tema gatitos, y que el libro que publicaré en breve lleva como lema “cuando los animales nos convierten en personas”. Aprovecho, de paso, para invitaros a la lectura conjunta que se está llevando a cabo.

Nada más por hoy. Un abrazo. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

CUANDO DESCUBRES TU VOcatCIÓN

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Sé que escribir es mi vocación porque cuando me preguntan por qué lo hago no sé qué contestar, y sin embargo soy incapaz de despegarme del teclado y sé que con cada letra que utilizo hago que las agujas del reloj se paren; pierdo la noción del tiempo creando historias.

Sé que escribir es mi vocación porque yo una vez tuve el sueño de ser leído y de que mi ilusión se materializara en forma de libro. Hasta, de vez en cuando, incluso vendo alguno que otro, y siento en las tripas esas mariposas traicioneras que te hacen creer en la ilusión de que algún día podrás vivir de esto.

Sé que escribir es mi vocación porque mis lágrimas son la prueba física de algo tan etéreo como es la conexión con un lector con el cual estableces una indecorosa relación mediante el simple uso de las palabras.

O eso creía. Antes pensaba que mi vocación era escribir. Ahora resulta que enlazar palabras no era un objetivo, sino un medio para algo superior.

Con la edición de GÀTA, novela que publicaré el próximo enero, me estoy reencontrando a mí mismo. No solo junta dos de mis grandes pasiones, literatura y felinos, sino que lo hace con un cometido que trasciende más allá de sus páginas: sirve a esos seres que a mí, personalmente, me han afilado la sensibilidad hasta el punto de amar la vida de otra manera.

Y es que GÀTA va de eso, es una novela histórica-romántica cuyo eje gira sobre lo que estos animalitos nos pueden ofrecer a nosotros como personas. Que no es poco, y si no que se lo digan a Néstor, el protagonista. Pero más allá de lo moralizante, es una historia que me está haciendo moverme con un objetivo por el cual me derrito. De momento, estoy llevando a cabo una lectura conjunta solidaria para colaborar con la protectora de Alicante Felinos lo Morant. Que, por cierto, aún puedes unirte, solo llevamos 4 capítulos y no te costará nada ponerte al día. Si te animas, escribe a jonicaroescritor@gmail.com para más información.

Y en un futuro, las implicaciones de GÀTA serán mucho mayores. Esta novela ha sido una gran revelación para mí como escritor, hace que la felicidad no solo me llegue por el hecho de escribir, sino también por sus consecuencias, y eso hace que mi sueño como escritor se actualice a un 2.0. Amo esta novela, de verdad, y cuando algo te llena tanto, te haces un friki de ello, y a día de hoy no me veo escribiendo otra cosa que no sea de esta serie.

En fin, que quería informaros de esta nueva sensación que va a repercutir mucho en mi obra y en este blog. Me vais a ver más felino que nunca de aquí en adelante (aunque los que me seguís por Instagram ya conocéis mi pasión por estos animalitos).

Y nada más por hoy. Bueno, sí, que en cuanto pueda me pongo al día contestando comentarios, ya veis que ando un poco liado últimamente.
Un saludo, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

LECTURA CONJUNTA ONLINE y SOLIDARIA – GÀTA

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Como cada vez que se me rompe el alma, deshago mi ausencia por estos lares (casi un mes esta vez) y vuelvo a pedir vuestro hombro para apoyarme. Y llorar, de rabia e impotencia. Pero esta vez, os pediré incluso algo más.

Los que habéis estado al tanto de mis últimas entradas y de mis publicaciones en Instagram, ya teníais muchas pistas sobre mi próximo trabajo: una novela por y para los gatos, donde estos animales eran los protagonistas tanto dentro como fuera de sus páginas. Esperaba con ella ir más allá del papel, con la intención de otorgarle fines solidarios. Le debo mucho a los gatos, solo ellos han descubierto rincones ocultos en mi corazón, y esta iba a ser mi forma de agradecérselo (en especial a mi Leore, siempre en mí).

Pero la brutal e inhumana irrupción de unos desalmados en la protectora Felinos lo Morant matando a golpes a nueve gatos lo ha acelerado todo. A esa protectora le debo las dos bolas peludas que inundan de amor mi hogar, y no puedo quedarme de brazos cruzados. Así que, a modo de tirita para intentar curar esta herida emocional se me ha ocurrido hacer una lectura conjunta solidaria de la novela que estaba terminando de editar y darle uso incluso antes de su lanzamiento.

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¿Y cuál es la idea? Pues los participantes recibiréis en el correo los enlaces a la parte privada de la web con los capítulos en los que se podrá comentar, de manera que podáis compartir vuestras impresiones y opiniones con otros lectores que estarán leyendo lo mismo y al mismo tiempo. La lectura comenzaría el miércoles 5 de diciembre, enviándose el acceso a un nuevo capítulo cada 2 o 3 días. Los que os animéis más tarde o no podáis llevar ese ritmo, no os preocupéis, los capítulos seguirán siendo accesibles y los comentarios se mantendrán para que los sigáis a vuestro gusto.

¿Y cómo lo hacemos solidario? La idea es que para participar cada uno aporte 1 € (o lo que pueda y quiera). El pago se hará directamente a ellos, bien a su cuenta de Paypal (felinoslomorant@hotmail.com) o con cualquiera de los métodos que exponen en su página web.

Así que, si quieres animarte a esta iniciativa que espero que sea exitosa, solo tienes que escribir al correo jonicaroescritor@gmail.com comunicando tu deseo de ser parte de esta lectura. ¡Así de fácil! Si puedes, envía una captura de tu aportación solidaria, aunque no es requisito indispensable su demostración, se asume que aquí todos actuamos de buena fe. Recibirás una respuesta lo antes posible con las instrucciones para formar parte de esta, espero, gran iniciativa. ¡Necesitamos tus maullidos!

 

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Y para finalizar, dejo aquí la sinopsis de la novela, que espero te atraiga y te anime a leerla:

“Nerea, una joven ateniense, está dispuesta a disolver su compromiso con el aristócrata Leandro si este no le consigue un gato de Egipto. Ese capricho, esa estupidez a ojos ajenos, está a punto de acabar con un futuro matrimonio necesario para su familia.

Además, hay alguien dispuesto a conseguirle ese gato y que hará todo lo que esté en su mano para ello: Néstor, el jardinero del hogar. Lo que Néstor no sabe, es hasta qué punto tal cometido le acabará cambiando la vida a él mismo y a los que le rodean, cuando el oportuno felino acabe demostrándole que a veces los animales nos convierten en humanos.”

Jon Ícaro - Gàta Novela histórica y romántica

 

PLAGIO DE ASSASSIN’S CREED – No hay bien que por mal no venga

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Bueno, pues ya sé a qué se debió el boom de las ventas de septiembre. Me gustaría decir que fue debido a la calidad de El sanador del tiempo, a su cautivador argumento, a su excelsa prosa… Pero no: resulta que se me acusa de plagio de Assassin’s Creed. Y ese, y no otro, ha sido el motivo por el cual la curiosidad se ha acabado transformando en ventas. Que hablen de ti; aunque sea mal, pero que hablen.

Conste que ya hice una entrada hace mucho sobre este tema. Alguno que otro me comentó las similitudes entre mi historia y la de la Ubisoft y, si bien no me pareció que tuvieran semejanzas más allá de las propias que con cualquier otra novela basada en viajes en el tiempo, me sentí halagado. No he jugado a esta saga de videojuegos, aunque la tengo en lista de espera. Por supuesto que me atrae, es algo que he dicho muchas veces, y si lo que he hecho se parece a algo que ha tenido tanto éxito, a mí me reconforta. Pero, sinceramente, no he visto nexo de unión que alcanzara el nivel de acusación de plagio, y de hecho, ha sido la salida de Assassin’s Creed: Oddyssey, la que ha levantado este revuelo. Mientras que la saga de Ubisoft siempre se ha enfocado en épocas medievales y postmedievales, la Antigua Grecia es uno de los escenarios que contempla El sanador del tiempo.

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Ahora bien, lo que quería reflejar aquí eran las implicaciones personales. En lo general no me afectan, he recibido comentarios de todos los tipos: no se parece en nada, es una copia, no es para tanto, es una mierda, a mí me ha gustado más que las otras… De todas aprendo y las agradezco, y todas ellas las integro para madurar. Comprendo la mayoría de ellas, pero no erosionan lo suficiente para cambiar de opinión.

Lo que sí me duele es que se acuse mi falta de creatividad. Eso no lo tolero. Hasta el punto de que, aunque me encuentro preparando una continuación, no me importa dejarla a medias, no me apetece seguir. Si no se me revuelve el estómago cuando me pongo a escribir, para mí esto no tiene sentido, y no me faltan ideas originales en mi libretita de ilusiones por escribir otras cosas que me hagan desbordar pasión. Esa libreta que me acompaña a todos lados y que sabe bien cómo se fraguan mis pensamientos, cómo un chispazo momentáneo madura y se transforma en historia. No es una cesión, ni un abandono. Es simplemente lo que hago siempre: tirar de lo que me enciende por dentro. Yo soy de los que creen en la casualidad, y puede que todo este revuelo sirva para hacer caso a alguna de esas ideas que tengo pendientes y que a menudo piden que las agarre y las cosa a mi corazón a golpe de palabras.

Rumio un poco todo esto, lo pienso, y, en breve, os cuento por dónde irán mis próximos pasos.
Un saludo, gracias por aguantarme. Siempre. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

CÓMO LLEGUÉ A VENDER 100 LIBROS DIARIOS EN AMAZON

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Al fin puedo decir, como escritor, que he hecho el agosto. Ese mes ha sido el mejor en ventas desde que publiqué El sanador del tiempo. El primer sorprendido he sido yo al promediar unas 100 unidades vendidas diarias. Los que me seguís desde mis inicios sabéis que, para mí, eso es una barbaridad. ¿Qué he hecho para llegar a esas cifras?

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La respuesta: no lo sé. Y los gurúes que amasan cifras exponecialmente superiores a estas, tampoco. Los líderes en ventas que os digan que saben por qué están vendiendo tanto, mienten. Como el caso de Marc Reklau, que porque un día consiguió una cantidad desorbitada de descargas (en promoción gratuita, por cierto), creó un libro que se convirtió en best-seller diciendo cómo lo había conseguido pero que, paradójicamente, no sirvió para que ninguno de sus lectores triunfara. Eso sí, de los días anteriores y posteriores a esa magnífica descarga, no aporta pruebas.

Lo que quiero decir es que estas ventas explosivas son pasajeras y fortuitas. En septiembre no me fueron así ni de lejos, volvieron a aparecer muchos días en blanco. No me avergüenza reconocerlo ni voy a utilizarlo para convertirme en valedor de cosas que no sé. Sin embargo, habrá quien aproveche estos éxitos puntuales para deciros que sabe cómo vender permanentemente y vivir de esto. Puro oportunismo. Los autores noveles y/o desconocidos no somos capaces de mantener un nivel de ventas en el tiempo, hay que asumirlo. Es más, si lo hiciéramos, dejaríamos de ser noveles para convertirnos en autores consagrados. Así que, desconfiad de escritores desconocidos que os aseguren que saben cómo vender con éxito de manera continuada.

Lo que sí sé es que he hecho muchas cosas, y que algunas de ellas pueden haber funcionado, pero también estoy seguro de que hay quien hace las mismas y vende más o vende menos que yo. He tenido un golpe de suerte, merecido o no. Si tuviera que apostar por la opción ganadora, me quedaría con el boca a boca. Diría que mi libro ha llegado a manos de alguien con mucha influencia en un grupo en particular y lo ha recomendado y eso lo ha movilizado. No hay nada más poderoso que una recomendación ajena, siempre que esta tenga valor. De nada sirve que os metáis a grupos de escritores y lectores a promocionar vuestro libro si no tenéis un respeto ganado en él a través del tiempo y la sinceridad.

Lo que también sé es que me ha ayudado el formato digital (en papel no he notado cambios significativos), y que de entre los libros que tengo publicados (las estadísticas de Kindle no hacen distinción entre obras), el que ha conseguido esta detonación es El sanador del tiempo, en este momento nº 6 en viajes en el tiempo y que en dicho mes llegó a estar en el Top20 de ciencia ficción.

No sé qué más ha podido funcionar, ya me gustaría saberlo para volver a aplicarlo, pero lo que quiero transmitir con esta experiencia es dos cosas:

  1. No hay fórmula secreta para las ventas. Tú solo puedes lanzar tu obra al mundo con más o menos fuerza, pero que esta se extienda o no depende en gran medida de la suerte. No eres mejor escritor por tener ventas exitosas ni peor por no tenerlas. El factor suerte no tiene nada que ver con el talento. No creo que el libro fuera mejor hace varios meses que ahora. Promocionarlo con todas tus fuerzas no va a asegurar el éxito, pero lo que sí está claro es que si no haces algo, difícilmente se va a proyectar.
  2. No te rindas nunca. Los que me seguís durante años sabéis que he seguido insistiendo, que no he perdido los ánimos a pesar de la sequía, y que siempre he creído en lo que hago sin mirar cifras. Es cuestión de suerte, sí, pero mientras sigas al pie del cañón, más papeletas tendrás para triunfar. Tu golpe de suerte también llegará, y quiero que este post sirva para que avives la esperanza. A todos los que derrochamos pasión nos acaba llegando, de eso estoy seguro, aunque en mi caso haya tardado años.

 

Es verdad todo lo que decís. Es muy difícil vender y veo mucho desánimo en los autores. Hay mucho esfuerzo no recompensado. Pero la respuesta no es apagar las luces. Cuantas más estrellas brillen en tu cielo, más fácil será que la persona indicada las vea. Yo seguiré peleando por otro golpe de suerte como este, como siempre.

Un saludo. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

DESMONTANDO EBROLIS – ¿Gato por libro?

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Como todo buen escritor que pretenda sobrevivir a la jungla de papel, siempre trato de buscar formas de visibilidad. Antes me avergonzaba reconocer que constantemente estoy buscando promoción, pero la cruda realidad me ha enseñado que, si amas tus libros, tienes que estar continuamente apostando por ellos intentando aprovechar cualquier mínima oportunidad de sacarlos a flote.

Una de esas opciones para acceder al público que había tenido siempre en la recámara había sido ebrolis. Se trata de una plataforma que tiene un gran impacto sobre la literatura digital (o eso se dice). Se basa en recopilar títulos de calidad contrastada a precios muy bajos o de oferta, lo cual suena muy apetecible para los lectores. O, al menos, eso es lo que yo tenía entendido.

Con motivo de la reedición de El sanador del tiempo: Los capítulos originales, decidí contactar con la plataforma para ver si había alguna opción de aparecer en ella. A mi entender, aunque puede que con esa distorsión con la que un padre ve a un hijo, el libro cumple los requisitos. Tiene reseñas positivas, no muchas pero sí de calidad, tanto dentro como fuera de Amazon. Ha llegado a estar en el Top10 de viajes en el tiempo y en el Top25 de ciencia ficción. Y en cuanto a los términos económicos, para celebrar esta reedición he decidido dejar su precio en 0,99 € durante el mes de octubre.

Decido entonces enviar mi propuesta junto a una buena dosis de ilusión en el remite y la respuesta que recibo es, básicamente, que están saturados y que solo se dedican a publicar a autores que optan por la opción premium. Vamos, la de pago. Que, ojo, lo entiendo y reconozco que su trabajo debe ser remunerado, pero aquí llega mi primera decepción: publican aquello que llena su cuenta corriente. El filtro de calidad aquí se vuelve un poco laxo y, para mí, siento que esta plataforma pierde una de las grandes características que la identifican: su capacidad de recomendar libros por su contrastada calidad. La ley del dinero, que se dice.

No obstante, me dan una alternativa. Si consigo que 30 amigos se registren en la página (para lo cual me dan un link personalizado y un contador muy bien traído), publicarán mi libro; eso sí, en el fondo del fondo de las páginas y correos. Vamos, que si trabajo para ellos de comercial, en deferencia, me incluyen discretamente en su base de datos. Lo cual me lleva a una segunda cuestión: ¿tan necesitados están de registros que utilizan estos medios tan poco respetuosos con los autores convirtiéndolos en evangelizadores suyos por unas migajas? Al final va a ser que ebrolis no tiene una base de aficionados tan potente como proclaman.

Todo esto son conjeturas y sensaciones, por supuesto, pero algo me dice que ebrolis no es lo que dice ser y que su amor por el papel no se refiere a las hojas llenas de tinta, sino a ese que se imprime en forma de moneda. Y vosotros, ¿habéis probado a promocionaros con esta plataforma? ¿Cómo os ha ido? De verdad que estoy muy interesado en conocer opiniones ajenas, porque todo el respeto que tenía por esta página se está esfumando en 3, 2, 1…

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

MI NUESTRA HISTORIA #8 – ¿Familia o principios?

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Nueva cara para nuestra novela interactiva; incluso la web se ha puesto de gala para la ocasión. De ahí lo que he tardado en añadir este nuevo capítulo. Seguramente la imagen de portada no os recuerde a ningún personaje (todavía), pero tanto la estética como el título tiene mucho que ver con el futuro desarrollo, que girará en torno a una idea que me ha surgido con vuestra participación y comentarios.

Pero, a lo que vamos. Por fin seguimos con MI NUESTRA HISTORIA. ¡Esto no para! Recordad que en el último capítulo, Barbato quería disfrutar sexualmente de Caridda y vosotros decidisteis si Prisco debía interceder o no a favor de la mujer britana.

Para los nuevos: MI NUESTRA HISTORIA es una serie de novelas histórico-románticas en las que al final de cada capítulo se abre una votación para que podáis participar y ser parte del argumento. En la página web hay un resumen rápido actualizado por si queréis poneros al día en un par de minutos, aunque también he colgado los capítulos por si queréis formar parte de esta iniciativa en todo su esplendor. También podéis seguir la iniciativa a través de la APP Jon Ícaro, donde está todo bien organizado y donde seréis avisados cada nuevo capítulo.

Pero, para no retrasar más la continuación de la historia, aquí abajo os dejo el octavo capítulo con su correspondiente votación. ¡Espero que os guste!

 

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—¡No! —grita Prisco convirtiendo su caja pectoral en un aspersor de asertividad—. No vas a hacer uso de Caridda para tu entretenimiento, Barbato.

El joven defiende a la mujer britana, que sonríe por dentro al sentir el interés de Prisco por su bienestar.

—¿No voy a disfrutar de Caridda? —replica el veterano—. ¿Y eso por decisión de quién? ¿De tus huevos que se acaban de hinchar acaso? Porque no creo que estés en condiciones de decidir en ese aspecto.

—No, no estoy en condiciones. Eso es cierto —asume Prisco, que sabe que el mapa y las armas están en posesión de Barbato—. Tú eres el único que puede decidirlo, y por eso mismo serás tú el que decida renunciar a tales intenciones. —Barbato tuerce el gesto ante esas declaraciones, no ve la necesidad de prescindir del sexo con una mujer bárbara, de las cuales sabe por experiencia que son bastante salvajes en la intimidad—. La guerra nos ha sumergido ya en demasiadas situaciones desagradables en contra de nuestra voluntad y posibilidades. No añadamos más por decisión nuestra, por los dioses…

Caridda disfruta del enfrentamiento verbal, está encantada con la defensa que Prisco hace de ella. Le agrada, sobre todo, el uso que el romano hace de las palabras. Si fuera un hombre de su tribu, ya se habría lanzado a golpear a Barbato. Es el autocontrol la parte que Caridda admira del joven.

—En algo tienes razón —expone Barbato—. Mucha mierda nos hemos tenido que tragar estos últimos tiempos. En tu caso, casi en sentido real. Por eso mismo considero que hay que endulzar esos agrios sucesos con momentos más… placenteros.

Sin previo aviso, Prisco se lanza contra Barbato para sorpresa de todos. Se abalanza sobre él antes de que pueda sacar las armas de la bolsa. El veterano cae con el joven sobre él, que le da un rodillazo en la entrepierna. El dolor se le sube al estómago como una bola de fuego, pero lo enrabieta, le da fuerzas para lanzarle un puñetazo en la mejilla a Prisco. Dos. Después lo empuja para quitárselo de encima. Barbato se levanta con dificultad. Prisco también, y extiende la palma de su mano pidiendo el fin del enfrentamiento.

—¿Se puede saber qué haces? —pregunta Barbato, enfurecido y sin comprender por qué Prisco ha iniciado la lucha y ahora pide el fin de esta—. ¡Hijo de una ramera!

—Evitar la pelea, o alargarla al menos hasta el punto en el que uno de los dos tenga que arrepentirse —afirma Prisco, guardando las distancias—. Me parece que ya no hay motivo de discusión.

Prisco señala a la entrepierna de Barbato y este comprende al fin. Con el dolor que le ha causado con el rodillazo, duda de que pueda hacer uso de su miembro viril. Caridda se ríe. Aunque la mujer se había decepcionado ligeramente por el uso de la violencia de Prisco, entiende que lo ha hecho utilizando la cabeza.

—Y ahora —continúa Prisco—, si lo consideras oportuno, podemos seguir avanzando en lugar de exponernos peligrosamente a guerreros y bandidos en el camino.

—Esto no va a quedar así, te lo aseguro —afirma Barbato, que accede a la opción de continuar el camino. A pesar de su actitud sobria, las palabras de Prisco sobre la nula necesidad de generar nuevas complicaciones han calado en él.

Una vez calmados los ánimos, Prisco aprovecha la cercanía al río Danubio para lavarse y refrescar su alma tras los ardientes acontecimientos. Se arrodilla frente a la serpiente acuática y ve su rostro reflejado en las claras aguas. No se reconoce. La barba comienza a invadir un rostro acostumbrado a no pasar más de dos días sin recibir la navaja de un tonsor. Sus facciones, antes más amables, parecen empezar a adaptarse a la dureza de los recientes días pasados y venideros. Incluso su mirada parece no ser la misma.

Tras el aseo, el grupo continúa su camino a través de cañaverales y carrizales que parecen no tener fin. Bosques de sauces y fresnos los acompañan en varios segmentos de su viaje. La pequeña Naevia ralentiza el avance y la bolsa del pan y el queso cada vez pesa menos. Pero, por fin, tras día y medio de camino utilizando el río como referencia, llegan a un lugar marcado en el mapa con el símbolo que identifica una ciudad.

—Cuidado con los putos dacios —advierte Barbato. Las jornadas de viaje parecen haber aliviado las tensiones del grupo—. Uno nunca se puede fiar de los bárbaros.

Caridda no se da por aludida, se siente orgullosa de su condición y las palabras de Barbato apenas laceran su corazón.

Se aproximan a una de las oberturas de la empalizada de madera que rodea la localidad, custodiada por dos guerreros que les piden sus armas si quieren entrar. Barbato se niega, pero Prisco intercede, le explica la necesidad de desarmarse y el veterano finalmente, tras escupir al suelo y maldecir al joven por dejarlo indefenso, entrega la bolsa con las espadas a los vigilantes. Si muero sin posibilidad de defenderme, te buscaré en el inframundo para rajarte los huevos, es la advertencia de Barbato a Prisco.

Acceden al interior de la villa donde se convierten en el foco de las miradas de bárbaros entregados a sus tareas cotidianas. Por suerte, sus túnicas de lana y los mantos de lino que adquirieron en el campamento bárbaro son similares a los ropajes locales y no les provocan mayores complicaciones para integrarse. Se dirigen allí donde la bebida afloja las lenguas y es más fácil obtener información. Entran en lo que parece una especie de taberna, muy distinta a las tabernae romanas. Prisco y Barbato piden algo de beber mientras Caridda ronda por el local haciendo preguntas a unos y otros haciendo uso de su conocimiento de la lengua dacia.

—Es vino tracio —asegura Barbato tras dar un gran trago a su jarra—. Es más espeso y aromático que el aguado vino romano. Pruébalo, Prisco. Los tracios creen que el vino hace que los dioses entren en su cuerpo y sustituyan el alma, por eso beben este vino tan fuerte, para sentir a sus falsos dioses cuanto antes.

—Ya… —dice Prisco a desgana. Está más atento a Caridda y a los posibles avances en su búsqueda de información.

La mujer, tras unos minutos, se acerca a ellos.

—Ese hombre de allí. —Señala a un viejo escuálido con anillos en sus dedos—. Dice que hay un esclavista que conoce todo el comercio de esclavos de Dacia. No hay mercancía que no haya pasado por sus manos, o que se haya vendido sin su conocimiento.

—¿Y sabe dónde está mi mujer? —Prisco se exalta, la jarra vibra en sus manos temblorosas.

—Es muy posible. Pero vive en la capital, Sarmizegetusa. —Antes de que Prisco muestre tristeza, Caridda continúa con una buena noticia—. Pero tiene hombres en todos los rincones del reino. Aquí mismo hay uno de ellos.

—¿Y a qué esperamos para hablar con él? —apremia Prisco, cogiendo a su hija en brazos, preparado para salir en su búsqueda.

Atraviesan la ciudad siguiendo las indicaciones de Caridda, que a su vez obedece las señas que el hombre de los anillos le ha ofrecido. Golpean la puerta de madera de un hogar que se abre rápidamente. El ayudante del mercader de esclavos les permite el paso y tras un duelo de palabras amistosas, saca una serie de papeles ilustrados.

—Estoy aquí para vender la mercancía de mi señor —aclara el hombre mientras despliega los pergaminos sobre una mesa—. Utilizo estos dibujos para mostrarla. Tenemos un gran dibujante y es más fácil y rápido de transportar que los propios esclavos. —Continúa sacando documentos. Prisco los mira detenidamente, pero no encuentra el retrato de Sentia en ninguno de ellos—. Si estáis interesados en alguno de estos esclavos, he de decir que no son baratos.

Entonces, la mirada de Prisco se clava en uno de los papeles. Son sus ojos los que ven el dibujo, pero es su corazón el que lo identifica. La larga y lisa melena, la nariz puntiaguda, la piel más oscurecida que el color del pergamino, los pechos pequeños pero redondos…

—¡¡Es Sentia!! —grita señalando el pergamino que lleva el dibujo de su esposa. A pesar de que la recreación no es exacta, está seguro de que es ella—. ¡Es mi esposa!

Por fin, un golpe de suerte. Prisco sabe que los dioses son benévolos, al fin y al cabo, y se siente tremendamente afortunado y feliz por haber tenido una pista de Sentia tan rápido. La fortuna lo acompaña.

—¿Dónde está? ¿¿Dónde está mi mujer??

Prisco agarra del cuello al comerciante y esta vez es Barbato el que instaura la cordura separándolos.

—¡No vas a conseguir nada matándolo! —grita el veterano reteniendo a un Prisco esquivo, que lucha por zafarse de él.

—¡Es mi esposa! Es… —Finalmente, Prisco razona. Su rabia se desvanece y deja de forcejear. Barbato lo suelta—. Es mi esposa —dice, acercándose al vendedor de esclavos y mostrando una súplica en su rostro humedecido—. ¿Dónde puedo encontrarla? ¿Está viva?

—Al menos cuando yo salí de la capital, lo estaba —confirma el hombre y Prisco siente un estallido de colores en su corazón—. De otra manera, no tendría sentido que hubiera traído su dibujo. ¿Para qué iba a vender una esclava muerta? Así que, viva debe de seguir en la capital.

—¡Llévame junto a ella! —suplica Prisco, arrodillándose. A Caridda, esa sumisión a la que no está acostumbrada la enternece.

El vendedor se rasca la barbilla. Piensa. Finalmente, toma una decisión.

—Dentro de dos días partiré de nuevo hacia la capital. Os dejaré acompañarme. —Prisco sonríe, pero el hombre trata de sacar provecho de esa compañía—. Aunque lo haréis como guardianes. Se os ve hombres fuertes. A él al menos.  —Señala a Barbato—. Incluso la mujer muestra buena musculatura. Si hacéis que mi viaje a Sarmizegetusa sea seguro, entonces te llevaré junto a tu esposa.

Prisco accede sin dudarlo. Ya se imagina junto a su esposa. Por acariciar su piel haría cualquier cosa.

—¿Y de quién hemos de protegerte? —pregunta Barbato, que no está dispuesto a jugarse el pellejo a cualquier precio.

—De los romanos —afirma el vendedor—. Domiciano ya ha traído sus legiones y no es raro encontrarse con fuerzas romanas que buscan controlar los caminos para asegurar el envío de suministros.

—¿Lucharemos contra los romanos? —pregunta Prisco, sintiendo el corazón dividido. Sin haberlo pretendido, acceder a las peticiones del vendedor supondría cambiar de bando.

—¿Algún problema? —pregunta el comerciante de esclavos.

¿Algún problema? ¡Por supuesto que lo hay! Le está pidiendo que se enfrente a los soldados que pretenden dar su merecido castigo a los dacios, a hombres cuyo objetivo es acabar con aquellos que un día, como a él, asaltaron y robaron sus esposas. Quiere que clave la espada en defensores del honor, en paisanos suyos que solo defienden los intereses de los pobres ciudadanos romanos. ¿En qué lo convierte eso? ¿En un frío y simple mercenario? ¿En un guerrero desalmado y sin capacidad de decisión?

Sabe que ha tenido mucha suerte encontrando a ese mercenario, que seguir junto a él hará que en pocos días esté junto a su esposa. Pero, ¿a qué precio? ¿Debe de permanecer a su lado, aunque eso suponga tener que matar romanos a los que considera, no solo inocentes, sino defensores del honor y salvadores de los que como él han sufrido tanto?

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MI NUESTRA HISTORIA #6 – Tú decides

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¿En qué estáis convirtiendo a Prisco? No, en serio, me está encantando la evolución del personaje, y es gracias a vosotros. De nuevo ha ganado la opción más perversa, habéis votado que Prisco se convierta en un saqueador (por el bien de su hija, todo sea dicho). Esto plantea algo muy interesante. Cuando encuentre a su esposa (si la encuentra), ¿seguirá siendo el mismo Prisco del que se enamoró? Ahí lo dejo. Abajo tenéis un nuevo capítulo.

Para los nuevos, como siempre: os presento MI NUESTRA HISTORIA. Una novela de corte histórico y romántico en la que, al final de cada capítulo, votáis para decidir cómo seguirá la historia, participando activamente en su desarrollo. Dejo a continuación los enlaces a capítulos anteriores y un breve resumen para que os animéis a formar parte de esta iniciativa en un par de minutos. Y, ya sabéis, también podéis seguir la historia de manera más organizada y con avisos sobre los capítulos nuevos en la aplicación Jon Ícaro (Play Store).

CAPÍTULO 1  // CAPÍTULO 2 // CAPÍTULO 3 //  CAPÍTULO 4 // CAPÍTULO 5
Resumen: Prisco es un joven comerciante de vino de la provincia romana de Moesia que un día ve su vida truncada cuando los dacios invaden su aldea y se llevan a su mujer. Para rescatarla, se une a un grupo de auxiliares bárbaros con la intención de adentrarse con ellos en territorio dacio y llegar al ejército romano con el que espera derrotar a Dacia y recuperar a su esposa Sentia. Las pruebas para ser aceptado en el grupo bárbaro ya han hecho que su hija reniegue de él, y ahora deberá saquear a inocentes para poder seguir en este viaje que está siendo más duro de lo que esperaba.

 

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El asalto por parte del grupo al que acompaña Prisco a la aldea dacia es inminente, y Prisco sabe que debe ser parte de él. Los bárbaros se lanzan enajenados contra esta en cuanto aparece ante sus ojos. Los primeros en llegar disfrutarán de las mejores mujeres, los mejores alimentos y los botines más destacados. Prisco es retenido por su conciencia. Es consciente de que tiene que robar por el bien de su hija, pero no quiere disfrutar del proceso. No se alegra como parece que lo hacen sus compañeros.

El joven comienza a correr colina abajo, sus sandalias pisan la estepa dacia y acortan la distancia respecto a unas casas selladas que albergan aldeanos atemorizados, como si fueran pajarillos en sus jaulas. Cuando Prisco llega a la pequeña villa, pocas son las barricadas de escombros que no han cedido a la embestida bárbara. Muchos hogares ya han sido profanados, tal como anuncian los gritos de agonía. Entre los alaridos de pavor y dolor se mezclan otros de placer, provenientes de los britanos que han forzado alguna hembra dacia para tranquilizar sus instintos salvajes.

Prisco busca alguna puerta intacta que muestre que el interior de la casa todavía no ha sido saqueado. Encuentra una alejada de las granjas y sabe que no es casualidad. Espera no tener que arrebatar los escasos víveres de una familia pobre y con poco acceso al sustento. Resopla y agarra con fuerza su escudo, un scutum ovalado que tiene la forma del cetratus de las tropas auxiliares. Toma carrerilla y embiste con él contra la madera que le separa de los alimentos que necesita para sobrevivir.

La puerta no se mueve ni un ápice.

Vuelve a intentarlo y lo único que consigue es un agudo dolor en su hombro izquierdo. Mira alrededor y observa cómo actúan sus compañeros. Entonces, decide intentar el método de la patada. Golpea fuertemente con la planta del pie en la puerta y su rodilla derecha le hace inclinarse de dolor. Mira al frente y se da cuenta de que no ha conseguido progresar.

—Prueba con esto —le dice un britano a sus espaldas. Es Urel. Cualquier otro estaría riéndose de él. En cambio, el hijo del líder le ofrece ayuda. Le tiende una tea encendida—. Lánzala sobre el techo de paja. El humo les hará salir. Después, entra y coge todo lo que esté a tu alcance. Pero sé rápido, no quiero tener que recoger tus cenizas.

Prisco inclina la cabeza y Urel sigue su camino. Se siente agradecido. ¿Agradecido? Ahora no solo va a robar a una pobre familia, sino que va a incendiar su hogar. Pero es lo que tiene que hacer por su hija. O, al menos, intenta convencerse de ello.

Lanza la antorcha y la puerta se abre antes de lo esperado. Antes siquiera de que el techo arda lo suficiente.

—¡Fuera de mi casa! —grita el hombre que aparece ante él, un veterano que solo conserva pelo en los laterales de la cabeza. Lleva un podón con una hoja grande y curva en su mano derecha—. ¡O te rajo la barriga!

Prisco agarra su espada celta con más fuerza, asustado. Sabe que la herramienta agraria del hombre atravesaría sin dificultad su túnica de lino.

—¡No quiero hacerte daño! —dice Prisco. Su tono de voz no es el de un guerrero, no impone lo más mínimo. Casi se le puede escuchar temblar, y eso envalentona al hombre que tiene delante.

—¡Lo que tengo se debe a mi trabajo! ¡Me cuesta sudor y sangre conseguirlo! ¡Y no me lo vas a quitar!

El hombre sabe que, si le roban su comida, no vivirá un invierno más, y con esa fuerte convicción ataca a Prisco. Lanza dos puñaladas que Prisco esquiva, más por miedo que por disciplina militar. El podón está diseñado para cortar, no para herir de manera punzante, por lo que su rival, consciente de ello, alza el brazo y esta vez ataca verticalmente. Prisco intercepta el golpe con el escudo. Se escucha el quejido del metal de su protección al recibir el impacto. Como enloquecido, su enemigo enlaza un ataque tras otro, abollando el scutum de Prisco y esperando un error en la cobertura para atravesar su cuerpo.

Prisco, actuando meramente de manera defensiva, se acostumbra al ritmo de ataque del hombre. Sabe, exactamente, cada cuanto tiempo le golpea con su herramienta. Y, entonces, aprovecha uno de los intermedios para apartar el escudo y lanzar su espada, que consigue atravesar el estómago de su rival. Esta vez ha aprendido. Ha atacado con todas sus fuerzas para no efectuar solamente una herida superficial. El filo ha atravesado completamente el cuerpo de su contrincante, que, entre estertores y vomitando sangre, aún intenta lanzar un ataque más.

Pero Prisco retuerce su espada, aumentando el daño y acabando con toda intención de seguir luchando de su rival. Se descubre a sí mismo disfrutando de la victoria, se siente poderoso al derrotar a su enemigo. Extrae el arma y el hombre cae al suelo, inerte.

Prisco entra en la casa, que ya ha comenzado a arder. Se encuentra tres niños confusos, llorando en una esquina. Intenta no mirarlos y se dirige a la despensa. Llena el zurrón con pan y queso y se marcha antes de que el humo invada sus pulmones. Abandona la aldea sin mirar atrás.

 

De vuelta a la retaguardia del grupo de britanos, Prisco se acerca a la carreta que carga lo más preciado para él. No son los víveres, ni las armas, ni las tiendas de campaña… Es su hija. La pequeña posee las piernas demasiado pequeñas para aguantar el ritmo de avance de los guerreros, por lo que permiten que viaje sobre uno de los carros. Además, ese permiso era una de las condiciones por las cuales Prisco cedía su caballo para tareas de carga.

—Toma, lo he conseguido para ti —dice Prisco mientras le extiende un trozo de queso a Naevia. La pequeña, como un gato asustado, se marcha hacia el otro extremo de la carreta.

Caridda, siempre cerca de ella, coge el trozo de queso y se lo da. En apenas tres bocados, la niña lo devora con fruición. Aún reniega de su padre, pero Prisco sonríe al ver cómo su hija disfruta de la comida. Solo por eso, ha merecido la pena el horror que ha causado.

—Dale tiempo —dice Caridda, acercándose al joven romano—. Acabará entendiéndolo. Por la noche le cuento historias de niños para que comprenda la situación.

—Y te lo agradezco. Gracias otra vez, Caridda. ¿Cómo duerme? ¿Tiene pesadillas?

—A veces tiembla y entonces la despierto, pero no creo que tenga más pesadillas que antes de que empezara todo esto. Supongo que tiene los horrores nocturnos de una niña de su edad.

Prisco quiere creerla, pero no sabe si simplemente intenta complacerlo con esas palabras.

—Pronto encontraremos a su madre y todo volverá a ser como antes. Los tres viviremos felices y sin preocupaciones.

Caridda traga saliva. Le duele pensar en la felicidad de Prisco junto a otra mujer. Siente mucho cariño por Naevia. Y aunque no quiera reconocerlo, siente algo mayor por el padre de la niña.

—Eres el primer hombre que conozco que desea el fin de la guerra para encontrar la felicidad. Los guerreros de mi tribu, al contrario, siempre piden a los dioses nuevas batallas que les den una razón para disfrutar.

—Es una buena forma de llamarme cobarde —bromea Prisco y los dos ríen—. Yo espero que todo esto acabe pronto…

—Tú quieres que la lucha termine para estar con tu mujer. En cambio, Urel parece que esté deseando comenzar un nuevo enfrentamiento para no estar conmigo.

—Él te trajo aquí —advierte Prisco, que no entiende esa queja—. Podía haberte dejado en Britania, pero quiso que vinieras para tenerte cerca suya.

—Solo quiere poder vigilarme para que no me posea otro hombre —explica Caridda, y ahora Prisco sí entiende—. Pero aquí, apenas me presta atención, siempre ocupado en hacerse cada vez más fuerte.

—Seguro que trata de ser más fuerte simplemente para poder protegerte. Yo quisiera ser tan poderoso como el mismísimo Júpiter si eso me permitiera recuperar a mi esposa…

—Respecto a eso…

Caridda calla. Está esperando el permiso necesario para expresar una opinión que sabe que no será bien recibida.

—Habla, Caridda. Siempre eres sincera conmigo.

—Tengo entendido que esperas unirte al ejército romano para derrotar a los dacios y recuperar a tu esposa.

—Esa es mi intención.

—Pero no la encontrarás tras la guerra. —Prisco tuerce el gesto ante esas palabras inesperadas—. Puede que venzas en la batalla final, y así yo lo deseo. Pero los dacios la asesinarán antes de que puedas encontrarla tras la victoria. Una vez derrotados, descargarán su furia sobre todo romano que esté a su alcance. Siempre ocurre así.

Prisco se queda pensativo. No quiere aceptar esa revelación, más que nada porque no sabe otra alternativa que lo acerque a su esposa.

—Ella tiene razón —añade Barbato sumándose a la conversación a la que estaba poniendo el oído un buen rato—. Aunque tengo dudas al respecto, puede que tu esposa aún esté viva. Es posible, aunque no probable. Puede, si los dioses quieren que aún viva, haber encontrado su hueco en la civilización dacia como esclava o ramera, pero cuando esta caiga, ella lo hará junto al reino…

—¿Y qué proponéis entonces? —pregunta Prisco, furioso. No ha pasado por tantas cosas para ver sus esperanzas truncadas de repente.

—Yo la buscaría antes de que la guerra pase por encima de ella —sugiere Barbato—. Con monedas, hasta un romano puede acceder a esclavas y putas en territorio enemigo.

—No duraría ni dos días en suelo dacio. Y menos con mi hija… —se lamenta Prisco—. Por eso os sigo.

—No si te haces pasar por dacio —dice la mujer britana.

—Imposible —niega Prisco—. No sé hablar su lengua…

—Pero yo sí —dice Caridda, sorprendiendo a los dos interlocutores.

—¿Además de romano y britano hablas la lengua dacia? —pregunta Prisco, que todavía no lo cree.

—Efectivamente. Así que partiremos esta noche. Nos separaremos del grupo. Yo quiero alejarme de Uriel y tú tienes que adelantarte para recuperar a tu esposa. Nos conviene esa opción.

—Caridda tiene razón —añade Barbato, que mira a los dos jóvenes y cree que hay cierta complicidad entre ellos—. Así puede que tengas alguna opción de llegar a tu esposa antes de que las legiones destruyan todo lo que hay más allá del Danubio.

La mujer bárbara sonríe, se siente feliz ante la idea de viajar junto a Prisco, de vivir más allá de por y para la guerra. En cambio, el joven intuye que hay algún interés oculto en la profunda mirada azul de la mujer. No sabe si fiarse de ella, aunque puede que su plan de integrarse en la sociedad dacia sea bastante efectivo para conseguir información y acercarse a Sentia antes de que el fuego de la guerra lo devore todo. ¿Debería fiarse de Caridda?

¡Votación finalizada! Puedes seguir leyendo el capítulo siguiente para ver si tu opinión coincide con la de la mayoría de los votantes. ¡Y no olvides votar en el último capítulo actual cuando llegues a él!

 

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