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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

HOY POR TI, MAÑANA POR EL LINCE

¿Quieres ayudar al lince ibérico y llevarte un libro GRATIS? Pues solo tienes que estampar tu firma solidaria en la iniciativa de “Ni un lince más atropellado” que lleva a cabo WWF España para que se regulen los puntos negros en los que, escandalosamente, se repiten una y otra vez los mortales atropellos de esta bella especie en extinción sin que a nadie parezca preocuparle.

Yo, a cambio, te regalo un ejemplar digital de la novela GÀTA. Como dije, uno de los objetivos de esta historia era aportar mi pequeño granito de arena al mundo felino con pequeñas acciones, y si regalar mi libro sirve para que te animes a firmar este proyecto, pues felices los cuatro: el lince que acabas de salvar, el gran grupo que es WWF, tú por llevarte un libro gratis y yo porque gracias a ti esta historia animalista sirve para lago más que para pasar un buen rato.

No te pido nada más a cambio. Es más, te demuestro mi fe en ti poniendo aquí directamente el enlace de descarga de la novela, tanto en PDF como en EPUB, para que escojas tu formato preferido:

DESCARGA EN EPUB // DESCARGA EN PDF

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Pero además, si envías una captura de la confirmación de tu firma a jonicaroescritor@gmail.com, entrarás en el sorteo de un ejemplar firmado de GÀTA en papel (solo envíos nacionales) que haré a final de mes. Sé que una firma no es gran cosa, pero el amor implícito que llevará por haberte agradecido que formes parte de esta iniciativa es enorme, te lo aseguro.

Y nada más por hoy, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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SI ES QUE VAN PROVOCANDO…

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¡Si es que van provocando! Se reavivan las ascuas del machismo inherente en San Fermín y yo me descuajaringo cuando salen esas imágenes de jóvenes descubriéndose el pecho en la plaza y oigo a mi alrededor “si es que se lo buscan”, o cosas parecidas, por no hablar de la estrechez mental que incluso justifica con esa imagen aberraciones varias.

Pero no seré yo el que opine al respecto, que corro el riesgo de quedarme sin teclado. Lo dejo en manos de Ascanio, el hercúleo guerrero de la novela de Gàta. Como ya hice en otra ocasión, utilizo a mis personajes en forma de relato breve para dar mi opinión sobre temas tan espinosos. Dejo implícito en las siguientes líneas el pensamiento de que al final al provocación no está en el exterior, sino en la cabeza de cada uno, y no en la de abajo precisamente, y que no hay justificación más allá de la que uno quiera inventarse. ¡Espero que os guste! Se ubica tras la llegada de los griegos de la mano de Alejandro Magno a Egipto:

 

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—Mira eso —dijo Ascanio, con los ojos desencajados y hasta el último pelo de su profunda barba blanca tieso por la excitación.

Pero Néstor no podía mirar nada, ocupado como estaba en salir del Nilo tras haber caído a sus aguas de manera miserable. Habían visto a esos egipcios deslizarse sobre la superficie del río en aquellas pequeñas barcas de papiro y habían intentado imitarlos. El nefasto resultado de aquel intento era evidente, a juzgar por sus cuerpos empapados.

—Algún día… igualaré tu habilidad… con la natación, por los dioses —afirmó Néstor con la respiración entrecortada tras alcanzar la orilla, algo que su amigo ya había conseguido minutos antes gracias a su portentoso físico—. Diría que tengo ante mí al mismísimo Poseidón cuando te veo nadar, Ascanio.

—Mira eso —repitió Ascanio, que parecía más interesado en otra cosa.

Néstor se quitó su túnica blanca y la escurrió. Entonces siguió la dirección que indicaba el dedo de su musculoso compañero. Este señalaba a una egipcia que segaba el trigo de las prolíficas tierras a la vera del Nilo. Llevaba el pecho descubierto, motivo de la fijación de Ascanio.

—Es tradición aquí que vistan así —informó Néstor, con el agua todavía cayendo desde su raída barba y su ondulada melena castaña—. Así que no te emociones.

Néstor golpeó con su túnica mojada a modo de látigo en el esculpido abdomen de Ascanio para intentar sacarlo de aquel embrujo. Volvió a vestirse de nuevo y sintió el horroroso calor egipcio un segundo después.

—No me importa el por qué de su desnudez, si este es por tradición o por ley —dijo Ascanio, incapaz de retirar la mirada de la egipcia—. Más bien me interesa el para qué visten así.

—Uy, mi gran Ascanio… —dijo Néstor, que ya sabía hacia dónde se dirigían los pensamientos de su enorme amigo—. ¿La deseas? —preguntó, aunque por sí mismo pueo descubrir que era innecesario del todo hacerle esa cuestión a juzgar por el abultamiento en la parte del bajo vientre de su túnica de lino—. Y yo que creía que la única pasión que agitaba tus pensamientos era la lucha…

—Ella me sonríe —se justificó Ascanio, escudándose bajo el estiramiento de labios que continuamente le dedicaba la egipcia al saberse observada.

—A todos nos sonríen —expuso Néstor, intentando disminuir la euforia de Ascanio—. Nosotros, los griegos, les hemos liberado de la esclavitud persa. Se sienten seguros a nuestro lado y ofrecerán todo a su alcance por mantenernos cerca. O peor, se sienten agradecidos. Así que esa sonrisa… —Néstor se dio unos segundos para pensar cómo exponer su teoría de que era inmoral aprovecharse sexualmente de esa chica sin bajar la autoestima de su compañero—. Esa sonrisa no la dibuja desde su corazón, Ascanio. Y tanto si es por necesidad como si lo es por gratitud, creo que no eres de los que se jactan de abrir piernas ajenas solo para saldar deudas.

Era cierto. El enorme Ascanio, que físicamente era como una montaña, era todo dulzura en su interior. Pero lo cierto es que los años de campaña, alejados del calor de una mujer, pesaban y convertían las tripas en el director de su cabeza.

—¿Y si buscan diversión? —se preguntó Ascanio, que continuaba buscando un motivo que le obligara a aprovechar la situación—. Pienso que, si tan destapadas van, es por algo. Puede que estos dioses raros que adoran les ordenen saciar hombres y, en tal caso, mi resistencia no haga otra cosa que enojarlos. No quisiera yo faltarles al respeto.

Néstor se rio ante esa opción. Se imaginó a ese dios egipcio con cabeza de águila picoteándole el hígado a Ascanio cada día como si de Prometeo se tratase por no haber satisfecho sexualmente a una de sus súbditas.

—Ascanio, ¿te estás oyendo? Me pregunto si tanto sol no habrá frito tu cabeza esa enorme que tienes, y que a veces me pregunto si gustas de utilizar.

—¡Néstor! ¡Y tú qué sabes! —se quejó el grandullón—. Es más, pienso que las calenturas de estas tierras, abrasadoras como son, se deben a sus ardientes costumbres. Los calores no son más que una muestra de esta cultura —dijo, señalando de nuevo a ese pecho descubierto, que él consideraba un acto de seducción y una prueba a su favor.

—Lo único que se está calentando aquí es tu cabeza —opinó Néstor, llevando su dedo a la frente de su amigo, teniendo que alzar el brazo debido a su altura—. Vámonos, Ascanio, antes de que hagas algo de lo que sé, vas a arrepentirte.

—¡Tú no piensas así porque tienes el rabo anulado! —estalló Ascanio, harto de no ser tomado en serio—. Tú a esa Nerea esperas día y noche, aunque no la encuentres. Y solo ella es dueña de tus pasiones y por eso en ninguna otra te fijas. Y eso te ha hecho perder la hombría. Y por Zeus que te lo respeto, pero no excuses tu falta de virilidad anulando la de los demás, Néstor.

—Sí, yo busco a Nerea, cierto, pero no más que tú una excusa para ensartar a esa egipcia sin tener que, una vez vaciados tus huevos, pensar por qué lo que sientes realmente hueco es el corazón. Hazlo si quieres, Ascanio. Pero sé un hombre, y no por abusar de esa muchacha, sino por darme la razón de que al final no son las señales de fuera las que te obligan a ello, sino la forma en la que tú las organizas para que parezcan una extensión de lo que sientes ahí —afirmó Néstor señalando la entrepierna de su compañero.

El jardinero había recorrido ya mucha distancia para comprender cómo las personas siempre encontraban una justificación para dejarse seducir por las pasiones. Curiosamente, el respeto que hacía que las piernas se abrieran a causa de una sonrisa sincera, rara vez lo había presenciado.

Sabía que, al final, todo estaba en la cabeza de los que miraban, y que la provocación no era más que el escudo tras el que escondían las justificaciones que, con la mente fría, resultaban no serlo tanto.

 

Espero que os haya gustado. Si queréis saber más de los personajes, aunque el bueno de Ascanio no salga muy bien parado en este relato, podéis haceros con Gàta.

Ah, y recordad que sigo reclutando gente para la lectura conjunta y online de El último gato vikingo.
Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

NECESITO VUESTROS LÁTIGOS – Se buscan lectores preZERO

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Ya tengo el tiempo. Y las ganas. Por fin se ha descorchado la pasión en mis venas, y vuelvo a tenerlo todo a favor para reventar las teclas con ilusión y ponerme manos a la obra con una nueva novela de Cats & Books. Solo me falta una cosa: vosotros.

Ha sido ponerme manos a la obra y sentir una arritmia que no he tardado en comprender: a mis sístoles exaltadas por abordar un nuevo proyecto le faltaban vuestras diástoles en esa conjunción que tan bien funcionaron con GÀTA. Para entonces hicimos una lectura virtual a medida que se iba desarrollando la novela, enviándoos un capítulo cada dos o tres días.

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Vuestro aporte me ayudó a mejorar el texto pero sobre todo, a sentir la calidez de vuestra presencia, y os juro que no hay mejor combustible para avanzar en las páginas. Saber que hay alguien ahí detrás con inmediatez, no varios meses una vez se ha terminado la historia y ya te sientes algo despegado de ella, eleva la felicidad de escribir hasta el infinito.

Por eso quiero repetir con esta segunda historia que lanzaré bajo el sello de Cats & Books; como sabéis, una serie en la que los gatos tienen un papel destacado en distintas épocas de la historia. En este caso, viajamos a la Normandía vikinga. O a su fin. En KÖTTR: el último gato vikingo, Niels, nuestro protagonista, alejado de la vida guerrera y reconvertido en criador de gatos para ofrecerlos como buen augurio de los futuros matrimonios, se verá obligado a volver al muro de escudos para proteger a su colonia felina, sin saber que esta le devolverá aquello que la vida le había arrancado de su interior.

Hasta ahí puedo decir. Los que queráis ser parte de esta lectura, solo tenéis que decírmelo escribiendo a jonicaroescritor@gmail.com. Yo os daré acceso al apartado de la web con los capítulos conformen vayan publicándose, que serán cada dos o tres días, y no os llevará más de 10 minutos ya que como bien sabéis, prefiero que sean cortos. Podremos comentarlos y disfrutar del hecho de estar leyendo una misma cosa a la vez y al mismo ritmo. Espero que entre todos disfrutemos tanto o más de la experiencia de este tipo de lectura conjunta y a la vez cero, y yo tendré que buscar un nuevo pozo de la gratitud para agradeceros como es debido que hayáis formado parte de ella, porque me vacío cada vez que sois parte de todo esto.

Nada más por hoy, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

RESURRECCIÓN EN GRANADA

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Mi ausencia prolongada por el blog dice mucho de mi situación emocional. No hay mejor índice para medir mi satisfacción personal que mi actividad por estos lares, que no es más que la extensión de mis latidos. Cuando no tengo tiempo para dedicarle unos minutos, mal asunto. Pero tranquilos.

Si algo me ha venido como un bálsamo ha sido un viaje a Granada para celebrar mi cumpleaños. No es es que sea yo muy de viajar, pero reconozco que hay magia en esos territorios. Así que, permitidme que ponga el blog por un día en modo “escritores viajeros”, porque me apetece compartir aquí esta pequeña aventura.

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Para mí Granada es única y varias ciudades a la vez. Tiene mucho de mi cercana Orihuela, la ciudad de las mil iglesias; por un momento parecía estar pasando por Maissonave en Alicante, y también me trajo el aroma de Valencia. Eso en cuanto a su centro urbano, amén de la catedral que, aunque robusta e impresionante, queda algo por detrás de las de otras grandes ciudades, y quizás también algo por debajo de la importancia de los Reyes Católicos.

 

Pero como biólogo, pienso que todo mejora cuando se pinta de verde. Especial mención al Carmen de los Mártires. El esplendoroso jardín junto al palacete árabe son señales del embrujo al que uno acaba sometiéndose cuando se visita esta ciudad, y es que es la magia de Al-Ándalus lo que envuelve de misterio el ambiente y hace que parezca que uno se encuentre en otra parte del mundo, en otra cultura fuera de España.

 

Y en ese sentido,  ¿qué decir de la Alhambra? Reconozco que siempre soy cauto ante las grandes expectativas, y que tengo un fallo en la cabeza que me hace dudar de aquello que las masas adoran y acabo restándole importancia. Siempre trato de admirar desde dentro intentando evitar la influencia desde fuera. Pero en este caso… En este caso es imposible. La Alhambra es majestuosa, tanto por la belleza de los acabados de sus palacios (el peor pecado capital de la Iglesia es haber intentado que viéramos a los musulmanes como unos salvajes), como por esa magia inherente que hace que parezca que algo con vida te vigila cuando caminas por el Paseo de los Tristes. Creo que poco más se puede decir al respecto. Algo que te hace sentir de manera diferente una vez has caminado por su interior es algo más que una construcción.

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Pero no es mi intención reflejar aquí lo que ya por todos es sabido, no voy a mencionar la majestuosidad del Albaicín o Sierra Nevada, ni de las míticas tapas. Bueno, de las tapas sí voy a hablar, pero orientado a mi aspecto más animal. Quiero dejar sellados en estas palabras mis aplausos a Granada como ciudad vegan-friendly.

Magnífica la variedad de locales con opciones veganas, y más memorable aún esa adaptación del tapeo al veganismo, la forma en la que algo tan tradicional se sabe transformar para adecuarse a una tendencia tan moderna, ofreciendo tapas veganas en muchos locales. Por no hablar de la comida de Medio Oriente, que siempre ha ofrecido muchas opciones (y muy sabrosas) no por moda, sino por cultura. La cocina siria e india han salvado mis papilas gustativas desde que soy vegano, y tras mi paso por Granada he de añadir la gastronomía marroquí a estas preferencias.

En mi caso, nuestra ruta gastronómica nos llevó primero por Wild Food, un restaurante vegano vanguardista, algo caro en general, aunque económico en términos veganos (nunca entenderé que este tipo de comida sea generalmente más cara, aprovechando el tirón de la moda para enriquecerse en lugar de promover la facilitación que ayudaría a promover el respeto a los animales). Exquisito el gazpacho de fresa, aunque con fallas de potencia en la veganesa. Los segundos, calabacín relleno de tofu y albóndigas de quinoa, originales y aceptables sin más. La tarta, sabrosísima, aunque, como en este tipo de postres, algo seca.

También comimos en el restaurante sirio Palmira, la mejor opción calidad-precio. Ya me lo había recomendado mi hermana y por 8 euros te ponen nada más y nada menos que tres platos. Nos decantamos por humus, tabulé, sopa marroquí, falafel y cuscús. Todo muy bueno, a destacar la textura crujiente de las albóndigas de garbanzo y el tabulé, muy equilibrado y gustoso.

Tampoco nos fuimos sin pasar por uno de los tantos bares de tapas que ofrecían opciones veganas y además, sin premeditación, entramos a un local que nos atrajo simplemente por su nombre: 7 gatos. Ya me conocéis. Disponían de arroz Thai y hamburguesas veganas, aunque las prisas nos hicieron decidirnos por unos rollos de verdura (muy ricos, con protagonismo de sus setas) y una tapa que era una especie de rollitos en tempura rellenos de verdura (perdonad mi ignorancia gastronómica) que nos sorprendió por su efectividad.

 

Pero ya que hablo de gatos, no podía dejar de comentar lo que verdaderamente me ha llevado a plasmar esta entrada en el blog, además de las ganas que tenía de compartir este viaje. Los que me conocéis ya sabéis que siempre empiezo hablando de un tema en concreto y después me voy por las ramas, y viceversa. En este caso, toca el viceversa. No podría publicar esto si no acabara hablando de gatos, y más en concreto de cómo estos han afectado en mi decisión de redactar esta entrada.

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¡Que viva la colonia de gatos de la Alhambra, sus cuidadores y las instituciones que los mantienen! No ocurre así en todos los lugares públicos, menos aún cuando son tan importantes, donde los felinos no son nada bien recibidos (¿alguien sabe qué ha pasado con los gatos del Palmeral de Alicante?). Además de la preciosa estampa que componen, su presencia en un entorno tan histórico ha resonado en mi interior devolviéndome las ganas de seguir con el proyecto que llevo entre manos: Cats & Books.

Con Gàta empecé esta serie de novelas cortas en las que pretendo contar historias en distintas épocas donde los gatos tengan un papel fundamental. Con Gàta empezaba una nueva ilusión, porque además de la literatura, quería que sirviese para fines animalistas. Pero las tareas, esas que han devorado mi tiempo y me han alejado de este blog, han hecho que los meses hayan pasado con esta iniciativa que tanta ilusión me hacía en un abandono casi absoluto. Los que os habéis hecho con la novela, a pesar de que no haya estado a su altura y casi no os haya contado cosas de ella, que sepáis que me habéis estado dando la vida en esta especie de letargo o muerte literaria. Os lo prometo.

Pero tras este viaje, esa pasión ha vuelto a renacer. Tengo muchas ganas de seguir con este proyecto, y además de seguir escribiendo, ya tengo varias actividades anotadas. En concreto, una de ellas tendrá que ver con la Alhambra y con gatos. Por supuesto. Necesito ponerle letras a esa magia que se me ha quedado pegada en la piel. Estoy pensando en un reto, no sé si demasiado irrealizable, que os mostraré en unos días, así que estad atentos por el blog o por Instagram (que, por cierto, en cuanto consiga vencer la timidez iré subiendo algún que otro vídeo corto).

Y acabo haciendo mención al título de la entrada: resurrección en Granada. Algo ha vuelto a renacer en mi corazón. Perdón por mi ausencia estos días. Pero que sepáis que vuelvo con las mismas ganas de siempre: todas. Pero con más tiempo, que es lo importante.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

#RECOMENDADÍSIMO: Mika Holdbrand, diplomacia en Alisia

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Os diría que hoy vengo a hablaros de un libro, pero estaría mintiendo, porque para mí, Mika Holdbrand: Diplomacia en Alisia, es algo más que eso. Es el regreso de Luis M. Núñez a la fantasía épica, y tal noticia, como seguidor ferviente que soy de él, es equiparable a la emoción que me causa la suma de todos los retornos posibles del universo, incluidos el retorno del rey y el del jedi.

Poca broma con esto, que Luis M. Núñez es a día de hoy uno de los pocos autores que me causan la necesidad de completar toda su obra. Me hace recobrar la fe en ese pensamiento de que los lectores deberíamos ver más allá del libro y ser conscientes del autor que hay tras ellos. Porque, os aseguro, detrás de este hay uno maravilloso.

Pero vamos a lo que vamos. Yo conocí literariamente a Luis M. Núñez con La sombra dorada y su secuela Resurge la plata. Si tuviera que hacer una campana de Gauss con el género de la fantasía épica, esta bilogía estaría justo en el centro de ella, en su punto de equilibro perfecto entre diversión y profundidad. A un extremo de la campana tendríamos a Tolkien con su soporífero Señor de los Anillos, tan elaborado como denso, y en el otro el 90 % de las novelas de fantasía que se publican actualmente que son muy entretenidas pero aportan una elaboración más bien justa y poco novedosa. Pero Luis, para mi gusto, coge lo bueno de uno y lo mejor de lo otro para ser esa referencia que adoro.

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Y Mika Holbrand: Diplomacia en Alisia es una vuelta de tuerca. Nos pone en los ojos de su protagonista, un veterano diplomático de la República de Priseida, y crea una historia en torno a su persona, con lo que eso conlleva. Nos movemos en una primera persona que centra la perspectiva desde el punto de vista de Mika, y eso establece unas claras y definidas reglas del juego.

Los primeros compases del libro nos ponen en la piel del diplomático, en sus quehaceres, y reconozco que estas primeras páginas me desubicaron momentáneamente. ¿Qué me podía ofrecer un funcionario de oficina respecto a la aventura y la acción que uno espera de un libro de este tipo? Me sentía como un lector encerrado entre labores propias de su protagonista. Es el precio que hay que pagar por la originalidad y las propuestas frescas: no saber muy bien a qué atenernos en un principio

Pero ese precio se paga gustosamente conforme avanzan las páginas y la construcción del personaje toma forma a menudo que el argumento se va volviendo más movido. Su inicio nos deja claro que el protagonista no es un héroe al uso, que es un mortal más con sus virtudes y carencias y esto hace que uno pueda sumergirse en los acontecimientos conforme van sucediendo. Mika se convierte entonces en el perfecto motor de una trama que va creciendo y creciendo, pero con una exquisita coherencia que hace que nada se salga del enfoque marcado al inicio. Las aventuras aparecen y la acción se acelera, pero siempre dentro de la cercanía que ofrece la propuesta de centrarse en el personaje de Mika. Y esto, chic@s, es maravilloso.

Siempre digo que es fundamental que una obra de este tipo haga creíble lo increíble, y Luis sabe utilizar a Mika como una perfecta herramienta para conseguirlo. Se mete en la piel del personaje para trasladarnos a su universo de manera precisa, pero es que además lo utiliza para explicar el mundo (de nuevo un maravilloso mundo) que nos muestra, con una sutileza tal que a través de la duda, de la opinión, de la subjetividad de los pensamientos de Mika, nos eneña todo a su alrededor con una excelsa claridad. Me encanta, dicho sea de paso, esa forma en la que Mika reflexiona sobre muchos aspectos y la naturaleza con la que desde su criterio (que puede ser más acertado o no), el autor nos lanza explicaciones atemporales. Eso, nunca mejor dicho, es magia.

Y resumiendo, que no quiero haceros perder un buen tiempo que podríais utilizar en leer esta aventura (que además se lee en una tarde): Mika Holdbrand, diplomacia en Alisia es una novela de fantasía épica que aporta la frescura de un enfoque distinto y original, muy entretenida y balanceada, que vais a disfrutar mucho sin echar de menos una generosa construcción de mundo. Como siempre digo, leer un libro de Luis es como abrir un bote de perfume literario: sabe concentrar lo bueno dándole la medida exacta.

Recomendadísimo, por supuesto.
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Historia o indecencia. ¿Y tú de quién eres?

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Benditos seáis los lectores cero, y mucho hemos de cuidarnos los autores de agradeceros vuestra labor y conservaros como las joyas que sois. Pero a veces, qué bonitos quebraderos de cabeza nos dais, cab***es. Hoy os quiero contar un dilema que tuve en la creación de GÀTA y que, a día de hoy, todavía no sé si escogí la opción adecuada. Este tema da mucho juego en las presentaciones del libro, y hoy os hago partícipes de él.

La novela comienza con Nerea, una joven de la Antigua Grecia que asegura que romperá su compromiso de matrimonio si su prometido no se molesta en conseguirle un gato egipcio. Néstor, el jardinero de su hogar y enamorado de ella, le promete que conseguirá ese animal para ella así que tenga que dejarse la vida en ello. Hasta aquí, bien, unos básicos cimientos para una tierna historia de amor. Quizás demasiado tierna.

El problema aparece cuando cuento que Nerea tiene 12 años y Néstor 30. Tras comentar esto, ya no es tan romántico el planteamiento, ¿eh? Pero el caso es que en la Antigua Grecia era lo normal. Comprendo, a la perfección además, que a día de hoy se considere una atrocidad (y lo es, por supuesto), pero en aquella época era lo estipulado. Y he aquí la pregunta que intenté responder más de mil veces en mi mente con distintos resultados: ¿debía mantener la fidelidad histórica y mantener las edades o modificarlas para que esta relación no pareciera tan atroz?

Reconozco que a mí me gusta mantener el rigor histórico, me parece una falta de respeto alterarlo en las novelas. Además, la edad iba acorde al comportamiento de Nerea: una niña que quiere un gato egipcio por un puro capricho infantil. Pero varios de mis lectores cero me advirtieron que no solo iba a recibir críticas por ello, sino que eran incapaces de disfrutar de la lectura al no dejar de pensar en esa relación como algo incorrecto. ¿Qué hice entonces?

Cambiar la edad de Nerea, por supuesto. Eh, no me miréis así. ¿Qué habríais hecho vosotros? No, en serio, ¿qué habríais hecho? Tengo curiosidad por conocer las distintas opiniones. Lo que sí tuve cuidado fue de justificar que Nerea se casara tan tarde. Como el motivo del casamiento era en esa época puramente económico y ella pertenece a una familia relativamente acomodada, puede permitirse que su padre Megacles, bruto en apariencia pero con un enorme corazón al fin y al cabo, acabe retrasando el momento de su casamiento. Eso, junto a un par de pinceladas más que pienso que hacen que esta modificación sea coherente.

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Pues eso. Solo quería compartir con vosotros un debate que fue un quebradero de cabeza en su momento, pero que reconozco que ahora le da vida a las presentaciones de GÀTA. Espero que os haya gustado.

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NETFLIX mató a la estrella de la literatura

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Aunque no lo parezca, de fondo está Netflix en la tele y, lo prometo, la foto tiene sentido respecto a la entrada de hoy

El vídeo mató a la estrella de la radio, que cantaban The Buggles. Y después llegó Internet e hizo lo propio con las celebridades de la pequeña y gran pantalla. Y en esta guerra literaria, en la que el libro siempre ha sobrevivido con esmero y dificultades, aparece un nuevo enemigo dispuesto a sentarse en el trono del entretenimiento: Netflix.

¿Pero habéis visto el interminable catálogo de Netflix? ¡Harían falta cien vidas para completar solo una parte! Y está invadiendo todas las casas, y enganchando a la gente, y… Espera, que recupero el aire. Veo la filia a las series que se implanta cada vez más a mi alrededor y una duda me aprieta el corazón: ¿a quién le va a quedar tiempo para leer?

No, en serio. Si ya la afición a la literatura está mermada, el hecho de tener siempre una serie nueva que ver va a hacer que el «pesado y dificultoso» paso de coger un libro acabe extinguiéndose. Leer supone un esfuerzo mental, y la gente lo que quiere es llegar a casa, echarse en el sofá y tirar de mando a distancia. Lo entiendo.

El clavo ardiendo al que me aferro es que a mí ninguna serie ni película me permite la inmersión que sí me concede un libro. No me las creo. No puedo evitar pensar que los personajes están fingiendo, que no son lo que se nos muestra, por muy buenos que sean (que lo son). En cambio, un personaje de libro está creado «de novo», no es un intérpetre. Las series históricas o de ciencia ficción me las trago, y las disfruto, porque el atrezzo lo es todo. Pero el resto, que es el 90% del catálogo, me parece un orgasmo fingido. No sé cuál es vuestro motivo para seguir dándole larga vida al libro, que tenéis que tenerlo, porque en general la literatura sobrevive.

En lo personal, cuando publiqué «El sanador del tiempo», Netflix estaba todavía lejos de ser el ocioso virus que acabaría invadiendo los hogares mundiales. Pero con «Gàta», publicada recientemente, necesitaba ver con ojos temblorosos si esta tendencia al alza de consumir series iba a tener alguna repercusión. De momento, respiro (un poco) tranquilo. Supongo que será porque me conoce más gente y eso hace que me esté yendo mejor que con mi primer lanzamiento y lo vea todo tan positivo (y eso que sigo sin sacar tiempo para la promoción).

Pero oye, que si se vende menos, pues que se venda. Los autores tenemos ya el callo hecho a las dificultades. No es fácil nuestra tarea, pura devoción con difícil recompensa. Si las ventas decaen, solo será una muestra (más) de cuánto nos gusta lo que hacemos y lo que estamos dispuestos a sacrificar por ello. Yo seguiré escribiendo y malviviendo por mis historias, así que solo lleguen a una persona. Que estas durezas no nos hagan olvidar jamás que, detrás de cada lector, hay una persona que ha apostado por nosotros, y que es  honor y deber convertirla en combustible para seguir avanzando en este pedregoso camino. Si el precio de las dificultades es re-enseñarnos a valorar lo verdaderamente importante, pues gracias. Por todo.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

#Recomendado – LA PELIRROJA DE LA BICICLETA (Pintina Cuneo)

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Hoy os voy a recomendar un libro. Así debería empezar la entrada de hoy, pero sería como decir «voy a enseñaros una piedra», refiriéndome al Everest. Incompleto; absolutamente por debajo de lo requerido para una ocasión tan especial como lo es para mí poder recomendaros La pelirroja de la bicicleta de Pintina Cuneo. Esta historia no es solo un libro, es algo más. Tiene alma, hay vida en esas letras; vida de verdad. Así que, empecemos de nuevo: hoy os voy a recomendar a unos amigos que os van a conquistar el corazón.

Pintina Cuneo no escribe historias, concibe vidas. Manufactura personas allí donde debería haber personajes, y teje recuerdos vivos donde otros solo son capaces de establecer tramas literarias. Así es el talento creativo de Pintina. Es por ello que esta recomendación en mi blog es obligada. Mi apuesta por ella es total. Voy con todo. All in.

He tenido la suerte de leer bastantes cosas de su autora, algunas incluso antes de ser publicadas, y no puedo evitar sentir la malicia que se arraiga en mis tripas al pensar en los pobres lectores que no han tenido mi misma suerte. Lo siento por los que no habéis sido tocados por la diosa Fortuna, pero esto es así. En la vida siempre habrá privilegiados, y esta vez me ha tocado en el lado bueno, ese que me ha permitido poder disfrutar en primicia de alguna de las creaciones de Pintina. Y, además, de poder tener acceso a la persona detrás de la obra, que eso ya es acertar los cinco y el complementario, el décimo con la serie, el bote de Boom y Pasapalabra. Juntos.

Pero he aquí su primera publicación, a través de Ediciones B, y es inevitable pensar que el mundo es justo, porque ahora todos podréis disfrutar de su arte literario. Es justo para sus lectores, que ya tienen la posibilidad de abordar una de sus obras, y para la literatura en sí, que gana enteros con este libro en el mercado.

¿Qué os voy a decir de La pelirroja de la bicicleta? Que es una novela romántica disfrutona, ágil, con toques de simpatía sin dejar de lado la profundidad… Podría repetir aquí su sinopsis, pero prefiero dejar el enlace a Amazon para que la veáis ahí, y de paso tengáis a mano el botón de compra. Porque yo prefiero destacar esta obra por su encanto etéreo más que por sus características tangibles. Esa es la magia de Pintina: la naturaleza de lo que cuenta, que hace que parezca tan sincero que las letras comienzan poco a poco a tomar forma y a convertirse en la piel de unos personajes de verdad. Sus historias se degustan poco a poco, como la buena cocina, y el retrogusto que dejan es el sello de calidad que identifica a Pintina.

Una vez llegas al punto final, no sientes que has terminado una historia, sino que has conocido a nuevas personas. Su impacto es tal que uno no olvida sus personajes más allá de su fin; uno espera poder encontrarse a sus protagonistas en el café de la esquina, tanto por su realismo como por el deseo de saber de ellos más allá de la trama.

Esa es la magia de Pintina Cuneo, una capaz de llevarte a unos protagonistas encantadores a través de sus páginas, y de no querer (ni poder) olvidarlos una vez cerrado el libro. Recomendado, sin duda. Sello esa opinión con la felicidad que me causa poder dedicarle unas palabras en mi blog.

Un saludo a tod@s, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

#2 Crear audiencia – CÓMO VENDER MÁS LIBROS EN AMAZON

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A la espera de ver el rebufo y analizar la eficacia de la primera acción para promocionar GÀTA en vivo y en directo, vamos con la segunda medida, para mí una de las más importantes para vender libros en Amazon: crear audiencia.

Es algo que parece evidente, pero por lo que veo es uno de los errores más frecuentes a la hora de enfocar la estrategia de promoción. La mayoría de autores termina su historia, siente la felicidad inherente al punto final, la publica, y se dedica a simplemente anunciar que ya está en venta. La muestran al mundo, expanden su existencia, y cuentan de qué va con la esperanza de que sus posibles lectores se interesen en el argumento y la compren. Y la gran mayoría de campañas de promoción que se basan en mostrar el libro como elemento central de venta, fracasan.

¿Y cómo quieres que lo venda si no hablo de él?, me diréis. ¿Cómo voy a hacer que lo compren si no me dedico a mostrar que existe? El caso es que, simplemente anunciando que este existe, es muy difícil venderlo. Libros hay muchos, y cuando tú le estás diciendo a alguien que has publicado uno, simplemente le estás diciendo eso mismo: hay un libro más en el mercado entre los tantos millones existentes. La conversión en ventas en este caso es muy, pero que muy limitada.

Por eso tienes que enfocarte en ti mism@ como elemento central de venta, porque tú eres únic@. La mayoría de libros no se venden por lo bueno que es este, ni por su portada, ni siquiera por su sinopsis (salvo que haya tenido la extraordinaria pero difícil suerte de adherirse a la ventisca del boca-oreja, que ya trataremos más adelante). La mayoría de los libros que solemos vender los autoeditados es por nuestro factor como personas, porque esos lectores nos conocen previamente a la publicación y creen en nosotros. Hay que crear una audiencia fiel y paulatina.

En los primeros meses de publicación de mi primer libro, El sanador del tiempo, mis ejemplares vendidos se podían contar con los dedos de mis dos manos, porque no tenía a nadie ahí que estuviera esperando su salida, y eso que me dejé la vida en que el mundo supiera que existía (hay varias entrevistas por la red, aparecí en la radio, tiene reseñas satisfactorias, se ofreció como suplemento de una revista histórica…).

En cambio, en la primera semana de venta de GÀTA, con 85 ejemplares, tripliqué las ventas de El sanador en su primer año. ¿Es porque ya me conocía la gente? Sí, pero no porque me hubieran conocido a través de otros libros (la  inmensa mayoría de ellos no conocían otros títulos míos). Es simplemente que me dediqué a conseguir una audiencia específica antes de su lanzamiento, centré mi estrategia de promoción en ese sentido, cosa que no hice con mi primer libro.

Así que, el consejo de hoy es que te olvides directamente de lo tan bueno que es tu libro, y te dediques a conseguir seguidores de ti como autor, no de tu libro como elemento de venta. Hay que olvidar el libro como centro de atracción, y utilizarlo como elemento de descarga de la audiencia generada previamente a su lanzamiento.

Para ello, hay que conseguir un vínculo especial con tus futuros lectores. ¿Y cómo se crea esa audiencia? Pues eso depende de tu personalidad y del medio que utilices, y por supuesto de la temática de tu libro. Hay quien tiene maña con Twitter y utiliza la acidez de sus comentarios para conseguir admiradores de su capacidad de aportar cosas interesantes en pocos caracteres. Si en dos frases consigues atraer su atención, querrán saber de lo que eres capaz de generarles en todo un libro. También está quien optimiza Instagram o Facebook, que explotan su imagen y su simpatía visual, o los que se hacen su propia lista de correo ofreciendo información valiosa periódicamente e interactúan a través de él… Yo en las redes sociales en general soy un negado, aquí no puedo aportaros grandes consejos. ¿A vosotros cómo os va? ¿Qué red social preferís? Si comentáis vuestras técnicas, las puedo añadir aquí para compartirlas con todos.

En lo personal, yo solo puedo opinar sobre WordPress, sobre este blog que es al que le saco rendimiento. Con 3.000 seguidores y una media de 40 me gusta por entrada, siento que es la herramienta que mejor se adapta a mi forma de ser, porque yo soy de palabras y necesito extenderme. Las redes sociales se me quedan cortas, no puedo disfrutar de la cercanía de poder confesarse con la persona que hay tras la pantalla.

Y no olvides que para crear audiencia tienes que ofrecer valor, darle a tu posible lector algo que necesita. Esto supone asumir (de manera dolorosa además) que nadie busca activamente tu libro. Yo, que estoy comprometido con la autoedición, escribo bastante sobre ello compartiendo mi experiencia, y soy consciente de que la mayoría de mi audiencia llega a mí buscando cómo exprimir la plataforma de Amazon más que por mi mundo literario. Pero sé que ese primer acercamiento sirve como desencadenante para compartir esta gran ilusión, y es ese anhelo compartido es el que nos hace conectar.

Resumiendo: si tienes pensado gastarte dinero para promocionar tu libro, no lo hagas si simplemente vas a hablar de él. Más vale que, si vas a gastarte 10 euros en una promoción que diga simplemente que tu libro ya está en venta, los inviertas en promocionar una entrada de blog o en una publicación en una red social que cubra una necesidad de tu posible lector para hacerte con su atención y convertirte para él en algo más que un vendedor de libros ambulante. Eso hará que a la larga se interese en tu obra y se haga con ella.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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