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Tras disfrutar de manera bestial (nunca mejor dicho) de El origen del planeta de los simios, no he podido retrasar mucho la visualización de la segunda parte de esta trilogía, dirigida esta vez por Matt Reeves, con la esperanza de encontrar un producto tan genial como su predecesora pero a la vez con el temor de sentir que no está a la altura de esta. Ahí van mis impresiones.

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Diez años después de la propagación del virus diseñado por GEN-SYS, los simios con inteligencia potenciada han establecido una colonia a modo de chabolas en los bosques de San Francisco mientras que los pocos humanos supervivientes (los que son inmunes al virus), sobreviven como pueden en los restos de la ciudad. Aquí empieza la película, a partir de uno de los puntos científicos que consideré más flojos de la primera entrega. Es extraño que un virus afecte de maneras tan dispares a dos especies tan similares; pero dije que no iba a ser quisquilloso en ese aspecto en la anterior crítica y no voy a serlo esta vez.

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Todo este tiempo, ambas especies se han mantenido distantes hasta que una presa, necesaria para mantener la electricidad en San Francisco y que está en territorio simio, les obliga a establecer contacto. Esta parte a mí se me hizo, sinceramente, aburrida. No encontré nada relevante más allá del encanto de la recreación de la emergente civilización simia.

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Respecto a esto, el acabado visual de los simios es tan espectacular como en la anterior entrega, pero ya no diría que tan sorprendente, pues no se observan mejoras que impacten al espectador (también es cierto que solo han pasado tres años entre ambas entregas) y es inevitable la sensación de ver más de lo mismo (aunque repito, para mí uno de los apartados gráficos más espectaculares y que más encanto me han causado en el cine últimamente).

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En estos primeros compases es César, el líder simio recreado sobre el siempre admirable Andy Serkis, el que carga con el peso de la trama y la salva, no solo por su entrañable personalidad fabricada a partir de sus gestos, sino porque representa esa neutralidad que todos esperamos que sirva para que todo llegue a buen puerto (aunque ya sepamos cómo acaba). Su contrapartida es Koba y ambos personajes muestran muy bien el conflicto entre humanos y simios, pues cada uno ofrece una versión determinada por el trato que han recibido por parte de las personas.

También en el bando humano hay buenos y malos, y esta es una de las cosas más agradecidas y potentes de la cinta, que no muestra preferencia por uno de los dos bandos, sino que trata de mostrar un equilibrio basado en actitudes y experiencias individuales. Ambas partes tienen su parte pacifista, reflejada en Malcolm (Jason Clarke) en el caso humano, y la película se centra en la búsqueda de la paz por parte de ambos, más que en la imposición de una de las dos facciones. La película nos vuelve a regalar en este caso esa conexión de César con los humanos como ya hizo con Will en la primera entrega.

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La película gana ritmo con las distintas situaciones que aumentan la tensión entre especies, haciéndose entretenida, hasta desembocar en el inevitable enfrentamiento final. La acción no se vuelve tan espectacular como en la primera entrega (me parece un fallo que los simios no recarguen los rifles en un intento argumental por encubrir su falta de instrucción militar o de no saber cómo hacer que lleven la munición encima), y, bueno, si bien se deja ver, la resolución está varios niveles en entretenimiento y profundidad  por debajo de la película que comenzaba la trilogía.

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En mi opinión, estamos ante una buena película pero que sufre y de qué manera a la sombra de su predecesora, que era un conjunto perfecto de argumento, acción, entretenimiento y apartado gráfico. Tampoco consigue evitar el problema de ser la segunda parte de una trilogía y padece el síndrome del intermedio. No proporciona información vital ni evoluciona pidiendo a gritos la resolución, simplemente posiciona las fichas de manera necesaria para la última entrega, estando a su servicio y olvidándose de brillar por sí misma. Buena cinta que me hace querer continuar la saga (ya sabéis que soy experto en dejar sagas a medias), pero que me genera cierta incertidumbre respecto a la resolución final en La guerra del planeta de los simios.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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