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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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ATLANTIS – Mi fe de erratas particular

 

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Rectificar es de sabios. Y yo no sé si estas palabras me harán tener más sabiduría, pero sí sé que me harán más honesto, que creo que es a lo que todos deberíamos aspirar, independientemente de nuestra sapiencia. Hace un tiempo relaté mi inconformidad respecto a Atlantis, editorial con la que tuve contacto y cuyas condiciones, en su momento, consideré irrespetuosas con los autores.

Hace poco tuve el placer de contactar telefónicamente con su editor en lo que para mí fue una esclarecedora conversación cuyas reflexiones me gustaría comentar.

En primer lugar, recibí explicaciones sobre los puntos que criticaba en mi entrada del blog, conociendo la parte que yo ignoraba (nunca hay que obviar la versión de los hechos de todas las partes implicadas, craso error que no volveré a cometer) y que me hizo comprender varias cosas. Además, en los aspectos en los que mi discurso tenía coherencia (en mi opinión) encontré justificaciones para no ser tan puntilloso con mis pensamientos.

Nadie es perfecto y todos somos parte de un proceso de aprendizaje. Yo mismo no me considero el mismo escritor que cuando empecé y también sería injusto juzgar a los demás por un pasado del que, además, se han sabido servir para mejorar. También sé, ahora, que es injusto atacar un sector que, a día de hoy, se está convirtiendo en un verdadero superviviente como es el de las editoriales. El de vender libros es un negocio difícil, y las condiciones que las editoriales imponen a sus autores no son más que el resultado de una presión empresarial bestial a la que se ven sometidas.

Todo esto es una cadena en la que editorial y autor deberían actuar como dos fuertes eslabones si no quieren ceder ante las duras presiones comerciales. Los autores nos quejamos, a veces sin conocimiento de causa, y la guerra entre editorial y escritores no favorece a nadie. La vida es equipo, y mal vamos si no somos capaces de entenderlo.

Yo he defendido (y defiendo) la autopublicación porque siempre he visto una barrera entre la parte más técnica y comercial (la editorial) y la parte más idealista y romántica (el autor). Versiones que, lejos de ser incompatibles, ganarían en conjunto como cooperantes, una materializando el producto y la otra impregnándole la ilusión necesaria para que este despegue.

Pero nunca he visto esa cohesión, siempre he interiorizado que para la editorial somos números, que nuestros libros son tiros al aire con la esperanza de que alguno se rentabilice alcanzando objetivos numéricos. Nunca he visto a un editor decirle a un autor “tío, vamos a ver qué está pasando, qué tal si probamos esta cosa o esta otra a ver si funciona, en lugar de relegar un libro que no vende al olvido (tras su estallido inicial con las ventas aseguradas a los seres cercanos). Es más fácil probar otro libro a ver si pega el pelotazo,  que al menos asegure unas ventas post-lanzamiento en lugar de arropar las causas perdidas.

Quizás es que deba de ser así, que son cosas del negocio y su funcionamiento. Y lo entiendo. Pero para nosotros, nuestros libros son algo más. Esperamos de la editorial que nos apoye con su experiencia comercial, que nos guíe y nos anime. Fíjate que en alguna ocasión he puesto como único requisito a una editorial para firmar un contrato un PDF mensual con las impresiones editoriales de por qué creen que unos libros están funcionando mejor que otros (el marketing se renueva a diario y su posición en la vanguardia comercial les proporciona unos datos analíticos que bien enfocados se pueden convertir en un tesoro para cualquier autor), y nunca se ha tenido en cuenta mi opinión. O, yo qué sé, también podrían crear grupos con los autores en los que se trabaje el networking de manera rutinaria y efectiva, establecer acciones de equipo en redes sociales, eventos cruzados…

La sensación final que le queda a uno es la falta de cariño hacia el autor. Me falta esa conexión. Si al final soy yo el que me tengo que labrar el éxito sin ayuda, pues aquí a lo “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como“. Porque, encima, si no vendes, el fracaso es tuyo como autor. La falta de autocrítica respecto a que el equipo no ha funcionado me duele en el alma.

He de decir a modo conclusivo que en la voz del editor de Atlantis había algo que me transmitía que esa fría barrera entre autores y editores que comento podría quebrarse, y me sentí obligado a la reflexión que he intentado plasmar aquí. Queda en mi memoria tras aquella conversación el eco de la esperanza de que un día, autores y editores dejemos de lado las exigencias, no seamos tan críticos los unos con los otros y aunemos deseos y objetivos actuando como un verdadero equipo. No veo otra solución a un mundo comercial tan complicado.

¡Nada más por hoy!

 

LA CERCANÍA DEL AUTOR

akasdis

Una de las grandes virtudes de la autoedición es el aumento de la cercanía con los autores. El panorama editorial tiende a concentrar las ventas en un reducido número de obras a las que dedica una promoción brutal. Y como en toda masificación, todo a su alrededor comienza a pasar bajo un filtro numeral donde las personas acaban adaptando roles comerciales.

En una profesión en la que el sonido de cada tecla no es otra cosa que un latido del corazón de un escritor dirigido a un posible lector, congelar los sentimientos me parece un crimen. Pero mi experiencia me dice que esta tendencia va a revertir esta dinámica. El último ejemplo, el que ha despertado en mí la ilusión necesaria para motivarme a escribir esta entrada, es la dedicatoria de un relato personalizado de Luis M. Núñez, autor de La sombra dorada.

Debo confesar que para mí ya era suficiente regalo que prestara atención a mis comentarios durante la lectura de su obra (que aprovecho para volver a recomendar, y no será la última vez que lo haga). Este detalle (y tengo entendido por otras personas que suele tener muchos de ellos) habla por sí mismo.

Reivindico estos acercamientos. Como lector los adoro. Como escritor, los necesito. Cierto, puede que estos vínculos no hagan mejor a las obras en sí, pero considero que obviarlos es un error muy grave para esta profesión. Creo que reducir el contacto a una firma masiva de libros es un engaño cruel. Cuando escribo, recién terminado el capítulo, estoy deseando mostrarlo, que me den su opinión sobre él (sea buena o no). ¿Cómo no voy a desear que se potencie ese acercamiento entre lectores y escritores?

Un saludo.
¡Que tengáis un buen y cercano día!

FIRMAS DE LIBROS

akasfir

Una de las cosas que más me llenan como escritor, si se me permite la egolatría, es firmar uno de mis libros. Si bien aún me cuesta asumir que alguien quiera que le manche las primeras hojas con algunas palabras y un garabato, lo que no os podéis imaginar es la ilusión que me hace a mí que alguien quiera que le dedique o le firme el libro. Para que os hagáis una idea, en términos de alegría, es de las pocas veces que entiendo el significado de la palabra infinito.

En estos casos, a mí me gusta escribir unas palabras personalizadas. Cuando conozco a la persona se me hace muy fácil, me pongo a escribir y soy de esos que más le valdría incorporar la dedicatoria como suplemento del propio libro.

Pero cuando no conozco al lector, se me hace más difícil, y me niego a recurrir al básico “Para ___________“.  Es en ese momento cuando más reivindico la cercanía entre lector y escritor, la destrucción de la frialdad reducida al papel. Es ahí donde las nuevas tecnologías tienen un papel relevante y cambiar los roles se hace muy fácil, donde al final espero que la interacción sea simplemente entre dos personas que se han encontrado en este mundo a través de una historia escrita o de un proceso creativo que conecta sus inquietudes.

Como lector, cada vez descubro la humildad de muchos autores que se encuentran pegados a su obra, que te dejan ser partícipe de ella más allá de los límites de las letras y que hacen que disfrutar de sus textos sea algo todavía más increíble. Por supuesto que venero a los grandes autores, si están ahí es por algo y hay infinidad de talento que aprender de ellos, y entiendo que no puedan atender a sus miles y millones de seguidores, pero cada vez más estoy desplazando a los autores consagrados por escritores más accesibles.

Y ahora que me pongo en el lado del que escribe, agradezco este giro en la situación, pues no hay nada que me rompa en más pedazos emocionales que un lector intentando contactar conmigo por cualquier motivo relativo a mi obra. Somos personas, los que estamos aquí delante y los que estáis ahí detrás. Creemos lazos, que al final son los verdaderos interruptores de los sentimientos.

Un saludo.
¡Que tengais un enlazante día!

LUNES DE PROMO

akasofe

Os presento la oferta de la semana (vamos nenes, que me se lo llevan de las manos). Perdón por el autobombo y por la ausencia del poema breve diario, pero ando enfurruñado con ese sueño de vivir de las letras.

Y en extensión, de co-vivir de las letras, porque con la compra de El sanador del tiempo, se ofrecen 2 sesiones personalizadas del curso que estoy impartiendo cuyo objetivo es que el alumno consiga publicar su libro con éxito. Con este pack, te llevas la novela a domicilio y recibes 2 horas de instrucción (en persona si eres de la ciudad de Alicante, por Skype si eres de cualquier otra parte del mundo).

Este curso está dividido en tres partes. Una primera sobre la creación de contenido (cómo conseguir inspiración, evitar el típico bloqueo del autor, transformar el contenido para que quede más original y profesional…), una segunda parte de edición (maquetación, corrección ortotipográfica…) y una última de publicación (cómo conseguir tener el libro en tus manos estudiando las distintas vías posibles).

En este caso, las dos clases son personalizadas. Se incide directamente en los temas de interés del alumno en lugar de seguir un temario para que sean más efectivas (o se sigue el temario, si se desea).

Pues eso, ya conocéis un poco más de mis servicios como escritor.
Mañana nos vemos, que tengo muchas ganas de publicar algo de lo último que estoy escribiendo.

¡Un abrazo!

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