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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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Lo que me hubiera gustado saber antes de publicar

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Siempre digo que la recompensa de un escritor está más allá de las ventas de sus libros. Se encuentra en esas pequeñas cosas que te hacen conectar con los lectores, como puede ser una presentación, una tertulia literaria, una conversación espontánea sobre alguna de tus obras, un correo electrónico o un comentario en el blog… Esta vez, gracias a la escuela creativa OptimizArte, voy a tener la oportunidad de disfrutar de uno de esos momentos de conexión gracias a los puentes literarios.

 

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Voy a participar en el curso de creación literaria que va a impartir el centro, encargándome de algunos seminarios y de la parte más técnica, pero sobre todo, desde la humildad, para aconsejar sobre aquellas cosas que a mí me hubiera gustado saber antes de realizar mi primera publicación para no haber perdido tanto tiempo dando bandazos (errores que agradezco, pues me han dado un profundo aprendizaje). Para mí será un placer compartir mi experiencia tanto en edición como en publicación y espero que pueda serle útil a todo aquel que comparta esta pasión que es la literatura.

Así que, aprovecho para decir a los que seáis de Alicante y cercanías, que si estáis pensando en escribir un libro y en lanzaros a este mundo, será un placer para mí vernos en este curso en el que espero que todos disfrutemos y aprendamos mucho.

Nada más por hoy. Un abrazo.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

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AGUA PARA NaNoWriMo

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Hoy vengo con un tema (o en su contra, mejor dicho) de esos que hacen que los escritores tengamos que alzar la copa y brindar por él si no queremos pasar a formar parte de la escoria del gremio: parece que para que una novela sea buena hay que dedicarle varios años a su redacción, mientras que si se escribe en unas semanas no es más que papel de hoguera. Pues hay novelas a las que su autor ha dedicado toda una vida y que para mí son Orfidal en vena y hay historias fugaces que me han llenado de sensaciones eternas.

Esta reflexión quería compartirla tras el reciente NanoWriMo (National Novel Writing Month). Este reto que se repite todos los noviembres invita a los escritores a escribir una novela en tan solo mes. No hay premio más allá del autoreconocimiento por el duro y frenético trabajo que conlleva cumplir con las cincuenta mil palabras en un mes. Pero es un canto a la creación liberada del yugo de la búsqueda de la perfección. Como bien reconocen los organizadores, acaba creándose mucha basura. Pero una pequeña parte de esa basura es deliciosa. Sirva como ejemplo el bestseller Agua para elefantes de Sara Gruen, del cual hay recreación cinemática.

Esto no hace que esté tirando por el suelo el elaborado trabajo de una novela bien documentada y meticulosamente cuidada, que aquí un servidor tuvo a Santiago Posteguillo un tiempo en su Top3. Valoro la búsqueda de la excelencia y sé que, llegar a las últimas líneas de una novela de esas que hacen que se doble tu espalda si las llevas en la mochila, crea una sensación de orgullo inigualable y un regusto incapaz de ser conseguido si no es con artes lentas y profundas.

También sé que es más probable crear una obra maestra cuanto mayor es la dedicación en su escritura, pero no por ello pienso que se deba eliminar de un plumazo las novelas que se crean del tirón. Tienen su función y su lugar. Muchos las utilizan como descanso entre historias más densas. A mí, de hecho, me anima más empezar con una novela ágil y dinámica que con otras de pronósticos más duros, y me cuesta menos acabarlas. Me rindo a la pecaminosa ligereza de la diversión pura y rápida.

En definitiva, lo que vengo a reivindicar es la adecuación de las cosas. La eliminación de los términos absolutos. Si lo extrapoláramos a todos los aspectos de la vida, nos iría mejor como sociedad. Ni creo que el asiduo lector de novelas de menos del centenar de páginas sea mal lector ni que un analista del Quijote sea una mejor referencia literaria. Lejos de buscar aspectos técnicos, siempre pregunto a las personas qué han sentido al abordar un libro. Ese es mi criterio referencial. Bajo ese prisma, el mundo literario se homogeiniza. Pienso, además, que no deberíamos aferrarnos a un criterio purista si no queremos ver como la tendencia a la lectura continúa decayendo por los siglos de los siglos, sobre todo en los lectores más noveles.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

 

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