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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – Reseña

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La sed de clásicos del cine de ciencia ficción ha invadido mi biblioteca particular, así que sigo redimiéndome también a golpe de literatura. Y, de esa montaña de libros de los que uno se avergonzaría de decir que no ha leído, en esta ocasión me decidí a abordar el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Curioso el título de Philip K. Dick (normal que lo cambiaran por Blade runner tras su adaptación a la gran pantalla) para esta novela breve que, escrita en 1968, sigue siendo un referente en la ciencia ficción (y en la filosofía) actual. A estas alturas creo que no es necesario explicar el argumento de tan conocida obra, que gira en torno a Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que ha de retirar (eufemismo de aniquilar) a una serie de peligrosos androides defectuosos.

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La prosa no se anda con rodeos bajo ningún concepto, y para mí esa es una seña de identidad del texto. Sin ninguna intención de extenderse ni de explicaciones pesadas, Dick consigue una atmósfera y una inmersión exquisita. Como si cada palabra valiera oro y mediante el uso de limitados aspectos futuristas como coches voladores, cajas de empatía o tubos láser, se obtiene una ambientación exquisita a la par que se consigue una lectura amena y agradecida. Optimización literaria, que se diría, y que yo valoro mucho.

Este estilo tan escueto causa, por otro lado, una sensación de frialdad en la lectura ya que el dramatismo brilla por su ausencia. Ni los giros de guion ni las escenas más sentimentales muestran sentimentalismo alguno. En cuanto al aspecto sensacionalista, la narración es muy superficial. Tampoco se enmaraña en los aspectos más profundos como la duda del propio Deckard sobre si él mismo es un androide o el tormento de acabar con la existencia de seres con cualidades humanas. Las cosas suceden, y punto. Contrasta por ello con las profundas reflexiones a las que invita la aventura. Allá el lector con lo que quiera extraer de esta aventura.

¿Se podrá crear en un futuro androides de tan alta calidad que sea casi imposible diferenciarlos de un humano? ¿Cuál es el límite entre la vida biológica y la artificial? ¿Si se consigue replicar las conductas, los anhelos y las sensaciones humanas en un robot podría alcanzar el autómata la condición humana? ¿Destruir a una máquina que sueña y sufre y que desea seguir viva debería conllevar implicaciones éticas y legales? El planteamiento de esas cuestiones son las que han llevado a la obra a convertirse en leyenda, pero realmente el texto no las aborda en sí. La deja en el aire con tal suavidad que a veces pienso que toda la montaña filosófica a la que ha dado lugar ha surgido más por los obsesivos análisis posteriores de los lectores que como la verdadera intención del autor.

Sea como fuere, es agradable disfrutar de una novela ligera, plana en su argumento, pero que va dejando un regusto conforme se avanza en ella que hace que uno, en la medida que esté dispuesto a sumergirse y a ponerse en la piel de cada uno de sus personajes, pueda ponerse en situaciones que rayan el más puro existencialismo.

Siempre tiendo a pensar que las grandes obras de la literatura están sobrevaloradas. También creo que cuando fue escrita, en ningún momento se pensó la repercusión posterior que podría tener. En principio, casi podría cometer la herejía de incluir esta historia en ese tipo de lecturas que nombraba no hace mucho y que decía que eran de digestión rápida. Sin embargo, aquí sigo todavía con partes de ella en el paladar, rumiándola, y esa metáfora creo que es lo mejor que puedo utilizar para expresar mi experiencia con este clásico de entre los clásicos.

Nada más por hoy.
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STAR WARS La amenaza fantasma – Crítica

Sigo en modo cualquier tiempo pasado fue mejor y, a golpe de palomitas hechas con aceite y olla para acrecentar la nostalgia, me lanzo a por otra saga de ciencia ficción clásica: Star Wars. “La” saga, que dirían muchos. Vaya por delante que pienso que Star Wars es un universo sobrevalorado. No por su calidad, que es extraordinaria, sino por todo el fanatismo que le rodea y que hace que sus fieles defensores hinchen su valía.

Para enfrentarme a esta saga he decidido optar por el orden cronológico según los hechos. Es decir, que empiezo por el Episodio I: La amenaza fantasma, aunque se estrenara veintidós años después de la cinta con la que comenzó todo. En 1999, George Lucas decidió regalarnos una nueva trilogía de su conflicto galáctico, y para ello retrocedió en el tiempo a los hechos anteriores a La guerra de las galaxias de 1977.

He de decir que La amenaza fantasma fue la película con la que yo, siendo casi un adolescente, descubrí Star Wars. Y como bien es sabido que suelo impregnar mis críticas con mis vivencias, puede que esta querencia se deje notar en las próximas líneas. Desde ya aviso también que, sin meterme de lleno en su argumento, algún que otro spoiler caerá durante la crítica.

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La amenaza fantasma comienza con dos caballeros jedi enviados a negociar con la Federación de Comercio por su bloqueo económico al planeta Naboo. Allí se encuentran con que el único interés de la Federación en dialogar es a golpe de droide. Echo de menos algo más de política en esta parte. Cuando era un aspirante a adolescente, eso me importaba más bien poco, pero en esta ocasión siento que falta algo más de teoría sobre la Federación y la República, algo de riqueza al contexto de un mundo que pretende emular una jerarquía premedieval.

Es cierto que a estas alturas venimos de ver las secuelas y que ya somos expertos en el universo Star Wars, pero algo de politiqueo y de muestra de intereses de unos y otros le habría dado un punto de madurez a la historia. Tal como se exponen los hechos, pareciera que solo interesa decir que estos son los buenos y estos otros los malos.

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Y así las cosas, en la huida de los jedi ante la respuesta violenta a la negociación, con la reina de Naboo a cuestas para buscar auxilio en la República, una avería en la nave les obliga a detenerse en Tatooine, un planeta al margen de la leyDestaco aquí la estética del Nubian que les llevá al planeta, así como de los cazas estelares N-1. Me encantan las naves de esta película con ese aspecto puntiagudo. De hecho, la parte gráfica es sin duda uno de los aspectos clave de esta saga, con unos diseños de naves, ciudades y personajes en los límites de la creatividad humana (no quiero quedarme aquí sin nombrar el aspecto gráfico de la ciudad Gungan submarina). Ojo, que muchas películas han intentado copiar este desbordante diseño de color y formas pero ninguna ha alcanzado la popularidad de Star Wars.

Pero si volvemos al argumento, esta primera parte a mí me parece lenta y con poco aporte considerable. Ya sabéis lo que opino sobre los niños elegidos en general y en ese toque mágico que les convierte en héroes (o antihéroes) per se. Por eso, la estancia en Tatooine se me hace insulsa a pesar de su importancia en el resto de películas. Eso sí, para la memoria de toda la saga quedan esas espectaculares carreras de vainas, otra demostración creativa de por qué amo la ciencia ficción, por su capacidad de inventar esas escenas que nos hacen tocar con los ojos lo imposible.

Ya en Coruscant y frente al Senado, la reina Amidala de Naboo se encuentra con el muro de la corrupción. También hecho de menos aquí un recurso que podría haberse explotado con una gran riqueza argumental y que podría aportar giros creíbles e inesperados, pero se pasa demasiado por encima, se queda como una simple excusa, otro parche forzado, esta vez con el mensaje de señorita Amidala, tú te lo guisas y tú te lo comes.

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La reina vuelve a Naboo para enfrentar a la Federación y llegamos así a la parte final de la película donde todo cobra sentido. Star Wars es, ante todo, cine de acción, y aquí se justifica la falta de un desarrollo mayor de la trama y con creces. En la última parte de la cinta, aparece lo que será una tríada recurrente en toda la saga: batalla terrestre, batalla espacial y combate jedi.

En cuanto al enfrentamiento campal, los Gungan plantan cara a los droides de la Federación en una batalla con estrategia simple (los Gungan basan su defensa en el escudo de energía que una vez destruido, si te he visto no me  acuerdo), pero con un tremendo acabado visual y con un orden que permite seguir los acontecimentos con claridad, algo que ya quisieran muchas de las batallas a gran escala representadas en el cine.

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El combate espacial, en mi opinión, algo más flojo. Más allá de que los N-1 me tienen ganado por su simpleza estética, la batalla se decide por un golpe de suerte demasiado rebuscado. Un poco forzadas las actuaciones de Anakin, en mi opinión. Del personaje digo, no del actor. En conjunto, el reparto se comporta de manera magnífica, siempre digo que cuando un actor hace creíble una trama de ciencia ficción, no se le puede pedir más. Aunque en mi corazón siempre quedará el Qui-Gon de Liam Nisson.

Qui-Gon y Obi-Wan vs. Darth Maul - Star Wars

Y hablando del jedi, nos vamos a la lucha personal con su alter ego oscuro, el sith Darth Maul. A pesar del carisma generalizado de este personaje, Maul estaría en la parte baja de la tabla de mis personajes favoritos.

Aunque la primera vez que vi esta película me enamoré de los sables láser y sus movimientos, siendo una víctima más del encanto de las características armas jedi, en este visionado he encontrado las luchas algo forzadas. Muy ensayadas y preparadas, poco naturales. Tampoco ayuda el paso del tiempo, por supuesto. Es solo en el último embate entre Obi-Wan Kenobi y Darth Maul cuando me creo la confrontación, cuando la noto sincera.

Y así llegamos a los últimos minutos de una metraje que va ganando con el paso de los segundos, una película que comienza floja pero que remonta y acaba con buena nota. Deja con ganas de más, tanto por la apetencia de seguir disfrutando del universo Star Wars, como por la necesidad de degustar un argumento más elaborado.  Buena película, por lo tanto. Floja como historia individual pero buen inicio para una saga que, aún sin terminar, veremos si está a la altura de la conmoción social que ha causado históricamente.

¡Nos vemos las caras por @icaro_jon!

ALIENS 2, EL REGRESO – Crítica

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Hace unos días confesé el sacrilegio de un escritor que dice amar la ciencia ficción y que no había visto ninguna película de la saga Alien. Así que me puse con la primera de la serie (a la que dediqué esta crítica) y, tras una satisfactoria experiencia, me lancé a por la segunda entrega. Así pues, os muestro mi veredicto.

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En 1986, siete años después de la primera entrega de Alien, salió a la luz su secuela “Aliens, el regreso”. Esta vez bajo la batuta de James Cameron, ya me habían advertido del sustancial paso del terror a la acción. He de decir que me costó creerme  este aviso, pues la primera hora en la que los xenomorfos brillan por su ausencia se me hizo soporífera, insustancial y lenta.

En esta parte se le pide a Ripley que vuelva al planetoide LV-426 donde se ha perdido el contacto con una colonia humana, ya que al ser la única que ha tenido contacto directo con las amenazantes bestias que habitan en él, su experiencia puede ser muy valiosa para lo que allí puedan encontrarse. Tras haber sufrido una terrible pesadilla en la que casi pierde la vida en la primera película, Ripley acepta volver sin resistirse mucho. Claro que sí, adrenalina gratis. Y poco más puedo decir de esta primera mitad.

En la segunda parte el ritmo se invierte de manera drástica y la película se vuelve loca, sucediéndose las escenas de acción una detrás de otra sin dosificación medida. Existe un desequilibrio descomunal entre las dos partes del filme. Y aquí empiezan a perderse aspectos que brillaban en la primera entrega. Mientras que la primera película de Alien combinaba las escenas álgidas con el sosiego de manera efectiva, haciéndose esperar las escenas destacadas y consiguiendo que uno las recordara varios días después del visionado, aquí pasa todo tan rápido que es difícil guardar esos momentos míticos que se siguen degustando tras la aparición de los créditos.

Este ritmo impide a su vez disfrutar de los personajes, que se convierten en una amalgama de secundarios que no consiguen desarrollar personalidades propias, a excepción de Lance Henriksen como Bishop. Curioso que haya sido un androide el único que me haya parecido carismático. Mencionar también, si acaso, a Jenette Goldstein como la soldado Vásquez, aunque no sabría decir por qué. De Sigourney ya sabéis que no es santo de mi devoción y esta película no me hace cambiar de opinión.

En la parte final, he de reconocer que la cinta mejora. La idea de la madre Alien le da un punto de interés y frescura (aunque este recurso será utilizado infinitas veces en posteriores películas con alienígenas). Es en esta parte en la única que no tengo que hacer un esfuerzo por coger el mando y que disfruto sinceramente. Pero el final no justifica la totalidad del metraje en este caso.

Sé que muchos opinan de esta película que, junto a la primera (y así me lo habéis hecho saber en los comentarios), son las mejores de toda la saga. Sé que muchos estaréis deseando que sea devorado por un xenomorfo por hacer una crítica no tan positiva como seguramente se merezca esta película. También sé que se debe a que disfruto más de la ficción argumentada que de la acción pura y dura, y eso ha hecho mucha mella en mi opinión.

Llegados a este punto, no sé si continuar con la saga. El hecho de que Alien 3 se desarrolle en un lugar cerrado como es una prisión me anima, pues pienso que puede recuperar aspectos de la primera Alien. En su contra, la crítica general de esta tercera entrega no la pone en muy buen lugar. Dejaré hacer al azar. Intentaré conseguirla, pero si veo que no soy capaz de hacerme con ella debido a su antigüedad, pasaré a otra de las sagas clásicas de ciencia ficción que tengo pendientes. Solo diré respecto a esto que me quedé en el capítulo VII de Star Wars y el estreno de la última entrega me anima a retomarla.

Nada más por hoy.
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ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO – Crítica

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Sé que lo que voy a decir deja mucho que desear como aficionado a la ciencia ficción, pero nunca había visto una película de la saga Alien. Ayer me decidí a hacer un ciclo de cine clásico y me lancé a por esta serie de películas. Sé que hacer una crítica a estas alturas no tiene mucho sentido, pero para quien quiera hacer memoria o leer una opinión actual sin el filtro de la nostalgia, allá voy.

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En 1979 y de la mano de Ridley Scott, nos llególa primera entrega de esta clásica saga de terror y ciencia ficción: Alien, el octavo pasajero. En ella, el Nostromo, un carguero comercial, recibe una llamada de auxilio durante su regreso a la Tierra. La obligación del código legal les obliga a responder, teniendo que detenerse en un planeta desconocido cuya existencia de vida acabará amenazando a toda la tripulación.

Algo recurrente en el cine clásico es la lentitud de su desarrollo, que contrasta con la saturación actual de escenas de acción. Pero ojo, que la película sea lenta no significa que sea aburrida, y creo que aquí la clave es la naturalidad de sus interpretaciones. Más allá de la complejidad de su guion, que es bastante sencillo, los personajes son totalmente creíbles gracias a unas actuaciones que hacen que pensemos que llevan toda su vida a bordo del Nostromo. Esto lo digo incluso desde mi escepticismo hacia Sigourney Weaver, que no entra en la lista de actrices con las que más simpatizo. Pero es cierto, en el cine antiguo hay unos comportamientos que puede que las escuelas interpretativas actuales hayan aniquilado y que han hecho que se pierda cierto realismo con los años.

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Algo similar ocurre con el apartado visual. A pesar de que las computadoras del Nostromo nos hagan viajar más al pasado que al futuro, de los peinados ochenteros y de que algunas partes de la nave parecen colchonetas enrolladas, a mí esos detalles arcaicos me aportan cercanía. No me sacan de la trama, en absoluto. En la misma línea podríamos hablar del extraterrestre que protagoniza la película. A mí desde que se dejó de usar animatrónicos y se pasó a la creación digital, me falta algo. A pesar de las limitaciones del uso de mecanismos para las criaturas, me parecen más reales, más terroríficas. Pienso que la única saga que ha hecho que me sumerja por completo con el paso a la recreación digital de las criaturas es Jurassic Park con su increíble Jurassic World. Y en este caso, Alien, con los juegos de cámara e iluminación que buscan ocultar sus imperfecciones, me parece que consigue un gran resultado.

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Y en fin, más allá de lo técnico, que ya sabéis que yo soy más de basarme en las sensaciones a la hora de disfrutar de una obra, he de decir que yo he disfrutado bastante de esta primera entrega de Alien. Creo que la clave en este caso ha sido su dosificación. Las escenas álgidas son escasas debido a las limitaciones de la época, pero saben hacerse esperar y compensan. Todo el conjunto me parece bien compactado y consigue una de las cosas que para mí hablan por sí solas, que se me pase el largometraje rápido y sin poder decir que me sobra alguna parte.

Así que, por mi parte, aprobado con nota para esta entrega y con ganas de más. Me parece una buena película, incluso, si omitimos el salto temporal, lo cual ya es decir mucho. Totalmente comprensible su conversión a clásico y espero que las secuelas me resulten tan buena inversión temporal como con El octavo pasajero.

¡Un saludo!

DEL COLOR DE LA LECHE – Crítica literaria

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LUNES DE CRÍTICA LITERARIA (Lo sé, ya voy con retraso)

Como buen cobarde literario, tengo la novela corta en lo alto de mis prioridades. Hace poco pedí referencias sobre este género y una de las primeras recomendaciones fue “Del color de la leche” de Nell Leyshon.Diría que tuve que forzarme para acabar las escasas 176 páginas. Pero antes de que se entienda este comentario como algo malo, me preparo el café (o debería decir té), y os cuento.

“Del color de la leche” nos pone en la piel de Mary, una niña de una granja de la Inglaterra de principios del siglo XIX cuyas características principales son su cabello blanco y una pierna defectuosa. Características especiales que pasan inadvertidas a lo largo del relato. En la primera parte, nos cuenta la dura vida en la casa de la granja junto a su familia, de la cual exclusivamente destaco la aparición del abuelo. El avance se hace lento, porque poco más se cuenta que las tareas diarias de la familia de manera superficial, con bonitos apuntes rurales pero sin una profundidad excesiva. Salva este lento sector el hecho de que se nos cuenta en primera persona y por lo tanto el relato no está obligado a profundizar más allá de lo que siente una niña en su trabajo diario. En eso, chapó. Para mí, la mayor virtud de este libro es la capacidad de la autora de saber ponerse en el papel de la protagonista, de hacer creer que el texto está escrito por esa ingenua muchacha.

En la segunda parte, Mary es contratada como sirvienta en la casa del vicario. Más allá del cambio de ambiente y de las características bastante bien relatadas de una casa acomodada de su época, el relato vuelve a hacerse plano. No suceden cosas interesantes y las pocas cosas que pasan de interés son demasiado predecibles y no impactan ni por la sorpresa ni por la intensidad del relato. De nuevo, la excusa de estar relatado por una niña y a la vez, su mayor virtud.

En las páginas finales comienzan a suceder acontecimientos de importancia, de los que atrapan y animan a seguir leyendo. Sin embargo, si bien justifican el resto del relato, si bien dan sentido a todas las páginas predecesoras, no sé si hace que merezcan la pena.

En resumen, y por supuesto bajo mi opinión, me parece un texto plano, fácil de leer pero poco inmersivo en el cual, si haces el esfuerzo de llegar al final, te quedas con la sensación de haber leído una buena historia pero en la que cuesta llevarse el amor de alguno de sus personajes con los que es difícil empatizar.

Y vosotros, ¿la habéis leído? ¿Qué os parece?

¡Un saludo!

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