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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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criticas

STAR WARS El ataque de los clones – Crítica

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Luces y sombras para El ataque de los clones, segundo episodio de una saga que no es santo de mi devoción pero que hago el esfuerzo de completar, tomándome mi tiempo. Así pues, ahí va mi opinión sobre la segunda película (por orden de los acontecimientos) de esta legendaria saga.

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Diez años después de La amenaza fantasma, varios sistemas solares de la República influenciados por el conde Dooku amenazan con independizarse. Para evitar este desmadre, la República propone crear un ejército capaz de controlar a los independentistas. He de decir que este planteamiento me pareció más serio que el de la anterior película, y en mi opinión, ofrece un punto más de madurez argumental que su precuela. Era una de las cosas que echaba en falta. Me parece que el universo Star Wars estaba mermando su propio potencial con tramas dirigidas a un público más juvenil. No pido un entramado político al estilo Juego de Tronos, pero sí algo con más sustancia.

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Ante esta tesitura, Obi-Wan y un crecidito Anakin tienen como misión proteger a la senadora Padmé durante la votación sobre la creación del ejército de la República. Mención especial aquí a la persecución al cazarrecompensas en una escena vertiginosa de acción y adrenalina digna de ser disfrutada. Llegados a este punto, mi opinión es que El ataque de los clones promete y mucho.

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Pero Obi-Wan comienza una investigación sobre un ejército clon encargado hace diez años en secreto por la República y es aquí donde todo se diluye. Un desarrollo lento solo salvado por la belleza del diseño de los kaminoanos y el enfrentamiento de Obi-Wan con Jango Fett, el cazarrecompensas a partir del cual se crean los clones.

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Y si lento y difuso es el desarrollo de la investigación de Obi-Wan, aún más laxo es el apartado dedicado al joven Anakin. Su vuelta a Tatooine me parece excesivamente oportunista, y mira qué casualidad que, tras tantos años sin ir allí, el hecho dramático que allí ocurre sucede en ese mismo momento. No puedo con esas casualidades, tan forzadas que me impiden meterme en la trama. Más inverosímil me parece aún el romance con Padmé, propio de chiquillos, sin química alguna, igual de forzado que todo lo que sucede alrededor de Anakin. Lo único reseñable de este aspecto es su paseo por la Plaza de España de Sevilla. Para mí, el trato de esta relación es uno de los grandes puntos negativos de esta película, teniendo en cuenta la importancia de estos hechos en la historia posterior.

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Tras media película deshaciéndose por segundos, se encara la parte final, y aquí mejora, obligada a ello. La lucha de Obi-Wan, Anakin y Padmé en el coliseo de Geonosis por su libertad con la posterior aparición del consejo Jedi y el ejército clon, le da otro color al filme, aunque no el suficiente para no echar de menos una batalla campal a mayor escala, sobre todo teniendo en cuenta que en esta película tampoco hay batalla espacial.

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En cuanto a los combates individuales, la lucha entre Obi-Wan, Anakin y el conde Dooku sí se nota más trabajada y preparada que los combates de la primera película. Los movimientos se notan más veloces y fluidos. Y se agradece. Memorable la aparición de Yoda, por supuesto.

Al final, luces y sombras para una película algo más madura que su antecesora pero que se pierde en los compases medios incapaz de sostener un equilibrio que le dé un punto más de grandeza. Esta es mi opinión; como sabéis, la de alguien que no es especialmente aficionado a esta saga. Respeto y reconozco su legendaria connotación, por supuesto, pero bueno…, así tenéis también un punto de vista de alguien más ajeno a su encanto.  Seguiré completándola, aunque reconozco que hay muchísimas cosas más que me apetece ver antes en lo relativo a la ciencia ficción.

Nada más por hoy. Un saludo a todos.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

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EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS – Crítica

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Tras disfrutar de manera bestial (nunca mejor dicho) de El origen del planeta de los simios, no he podido retrasar mucho la visualización de la segunda parte de esta trilogía, dirigida esta vez por Matt Reeves, con la esperanza de encontrar un producto tan genial como su predecesora pero a la vez con el temor de sentir que no está a la altura de esta. Ahí van mis impresiones.

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Diez años después de la propagación del virus diseñado por GEN-SYS, los simios con inteligencia potenciada han establecido una colonia a modo de chabolas en los bosques de San Francisco mientras que los pocos humanos supervivientes (los que son inmunes al virus), sobreviven como pueden en los restos de la ciudad. Aquí empieza la película, a partir de uno de los puntos científicos que consideré más flojos de la primera entrega. Es extraño que un virus afecte de maneras tan dispares a dos especies tan similares; pero dije que no iba a ser quisquilloso en ese aspecto en la anterior crítica y no voy a serlo esta vez.

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Todo este tiempo, ambas especies se han mantenido distantes hasta que una presa, necesaria para mantener la electricidad en San Francisco y que está en territorio simio, les obliga a establecer contacto. Esta parte a mí se me hizo, sinceramente, aburrida. No encontré nada relevante más allá del encanto de la recreación de la emergente civilización simia.

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Respecto a esto, el acabado visual de los simios es tan espectacular como en la anterior entrega, pero ya no diría que tan sorprendente, pues no se observan mejoras que impacten al espectador (también es cierto que solo han pasado tres años entre ambas entregas) y es inevitable la sensación de ver más de lo mismo (aunque repito, para mí uno de los apartados gráficos más espectaculares y que más encanto me han causado en el cine últimamente).

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En estos primeros compases es César, el líder simio recreado sobre el siempre admirable Andy Serkis, el que carga con el peso de la trama y la salva, no solo por su entrañable personalidad fabricada a partir de sus gestos, sino porque representa esa neutralidad que todos esperamos que sirva para que todo llegue a buen puerto (aunque ya sepamos cómo acaba). Su contrapartida es Koba y ambos personajes muestran muy bien el conflicto entre humanos y simios, pues cada uno ofrece una versión determinada por el trato que han recibido por parte de las personas.

También en el bando humano hay buenos y malos, y esta es una de las cosas más agradecidas y potentes de la cinta, que no muestra preferencia por uno de los dos bandos, sino que trata de mostrar un equilibrio basado en actitudes y experiencias individuales. Ambas partes tienen su parte pacifista, reflejada en Malcolm (Jason Clarke) en el caso humano, y la película se centra en la búsqueda de la paz por parte de ambos, más que en la imposición de una de las dos facciones. La película nos vuelve a regalar en este caso esa conexión de César con los humanos como ya hizo con Will en la primera entrega.

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La película gana ritmo con las distintas situaciones que aumentan la tensión entre especies, haciéndose entretenida, hasta desembocar en el inevitable enfrentamiento final. La acción no se vuelve tan espectacular como en la primera entrega (me parece un fallo que los simios no recarguen los rifles en un intento argumental por encubrir su falta de instrucción militar o de no saber cómo hacer que lleven la munición encima), y, bueno, si bien se deja ver, la resolución está varios niveles en entretenimiento y profundidad  por debajo de la película que comenzaba la trilogía.

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En mi opinión, estamos ante una buena película pero que sufre y de qué manera a la sombra de su predecesora, que era un conjunto perfecto de argumento, acción, entretenimiento y apartado gráfico. Tampoco consigue evitar el problema de ser la segunda parte de una trilogía y padece el síndrome del intermedio. No proporciona información vital ni evoluciona pidiendo a gritos la resolución, simplemente posiciona las fichas de manera necesaria para la última entrega, estando a su servicio y olvidándose de brillar por sí misma. Buena cinta que me hace querer continuar la saga (ya sabéis que soy experto en dejar sagas a medias), pero que me genera cierta incertidumbre respecto a la resolución final en La guerra del planeta de los simios.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS – Crítica

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Sé que esto es lo peor que puedo decir si mi intención es redactar una entrada, pero “El origen del planeta de los simios” me ha dejado sin palabras. Hacía mucho que no disfrutaba tanto de una película, por lo que me pregunto qué he estado haciendo sin haberme hecho con ella desde el 2011 en que se estrenó.

Bajo la dirección de Rupert Wyatt, director inglés desconocido y con escasa filmografía, se ha conseguido una buena historia, que crece con su ejecución y que, en mi opinión, está a la altura de la legendaria saga que representa.

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La cinta nos narra cómo empezó todo para que unos simios llegaran a dominar un planeta por encima de los humanos. Así, la primera parte se centra en la trama científica, y allí donde los seguidores de la saga esperábamos ambientes selváticos repletos de macacos y naves futuristas, nos encontramos laboratorios en un enfoque contemporáneo. Un mazazo inicial que contrasta con la aventura pura y dura a la que la saga nos tenía acostumbrados. Pero… primer aviso: El planeta de los simios regresa en serio, con una apuesta muy definida.

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James Franco (actor que nunca me ha terminado de apasionar pero que cumple de manera sobrada esta vez) es Will Rodman, destacado investigador de GEN-SYS que se encuentra experimentando con simios una posible cura para el Alzheimer. Al parecer, descubre un virus que no solo regenera las neuronas perdidas, sino que las potencia. Aquí mi vena biológica haría ciertas objeciones, pero si no somos quisquillosos, el planteamiento es aceptable.

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Tras la cancelación de su investigación, descubren un simio recién nacido al que Will decide cuidar, pues su alternativa es la muerte como todos sus compañeros de investigación. Este simio, al que se le llama César, contagiado por el virus, demuestra una inteligencia potenciada sobrenatural. Sin embargo, es en el aspecto más sentimental en el que quiero centrarme, pues esta parte en la que se relata el crecimiento de César está tan bien medida que, aunque en ocasiones haga olvidarnos de que estamos en la saga El planeta de los simios y nos recuerde más a una película de mascotas, es crucial esta imagen de simio humanizado que tan bien se representa para que la película gane magia por momentos. Es imposible no encariñarse de César y de lo que representa, y de la relación con su familia adoptiva.

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Pero esta estampa familiar tiene que llegar a su fin y César es obligado a ser recluido en un lugar más apto para él junto a otros individuos de su especie. Hago mención especial aquí al increíble aspecto visual de estos nuevos simios que se suman a la captura de movimiento ya utilizada en Avatar y que, en mi opinión, consigue unos resultados soberbios. El aspecto digital les sienta especialmente bien, sumado a la creatividad que se pone a disposición de la personalización de cada uno de los simios, reconocibles como personajes que se pueden distinguir a simple vista. En anteriores críticas he dicho que el paso a lo digital siempre me ha hecho más difícil creerme lo que veo, pero no ocurre así en esta cinta. Los minutos pasan y yo deseo cada vez más que aparezcan más simios.

29852_el-origen-del-planeta-de-los-simiosMención especial se merece la recreación de César e imposible no unirme a los aplausos dirigidos a Andy Serkis, conocido por todos por su interpretación de Gollum. El paso de César de mascota a líder de la rebelión es tan comedido, tan bien cuidado, que es difícil no entenderlo. Ese rencor, esa ansia de libertad, y a la vez ese amor por los humanos con los que se ha criado… Es un proceso complejo, lejos de la predecible simplificación de me enfado porque me han encerrado. Esta transformación se refleja de manera maravillosa en las expresiones faciales de César, al cual no le hace falta hablar para hacernos saber lo que siente y piensa en cada momento.

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Y llegados a este punto, la película estalla. Hasta el momento las cosas habían ocurrido de manera sosegada, pero todo se viene arriba y ocurre la aproximación a El planeta de los simios que uno espera con una elevada dosis de acción. Acción que, por otro lado, tampoco se hacía necesaria, pues la película es entretenida de por sí e interesante en cada una de sus escenas. Pero esto es Hollywood, y la lucha por la libertad de los simios ocurre de manera frenética, sin dejar de ser creíble, haciendo gala de los efectos especiales que no podían faltar para generar un final apoteósico para una gran historia que tiene partes individuales magníficas que forman un conjunto aún mejor.

Son tantas cosas las que ocurren, y con tanta carga emocional (la primera parte de la película se encarga de crear y la segunda de volcar lo creado), que el resultado final es grandioso. Lo dicho, en términos de disfrute (que los que me conocéis sabéis que son para mí el principal criterio), increíble. Es imposible no querer avanzar más en la historia, por lo que estoy deseando ponerme con la segunda parte de esta trilogía: El amanecer del planeta de los simios.

Así que, no pierdo más tiempo y me pongo con ella.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001) – Crítica

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Hago un filmus interruptus en mi intento de completar la saga de Star Wars (por mucho que lo intento y a pesar de su grandeza, soy incapaz de verla como algo más que un juego de luces con mucho potencial pero que se queda en un juguete en manos de un niño por su falta de trasfondo e intensidad). Así, aprovecho para lanzarme con otra saga que tenía pendiente de completar. Una un poco más mona.

Para mí, El planeta de los simios comenzó con la nueva versión del 2001. Fue la primera que vi. La disfruté en su momento y he vuelto a disfrutarla esta vez al volver a visualizarla para recordarla. Con Tim Burton al mando y como no podía ser de otra forma, la cinta goza de una personalidad y caracterización marcada, aunque algo menos histriónica a lo que se podría esperar del afamado director.

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La película comienza en el Oberon, una nave destinada a la investigación, con simios a bordo destinados a explorar territorios desconocidos. La parte científica es superficial, dejando claro desde el principio que esta es una película de aventuras, sin más. Apenas sirve para ponernos en situación. No arriesga en explicaciones, y eso hace que no chirríe nada y que no meta la pata (o la… ¿mano? Yo quiero cuatro manos en vez de patas como los simios, podría estar escribiendo esta entrada más rápido).

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Sin más preámbulos, Mark Wahlberg, en el papel de piloto frustrado, se lanza por su cuenta y riesgo al espacio para recuperar a su simio perdido siendo víctima de una tormenta sideral que lo envía a un lugar desconocido (y aquí se acaban los spoilers). Allí se encuentra con un planeta donde el ser humano no resulta ser el primate más adelantado en la escala evolutiva.

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Llegados aquí, habría que destacar la manufactura técnica de los escenarios. Para mí, son el gran secreto de que la película se merezca un “tú sí que vales”. Incluyo en la buena ambientación la caracterización de los personajes simiescos. Siempre tendré buenas palabras para la recreación de personajes anterior a la elaboración digital. Y, aunque esas máscaras dan la sensación de que haya saturación de bótox en sus rostros, sus variadas formas son un espectáculo creativo. Bienvenidos al planeta de los simios. Se nota la mano de Burton.

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A partir de ahí, el argumento de la película se vuelve un refrito que se puede resumir en una única palabra: huir. Todo se queda muy insulso, muy poco aprovechado. Muy superficial. El planteamiento, que a nivel científico y moral podría ser muy interesante, se queda en un simple contexto para narrar las aventuras de los personajes que, dicho sea de paso, brillan por su monotonía. Ni Wahlberg es el héroe que te hace aplaudir, ni funciona la historia de amor que confronta a Estella Warren (personaje escaparate por excelencia) y Elena Bonham Carter (una de las pocas interpretaciones que aportan algo de vida)… Son marionetas a través de las cuales fluye lo básica historia que se pretendía contar. Hasta Michael Clarke Duncan (¿quién no ama a ese actor?) pasa desapercibido bajo su máscara simiesca…

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Y así, sin nada reseñable, llegamos a la inevitable confrontación final entre humanos y simios, también algo necesitada de crudeza y a la revelación (¿inesperada?) final. La cinta se reserva un último truco para los últimos minutos que le permite cerrar salvando los muebles a nivel argumental, aunque no justifica lo plano de su desarrollo.

Y, a pesar de todo, de que al tratar de desgranar todos los elementos por separado parece que no destaca ninguno, el conjunto funciona. Se trata de una película muy entretenida, que te atrae por su propuesta original y te mantiene por la acción continuada y por su contenido visual. Sabe desde el minuto cero lo que quiere mostrar y lo que no, lo que quiere ofrecer y los líos que trata de evitar. Y, por eso, consigue un buen resultado.

Sin duda, me anima a continuar la saga (refiriéndome a la parte de las películas nuevas; los clásicos me los reservo). No sé cómo puede sorprenderme en futuras entregas ya que el trato tan liviano que se le da aquí a la idea me hace pensar que no hay mucho que desarrollar. Pero puede que me sorprenda. La cinta me ha dejado con ganas de más, y siempre digo que esa es una de las mejores cosas que se puede decir de cualquier elemento creativo.

Nada más por hoy.
Que tengáis un buen día, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? – Reseña

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La sed de clásicos del cine de ciencia ficción ha invadido mi biblioteca particular, así que sigo redimiéndome también a golpe de literatura. Y, de esa montaña de libros de los que uno se avergonzaría de decir que no ha leído, en esta ocasión me decidí a abordar el de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Curioso el título de Philip K. Dick (normal que lo cambiaran por Blade runner tras su adaptación a la gran pantalla) para esta novela breve que, escrita en 1968, sigue siendo un referente en la ciencia ficción (y en la filosofía) actual. A estas alturas creo que no es necesario explicar el argumento de tan conocida obra, que gira en torno a Rick Deckard, un cazador de bonificaciones que ha de retirar (eufemismo de aniquilar) a una serie de peligrosos androides defectuosos.

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La prosa no se anda con rodeos bajo ningún concepto, y para mí esa es una seña de identidad del texto. Sin ninguna intención de extenderse ni de explicaciones pesadas, Dick consigue una atmósfera y una inmersión exquisita. Como si cada palabra valiera oro y mediante el uso de limitados aspectos futuristas como coches voladores, cajas de empatía o tubos láser, se obtiene una ambientación exquisita a la par que se consigue una lectura amena y agradecida. Optimización literaria, que se diría, y que yo valoro mucho.

Este estilo tan escueto causa, por otro lado, una sensación de frialdad en la lectura ya que el dramatismo brilla por su ausencia. Ni los giros de guion ni las escenas más sentimentales muestran sentimentalismo alguno. En cuanto al aspecto sensacionalista, la narración es muy superficial. Tampoco se enmaraña en los aspectos más profundos como la duda del propio Deckard sobre si él mismo es un androide o el tormento de acabar con la existencia de seres con cualidades humanas. Las cosas suceden, y punto. Contrasta por ello con las profundas reflexiones a las que invita la aventura. Allá el lector con lo que quiera extraer de esta aventura.

¿Se podrá crear en un futuro androides de tan alta calidad que sea casi imposible diferenciarlos de un humano? ¿Cuál es el límite entre la vida biológica y la artificial? ¿Si se consigue replicar las conductas, los anhelos y las sensaciones humanas en un robot podría alcanzar el autómata la condición humana? ¿Destruir a una máquina que sueña y sufre y que desea seguir viva debería conllevar implicaciones éticas y legales? El planteamiento de esas cuestiones son las que han llevado a la obra a convertirse en leyenda, pero realmente el texto no las aborda en sí. La deja en el aire con tal suavidad que a veces pienso que toda la montaña filosófica a la que ha dado lugar ha surgido más por los obsesivos análisis posteriores de los lectores que como la verdadera intención del autor.

Sea como fuere, es agradable disfrutar de una novela ligera, plana en su argumento, pero que va dejando un regusto conforme se avanza en ella que hace que uno, en la medida que esté dispuesto a sumergirse y a ponerse en la piel de cada uno de sus personajes, pueda ponerse en situaciones que rayan el más puro existencialismo.

Siempre tiendo a pensar que las grandes obras de la literatura están sobrevaloradas. También creo que cuando fue escrita, en ningún momento se pensó la repercusión posterior que podría tener. En principio, casi podría cometer la herejía de incluir esta historia en ese tipo de lecturas que nombraba no hace mucho y que decía que eran de digestión rápida. Sin embargo, aquí sigo todavía con partes de ella en el paladar, rumiándola, y esa metáfora creo que es lo mejor que puedo utilizar para expresar mi experiencia con este clásico de entre los clásicos.

Nada más por hoy.
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STAR WARS La amenaza fantasma – Crítica

Sigo en modo cualquier tiempo pasado fue mejor y, a golpe de palomitas hechas con aceite y olla para acrecentar la nostalgia, me lanzo a por otra saga de ciencia ficción clásica: Star Wars. “La” saga, que dirían muchos. Vaya por delante que pienso que Star Wars es un universo sobrevalorado. No por su calidad, que es extraordinaria, sino por todo el fanatismo que le rodea y que hace que sus fieles defensores hinchen su valía.

Para enfrentarme a esta saga he decidido optar por el orden cronológico según los hechos. Es decir, que empiezo por el Episodio I: La amenaza fantasma, aunque se estrenara veintidós años después de la cinta con la que comenzó todo. En 1999, George Lucas decidió regalarnos una nueva trilogía de su conflicto galáctico, y para ello retrocedió en el tiempo a los hechos anteriores a La guerra de las galaxias de 1977.

He de decir que La amenaza fantasma fue la película con la que yo, siendo casi un adolescente, descubrí Star Wars. Y como bien es sabido que suelo impregnar mis críticas con mis vivencias, puede que esta querencia se deje notar en las próximas líneas. Desde ya aviso también que, sin meterme de lleno en su argumento, algún que otro spoiler caerá durante la crítica.

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La amenaza fantasma comienza con dos caballeros jedi enviados a negociar con la Federación de Comercio por su bloqueo económico al planeta Naboo. Allí se encuentran con que el único interés de la Federación en dialogar es a golpe de droide. Echo de menos algo más de política en esta parte. Cuando era un aspirante a adolescente, eso me importaba más bien poco, pero en esta ocasión siento que falta algo más de teoría sobre la Federación y la República, algo de riqueza al contexto de un mundo que pretende emular una jerarquía premedieval.

Es cierto que a estas alturas venimos de ver las secuelas y que ya somos expertos en el universo Star Wars, pero algo de politiqueo y de muestra de intereses de unos y otros le habría dado un punto de madurez a la historia. Tal como se exponen los hechos, pareciera que solo interesa decir que estos son los buenos y estos otros los malos.

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Y así las cosas, en la huida de los jedi ante la respuesta violenta a la negociación, con la reina de Naboo a cuestas para buscar auxilio en la República, una avería en la nave les obliga a detenerse en Tatooine, un planeta al margen de la leyDestaco aquí la estética del Nubian que les llevá al planeta, así como de los cazas estelares N-1. Me encantan las naves de esta película con ese aspecto puntiagudo. De hecho, la parte gráfica es sin duda uno de los aspectos clave de esta saga, con unos diseños de naves, ciudades y personajes en los límites de la creatividad humana (no quiero quedarme aquí sin nombrar el aspecto gráfico de la ciudad Gungan submarina). Ojo, que muchas películas han intentado copiar este desbordante diseño de color y formas pero ninguna ha alcanzado la popularidad de Star Wars.

Pero si volvemos al argumento, esta primera parte a mí me parece lenta y con poco aporte considerable. Ya sabéis lo que opino sobre los niños elegidos en general y en ese toque mágico que les convierte en héroes (o antihéroes) per se. Por eso, la estancia en Tatooine se me hace insulsa a pesar de su importancia en el resto de películas. Eso sí, para la memoria de toda la saga quedan esas espectaculares carreras de vainas, otra demostración creativa de por qué amo la ciencia ficción, por su capacidad de inventar esas escenas que nos hacen tocar con los ojos lo imposible.

Ya en Coruscant y frente al Senado, la reina Amidala de Naboo se encuentra con el muro de la corrupción. También hecho de menos aquí un recurso que podría haberse explotado con una gran riqueza argumental y que podría aportar giros creíbles e inesperados, pero se pasa demasiado por encima, se queda como una simple excusa, otro parche forzado, esta vez con el mensaje de señorita Amidala, tú te lo guisas y tú te lo comes.

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La reina vuelve a Naboo para enfrentar a la Federación y llegamos así a la parte final de la película donde todo cobra sentido. Star Wars es, ante todo, cine de acción, y aquí se justifica la falta de un desarrollo mayor de la trama y con creces. En la última parte de la cinta, aparece lo que será una tríada recurrente en toda la saga: batalla terrestre, batalla espacial y combate jedi.

En cuanto al enfrentamiento campal, los Gungan plantan cara a los droides de la Federación en una batalla con estrategia simple (los Gungan basan su defensa en el escudo de energía que una vez destruido, si te he visto no me  acuerdo), pero con un tremendo acabado visual y con un orden que permite seguir los acontecimentos con claridad, algo que ya quisieran muchas de las batallas a gran escala representadas en el cine.

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El combate espacial, en mi opinión, algo más flojo. Más allá de que los N-1 me tienen ganado por su simpleza estética, la batalla se decide por un golpe de suerte demasiado rebuscado. Un poco forzadas las actuaciones de Anakin, en mi opinión. Del personaje digo, no del actor. En conjunto, el reparto se comporta de manera magnífica, siempre digo que cuando un actor hace creíble una trama de ciencia ficción, no se le puede pedir más. Aunque en mi corazón siempre quedará el Qui-Gon de Liam Nisson.

Qui-Gon y Obi-Wan vs. Darth Maul - Star Wars

Y hablando del jedi, nos vamos a la lucha personal con su alter ego oscuro, el sith Darth Maul. A pesar del carisma generalizado de este personaje, Maul estaría en la parte baja de la tabla de mis personajes favoritos.

Aunque la primera vez que vi esta película me enamoré de los sables láser y sus movimientos, siendo una víctima más del encanto de las características armas jedi, en este visionado he encontrado las luchas algo forzadas. Muy ensayadas y preparadas, poco naturales. Tampoco ayuda el paso del tiempo, por supuesto. Es solo en el último embate entre Obi-Wan Kenobi y Darth Maul cuando me creo la confrontación, cuando la noto sincera.

Y así llegamos a los últimos minutos de una metraje que va ganando con el paso de los segundos, una película que comienza floja pero que remonta y acaba con buena nota. Deja con ganas de más, tanto por la apetencia de seguir disfrutando del universo Star Wars, como por la necesidad de degustar un argumento más elaborado.  Buena película, por lo tanto. Floja como historia individual pero buen inicio para una saga que, aún sin terminar, veremos si está a la altura de la conmoción social que ha causado históricamente.

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ALIENS 2, EL REGRESO – Crítica

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Hace unos días confesé el sacrilegio de un escritor que dice amar la ciencia ficción y que no había visto ninguna película de la saga Alien. Así que me puse con la primera de la serie (a la que dediqué esta crítica) y, tras una satisfactoria experiencia, me lancé a por la segunda entrega. Así pues, os muestro mi veredicto.

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En 1986, siete años después de la primera entrega de Alien, salió a la luz su secuela “Aliens, el regreso”. Esta vez bajo la batuta de James Cameron, ya me habían advertido del sustancial paso del terror a la acción. He de decir que me costó creerme  este aviso, pues la primera hora en la que los xenomorfos brillan por su ausencia se me hizo soporífera, insustancial y lenta.

En esta parte se le pide a Ripley que vuelva al planetoide LV-426 donde se ha perdido el contacto con una colonia humana, ya que al ser la única que ha tenido contacto directo con las amenazantes bestias que habitan en él, su experiencia puede ser muy valiosa para lo que allí puedan encontrarse. Tras haber sufrido una terrible pesadilla en la que casi pierde la vida en la primera película, Ripley acepta volver sin resistirse mucho. Claro que sí, adrenalina gratis. Y poco más puedo decir de esta primera mitad.

En la segunda parte el ritmo se invierte de manera drástica y la película se vuelve loca, sucediéndose las escenas de acción una detrás de otra sin dosificación medida. Existe un desequilibrio descomunal entre las dos partes del filme. Y aquí empiezan a perderse aspectos que brillaban en la primera entrega. Mientras que la primera película de Alien combinaba las escenas álgidas con el sosiego de manera efectiva, haciéndose esperar las escenas destacadas y consiguiendo que uno las recordara varios días después del visionado, aquí pasa todo tan rápido que es difícil guardar esos momentos míticos que se siguen degustando tras la aparición de los créditos.

Este ritmo impide a su vez disfrutar de los personajes, que se convierten en una amalgama de secundarios que no consiguen desarrollar personalidades propias, a excepción de Lance Henriksen como Bishop. Curioso que haya sido un androide el único que me haya parecido carismático. Mencionar también, si acaso, a Jenette Goldstein como la soldado Vásquez, aunque no sabría decir por qué. De Sigourney ya sabéis que no es santo de mi devoción y esta película no me hace cambiar de opinión.

En la parte final, he de reconocer que la cinta mejora. La idea de la madre Alien le da un punto de interés y frescura (aunque este recurso será utilizado infinitas veces en posteriores películas con alienígenas). Es en esta parte en la única que no tengo que hacer un esfuerzo por coger el mando y que disfruto sinceramente. Pero el final no justifica la totalidad del metraje en este caso.

Sé que muchos opinan de esta película que, junto a la primera (y así me lo habéis hecho saber en los comentarios), son las mejores de toda la saga. Sé que muchos estaréis deseando que sea devorado por un xenomorfo por hacer una crítica no tan positiva como seguramente se merezca esta película. También sé que se debe a que disfruto más de la ficción argumentada que de la acción pura y dura, y eso ha hecho mucha mella en mi opinión.

Llegados a este punto, no sé si continuar con la saga. El hecho de que Alien 3 se desarrolle en un lugar cerrado como es una prisión me anima, pues pienso que puede recuperar aspectos de la primera Alien. En su contra, la crítica general de esta tercera entrega no la pone en muy buen lugar. Dejaré hacer al azar. Intentaré conseguirla, pero si veo que no soy capaz de hacerme con ella debido a su antigüedad, pasaré a otra de las sagas clásicas de ciencia ficción que tengo pendientes. Solo diré respecto a esto que me quedé en el capítulo VII de Star Wars y el estreno de la última entrega me anima a retomarla.

Nada más por hoy.
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ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO – Crítica

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Sé que lo que voy a decir deja mucho que desear como aficionado a la ciencia ficción, pero nunca había visto una película de la saga Alien. Ayer me decidí a hacer un ciclo de cine clásico y me lancé a por esta serie de películas. Sé que hacer una crítica a estas alturas no tiene mucho sentido, pero para quien quiera hacer memoria o leer una opinión actual sin el filtro de la nostalgia, allá voy.

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En 1979 y de la mano de Ridley Scott, nos llególa primera entrega de esta clásica saga de terror y ciencia ficción: Alien, el octavo pasajero. En ella, el Nostromo, un carguero comercial, recibe una llamada de auxilio durante su regreso a la Tierra. La obligación del código legal les obliga a responder, teniendo que detenerse en un planeta desconocido cuya existencia de vida acabará amenazando a toda la tripulación.

Algo recurrente en el cine clásico es la lentitud de su desarrollo, que contrasta con la saturación actual de escenas de acción. Pero ojo, que la película sea lenta no significa que sea aburrida, y creo que aquí la clave es la naturalidad de sus interpretaciones. Más allá de la complejidad de su guion, que es bastante sencillo, los personajes son totalmente creíbles gracias a unas actuaciones que hacen que pensemos que llevan toda su vida a bordo del Nostromo. Esto lo digo incluso desde mi escepticismo hacia Sigourney Weaver, que no entra en la lista de actrices con las que más simpatizo. Pero es cierto, en el cine antiguo hay unos comportamientos que puede que las escuelas interpretativas actuales hayan aniquilado y que han hecho que se pierda cierto realismo con los años.

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Algo similar ocurre con el apartado visual. A pesar de que las computadoras del Nostromo nos hagan viajar más al pasado que al futuro, de los peinados ochenteros y de que algunas partes de la nave parecen colchonetas enrolladas, a mí esos detalles arcaicos me aportan cercanía. No me sacan de la trama, en absoluto. En la misma línea podríamos hablar del extraterrestre que protagoniza la película. A mí desde que se dejó de usar animatrónicos y se pasó a la creación digital, me falta algo. A pesar de las limitaciones del uso de mecanismos para las criaturas, me parecen más reales, más terroríficas. Pienso que la única saga que ha hecho que me sumerja por completo con el paso a la recreación digital de las criaturas es Jurassic Park con su increíble Jurassic World. Y en este caso, Alien, con los juegos de cámara e iluminación que buscan ocultar sus imperfecciones, me parece que consigue un gran resultado.

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Y en fin, más allá de lo técnico, que ya sabéis que yo soy más de basarme en las sensaciones a la hora de disfrutar de una obra, he de decir que yo he disfrutado bastante de esta primera entrega de Alien. Creo que la clave en este caso ha sido su dosificación. Las escenas álgidas son escasas debido a las limitaciones de la época, pero saben hacerse esperar y compensan. Todo el conjunto me parece bien compactado y consigue una de las cosas que para mí hablan por sí solas, que se me pase el largometraje rápido y sin poder decir que me sobra alguna parte.

Así que, por mi parte, aprobado con nota para esta entrega y con ganas de más. Me parece una buena película, incluso, si omitimos el salto temporal, lo cual ya es decir mucho. Totalmente comprensible su conversión a clásico y espero que las secuelas me resulten tan buena inversión temporal como con El octavo pasajero.

¡Un saludo!

DEL COLOR DE LA LECHE – Crítica literaria

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LUNES DE CRÍTICA LITERARIA (Lo sé, ya voy con retraso)

Como buen cobarde literario, tengo la novela corta en lo alto de mis prioridades. Hace poco pedí referencias sobre este género y una de las primeras recomendaciones fue “Del color de la leche” de Nell Leyshon.Diría que tuve que forzarme para acabar las escasas 176 páginas. Pero antes de que se entienda este comentario como algo malo, me preparo el café (o debería decir té), y os cuento.

“Del color de la leche” nos pone en la piel de Mary, una niña de una granja de la Inglaterra de principios del siglo XIX cuyas características principales son su cabello blanco y una pierna defectuosa. Características especiales que pasan inadvertidas a lo largo del relato. En la primera parte, nos cuenta la dura vida en la casa de la granja junto a su familia, de la cual exclusivamente destaco la aparición del abuelo. El avance se hace lento, porque poco más se cuenta que las tareas diarias de la familia de manera superficial, con bonitos apuntes rurales pero sin una profundidad excesiva. Salva este lento sector el hecho de que se nos cuenta en primera persona y por lo tanto el relato no está obligado a profundizar más allá de lo que siente una niña en su trabajo diario. En eso, chapó. Para mí, la mayor virtud de este libro es la capacidad de la autora de saber ponerse en el papel de la protagonista, de hacer creer que el texto está escrito por esa ingenua muchacha.

En la segunda parte, Mary es contratada como sirvienta en la casa del vicario. Más allá del cambio de ambiente y de las características bastante bien relatadas de una casa acomodada de su época, el relato vuelve a hacerse plano. No suceden cosas interesantes y las pocas cosas que pasan de interés son demasiado predecibles y no impactan ni por la sorpresa ni por la intensidad del relato. De nuevo, la excusa de estar relatado por una niña y a la vez, su mayor virtud.

En las páginas finales comienzan a suceder acontecimientos de importancia, de los que atrapan y animan a seguir leyendo. Sin embargo, si bien justifican el resto del relato, si bien dan sentido a todas las páginas predecesoras, no sé si hace que merezcan la pena.

En resumen, y por supuesto bajo mi opinión, me parece un texto plano, fácil de leer pero poco inmersivo en el cual, si haces el esfuerzo de llegar al final, te quedas con la sensación de haber leído una buena historia pero en la que cuesta llevarse el amor de alguno de sus personajes con los que es difícil empatizar.

Y vosotros, ¿la habéis leído? ¿Qué os parece?

¡Un saludo!

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