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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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cumpleaños

TE REGALO MI AFECTO #5

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El sábado fue el cumpleaños de mi pareja. Y yo, que ya sabéis que soy un novelero, no quise perder esta oportunidad de hacer un regalo personalizado. Ya me conocéis. Para mí, un pensamiento dedicado a una persona vale más que el más caro de los presentes.

Así pues, la personita que aguanta mis incesantes golpes al teclado y mis ausencias mentales pensando en argumentos para mis historias, se encontró una nota en el desayuno con la dirección (virtual) a un archivo de audio que venía a avisarle de que ella era culpable de algo. Y para saber de qué se trataba, tendría que ir encontrando pistas una tras otra.

Las pistas, esparcidas por toda la casa y por todo Alicante en forma de adhesivo esponjoso con forma de corazón, contenían un código que, de nuevo, introducidos en una página de Internet preparada para ello, devolvían un nuevo audio con instrucciones para encontrar el siguiente.

Así, búsqueda tras búsqueda, se llegaba a la última pista que resolvía el misterio diciendo que de lo único que era culpable era de crear recuerdos uno tras otro para hacerme la vida más amable y feliz. Todo eso, con su correspondiente regalo final de un álbum de fotos de Gorjuss (no entiendo qué tienen esos dibujos tan sobrevalorados) repleto de fotografías que, efectivamente, mostraban muchos de esos recuerdos que ella había sido culpable de causar.

Espero que os haya gustado esta iniciativa y que, si os apetece, podáis darle uso a vuestra manera. Yo siempre os animo a tirar de creatividad para crear regalos personalizados y, como veis, a pesar de que ya supero los treinta, espero no perder esta ilusión adolescente por hacer este tipo de tonterías jamás en la vida.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

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PUEDO CONTROLAR EL TIEMPO Y EL ESPACIO – Confesiones#5

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Hoy toca entrada de café dominical, de confesiones. Solo vosotros y yo sentados cara a cara para contaros una historia personal: la historia de cómo aprendí que se puede controlar el tiempo y el espacio.

Todo empezó en una sala de chat. Ahora hay mucho Whatsaap, mucho chat de Facebook y todo eso, y no sé si es porque me hago viejo pero creo que nunca llegarán a tener el encanto de los antiguos chats o del MSN Messenger. Yo tenía 16 años y ella 13. La sala se titulaba “adolescentes de 14 y 15 años”, pero el destino nos unió como si el mundo quisiera decirnos que incluso allí donde no tuviéramos cabida, acabaríamos encontrándonos.

La casualidad virtual se convirtió en una necesidad cuando su esencia encontró la manera de viajar por los cables y clavarse en mí como un elixir del que ni pude ni quiero librarme. Quiso la vida, puta a veces hasta el extremo, mostrarme que yo era una persona importante para ella sin darme cuenta de que mi corazón era un espejo para ese sentimiento, pues ella era la persona más importante para mí.

Viviendo a distancia, acabamos encontrándonos solo 3 veces en 4 años cuando me di cuenta de que la distancia, un puñal lacerante para dos personas que se adoran, no me hacía daño. Sentía que la necesitaba a mi lado, pero no notaba que estuviera lejos. No se puede sentir lejano a alguien a quien llevas dentro, por mucho que viva a muchos kilómetros de ti. Ella me enseñó que la distancia era relativa, que podía controlar el espacio. Aunque se inventen los viajes interplanetarios y ella utilice uno de ellos para buscar su origen (pues os aseguro que no es de este mundo), yo seguiré sintiéndola conmigo. De tal manera la quiero.

Han pasado ya más de diez años. Algunos más. No sé medir el tiempo exacto, porque creo que este se paró la primera vez que pude ver esos ojos que han secuestrado el océano dentro de ellos. Hay segundos en los que la necesito y no saber de ella se me hace eterno, y hay épocas en las que estamos presencialmente más distantes pero la seguridad de saber que no la estoy perdiendo acorta ese tiempo a las milésimas que hay entre una sístole y una diástole, pues no dejo que se quede nunca fuera de ninguno de mis latidos. El tiempo también es relativo, amigos.

El más claro ejemplo de la relatividad del tiempo es que siempre la siento como la primera vez que la conocí. Cada vez que la veo vuelvo atrás en el tiempo, pero también  cada vez que la veo viajo también adelante en el tiempo. Hoy cumple años de nuevo y aprovecho esta entrada para felicitarla. No voy a decir cuántos años cumple porque es una señorita. Una señorita que se hace vieja, pero no pasa nada porque el tiempo es tan relativo como que si se me preguntara cuántos cumple, cuándo la conoci, hasta cuándo la voy a querer, o cosas temporales por el estilo, yo respondería siempre con la misma palabra: siempre.

Feliz cumpleaños, angelico de mi guarda.

TE REGALO MI AFECTO #4

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Aquí vamos con otra entrada sobre regalos personalizados (y ya van cuatro), otro asalto al ideal de que importa más lo que eres y lo que haces que lo que tienes. O, en una versión más práctica: cómo currarte un regalo bonito o decir lo que sientes sin palabras y sin gastarse un pastizal, que ya sabemos que los escritores…

La celebración del cumple de mi pareja comenzó conmigo llevándole el desayuno a la cama: papilla de bebé. Tras su cara de “dios mío, con quién estoy viviendo yo“, le hago entrega de un sobre fechado un año después de su nacimiento con una notita que viene a decir que no solo quería celebrar su 32ª cumpleaños, sino todos los que no pude celebrar con ella porque no la conocía aún. En ese instante celebrábamos su primer cumpleaños, simbolizado por la papilla porque imagino que en un primer cumpleaños solo se puede hacer eso o chupar teta (y eso último prefería guardarlo para unos años más adelante).

Salimos a pasear y su cumpleaños se celebró en un parque (con sobre y tarjeta incluido con frase romántica, algo que se repetiría cada año que se avanzaba), y el haciendo castillos de arena en la playa (aquí es donde podéis meter alguna frase tipo es que a este castillo le faltaba la princesa que eres tú). El cumpleaños se celebró tomando algo que le gusta mucho a los niños (helado) y el con barra libre de chuches. Es conveniente intentar que todo sea inesperado y sacar el sobre en el momento adecuado.

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Así sucedieron los distintos años dentro del mismo día, pasando por la niñez y la adolescencia, recreando los tiempos del primer beso, los paseos adolescentes, el baile de fin de curso… tomando sentido una romántica idea, curiosa, y divertida, al revivir una vida creciendo de forma acelerada.

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Y llega así el momento de la conclusión, el de darle sentido a todo este crucigrama de edades y actividades. ¿Por qué hemos hecho todo esto? Por una sencilla razón. Cuando queremos a alguien siempre decimos que queremos que sea para toda la vida. Se trata de una afirmación incorrecta, ya que nada puede ser para toda la vida si hay parte de ella que no se ha vivido. Es decir, lo correcto sería decir “quiero que lo nuestro sea para toda la vida desde el momento en que te conocí o para toda la vida a partir de este momento“. O algo así. Revivir a modo de juego los años que no has podido vivir con esa persona hace que, ahora sí y con sentido, se pueda decir, a secas y sin incoherencia, que la relación puede ser para toda la vida.

Ahí lo dejo.
Un saludo y, ¡hasta otra!

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