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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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LA MUERTE DE LAS EDITORIALES

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Hoy me ha llegado la liquidación anual de “El corazón del aedo“, libro que publiqué a través de Ediciones B, y no sé si reír o llorar. Aunque, en el fondo, sonrío como ese cínico malicioso que está deseando su propia e ilógica flagelación para confirmar una verdad. Una verdad que me temo muy pronto dejará de ser solo una predicción mía: las editoriales tienen los días más que contados.

“El corazón del aedo” fue para mí un experimento, una evaluación del verdadero poder de las editoriales; un espejo en el que comparar la autoedición que abordé con “El sanador del tiempo“. Quería comprobar cuánto era capaz de hacer por mí el sello editorial. Sentir en mis carnes si de verdad era un privilegiado, si había entrado en ese mundo de los elegidos que por fin salen de la fosa común del olvido literario.

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Nada más lejos de la realidad. La repercusión conseguida con la autoedición de “El sanador del tiempo” supera en todo a “El corazón del aedo”. En ventas, en feedback, en visitas, en comentarios en Amazon… No hay color. Evidentemente, es porque he dedicado todo mi esfuerzo, mi ilusión y mi desgaste promocional a mi obra; lo cual no dice mucho ni bien de mi compromiso con la editorial, pero es que hacer lo contrario me habría hecho sentir un estúpido.

Con Amazon el autor consigue entre un 30 % y un 70 % de los beneficios; a través de editorial, solo una media de un 5 %. Si la editorial actúa como una bestia promocional, aumentando las ventas hasta límites insospechados, entiendo que se lleven ese gran pedazo del pastel, ya que en general, tanto autor como editor salen ganando. Pero a la vista de mi experiencia, si las ventas al final las tengo que hacer yo sí o sí, ¿entendéis que me sienta ahora un estúpido si ellos se quedan con un 94 % de los beneficios?

Antes, las editoriales eran un mal necesario para publicar. Ahora no. Y por lo visto, ni para vender. Sobre todo las que editan en digital, cuyo gasto cero les permite lanzar títulos a diestro y siniestro para que sus autores siembren y ellas recojan. Lo único que las mantiene vivas son sus servicios de corrección y edición, cosas que cada uno puede aprender y aplicar con esfuerzo, paciencia y aprendizaje (cosa que recomiendo). Porque publicar, con Amazon poniéndonoslo cada vez más fácil (incluso muchas editoriales realmente publican a través de su plataforma), va a ser la puntilla que dé la muerte a un negocio editorial que da sus últimos coletazos. En mi opinión.

Y es por eso por lo que he decidido optar por la vía de la autopublicación para “En el nombre de Eva“, como he comentado a los que pensáis que salir del resguardo de una editorial es un paso atrás. Yo, personalmente, no lo veo así. Quitándome el lastre de sentirme un esclavo y servidor, me siento más libre y más dueño de mi obra, y eso me anima a luchar por ella con muchas más fuerzas.

Un saludo a todos, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

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ATLANTIS – Mi fe de erratas particular

 

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Rectificar es de sabios. Y yo no sé si estas palabras me harán tener más sabiduría, pero sí sé que me harán más honesto, que creo que es a lo que todos deberíamos aspirar, independientemente de nuestra sapiencia. Hace un tiempo relaté mi inconformidad respecto a Atlantis, editorial con la que tuve contacto y cuyas condiciones, en su momento, consideré irrespetuosas con los autores.

Hace poco tuve el placer de contactar telefónicamente con su editor en lo que para mí fue una esclarecedora conversación cuyas reflexiones me gustaría comentar.

En primer lugar, recibí explicaciones sobre los puntos que criticaba en mi entrada del blog, conociendo la parte que yo ignoraba (nunca hay que obviar la versión de los hechos de todas las partes implicadas, craso error que no volveré a cometer) y que me hizo comprender varias cosas. Además, en los aspectos en los que mi discurso tenía coherencia (en mi opinión) encontré justificaciones para no ser tan puntilloso con mis pensamientos.

Nadie es perfecto y todos somos parte de un proceso de aprendizaje. Yo mismo no me considero el mismo escritor que cuando empecé y también sería injusto juzgar a los demás por un pasado del que, además, se han sabido servir para mejorar. También sé, ahora, que es injusto atacar un sector que, a día de hoy, se está convirtiendo en un verdadero superviviente como es el de las editoriales. El de vender libros es un negocio difícil, y las condiciones que las editoriales imponen a sus autores no son más que el resultado de una presión empresarial bestial a la que se ven sometidas.

Todo esto es una cadena en la que editorial y autor deberían actuar como dos fuertes eslabones si no quieren ceder ante las duras presiones comerciales. Los autores nos quejamos, a veces sin conocimiento de causa, y la guerra entre editorial y escritores no favorece a nadie. La vida es equipo, y mal vamos si no somos capaces de entenderlo.

Yo he defendido (y defiendo) la autopublicación porque siempre he visto una barrera entre la parte más técnica y comercial (la editorial) y la parte más idealista y romántica (el autor). Versiones que, lejos de ser incompatibles, ganarían en conjunto como cooperantes, una materializando el producto y la otra impregnándole la ilusión necesaria para que este despegue.

Pero nunca he visto esa cohesión, siempre he interiorizado que para la editorial somos números, que nuestros libros son tiros al aire con la esperanza de que alguno se rentabilice alcanzando objetivos numéricos. Nunca he visto a un editor decirle a un autor “tío, vamos a ver qué está pasando, qué tal si probamos esta cosa o esta otra a ver si funciona, en lugar de relegar un libro que no vende al olvido (tras su estallido inicial con las ventas aseguradas a los seres cercanos). Es más fácil probar otro libro a ver si pega el pelotazo,  que al menos asegure unas ventas post-lanzamiento en lugar de arropar las causas perdidas.

Quizás es que deba de ser así, que son cosas del negocio y su funcionamiento. Y lo entiendo. Pero para nosotros, nuestros libros son algo más. Esperamos de la editorial que nos apoye con su experiencia comercial, que nos guíe y nos anime. Fíjate que en alguna ocasión he puesto como único requisito a una editorial para firmar un contrato un PDF mensual con las impresiones editoriales de por qué creen que unos libros están funcionando mejor que otros (el marketing se renueva a diario y su posición en la vanguardia comercial les proporciona unos datos analíticos que bien enfocados se pueden convertir en un tesoro para cualquier autor), y nunca se ha tenido en cuenta mi opinión. O, yo qué sé, también podrían crear grupos con los autores en los que se trabaje el networking de manera rutinaria y efectiva, establecer acciones de equipo en redes sociales, eventos cruzados…

La sensación final que le queda a uno es la falta de cariño hacia el autor. Me falta esa conexión. Si al final soy yo el que me tengo que labrar el éxito sin ayuda, pues aquí a lo “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como“. Porque, encima, si no vendes, el fracaso es tuyo como autor. La falta de autocrítica respecto a que el equipo no ha funcionado me duele en el alma.

He de decir a modo conclusivo que en la voz del editor de Atlantis había algo que me transmitía que esa fría barrera entre autores y editores que comento podría quebrarse, y me sentí obligado a la reflexión que he intentado plasmar aquí. Queda en mi memoria tras aquella conversación el eco de la esperanza de que un día, autores y editores dejemos de lado las exigencias, no seamos tan críticos los unos con los otros y aunemos deseos y objetivos actuando como un verdadero equipo. No veo otra solución a un mundo comercial tan complicado.

¡Nada más por hoy!

 

MI EXPERIENCIA EDITORIAL #1

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Ya sabéis que soy un seguidor confeso de la autoedición. Pienso que en ella está el futuro de la literatura y que abrirá (ya lo está haciendo) unos horizontes que escapan a todo lo visto en el pasado en cuanto a edición y distribución literaria. Sin embargo, como escritor, también opté en su momento por lanzar la caña a ese mar de ego mecido por las editoriales para ver si era capaz de atrapar algo de autosatisfacción en el anzuelo y aquí os cuento mi experiencia hasta hoy.

En mis comienzos, pensaba que la única manera de publicar era ganar algún concurso cuyo premio era publicar tu obra o plasmar tu relato en una recopilación. Así pues, me dediqué a la participación masiva en concursos consiguiendo ser premiado en dos de ellos.

Sin embargo, estas victorias no las sentí como tales. Había algo que no resonaba en mis tripas. Los relatos ganadores no eran en mi opinión los mejores que había escrito. Y en cambio, había relatos que, bajo el punto de vista del autobombo, me parecían mucho mejores y apenas habían recibido atención. O lo que es lo mismo, lo que recogía no era reflejo de la ilusión que sembraba.

Perdí entonces la ilusión en los concursos, porque me adaptaba a ellos, a sus reglas, a sus normas y a sus momentos. A todos esos aspectos de los cuales el corazón se desentiende y que te alejan de parámetros que considero esenciales combinar con las letras cuando uno las utiliza para dar forma a la cosas que tiene en la cabeza. La camaradería en los fallos y la corrupción (si hasta el Premio Planeta se considera un timo, ya está todo dicho) fueron las excusas perfectas para desapegarme por completo de cualquier concurso literario.

Decidí apostar entonces por lo que amaba con locura, por aquello que me desvelaba por las noches escribiendo hasta altas horas de la madrugada y de cuyo resultado estaba orgulloso. Si yo creía en mis obras, ¿por qué una editorial no iba a hacerlo? Me dediqué al envío y consecuente cosecha de respuestas negativas (cuando no ignorancia) por parte de las distintas editoriales. Para entonces, todo lo hacía mal, pero jamás olvidéis que los errores son siempre la primera parte del acierto. No me desanimé. Me dediqué a aprender de los fracasos. Tampoco olvidemos que la función de un fracaso es hacernos mejorar, su objetivo no es hundirnos en la mierda. Jamás fueron creados para eso. Prohibido desanimarse.

Si tuviera que destacar un aspecto en este aprendizaje es el relativo a la propuesta editorial. Tendemos a enviar el manuscrito en masa y esperar esa llamada ganadora. No. Hay que hacer una buena propuesta editorial, tenemos que hacer saber a nuestro editor por qué debe apostar por nuestra obra. Parece de cajón, pero cuanto más aprendes a mejorar la propuesta editorial, más entiendes por qué no te hacían caso. Permitidme esta ligera blasfemia, pero esa propuesta es casi más importante que la propia obra en el camino hacia el éxito.

Fue entonces cuando comencé a recibir algo de atención y a recibir ofertas editoriales, por llamarlas de alguna forma. Algunas, procedentes de esas editoriales de autoedición encubiertas que juegan con la ilusión de la gente. Piratas de los sueños que buscan el deseo ajeno como materia prima para confeccionar sus beneficios. Ya conocéis mi experiencia con Atlantis. Otras contactaron con buena fe pero con unas condiciones inaceptables. No por su actitud, sino por las dificultades propias de las editoriales emergentes que no están en la élite.

Mi momento clave personal en este camino lo encuentro cuando recibo una valoración positiva de Ediciones B. Al firmar el contrato con un sello editorial de confianza y líder en España, siento esa satisfacción del que busca una aguja en el pajar y la encuentra, aunque con la ilusión algo mermada por las anteriores experiencias nombradas. En septiembre (en principio), publicaré con ellos bajo el sello B de Books.

¿Cómo me está yendo con ellos? Os lo contaré en el próximo post de experiencias editoriales, que este ya se me está alargando demasiado. El trato, de momento, exquisito. No puedo más que decir cosas buenas de la editora y del equipo. ¿Las sensaciones? Bueno, aquí ya entramos en un terreno de luces y sombras que estaré encantado de compartir con vosotros.

Un saludo.
¡Que tengáis un buen (y no muy caluroso) inicio de agosto!

 

LIBROS DE YOUTUBERS

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Narrativa, histórica, romántica, ciencia-ficción… ¡Youtuber! Iba yo tan plácidamente caminando por la sección de libros de Carrefour cuando me encuentro con una sección dedicada a los libros de youtubers. Recuperado del shock, pensé ¡esto se merece una entrada en el blog! Así que, aquí la tenéis.

Confieso que, impulsivamente, desde el estómago y sin dialogar conmigo mismo, me bañé en indignación. Me dejé seducir por la opinión políticamente correcta: es increíble que estos adolescentes de valores distorsionados (por ser amable) tengan su propia sección y que haya tantos escritores con talento que no encuentran su lugar en las librerías.

Pero yo no soy así. Yo, con mi complejo aristotélico, siempre tiendo a creer en el término medio y, como iluso por definición, solo veo el lado bueno de las cosas. Es cierto, seguramente hayan conseguido la fama con algún vídeo viral estúpido, como también es cierto que una editora solo publica lo que sabe que tiene un potencial de venta por detrás, como puede ser una legión de seguidores a través de Youtube. Eso es cierto, incluso lógico, aunque triste.

Pero por otro lado, algo bueno estarán haciendo para agradar a las masas. Lo valoro, además, porque lo hacen desde su canal sin un imponente apoyo mediático por detrás. Tampoco quiero generalizar, hay muchos youtubers que transmiten buenos pensamientos e ideas creativas. A lo mejor el enfoque es discutible, pero el uso de la creatividad es un hecho. Eso también son verdades absolutas.

Y lo que a mí más me hace tranquilizarme y ver el lado bueno de las cosas es que están enganchando a un gran público al mercado literario. Sí, es cierto que venden más que muchos escritores talentosos. Pero, muy a pesar de la literatura, este tipo de clientes no son clientes potenciales de otro tipo de literatura. Van a lo que van. Que compren tantos libros de youtubers no significa que hubieran comprado otro tipo de libros de no haber existido. Sin embargo, ya están teniendo sus primeros contactos con la lectura. Poco a poco, en su madurez personal y con los libros, irán buscando otro tipo de géneros más elaborados. Es decir, están creando una potente cantera que a la larga beneficiará al mundo literario en general.

Dicho esto, os cedo el turno, que no me gusta extenderme en mis entradas. ¿Qué pensáis vosotros sobre el éxito de los youtubers en la venta de libros? ¿Lo consideráis intrusión? ¿Es más bueno que malo o viceversa?

Espero vuestras opiniones.
¡Un saludo!

LUNES DE PROMO

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Os presento la oferta de la semana (vamos nenes, que me se lo llevan de las manos). Perdón por el autobombo y por la ausencia del poema breve diario, pero ando enfurruñado con ese sueño de vivir de las letras.

Y en extensión, de co-vivir de las letras, porque con la compra de El sanador del tiempo, se ofrecen 2 sesiones personalizadas del curso que estoy impartiendo cuyo objetivo es que el alumno consiga publicar su libro con éxito. Con este pack, te llevas la novela a domicilio y recibes 2 horas de instrucción (en persona si eres de la ciudad de Alicante, por Skype si eres de cualquier otra parte del mundo).

Este curso está dividido en tres partes. Una primera sobre la creación de contenido (cómo conseguir inspiración, evitar el típico bloqueo del autor, transformar el contenido para que quede más original y profesional…), una segunda parte de edición (maquetación, corrección ortotipográfica…) y una última de publicación (cómo conseguir tener el libro en tus manos estudiando las distintas vías posibles).

En este caso, las dos clases son personalizadas. Se incide directamente en los temas de interés del alumno en lugar de seguir un temario para que sean más efectivas (o se sigue el temario, si se desea).

Pues eso, ya conocéis un poco más de mis servicios como escritor.
Mañana nos vemos, que tengo muchas ganas de publicar algo de lo último que estoy escribiendo.

¡Un abrazo!

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