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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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AGUA PARA NaNoWriMo

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Hoy vengo con un tema (o en su contra, mejor dicho) de esos que hacen que los escritores tengamos que alzar la copa y brindar por él si no queremos pasar a formar parte de la escoria del gremio: parece que para que una novela sea buena hay que dedicarle varios años a su redacción, mientras que si se escribe en unas semanas no es más que papel de hoguera. Pues hay novelas a las que su autor ha dedicado toda una vida y que para mí son Orfidal en vena y hay historias fugaces que me han llenado de sensaciones eternas.

Esta reflexión quería compartirla tras el reciente NanoWriMo (National Novel Writing Month). Este reto que se repite todos los noviembres invita a los escritores a escribir una novela en tan solo mes. No hay premio más allá del autoreconocimiento por el duro y frenético trabajo que conlleva cumplir con las cincuenta mil palabras en un mes. Pero es un canto a la creación liberada del yugo de la búsqueda de la perfección. Como bien reconocen los organizadores, acaba creándose mucha basura. Pero una pequeña parte de esa basura es deliciosa. Sirva como ejemplo el bestseller Agua para elefantes de Sara Gruen, del cual hay recreación cinemática.

Esto no hace que esté tirando por el suelo el elaborado trabajo de una novela bien documentada y meticulosamente cuidada, que aquí un servidor tuvo a Santiago Posteguillo un tiempo en su Top3. Valoro la búsqueda de la excelencia y sé que, llegar a las últimas líneas de una novela de esas que hacen que se doble tu espalda si las llevas en la mochila, crea una sensación de orgullo inigualable y un regusto incapaz de ser conseguido si no es con artes lentas y profundas.

También sé que es más probable crear una obra maestra cuanto mayor es la dedicación en su escritura, pero no por ello pienso que se deba eliminar de un plumazo las novelas que se crean del tirón. Tienen su función y su lugar. Muchos las utilizan como descanso entre historias más densas. A mí, de hecho, me anima más empezar con una novela ágil y dinámica que con otras de pronósticos más duros, y me cuesta menos acabarlas. Me rindo a la pecaminosa ligereza de la diversión pura y rápida.

En definitiva, lo que vengo a reivindicar es la adecuación de las cosas. La eliminación de los términos absolutos. Si lo extrapoláramos a todos los aspectos de la vida, nos iría mejor como sociedad. Ni creo que el asiduo lector de novelas de menos del centenar de páginas sea mal lector ni que un analista del Quijote sea una mejor referencia literaria. Lejos de buscar aspectos técnicos, siempre pregunto a las personas qué han sentido al abordar un libro. Ese es mi criterio referencial. Bajo ese prisma, el mundo literario se homogeiniza. Pienso, además, que no deberíamos aferrarnos a un criterio purista si no queremos ver como la tendencia a la lectura continúa decayendo por los siglos de los siglos, sobre todo en los lectores más noveles.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

 

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CORRECCIÓN EN LA PALMA DE TU MANO

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“Ola, ké ase. Oy bengo a havlar de escrivir vien”. Muchos me preguntáis cómo hago la corrección ortotipográfica y de estilo de mis libros, y esa duda generalizada junto al amor que le tengo a mi corrector favorito ha hecho que me lance a escribir esta entrada. Sabéis que soy un defensor a ultranza de la autoedición. Reconozco que una de las cosas que genera poca confianza en ese formato es esa falta de criba que permite que se publique algo que bien puede tener más faltas de ortografía que palabras… Bien, espero con esta publicación aportar mi granito de arena al respecto.

No voy a hacer un análisis sobre los mejores correctores ortotipográficos existentes porque para mí, y pese a parecer un comercial con estas palabras, solo hay uno fiable y al que declararle amor eterno como escritor: el corrector de MyStilus. Su calidad y alcance es impresionante, y más allá de encontrar errores gramaticales (incluso de avisar de barbarismos, galicismos y todo tipo de palabras que deberían ir en cursiva), valora recursos de estilo como frases demasiado largas, palabras repetidas en corto espacio de tiempo, errores de espaciado, sugerencias adoptadas recientemente por la RAE, fallos de concordancia… Es decir, no solo te va a decir si una palabra está mal escrita, sino que te va a dar consejos literarios muy valiosos que mediante su uso repetido te van a convertir en mejor escritor.

La parte negativa… que es de pago. Incluso para probarlo tienes que registrarte (antes no era así). Con el registro tienes una corrección limitada (muy escaso si eres escritor asiduo), y después tienes tarifas que en mi opinión no son baratas y que pueden ser incluso insuficientes si eres un picateclas empedernido como yo. Otra alternativa gratuita que llama mi atención es LanguageTool, pero está infinitamente lejos de Mystilus. Con decir que no reconoce las palabras modificadas con prefijos o sufijos…

¿Y por qué no el corrector de Word? Sinceramente… no podría valorarlo. Hay dos cosas que me han hecho descartarlo tantas veces que ni siquiera le he dado una oportunidad. La primera es mi versión anticuada de Word, que dejaría fuera muchas normas nuevas de la RAE. La segunda, que siempre ha sido duramente criticado por su simpleza. No sé si alcanza todos los aspectos que he nombrado que aborda MyStilus. Os invito aquí a que actualicéis mis prejuicios respecto a este clásico, que me comentéis vuestra experiencia con él y me digáis cómo ha ido envejeciendo.

De la misma manera, también os invito a que comentéis cuál es vuestro corrector de prescripción. ¿Cuál usáis? ¿Cómo os va? Siempre he creído en el poder colectivo de la autoedición, creo que librarse del yugo editorial nos hace más cooperativos y menos competitivos. Espero vuestras opiniones, a ver si más adelante me veo obligado a corregir este artículo y le puede ser útil a más escritores.

Un saludo.
¡Que tengáis un estiloso día!

AMANDO LA CIENCIA FICCIÓN

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Estoy sufriendo un golpe de fidelidad literaria con mi última novela. Y eso es algo maravilloso. Hace tiempo escribí (y os invité a formar parte de una prelectura cero) sobre el proyecto que estoy llevando a cabo en este momento. Se trataba, en principio, de una novela romántica titulada “Amor sobre ruedas”.

Era, además, la primera vez que hacía una lectura cero en directo, es decir, que se iba leyendo a menudo que se construía. Un experimento muy enriquecedor. La parte positiva, es que el feedback lo recibes teniendo fresco todo el argumento y puedes enderezarlo a tiempo.

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Yo madrugando para escribir y la causa de los retrasos de la novela

La parte negativa, que tener que estar revisando y reestructurando los capítulos hace que no puedas avanzar la historia hasta que todas las opiniones de los lectores (sois unos benditos, jamás me cansaré de agradecer vuestro apoyo y participación) han sido integradas, por lo que ese fuego natural que te hace querer avanzar en el argumento hay que saber regularlo. Pero lo dicho, es una suerte tener a alguien detrás que te hace mejor escritor (incluso persona), que invierte parte de su tiempo (el bien más escaso en la sociedad avanzada) en algo que te hace una ilusión gigantesca. Sin palabras. GRACIAS.

Pero una de las cosas más esclarecedoras es darse cuenta de que uno no puede evitar el género que ama, en mi caso la ciencia ficción. Uno de los avisos más recurrentes entre los lectores era la falta de una trama sólida más allá de los escarceos amorosos, por lo que he tenido que derivar en lo que hace hervir de ideas mi cabeza: la ciencia ficción. Al final, creo que se queda una interesante mezcla (65% romántica, 35% ficción) de la que estoy disfrutando sobremanera.

Pues eso, me apetecía plasmar un poquito las sensaciones de este trabajo. Si os apetece uniros, aunque ya hemos superado el ecuador de la historia, podéis apuntaros como lectores cero escribiendo a juanpacheco85@gmail.com.

¡Que tengáis un romántico (y por qué no ficticio) día!

TU LIBRO NO ME SUENA (TODAVÍA) – Jornada 1

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¡Por fin da comienzo Tu libro no me suena (todavía)! ¿Cómo que no sabes lo que es? Se trata de un concurso en el que siete autores competirán amistosamente entre sí con sus obras buscando un ganador. Un ganador que decides tú. Cada jornada ellos ofrecen gratuita y generosamente un capítulo de su obra para que tú votes tus favoritos, siendo eliminado el libro menos votado cada jornada.

La iniciativa surge de mi fe por la autopublicación. Soy partidario de todo aquello que acaricie la quimera de la igualdad de condiciones, y pienso que la autopublicación acabará imponiéndose al actual sistema editorial. Solo es cuestión de que la gente le dé una oportunidad y descubra sus bondades. Este es uno de mis tantos granitos de arena a ese cometido.

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Además de leer y votar, humanizaremos las obras participantes conociendo a sus autores. Me parece una forma bonita y divertida de aprovechar ese arte y afición que es la literatura. Así que, adelante. Ya podéis entrar y dar apoyo a vuestro favorito en las votaciones de la primera jornada. Espero que disfrutéis de esta loca aventura.

¡Un abrazo!

 

 

MI EXPERIENCIA EDITORIAL #1

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Ya sabéis que soy un seguidor confeso de la autoedición. Pienso que en ella está el futuro de la literatura y que abrirá (ya lo está haciendo) unos horizontes que escapan a todo lo visto en el pasado en cuanto a edición y distribución literaria. Sin embargo, como escritor, también opté en su momento por lanzar la caña a ese mar de ego mecido por las editoriales para ver si era capaz de atrapar algo de autosatisfacción en el anzuelo y aquí os cuento mi experiencia hasta hoy.

En mis comienzos, pensaba que la única manera de publicar era ganar algún concurso cuyo premio era publicar tu obra o plasmar tu relato en una recopilación. Así pues, me dediqué a la participación masiva en concursos consiguiendo ser premiado en dos de ellos.

Sin embargo, estas victorias no las sentí como tales. Había algo que no resonaba en mis tripas. Los relatos ganadores no eran en mi opinión los mejores que había escrito. Y en cambio, había relatos que, bajo el punto de vista del autobombo, me parecían mucho mejores y apenas habían recibido atención. O lo que es lo mismo, lo que recogía no era reflejo de la ilusión que sembraba.

Perdí entonces la ilusión en los concursos, porque me adaptaba a ellos, a sus reglas, a sus normas y a sus momentos. A todos esos aspectos de los cuales el corazón se desentiende y que te alejan de parámetros que considero esenciales combinar con las letras cuando uno las utiliza para dar forma a la cosas que tiene en la cabeza. La camaradería en los fallos y la corrupción (si hasta el Premio Planeta se considera un timo, ya está todo dicho) fueron las excusas perfectas para desapegarme por completo de cualquier concurso literario.

Decidí apostar entonces por lo que amaba con locura, por aquello que me desvelaba por las noches escribiendo hasta altas horas de la madrugada y de cuyo resultado estaba orgulloso. Si yo creía en mis obras, ¿por qué una editorial no iba a hacerlo? Me dediqué al envío y consecuente cosecha de respuestas negativas (cuando no ignorancia) por parte de las distintas editoriales. Para entonces, todo lo hacía mal, pero jamás olvidéis que los errores son siempre la primera parte del acierto. No me desanimé. Me dediqué a aprender de los fracasos. Tampoco olvidemos que la función de un fracaso es hacernos mejorar, su objetivo no es hundirnos en la mierda. Jamás fueron creados para eso. Prohibido desanimarse.

Si tuviera que destacar un aspecto en este aprendizaje es el relativo a la propuesta editorial. Tendemos a enviar el manuscrito en masa y esperar esa llamada ganadora. No. Hay que hacer una buena propuesta editorial, tenemos que hacer saber a nuestro editor por qué debe apostar por nuestra obra. Parece de cajón, pero cuanto más aprendes a mejorar la propuesta editorial, más entiendes por qué no te hacían caso. Permitidme esta ligera blasfemia, pero esa propuesta es casi más importante que la propia obra en el camino hacia el éxito.

Fue entonces cuando comencé a recibir algo de atención y a recibir ofertas editoriales, por llamarlas de alguna forma. Algunas, procedentes de esas editoriales de autoedición encubiertas que juegan con la ilusión de la gente. Piratas de los sueños que buscan el deseo ajeno como materia prima para confeccionar sus beneficios. Ya conocéis mi experiencia con Atlantis. Otras contactaron con buena fe pero con unas condiciones inaceptables. No por su actitud, sino por las dificultades propias de las editoriales emergentes que no están en la élite.

Mi momento clave personal en este camino lo encuentro cuando recibo una valoración positiva de Ediciones B. Al firmar el contrato con un sello editorial de confianza y líder en España, siento esa satisfacción del que busca una aguja en el pajar y la encuentra, aunque con la ilusión algo mermada por las anteriores experiencias nombradas. En septiembre (en principio), publicaré con ellos bajo el sello B de Books.

¿Cómo me está yendo con ellos? Os lo contaré en el próximo post de experiencias editoriales, que este ya se me está alargando demasiado. El trato, de momento, exquisito. No puedo más que decir cosas buenas de la editora y del equipo. ¿Las sensaciones? Bueno, aquí ya entramos en un terreno de luces y sombras que estaré encantado de compartir con vosotros.

Un saludo.
¡Que tengáis un buen (y no muy caluroso) inicio de agosto!

 

CUERPO DE CRISTO Y AMÉN

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Aprovecho la efervescencia del Corpus Christi para hablar de la temática sobre la que giraba la expansión de El sanador del tiempo, cuyo título provisional era Crucifixión (hablo en pasado porque de momento he metido el proyecto en la nevera). Y es que por mi parte, sobre la temática religiosa, correrían ríos de tinta.

El sanador del tiempo +1: crucifixión comenzaba con un asesino en serie de sacerdotes. Su comportamiento había sido manipulado por MediTime y el equipo debía corregir las tensiones genéticas introducidas en él  que le hacían comportarse así para demostrar su inocencia.

Lo curioso de este personaje es su odio racional (si es que el odio puede ser alguna vez racional). Como no me gustan los malos malotes per se, la motivación de este criminal era castigar a los enviados de un Dios que hace que la gente sea pasiva. Las personas se escudan tras la religión, esperando que sus problemas sean solucionados por obra divina, delegando su responsabilidad y abandonando el poder que tienen por sí mismas para solucionarlos. Dejarlo todo en manos del cielo tras el amén. Si algo tengo claro, es que el fin de las guerras, del hambre, de todo, no vendrá con una oración a un trozo de madera tallada, sino con la voluntad y la acción del ser humano cuando alcance un raciocinio digno de su evolución.

No pretendo abrir una guerra ideológica. La religión tiene muchas cosas buenas, por ejemplo todas las que giran en torno a la solidaridad o cuando se convierte en la fuerza que una persona desesperada necesita y no es capaz de encontrar en otro lugar. No es mi intención atacar las creencias de nadie, las respeto absolutamente. De corazón.

Pero también considero que la religión es un lastre en tanto que, como hablábamos hace un par de días con la ciencia, el interés se antepone al corazón humano. Ayer os dije que quería escribir fantasía, y tengo en mente una serie de novelas tintadas de cuento que aborden las lacras sociales a las que estamos sometidos. En la cabeza ya tengo una historia fantástica cuya moraleja gire en torno al lobby farmacéutico que comenté en la penúltima entrada. Sobre la religión, puede que caiga otra.

Nada más por hoy.
¡Que tengáis un religioso día, sea cual sea vuestra creencia!

 

INSTAGRAMIZADO

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He sucumbido a las fuerzas del mal. Ya tengo Instagram. Suelo tardar en incorporarme a las redes sociales, y era reacio a la que consideraba la reina del postureo. Pero oye, que una vez dentro, tiene su miga. Eso me recuerda que nunca hay que ser ligero a la hora de juzgar. Hasta de los temas más nimios o las aficiones más insulsas he llegado a descubrir que se pueden escribir biblias.

Pero a lo que vamos, que se me disparan las teclas. La entrada de hoy es simplemente para daros el aviso de mi incorporación a Instagram y animaros a seguirme si queréis conocerme un poco más a nivel personal o en mi día a día (no os aseguro que no pierda mi reputación de ser formal que otorga esa falsa capa de llamarse escritor). Como extensión del blog para potenciar el acercamiento y romper la fría virtualidad, Instagram me parece una buena herramienta. Así que, si os apetece, os espero por @icaro_jon.

Un saludo.
¡Que tengáis un fotográfico día!

ENTREVISTA PARA PSYCOACH

Ayer dije que no era capaz de ponerme serio mostrando las tomas falsas de una entrevista que, paradójicamente, hoy sí me pongo firme para mostraros. Porque vale, sí hay una cosa que es capaz de centrarme y hacer que me tome las cosas con extrema importancia: hablar de cumplir sueños.

Pongo arriba la entrevista que me hicieron para el canal de Psycoach. Psycoach es un proyecto que fusiona psicología y coaching, enfocando todas sus herramientas a la consecución de objetivos.

¿Qué voy a decir que no haya dicho ya de la importancia de dejarse la piel, la cabeza y el corazón por aquello que queremos? Pues eso, que mejor me callo y os dejo con el vídeo, agradeciendo a Psycoach esta oportunidad de charlar sobre un tema que me apasiona y que hace que le salgan alas a mi corazón.

¡Un motivador abrazo a todos!

SOY UN PAYASO – Confesiones#3

Hacía tiempo que no convertía una entrada en un encuentro íntimo con vosotros, siendo ese precisamente el principal objetivo de este blog. Así que ahí va otra de esas confesiones que me encanta compartir desde lo más personal de mi existencia no exento de cierta vergüenza: soy un payaso.

A menudo me dicen que no se puede hablar en serio conmigo. Y yo, en lugar de sentirme ofendido en lo más sensato de mi madurez, me siento elogiado. Porque sí, es cierto, no sé preocuparme en exceso por las cosas y, lo que es peor, no soy capaz de ponerle filtro ni freno al humor. Porque, ¿qué necesidad hay? ¿En qué momento uno decide retener una sonrisa? Reprimir el humor es el inicio de la amargura. Un amigo mío me dijo hace tiempo que había que reírse hasta de la muerte, y cada día, con tanta tristeza que nos rodea, estoy más convencido de que no seré yo, de manera voluntaria, el que decida apagar un momento alegre.

Como muestra de ello, he puesto al inicio de la entrada las tomas falsas de la entrevista que grabé para el canal de Psycoach, un proyecto fusión de reciente apertura formado por dos estupendas profesionales (una coach y una psicóloga) cuyo centro es la motivación y la lucha por los sueños. A poco que me hayáis leído, ya sabéis que bebo de esa temática y es para mí un placer esta colaboración. La entrevista la podéis ver aquí (ya de manera seria), aunque hablaré de ella en otra entrada próximamente.

El objetivo de hoy era que me vierais en mi salsa en las tomas falsas. Puede que desde aquí esté dando una imagen seria o formal, con este vídeo espero perder ese concepto que podéis tener de mí (arriesgando a perder también toda la reputación).

Un alegre saludos a todos. Gracias por pasar por aquí.
Ah, ¡y hoy se empieza la lectura conjunta de El sanador del tiempo!

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