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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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Lo que me hubiera gustado saber antes de publicar

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Siempre digo que la recompensa de un escritor está más allá de las ventas de sus libros. Se encuentra en esas pequeñas cosas que te hacen conectar con los lectores, como puede ser una presentación, una tertulia literaria, una conversación espontánea sobre alguna de tus obras, un correo electrónico o un comentario en el blog… Esta vez, gracias a la escuela creativa OptimizArte, voy a tener la oportunidad de disfrutar de uno de esos momentos de conexión gracias a los puentes literarios.

 

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Voy a participar en el curso de creación literaria que va a impartir el centro, encargándome de algunos seminarios y de la parte más técnica, pero sobre todo, desde la humildad, para aconsejar sobre aquellas cosas que a mí me hubiera gustado saber antes de realizar mi primera publicación para no haber perdido tanto tiempo dando bandazos (errores que agradezco, pues me han dado un profundo aprendizaje). Para mí será un placer compartir mi experiencia tanto en edición como en publicación y espero que pueda serle útil a todo aquel que comparta esta pasión que es la literatura.

Así que, aprovecho para decir a los que seáis de Alicante y cercanías, que si estáis pensando en escribir un libro y en lanzaros a este mundo, será un placer para mí vernos en este curso en el que espero que todos disfrutemos y aprendamos mucho.

Nada más por hoy. Un abrazo.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

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EL DÍA DEL LIBRO CON UN PAR DE PELOTAS

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Los que bien me conocéis sabéis que odio el fútbol, que para mí no es más que un embrutecedor social, una pócima que enajena las mentes y que nos enfrenta sin sentido alguno. Yo dejé de ir a los estadios porque los insultos y las amenazas de muerte me parecían más propias de un coliseo romano. Generalizo, por supuesto. En cambio, me encanta el baloncesto. Más limpio, más coherente, con más valores. Y más divertido, que al fin y al cabo estamos hablando de un entretenimiento.

Pero este fin de semana, en relación al Día Internacional del libro, me ha dado un motivo más para estar orgulloso de haber dejado atrás el fútbol, ese deporte que llevaba inyectado como una droga por el bombardeo social al que fui sometido de pequeño, como muchos, para aficionarme a la canasta. Tanto entrenadores como árbitros, en todos los partidos de esta jornada en la ACB, han intercambiado sus libros favoritos en esta iniciativa cultural que a mí me parece una pasada y que aplaudo.

Me apetecía comentarlo, por eso de que une dos de mis pasiones. Así que ahí lo dejo. No alargo más esta entrada para no quitaros más tiempo y que podáis dedicarlo a leer. No quiero ser incoherente con este día tan especial para los escritores.

P.D.: La rebelión de Eva ya está fuera de mi poder. Esta semana verá la luz.

P.D.2.: ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

Y EL GANADOR ES… YO, INCLUSO CUANDO PIERDO

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Yo no. No fui el ganador esta vez. No en lo que al Certamen de relato corto deportivo CVMF se refiere, en el que me tuve que conformar con una mención especial (como si fuera poco, más que suficiente para llenar de felicidad este corazón que se excita con todo lo relativo al mundo literario).

En cambio, sí me sentí ganador en cuanto a ilusión se refiere a lo largo de todo el proceso. Desde la emoción que intenté plasmar en cada letra del relato al crearlo hasta la resolución final. Para mí fue un recorrido que tuve el honor y el placer de realizar y que me causa extrema alegría poder compartir con vosotros.

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En cuanto me confirmaron que era finalista de este certamen organizado en Sevilla y en el que participaron autores de hasta trece nacionalidades, tuve que hacer uso una vez más de esa lista en la que anoto todas las cosas buenas que me está dando esto de escribir. El día que la muerte venga a por mí, miraré esa lista de reojo y le diré venga, vámonos, que ha valido la pena pasar por esta vida.

Además del concurso en sí, de los nervios creciendo como una bola de nieve en mi estómago toda la semana anterior, de la emoción de poder compartir mi relato con los asistentes, de la apoteosis del nombramiento final del ganador… Además de todo eso, este concurso trajo algo más de felicidad a mi vida de manera indirecta.

Al ser en Sevilla, fue el pretexto perfecto para viajar allí y para que mi pareja pudiera conocer a una sevillana que se había convertido en una de sus mejores amigas desde la distancia y que ya era hora de conocer en carne y hueso. Siempre digo que poner toda la pasión en algo atrae otras cosas buenas, y a mí la literatura me está dando muchas pequeñas cosas que ocupan un lugar gigantesco en mi corazón. Unas son de manera directa (una reseña sobre algún libro mío inesperada, un correo electrónico de alguien que le ha gustado lo que escribo…). Otras, no tienen nada que ver con mis libros y ocurren de manera indirecta, pero no habría llegado a ellas de no haberme puesto a escribir.

Este concurso tuvo mucho de unas y mucho de otras. Y me apetecía dejarlo aquí plasmado, como hago con todas las cosas que me alegran la vida.
Un saludo, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

BALÓN DORADO PARA ESPASA

Memorable la actuación de César Brandon en la semifinal de Got Talent. Maravilloso poema y excelente ejecución, aunque no quiero aquí valorar su talento, que eso ya lo hicieron mis lágrimas corriendo por mis mejillas al escucharle. No me avergüenza reconocerlo. Como tampoco me avergüenza reconocer la alegría que me causa que la literatura brille en un formato que no está diseñado para ella. Bravo.

Pero lo que quiero comentar es la jugada literaria (o debería decir de márketing) posterior. En un acto heroico, como si se estuviera cumpliendo el sueño de este magnífico poeta, como si se le estuviera entregando la Tierra Prometida en forma de papel, Risto anuncia que Espasa ha publicado su libro de poemas. Oh, grandiosa editorial, gracias; ante ti nos arrodillamos, pues haces realidad nuestros sueños…

Antes de la actuación habían anunciado que en el anterior programa, César Brandon ya había agotado sus libros tras su aparición a través de Amazon. Deduzco entonces que o se autoeditaba, o publicaba con una editorial menor, si no esta intervención de la Espasa bondadosa con su toque mágico no tiene sentido. Pero este gran poeta ya había hecho lo difícil: tener visibilidad y conseguir vender.

Si Espasa lo ficha ahora (y yo me pregunto cómo han hecho que sea una sorpresa su libro si para publicar necesitan que previamente firme un contrato), le hacen un flaco favor a César. Si estaba publicando con Amazon, podía estar ganando hasta un 70% de las ventas en regalías. A través de Espasa va a ganar, siendo generosos, solo el 10% que marque su contrato. Las cifras no mienten y lo que ha hace la editorial realmente es un negocio redondo. Eso sí, de cara a la galería, acaban de cumplir el sueño de su gallina de los huevos de oro.

Es cierto que este empujón inicial que se ha ganado por sí mismo va a ser aprovechado por la editorial a modo de altavoz y el beneficio va a ser mutuo, pero que no nos engañen. Aquí no se ha salvado a nadie. Se ha sabido aprovechar una oportunidad comercial descaradamente. Y, de cara al público, las editoriales vuelven a colgarse la medalla como guardianes de la literatura. Ni de coña.

Esta es mi visión que deseo compartir, no solo para mostrar mi impresión, sino para conocer vuestro pensamiento, pues en todo este montaje cinematográfico hay algo que se me escapa. Todo ello, quiero remarcar, sin menospreciar el talento de César que, vuelvo a decir, me parece brillante y me hizo temblar de emoción.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

ATLANTIS – Mi fe de erratas particular

 

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Rectificar es de sabios. Y yo no sé si estas palabras me harán tener más sabiduría, pero sí sé que me harán más honesto, que creo que es a lo que todos deberíamos aspirar, independientemente de nuestra sapiencia. Hace un tiempo relaté mi inconformidad respecto a Atlantis, editorial con la que tuve contacto y cuyas condiciones, en su momento, consideré irrespetuosas con los autores.

Hace poco tuve el placer de contactar telefónicamente con su editor en lo que para mí fue una esclarecedora conversación cuyas reflexiones me gustaría comentar.

En primer lugar, recibí explicaciones sobre los puntos que criticaba en mi entrada del blog, conociendo la parte que yo ignoraba (nunca hay que obviar la versión de los hechos de todas las partes implicadas, craso error que no volveré a cometer) y que me hizo comprender varias cosas. Además, en los aspectos en los que mi discurso tenía coherencia (en mi opinión) encontré justificaciones para no ser tan puntilloso con mis pensamientos.

Nadie es perfecto y todos somos parte de un proceso de aprendizaje. Yo mismo no me considero el mismo escritor que cuando empecé y también sería injusto juzgar a los demás por un pasado del que, además, se han sabido servir para mejorar. También sé, ahora, que es injusto atacar un sector que, a día de hoy, se está convirtiendo en un verdadero superviviente como es el de las editoriales. El de vender libros es un negocio difícil, y las condiciones que las editoriales imponen a sus autores no son más que el resultado de una presión empresarial bestial a la que se ven sometidas.

Todo esto es una cadena en la que editorial y autor deberían actuar como dos fuertes eslabones si no quieren ceder ante las duras presiones comerciales. Los autores nos quejamos, a veces sin conocimiento de causa, y la guerra entre editorial y escritores no favorece a nadie. La vida es equipo, y mal vamos si no somos capaces de entenderlo.

Yo he defendido (y defiendo) la autopublicación porque siempre he visto una barrera entre la parte más técnica y comercial (la editorial) y la parte más idealista y romántica (el autor). Versiones que, lejos de ser incompatibles, ganarían en conjunto como cooperantes, una materializando el producto y la otra impregnándole la ilusión necesaria para que este despegue.

Pero nunca he visto esa cohesión, siempre he interiorizado que para la editorial somos números, que nuestros libros son tiros al aire con la esperanza de que alguno se rentabilice alcanzando objetivos numéricos. Nunca he visto a un editor decirle a un autor “tío, vamos a ver qué está pasando, qué tal si probamos esta cosa o esta otra a ver si funciona, en lugar de relegar un libro que no vende al olvido (tras su estallido inicial con las ventas aseguradas a los seres cercanos). Es más fácil probar otro libro a ver si pega el pelotazo,  que al menos asegure unas ventas post-lanzamiento en lugar de arropar las causas perdidas.

Quizás es que deba de ser así, que son cosas del negocio y su funcionamiento. Y lo entiendo. Pero para nosotros, nuestros libros son algo más. Esperamos de la editorial que nos apoye con su experiencia comercial, que nos guíe y nos anime. Fíjate que en alguna ocasión he puesto como único requisito a una editorial para firmar un contrato un PDF mensual con las impresiones editoriales de por qué creen que unos libros están funcionando mejor que otros (el marketing se renueva a diario y su posición en la vanguardia comercial les proporciona unos datos analíticos que bien enfocados se pueden convertir en un tesoro para cualquier autor), y nunca se ha tenido en cuenta mi opinión. O, yo qué sé, también podrían crear grupos con los autores en los que se trabaje el networking de manera rutinaria y efectiva, establecer acciones de equipo en redes sociales, eventos cruzados…

La sensación final que le queda a uno es la falta de cariño hacia el autor. Me falta esa conexión. Si al final soy yo el que me tengo que labrar el éxito sin ayuda, pues aquí a lo “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como“. Porque, encima, si no vendes, el fracaso es tuyo como autor. La falta de autocrítica respecto a que el equipo no ha funcionado me duele en el alma.

He de decir a modo conclusivo que en la voz del editor de Atlantis había algo que me transmitía que esa fría barrera entre autores y editores que comento podría quebrarse, y me sentí obligado a la reflexión que he intentado plasmar aquí. Queda en mi memoria tras aquella conversación el eco de la esperanza de que un día, autores y editores dejemos de lado las exigencias, no seamos tan críticos los unos con los otros y aunemos deseos y objetivos actuando como un verdadero equipo. No veo otra solución a un mundo comercial tan complicado.

¡Nada más por hoy!

 

AGUA PARA NaNoWriMo

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Hoy vengo con un tema (o en su contra, mejor dicho) de esos que hacen que los escritores tengamos que alzar la copa y brindar por él si no queremos pasar a formar parte de la escoria del gremio: parece que para que una novela sea buena hay que dedicarle varios años a su redacción, mientras que si se escribe en unas semanas no es más que papel de hoguera. Pues hay novelas a las que su autor ha dedicado toda una vida y que para mí son Orfidal en vena y hay historias fugaces que me han llenado de sensaciones eternas.

Esta reflexión quería compartirla tras el reciente NanoWriMo (National Novel Writing Month). Este reto que se repite todos los noviembres invita a los escritores a escribir una novela en tan solo mes. No hay premio más allá del autoreconocimiento por el duro y frenético trabajo que conlleva cumplir con las cincuenta mil palabras en un mes. Pero es un canto a la creación liberada del yugo de la búsqueda de la perfección. Como bien reconocen los organizadores, acaba creándose mucha basura. Pero una pequeña parte de esa basura es deliciosa. Sirva como ejemplo el bestseller Agua para elefantes de Sara Gruen, del cual hay recreación cinemática.

Esto no hace que esté tirando por el suelo el elaborado trabajo de una novela bien documentada y meticulosamente cuidada, que aquí un servidor tuvo a Santiago Posteguillo un tiempo en su Top3. Valoro la búsqueda de la excelencia y sé que, llegar a las últimas líneas de una novela de esas que hacen que se doble tu espalda si las llevas en la mochila, crea una sensación de orgullo inigualable y un regusto incapaz de ser conseguido si no es con artes lentas y profundas.

También sé que es más probable crear una obra maestra cuanto mayor es la dedicación en su escritura, pero no por ello pienso que se deba eliminar de un plumazo las novelas que se crean del tirón. Tienen su función y su lugar. Muchos las utilizan como descanso entre historias más densas. A mí, de hecho, me anima más empezar con una novela ágil y dinámica que con otras de pronósticos más duros, y me cuesta menos acabarlas. Me rindo a la pecaminosa ligereza de la diversión pura y rápida.

En definitiva, lo que vengo a reivindicar es la adecuación de las cosas. La eliminación de los términos absolutos. Si lo extrapoláramos a todos los aspectos de la vida, nos iría mejor como sociedad. Ni creo que el asiduo lector de novelas de menos del centenar de páginas sea mal lector ni que un analista del Quijote sea una mejor referencia literaria. Lejos de buscar aspectos técnicos, siempre pregunto a las personas qué han sentido al abordar un libro. Ese es mi criterio referencial. Bajo ese prisma, el mundo literario se homogeiniza. Pienso, además, que no deberíamos aferrarnos a un criterio purista si no queremos ver como la tendencia a la lectura continúa decayendo por los siglos de los siglos, sobre todo en los lectores más noveles.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

 

CORRECCIÓN EN LA PALMA DE TU MANO

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“Ola, ké ase. Oy bengo a havlar de escrivir vien”. Muchos me preguntáis cómo hago la corrección ortotipográfica y de estilo de mis libros, y esa duda generalizada junto al amor que le tengo a mi corrector favorito ha hecho que me lance a escribir esta entrada. Sabéis que soy un defensor a ultranza de la autoedición. Reconozco que una de las cosas que genera poca confianza en ese formato es esa falta de criba que permite que se publique algo que bien puede tener más faltas de ortografía que palabras… Bien, espero con esta publicación aportar mi granito de arena al respecto.

No voy a hacer un análisis sobre los mejores correctores ortotipográficos existentes porque para mí, y pese a parecer un comercial con estas palabras, solo hay uno fiable y al que declararle amor eterno como escritor: el corrector de MyStilus. Su calidad y alcance es impresionante, y más allá de encontrar errores gramaticales (incluso de avisar de barbarismos, galicismos y todo tipo de palabras que deberían ir en cursiva), valora recursos de estilo como frases demasiado largas, palabras repetidas en corto espacio de tiempo, errores de espaciado, sugerencias adoptadas recientemente por la RAE, fallos de concordancia… Es decir, no solo te va a decir si una palabra está mal escrita, sino que te va a dar consejos literarios muy valiosos que mediante su uso repetido te van a convertir en mejor escritor.

La parte negativa… que es de pago. Incluso para probarlo tienes que registrarte (antes no era así). Con el registro tienes una corrección limitada (muy escaso si eres escritor asiduo), y después tienes tarifas que en mi opinión no son baratas y que pueden ser incluso insuficientes si eres un picateclas empedernido como yo. Otra alternativa gratuita que llama mi atención es LanguageTool, pero está infinitamente lejos de Mystilus. Con decir que no reconoce las palabras modificadas con prefijos o sufijos…

¿Y por qué no el corrector de Word? Sinceramente… no podría valorarlo. Hay dos cosas que me han hecho descartarlo tantas veces que ni siquiera le he dado una oportunidad. La primera es mi versión anticuada de Word, que dejaría fuera muchas normas nuevas de la RAE. La segunda, que siempre ha sido duramente criticado por su simpleza. No sé si alcanza todos los aspectos que he nombrado que aborda MyStilus. Os invito aquí a que actualicéis mis prejuicios respecto a este clásico, que me comentéis vuestra experiencia con él y me digáis cómo ha ido envejeciendo.

De la misma manera, también os invito a que comentéis cuál es vuestro corrector de prescripción. ¿Cuál usáis? ¿Cómo os va? Siempre he creído en el poder colectivo de la autoedición, creo que librarse del yugo editorial nos hace más cooperativos y menos competitivos. Espero vuestras opiniones, a ver si más adelante me veo obligado a corregir este artículo y le puede ser útil a más escritores.

Un saludo.
¡Que tengáis un estiloso día!

AMANDO LA CIENCIA FICCIÓN

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Estoy sufriendo un golpe de fidelidad literaria con mi última novela. Y eso es algo maravilloso. Hace tiempo escribí (y os invité a formar parte de una prelectura cero) sobre el proyecto que estoy llevando a cabo en este momento. Se trataba, en principio, de una novela romántica titulada “Amor sobre ruedas”.

Era, además, la primera vez que hacía una lectura cero en directo, es decir, que se iba leyendo a menudo que se construía. Un experimento muy enriquecedor. La parte positiva, es que el feedback lo recibes teniendo fresco todo el argumento y puedes enderezarlo a tiempo.

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Yo madrugando para escribir y la causa de los retrasos de la novela

La parte negativa, que tener que estar revisando y reestructurando los capítulos hace que no puedas avanzar la historia hasta que todas las opiniones de los lectores (sois unos benditos, jamás me cansaré de agradecer vuestro apoyo y participación) han sido integradas, por lo que ese fuego natural que te hace querer avanzar en el argumento hay que saber regularlo. Pero lo dicho, es una suerte tener a alguien detrás que te hace mejor escritor (incluso persona), que invierte parte de su tiempo (el bien más escaso en la sociedad avanzada) en algo que te hace una ilusión gigantesca. Sin palabras. GRACIAS.

Pero una de las cosas más esclarecedoras es darse cuenta de que uno no puede evitar el género que ama, en mi caso la ciencia ficción. Uno de los avisos más recurrentes entre los lectores era la falta de una trama sólida más allá de los escarceos amorosos, por lo que he tenido que derivar en lo que hace hervir de ideas mi cabeza: la ciencia ficción. Al final, creo que se queda una interesante mezcla (65% romántica, 35% ficción) de la que estoy disfrutando sobremanera.

Pues eso, me apetecía plasmar un poquito las sensaciones de este trabajo. Si os apetece uniros, aunque ya hemos superado el ecuador de la historia, podéis apuntaros como lectores cero escribiendo a juanpacheco85@gmail.com.

¡Que tengáis un romántico (y por qué no ficticio) día!

TU LIBRO NO ME SUENA (TODAVÍA) – Jornada 1

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¡Por fin da comienzo Tu libro no me suena (todavía)! ¿Cómo que no sabes lo que es? Se trata de un concurso en el que siete autores competirán amistosamente entre sí con sus obras buscando un ganador. Un ganador que decides tú. Cada jornada ellos ofrecen gratuita y generosamente un capítulo de su obra para que tú votes tus favoritos, siendo eliminado el libro menos votado cada jornada.

La iniciativa surge de mi fe por la autopublicación. Soy partidario de todo aquello que acaricie la quimera de la igualdad de condiciones, y pienso que la autopublicación acabará imponiéndose al actual sistema editorial. Solo es cuestión de que la gente le dé una oportunidad y descubra sus bondades. Este es uno de mis tantos granitos de arena a ese cometido.

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Además de leer y votar, humanizaremos las obras participantes conociendo a sus autores. Me parece una forma bonita y divertida de aprovechar ese arte y afición que es la literatura. Así que, adelante. Ya podéis entrar y dar apoyo a vuestro favorito en las votaciones de la primera jornada. Espero que disfrutéis de esta loca aventura.

¡Un abrazo!

 

 

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