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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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escritores

CORRECCIÓN EN LA PALMA DE TU MANO

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“Ola, ké ase. Oy bengo a havlar de escrivir vien”. Muchos me preguntáis cómo hago la corrección ortotipográfica y de estilo de mis libros, y esa duda generalizada junto al amor que le tengo a mi corrector favorito ha hecho que me lance a escribir esta entrada. Sabéis que soy un defensor a ultranza de la autoedición. Reconozco que una de las cosas que genera poca confianza en ese formato es esa falta de criba que permite que se publique algo que bien puede tener más faltas de ortografía que palabras… Bien, espero con esta publicación aportar mi granito de arena al respecto.

No voy a hacer un análisis sobre los mejores correctores ortotipográficos existentes porque para mí, y pese a parecer un comercial con estas palabras, solo hay uno fiable y al que declararle amor eterno como escritor: el corrector de MyStilus. Su calidad y alcance es impresionante, y más allá de encontrar errores gramaticales (incluso de avisar de barbarismos, galicismos y todo tipo de palabras que deberían ir en cursiva), valora recursos de estilo como frases demasiado largas, palabras repetidas en corto espacio de tiempo, errores de espaciado, sugerencias adoptadas recientemente por la RAE, fallos de concordancia… Es decir, no solo te va a decir si una palabra está mal escrita, sino que te va a dar consejos literarios muy valiosos que mediante su uso repetido te van a convertir en mejor escritor.

La parte negativa… que es de pago. Incluso para probarlo tienes que registrarte (antes no era así). Con el registro tienes una corrección limitada (muy escaso si eres escritor asiduo), y después tienes tarifas que en mi opinión no son baratas y que pueden ser incluso insuficientes si eres un picateclas empedernido como yo. Otra alternativa gratuita que llama mi atención es LanguageTool, pero está infinitamente lejos de Mystilus. Con decir que no reconoce las palabras modificadas con prefijos o sufijos…

¿Y por qué no el corrector de Word? Sinceramente… no podría valorarlo. Hay dos cosas que me han hecho descartarlo tantas veces que ni siquiera le he dado una oportunidad. La primera es mi versión anticuada de Word, que dejaría fuera muchas normas nuevas de la RAE. La segunda, que siempre ha sido duramente criticado por su simpleza. No sé si alcanza todos los aspectos que he nombrado que aborda MyStilus. Os invito aquí a que actualicéis mis prejuicios respecto a este clásico, que me comentéis vuestra experiencia con él y me digáis cómo ha ido envejeciendo.

De la misma manera, también os invito a que comentéis cuál es vuestro corrector de prescripción. ¿Cuál usáis? ¿Cómo os va? Siempre he creído en el poder colectivo de la autoedición, creo que librarse del yugo editorial nos hace más cooperativos y menos competitivos. Espero vuestras opiniones, a ver si más adelante me veo obligado a corregir este artículo y le puede ser útil a más escritores.

Un saludo.
¡Que tengáis un estiloso día!

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AMANDO LA CIENCIA FICCIÓN

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Estoy sufriendo un golpe de fidelidad literaria con mi última novela. Y eso es algo maravilloso. Hace tiempo escribí (y os invité a formar parte de una prelectura cero) sobre el proyecto que estoy llevando a cabo en este momento. Se trataba, en principio, de una novela romántica titulada “Amor sobre ruedas”.

Era, además, la primera vez que hacía una lectura cero en directo, es decir, que se iba leyendo a menudo que se construía. Un experimento muy enriquecedor. La parte positiva, es que el feedback lo recibes teniendo fresco todo el argumento y puedes enderezarlo a tiempo.

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Yo madrugando para escribir y la causa de los retrasos de la novela

La parte negativa, que tener que estar revisando y reestructurando los capítulos hace que no puedas avanzar la historia hasta que todas las opiniones de los lectores (sois unos benditos, jamás me cansaré de agradecer vuestro apoyo y participación) han sido integradas, por lo que ese fuego natural que te hace querer avanzar en el argumento hay que saber regularlo. Pero lo dicho, es una suerte tener a alguien detrás que te hace mejor escritor (incluso persona), que invierte parte de su tiempo (el bien más escaso en la sociedad avanzada) en algo que te hace una ilusión gigantesca. Sin palabras. GRACIAS.

Pero una de las cosas más esclarecedoras es darse cuenta de que uno no puede evitar el género que ama, en mi caso la ciencia ficción. Uno de los avisos más recurrentes entre los lectores era la falta de una trama sólida más allá de los escarceos amorosos, por lo que he tenido que derivar en lo que hace hervir de ideas mi cabeza: la ciencia ficción. Al final, creo que se queda una interesante mezcla (65% romántica, 35% ficción) de la que estoy disfrutando sobremanera.

Pues eso, me apetecía plasmar un poquito las sensaciones de este trabajo. Si os apetece uniros, aunque ya hemos superado el ecuador de la historia, podéis apuntaros como lectores cero escribiendo a juanpacheco85@gmail.com.

¡Que tengáis un romántico (y por qué no ficticio) día!

LA CERCANÍA DEL AUTOR

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Una de las grandes virtudes de la autoedición es el aumento de la cercanía con los autores. El panorama editorial tiende a concentrar las ventas en un reducido número de obras a las que dedica una promoción brutal. Y como en toda masificación, todo a su alrededor comienza a pasar bajo un filtro numeral donde las personas acaban adaptando roles comerciales.

En una profesión en la que el sonido de cada tecla no es otra cosa que un latido del corazón de un escritor dirigido a un posible lector, congelar los sentimientos me parece un crimen. Pero mi experiencia me dice que esta tendencia va a revertir esta dinámica. El último ejemplo, el que ha despertado en mí la ilusión necesaria para motivarme a escribir esta entrada, es la dedicatoria de un relato personalizado de Luis M. Núñez, autor de La sombra dorada.

Debo confesar que para mí ya era suficiente regalo que prestara atención a mis comentarios durante la lectura de su obra (que aprovecho para volver a recomendar, y no será la última vez que lo haga). Este detalle (y tengo entendido por otras personas que suele tener muchos de ellos) habla por sí mismo.

Reivindico estos acercamientos. Como lector los adoro. Como escritor, los necesito. Cierto, puede que estos vínculos no hagan mejor a las obras en sí, pero considero que obviarlos es un error muy grave para esta profesión. Creo que reducir el contacto a una firma masiva de libros es un engaño cruel. Cuando escribo, recién terminado el capítulo, estoy deseando mostrarlo, que me den su opinión sobre él (sea buena o no). ¿Cómo no voy a desear que se potencie ese acercamiento entre lectores y escritores?

Un saludo.
¡Que tengáis un buen y cercano día!

FIRMAS DE LIBROS

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Una de las cosas que más me llenan como escritor, si se me permite la egolatría, es firmar uno de mis libros. Si bien aún me cuesta asumir que alguien quiera que le manche las primeras hojas con algunas palabras y un garabato, lo que no os podéis imaginar es la ilusión que me hace a mí que alguien quiera que le dedique o le firme el libro. Para que os hagáis una idea, en términos de alegría, es de las pocas veces que entiendo el significado de la palabra infinito.

En estos casos, a mí me gusta escribir unas palabras personalizadas. Cuando conozco a la persona se me hace muy fácil, me pongo a escribir y soy de esos que más le valdría incorporar la dedicatoria como suplemento del propio libro.

Pero cuando no conozco al lector, se me hace más difícil, y me niego a recurrir al básico “Para ___________“.  Es en ese momento cuando más reivindico la cercanía entre lector y escritor, la destrucción de la frialdad reducida al papel. Es ahí donde las nuevas tecnologías tienen un papel relevante y cambiar los roles se hace muy fácil, donde al final espero que la interacción sea simplemente entre dos personas que se han encontrado en este mundo a través de una historia escrita o de un proceso creativo que conecta sus inquietudes.

Como lector, cada vez descubro la humildad de muchos autores que se encuentran pegados a su obra, que te dejan ser partícipe de ella más allá de los límites de las letras y que hacen que disfrutar de sus textos sea algo todavía más increíble. Por supuesto que venero a los grandes autores, si están ahí es por algo y hay infinidad de talento que aprender de ellos, y entiendo que no puedan atender a sus miles y millones de seguidores, pero cada vez más estoy desplazando a los autores consagrados por escritores más accesibles.

Y ahora que me pongo en el lado del que escribe, agradezco este giro en la situación, pues no hay nada que me rompa en más pedazos emocionales que un lector intentando contactar conmigo por cualquier motivo relativo a mi obra. Somos personas, los que estamos aquí delante y los que estáis ahí detrás. Creemos lazos, que al final son los verdaderos interruptores de los sentimientos.

Un saludo.
¡Que tengais un enlazante día!

SOY UN MAL LECTOR – Confesiones#2

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JUEVES DE CONFESIONES

Soy un mal lector, lo confieso. Y es lo peor que puede salir por la boca de alguien que se hace llamar escritor, pero aquí hemos venido a jugar. Digo, a ser sinceros. Así que antes de que empiece a arder la pira literaria en la que merezco ser quemado, procedo a explicarme.

Soy de los que ven un libro gordo y respolan. Los he leído, muchos (soy uno de los que han sobrevivido a la trilogía de El señor de los anillos). Los he disfrutado. No los valoro ni una pizca menos que los que gozan de ellos de principio a fin, pero yo no puedo. Llega un punto en el que tengo que dejarlos. Y no es pereza, lo juro.

Sirva como ejemplo más representativo la saga de Geralt de Rivia, de Andrzej Sapkowski. Son siete libros (el último doble), y a día de hoy, es mi saga favorita. Me encanta la forma de escribir de Sapkowski, me parece que tiene una capacidad literaria brutal. Lo adoro. Pero voy por el sexto libro y empiezo a sentir que continuar la saga es una obligación más que un placer. ¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto? Sólo puedo decir cosas buenas de esos libros, pero soy incapaz de seguirlos.

Yo creo que es la falta de tiempo. No del tiempo que tardo en leerlo, sino de la escasez de tiempo para abordar otros proyectos. Mientras disfruto de lo que leo, no dejo de pensar en lo que me estoy perdiendo, en esa cantidad de literatura que también quiero saborear y que retraso demasiado en el tiempo. Por eso he encontrado en la novela corta una alternativa viable. Aún con poco tiempo libre, una novela corta no dura más de una semana, por lo que puedo estar constantemente aliviando mi necesidad de leer cosas nuevas.

El punto negativo es que el género de la novela corta está considerado más como una extensión del cuento que como una compresión de la novela, lo cual, para un ávido lector de literatura fantástica o histórica como yo, es poco menos que hacerse el hara-kiri. Es en ese punto donde aparece mi deseo de escribir. Creo que es un hueco que necesita ser llenado. Y ese concepto es el que me hace escribir, escribir literatura histórica breve, para alejar la idea de que este género tiende a ser tedioso y denso. Sé que se pueden hacer historias en ese ámbito ligeras, divertidas, e igualmente didácticas.

Siento que con esta entrada ya me conocéis mucho más, o al menos a un nivel que considero importante.

Nada más por hoy. ¡Un abrazo!

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